Torquemada: víctima y lástima de sus dichos y hechos

Benito Pérez Galdós

Andrés Cáceres Milnes

CERVANTES VIRTUAL

Benito Pérez Galdós (1843-1920) siempre orientó su producción literaria hacia la realidad de España con la intención de investigar la esencia del alma peninsular. Él busca novelar la sociedad como imagen de la vida, pero a través de una realidad caracterizada como vital y trascendente. Para ello, recurre con la intuición y la observación directa a la recreación novelesca de personajes históricos que son una expresión viva de la experiencia humana en el intenso ritmo de sentimientos y pasiones que rebasan el aspecto puramente realista y naturalista como estética decimonónica imperante en Europa. Con Galdós el acto de recrear pasa por la voluntad de preservar las características íntimas y transfenoménicas de la vida del hombre mediante la elaboración de un mapa moral de España. Él es un escritor urbano que trata de novelar la ciudad de Madrid a través de una mirada crítica a mercaderes, religiosos, usureros, avaros y familias empobrecidas, es decir, tipos literarios -como la figura de Torquemada- que son representativos de la clase media. Este ámbito mesocrático va a ser el modelo del escritor realista. Por consiguiente, el arte narrativo consiste en una problematización de la vida en cuanto es generadora de toda una dinámica social y religiosa.

 

El nombre de Torquemada en la obra de Galdós no es ocasional. El inquisidor cruel del siglo decimoquinto ha llegado a transmutarse en el bárbaro prestamista de la secuencia novelesca denominada ‘la serie de Torquemada’. Este personaje galdosiano se llama Francisco de Torquemada y se caracteriza por hacer de su vida un constante oficio de avaro y usurero en la España del siglo XIX y en los suburbios de Madrid. Desde aquí se conecta con la prosperidad y el constante desarrollo material de su economía. La sórdida avaricia lo hace vivir un proceso de auge social (el tacaño y mendigo llega a ser senador y marqués), conjuntamente con una descomposición moral que lo conduce a una verdadera tragedia prometeica. Torquemada es el prototipo de la persona que vive y se enriquece por el manejo usurario de sus caudales y bienes temporales. Pues, por definición la figura del avaro es «quien tiene un afán inmoderado de acumular riquezas»1. Además, evoca al siniestro inquisidor que, como el usurero, mandó a tantos inocentes a la hoguera.

Las novelas de Torquemada corresponden al período denominado por Galdós como novelas contemporáneas. En esta serie se produce un cruce entre el hecho histórico y el discurso novelesco, procedimiento que permite indagar no sólo el alma individual y sus conflictos, sino también el acceso a una realidad que es depositaria de la relación entre vida y ficción, espejo e irrealidad. En ella surge la estampa e imagen del hombre español tipificado narrativamente en un trozo de la vida de Francisco Torquemada y la historia de una familia, los Águila. En este sentido, los títulos de las novelas, con su simbología religiosa, induce a realizar una lectura que articule las voces de las víctimas y mártires que recorren la acción novelesca por medio de una escritura que deja la huella espiritual del calvario en el proceso de significación temática del texto galdosiano. Estos textos de la serie de Torquemada son: a) Torquemada en la hoguera (1889); b) Torquemada en la cruz (1893); c) Torquemada en el Purgatorio (1894); d) Torquemada y San Pedro (1895).

 

 

Este ciclo explora la evolución social y moral del protagonista en un juego de ascenso y caída según el principio de la posible regeneración. Así, la luz simbólica de la hoguera, la cruz, el Purgatorio y San Pedro trasluce la dimensión religiosa que vive Torquemada. El discurso novelesco fluye en un ritmo lógico que se completa cuando entra en el hilo verbal del relato el nombre de Torquemada con su tragicómica realidad de duda y fe, salvación y condenación, materialismo y espiritualidad. Con esta predicación del sujeto podríamos decir que Torquemada «se somete a regañadientes a las metamorfosis del texto, mas, cuando la hora llega, vacila entre arriesgarse al infierno o renunciar a su razón de ser»2. Esta duda se destaca en la serie novelesca a través de tres componentes que operan como elementos que sirven para constituir el conjunto de ellas: los títulos, el protagonista y la trama. Los títulos resumen la trayectoria de Torquemada. La hoguera, la cruz, el Purgatorio y San Pedro simbolizan el martirio del avaro, caracterizado como un verdugo trocado en víctima y lástima. El avaro que socialmente triunfa recorre un calvario de muerte, acompañado de lo que más le duele: el gasto del dinero. Los títulos, la predicación de Torquemada, más la trama novelesca configuran la dinámica de la serie. Sin embargo, es el conflicto personal de la conciencia religiosa y su nexo con la Divinidad lo que activa el drama. En este movimiento se origina una comunicación que está sustentada en el principio de la transformación de Torquemada. Al comienzo es un torturador usurero que lleva a la hoguera de la miseria a sus víctimas, luego transita por el suplicio de la cruz al someterse a los principios y preceptos aristocráticos para, en seguida, sufrir en el Purgatorio del tormento el martirio de transigir, gastar y dilapidar en el engaño de las apariencias; su muerte es otro dolor de la víctima que culmina en el encuentro con el clérigo Gamborena-San Pedro mártir. Este procedimiento de carácter alegórico organiza la representación de la realidad narrada en base a dos universos (el financiero y el religioso) y dos mundos (la pobreza y la riqueza). Torquemada los pone en contacto, pero paga el precio de su osadía. El costo para el avaro burlado y castigado por su codicia, será el padecimiento físico y psíquico en su condición de víctima y mártir coronado con las espinas de la duda y la muerte.

Primero, el avaro en la estaca de la usura, el dinero y la seudocaridad no puede salvar a su hijo Valentín de morir de meningitis. Luego, el plebeyo Torquemada es persuadido para casarse con una joven de la aristocracia empobrecida, pero él se manifiesta renuente a esta cruz y refractario a la arrogancia de su cuñada. A continuación, expía sus culpas en el Purgatorio, hecho que culmina con la muerte de su cuñado. Por último, él tiene que hacer frente a la muerte de su esposa, su hijo idiota y a su propia mortalidad. En definitiva, Galdós nos muestra cómo el prestamista se convierte en víctima y lástima de sus propios dichos y hechos. Sin embargo, Torquemada enfrentado al momento de la muerte, es invadido por la ambigüedad: la relación salvación y conversión se tiñe de lo equívoco. Por de pronto, la serie se estructura alrededor de la polaridad víctimas y mártires mediante un mundo novelesco ordenado básicamente en una inspiración de índole transfenoménica.

 

La serie presenta la religión como el tema que ahonda el conflicto de la conciencia íntima del personaje por sobre toda consideración social y política. Por eso, Galdós emerge como un escritor moderno porque pone énfasis sobre todo en el aspecto no-racional: «Galdós emerges from this examination as a much more up-to-date writer, his later works in particular, with their emphasis on the non-rational, having affinities with existential writing». Justamente estas novelas españolas contemporáneas, como son una copia artística de la realidad -hecha con reflexión moral e intuición estética en el espacio madrileño del sigo XIX- encierran el problema narrativo que se vincula con el conflicto de la tradición y lo moderno, lo plebeyo y lo aristocrático, la materia y el espíritu. Esto, origina la siguiente hipótesis de lectura: la presencia y ausencia de una conciencia religiosa en el universo simbólico de Galdós da cauce a la experiencia estética y es reflejo de una visión suprasensible del hombre y del mundo español. En consecuencia, la realidad externa se encuentra subordinada al desarrollo espiritual y existencial de los personajes a través de la consideración artística propiamente galdosiana de realidad y ficción. La serie de Torquemada augura este vía crucis.

Benito Pérez Galdós

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