UN REY CONTRA EL SEÑOR DE LAS TINIEBLAS. Algunos enigmas del Escorial.

LA VOZ DE LA HISTORIA.  Jorge LS

El rey de las Españas, Felipe II de Habsburgo fue uno de los jerarcas más poderosos de toda la historia de Occidente, fue un hombre del que hoy podemos decir dos cosas: era un tecnócrata y un excelente monarca, pero era infinitamente supersticioso.

 

Vilipendiado y maltratado por propios y extraños, el rey Felipe, fue uno de los mejores monarcas de la historia de España, aunque le pese a algunos cuantos despistados, que piensan que la historia de los imperios españoles comienza en el error de la Gran Armada. Los que sean un poco avispados sabrán a lo que me refiero…

 

Históricamente se cuenta que; en la “extraña” personalidad del digno sucesor de Carlos I, su padre, se mezclaba un supuesto temperamento maníaco-depresivo con una aparente y sorprendente serenidad, y que uno de sus principales temores ocultos fue el diablo, en todas sus versiones. Ese diablo imaginario, con sus legiones de ángeles traidores, y aquel tenebroso reino del fuego que nunca dejó de atormentarlo en aquellas  largas noches de soledad.

Por eso sus dimensiones políticas y espirituales fueron siempre a la par, y esto se reflejó en su más magna obra, un colosal edificio impregnado de una sagrada arquitectura, que también habría de convertirse en símbolo de su poder y de sus creencias. Lo levantó atendiendo a una petición de su padre, el emperador, Carlos I y le consagró para siempre como máximo defensor de una manera un tanto fanática de vivir un catolicismo fundamentalista que ocultó algunos de sus devaneos heterodoxos.

 

Según los escritos del padre Sigüenza,  cronista oficial de la historia de El Escorial, nos decía que: “Que para decidir cuál era el lugar idóneo donde edificarlo se convocó una comisión de expertos donde había hombres sabios, filósofos, arquitectos y canteros experimentados en el arte de edificar para examinar la sanidad, la abundancia de aguas y aires… conforme a la doctrina de Vitruvio”. A esos, se les incorporaron otros frailes de la orden de San Jerónimo, buenos conocedores de la Biblia y de las “intenciones reales”. Éstos serían los primeros que habitarían la clausura del futuro monasterio para rezar continuamente por su fundador y su familia y así ahuyentar al “amo de las tinieblas”.

 

Estos hombres sabios, citados por Sigüenza, tras descartar otros lugares, se reunieron el 14 de noviembre de 1561 para visitar el sitio e informar al monarca.

 

Este grupo de ilustrados iba presidido por Pedro del Hoyo, uno de los secretarios personales de Felipe II. Se dice que este secretario era un viejo compinche del rey, y que, en colaboración de otros cuantos, realizaban en secreto experimentos de alquimia y saberes consumados, en la casa que tenía este en Madrid.

Las crónicas del padre Sigüenza, nos van guiando y nos llevan de la mano, a lo largo de la historia, relatándonos en todo momento todo y cuanto iba sucediendo. Nos relata el transcurrir de jornadas como esta: “Se presentó un tanto turbulenta, y en ello quisieron los piadosos investigadores ver una señal. Soplaba un viento muy fuerte y terminaron zarandeados por un violento huracán que no les dejaba llegar hasta el sitio, y arrancó las bardas de la pared de una viñuela. arrojándolas sobre sus rostros” Y, además; “de este viento, despertado tan de repente en esta ocasión, han conjeturado algunos, con no poco fundamento, cuánto le ha pesado al demonio que se levantase una fábrica donde, como de un alcázar fuerte, se le había de hacer mucha guerra”.

 

Llevamos tiempo tomando nota de las viejas leyendas populares, que nos hablaban de una mina cuyas galerías llegaban hasta las mismísimas puertas del Infierno y por donde salía a veces el diablo envuelto en chispas y exhalaciones.

 

En aquellas viejas leyendas, no exentas de una imaginación sublime, es donde se basan las afirmaciones de quienes piensan que el monasterio, a especie de tabernáculo dedicado al rey David, fue construido para taponar ese acceso y poner su control bajo la tutela del, a veces, elogiado rey Prudente. Dicho así. todo parece explicable sin darle más vueltas. Pero hay más, en el monasterio existen algunas claves que debemos conocer para indagar en la complicada mente de un rey que gobernaba un magno imperio, y su sensibilidad ante este tema.

 

           “Orfeo baja al infierno, en la biblioteca escurialense”

 

Es posible, que no existan muchos tratados, en los cuales fijar nuestra curiosidad. Y tampoco creo que haya ninguna guía oficial que encamine nuestro peregrinar y nos sirva de consejera a la hora de encaminar nuestros pasos, en la búsqueda que acabamos de comenzar.

Por eso hay que desvelar aquí, donde no nos los pueden impedir, qué lugares hay que visitar en este laberinto y en qué cosas fijarse para entender sus misterios. En primer lugar nos hemos de dirigir a la biblioteca escurialense, donde encontraremos libros muy especiales, sobre todo los que trataban de brujería, demonología, alquimia, conjuros y otros temas prohibidos (como el enigmático y buscado “Enchiridion”, de León III, un poderoso tratado de magia).

 

La mayor parte de estos libros fueron condenados por la Iglesia y perseguidos por la Inquisición, la cual intentó quemarlos todos por profanos y heréticos. La mayoría de estos libros se encuentran en paradero desconocido. El rey, (temeroso como cualquier otro mortal), del Santo Oficio, ayudó a esconder algunos de estos libros con la complicidad de Benito Arias Montano, sucesor de fray José de Sigüenza en sus labores de creador y custodio de la biblioteca. Uno de los libros inscritos en la afamada biblioteca de El Escorial, es el siniestro “Malleus Maleficarum”, un manual eficaz para reprimir todo tipo de herejía a base de torturar con dureza a los sospechosos de tener tratos con seres sobrenaturales.

 

Esta capilla, donde se intentó reunir todo el saber alcanzado hasta entonces, fue decorado por los pintores italianos Pellegrino Tibaldi da Bologna, llamado “il Pellegrini” y el florentino Vincenzo Carducci, siguiendo instrucciones de Arias Montano, fray José de Sigüenza y el segundo arquitecto, Juan de Herrera. Con el consentimiento real, incluyeron claves esotéricas sobre la esencia del edificio, destinadas a ser entendidas por unos pocos iniciados.

 

Empezando por la referencia más antigua, fijémonos en una pintura que nos muestra a Orfeo descendiendo al inframundo a rescatar de la muerte a su esposa Eurídice. Lleva en la mano una lira con la que adormecerá al terrible Can Cerbero, guardián de tres cabezas que custodia la tenebrosa puerta de una sola dirección. Llega hasta donde se halla el espíritu de su amada. Conmovidos, los reyes de los infiernos Hades y Perséfone, permiten que regresen al mundo, pero ella desobedece los mandatos de la sibila Proserpina y vuelve la cabeza para mirar atrás. Por eso es castigada, y devuelta a las profundidades del abismo. Los paisajes infernales hacen clara referencia al mito clásico. Estos fueron adoptados por el cristianismo, basados en los antiguos mitos y creencias de los pueblos de Oriente Medio.

Los antiguos clásicos creían que la puerta a la morada de los espíritus estaba en la orilla opuesta a la de la vida de la laguna Estigia. Los hombres sólo podían cruzarla tras morir subiendo a la barca de Caronte (a quien tenían que pagar con un moneda, por eso se les ponía una en la tumba). De esta creencia y lógica inexacta, sabemos que pocos serían los que han de regresar de este viaje. Luego, según los méritos de cada uno, van al cielo olímpico.

 

Me imagino que muchos de ustedes sabrán lo que eran los Campos Elíseos, no los que están en Francia sino los pertenecientes a la mitología griega. Donde los Campos Elíseos, eran como una especie de Paraíso. Un lugar colmado de plenitud y felicidad (un tanto orgiástica) junto a los dioses. Y por el contrario el Tártaro, era todo lo contrario, un reino lleno de dolor y desesperación, un pozo boscoso, oscuro y enmarañado, donde sufrirían torturas por las faltas cometidas. En este infierno no hay ninguna referencia específica a un posible fuego eterno.

 

Esta zona está dedicada a la Música, una de las cuatro disciplinas del Quadrivium medieval, (las cuatro vías), porque la lira de Orfeo tiene poder sobre los guardianes del más allá. La música amansa las fieras”, frase repetida hasta la extenuación,  (y más allá), que tiene su origen en la música procedente de la lira de Orfeo…

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