¿FUE LEONARDO DA VINCI UN INVENTOR?

Da Vinci

Hispania Histórica.

Jorge LS

 

La icónica figura del genio del Renacimiento resurge de sus cenizas cada vez que vemos en televisión alguna serie, documental o película que trata de su vida.

 

Frescos como la “Última Cena” o cuadros como “La Gioconda”, nos hace ver al polimata italiano cada vez más grande. Pero ese idealismo promovido por las grandes cadenas norteamericanas, no hacen más que ocultarnos la verdad, una verdad, que a veces es difícil de asumir.

 

Yo era un davinciano convencido hasta hace un tiempo, en el que descubrí que el Leonardo inventor, no existe, tal y como nos han hecho creer. Este artículo pretende aclarar algunos puntos acerca de los inventos que históricamente se le han atribuido y que en realidad fueron otros los creadores de dichos ingenios.

 

Empezaré hablando del  llamado Hombre de Vitruvio: El Hombre de Vitruvio, llamado por Leonado; “Estudio de las proporciones ideales del cuerpo humano según Vitruvio”, dibujado en 1492. Está basado en el libro “De Architectura”, una guía de construcción escrita por el arquitecto e ingeniero romano Vitruvio, libro que escribiría entre los años 30 y 15 a.C.

 

El tratado del ingeniero romano Vitruvio, aunque está enfocado en la ingeniería y arquitectura, también explora el cuerpo humano, es decir, la “geometría de proporciones perfectas”, que influyó en el interés de Leonardo da Vinci en la anatomía e inspiró su dibujo.

Antes de seguir exponiendo la “imaginación ingeniera” de Leonardo, voy a mencionar a tres ingenieros y hombres de ciencia, que si lo fueron en realidad, y de los cuales Leonardo copió la mayoría de sus invenciones. Estos tres polímatas italianos eran: Guido da Vigevano, Mariano di Jacopo “Taccola” y Francesco di Giorgio.

 

Este artículo estará basado principalmente en estos creadores; que han quedado en la sombra, y solamente los estudiosos conocen de su existencia.

 

Empezaré con Guido da Vigevano. Nacido en 1280, en la ciudad italiana de Pavía. Medico de oficio e inventor vocacional, fue el creador del cuaderno de bocetos, llamado “Texaurus Regis Francie”. En el que representaba un elevado número de elementos tecnológicos y dispositivos ingeniosos. Este Tratado, fue una de las piedras angulares, que permitieron a la investigación moderna una información inestimable sobre el estado de la tecnología medieval. Guido da Vigevano se puede considerar como un precursor lejano de los ingenieros-artistas del Renacimiento como Taccola, Francesco di Giorgio y Leonardo da Vinci.

 

Recordemos que Vigevano fue el médico personal de la reina Juana de Borgoña, esposa del rey Felipe V de Francia. En aquella época, se vivían tiempos de Cruzadas y Vigevano con afán de ayudar a sus benefactores, los reyes de Francia; dibujó bocetos de carros blindados, carruajes a propulsión de viento y máquinas de asedio. Máquinas estas, copiadas por Leonardo dos siglos después.

 

En su afán gráfico y representativo, Vigevano, no escatimaba esfuerzos en dar sus invenciones a conocer mediante un sinfín de detalles y explicaciones a los lados del artilugio a describir.

 

En sus descripciones anatómicas, Vigevano, añadía dibujos a sus bocetos, para hacer más comprensibles sus explicaciones. Recordemos que Leonardo, hacia lo mismo…

 

He de decir que Vigevano, no era ningún dibujante profesional, aunque si experimentado. A sus descriptivos dibujos anatómicos, le faltaba la perspectiva, lo que hacía que sus dibujo en 2D, no tuvieran el valor que tendrían los de Leonardo.

 

Guido da Vigevano, también se atrevió con los artilugios para tiempos de guerra, pero lo que lo hizo conocido fue la creación de un vehículo que se movía utilizando un molino de viento que transmitía fuerza a la marcha y luego a las ruedas. Este aparato de Vigevano; está considerado por muchos, como el primer automóvil de la historia, o al menos un precursor del mismo.

Seguimos con Mariano Jacopo detto il Taccola, llamado “il Taccola”, -el cuervo-, por ir siempre vestido de negro, fue uno de los inspiradores de la obra de Leonardo da Vinci. Nació en 1382 en la ciudad de Siena.  Taccola es conocido por sus tratados tecnológicos llamado “De ingeneis” -En cuanto a motores. y “De machinis”, -En cuanto a máquinas-. Tratados de ingeniería que; con dibujos anotados,  describían una amplia variedad de máquinas y dispositivos innovadores para la época.

Las invenciones de Taccola, iban dibujadas en papel, con tinta negra, y solían ir  acompañadas de anotaciones, para hacer más comprensible el aparato descrito. Esto solía ser una práctica habitual en cualquier tipo de tratado, ya fuese de ingeniería, arquitectura, mecánica, botánica, etc.

Taccola, nos presenta en su obra un gran número de ‘dispositivos ingeniosos’, referentes a ingeniería hidráulica, molienda, construcción y maquinaria de guerra. Los diseños de Taccola muestran al autor, como un hombre evolucionado en su tiempo. Pero también, es cierto y verdad que; muchos de sus trabajos sean una mera copia o reproducción de otros anteriores, venidos de Oriente, del mundo islámico, e incluso de la ilustración manuscrita del medievo.

Evidentemente, Taccola, no era tan buen dibujante como lo fue Leonardo, eso es indiscutible, pero si fue más creativo a la hora de describir las máquinas de sus Tratados. El trabajo de Taccola fue ampliamente estudiado por otros ingenieros y artistas renacentistas, entre ellos Francesco di Giorgio, y Leonardo da Vinci.

Y en último lugar, os hablaré de Francesco di Giorgio Martini. Nacido en 1439, en Siena -Italia. Fue un renombrado pintor y escultor y posteriormente ingeniero militar. Esta última faceta, le facilitó trabajar para el duque de Urbino, Federico da Montefeltro. Escribió el tratado: “Trattato di Architettura Civile e Militare”, -Tratado de Arquitectura Civil y Militar-, donde incluiría todas las “máquinas de guerra”, creadas para el duque. Máquinas que luego aprovecharía Leonardo, para incluirlas en sus famosos Códices.

No he creído necesario hacer una descripción única de cada uno de los inventos copiados por el genio del Renacimiento. Ha quedado meridianamente clara; mi intención de esclarecer algunas cuestiones, que nos han llevado a un permanente error histórico.

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