RUTA POR LOS CAMINOS DE FUERTEVENTURA (ISLAS CANARIAS). PARAJES DE CONTRASTES NACIDOS DESDE EL CENTRO DE LA TIERRA, SITOS EN UNA ISLA DE LAS AFORTUNADAS.

fuerteventura

Un oasis me fuiste, isla bendita  (Miguel de Unamuno)

La cercanía de Fuerteventura a la costa Africana, hace que la isla sea especial, dulce en su tacto y amorosa en todo su entorno. Una isla a la que bien la podíamos llamar: “la playa de España” porque prácticamente, toda ella es una unión de arena y mar en suave tranquilidad.

En esta isla con lugares conocidos como los viejos vientos de Barlovento y Sotavento, surge infinidad de matices y colores que inundan los ojos de cualquier pintor y deja boquiabierto la voz de los poetas. Dilatadas llanuras de lapilli  con su color oscuro contrasta con el blanco de los jables que ofrecen una impresionante visión. Restos de volcanes armoniosamente diseminados por toda la geografía insular, dunas diseminadas por el norte y por el sur mezclándose con las colas basálticas subhorizontales

Don Miguel de Unamuno dijo de esta isla:

 

Esta inafortunada isla de Fuerteventura, donde entre la apacible calma del cielo y del mar escribimos este comentario a la vida que pasa y a la que se queda, mide en lo más largo, de punta norte a punta sur, cien kilómetros, y en lo más ancho, veinticinco. En su extremo suroeste forma una península casi deshabitada, por donde vagan, entre soledades desnudas y desnudeces solitarias de la mísera tierra, algunos pastores. A esta península se la conoce por el nombre de Jandía o de la Pared. La pared, o mejor, muralla, que dio nombre a la península de Jandía, y de la que aún se conservan trechos, fue una muralla construida por los guanches para separar los dos reinos en los que la isla Majorata, la de los majoreros, o sea Fuerteventura, estaba dividida, y para impedir las incursiones de uno en otro reino. Y he aquí cómo este pedazo de África sahárica, lanzado en el Atlántico, se permitía tener una península y una muralla como la de China, en cuanto al sentido histórico”.

¡Fuerteventura! ¡mi Fuerteventura!Si viera que mi fin se me acercaba y que no podía morir en mi tierra más propia, en mi Bilbao donde nací y me crie, o en mi Salamanca, donde han nacido y se han criado mis hijos, iría a acabar mis días ahí, a esa tierra santa y bendita, ahí, y mandaría que me enterrasen o en lo alto de la montaña Quemada, o al lado de ese mar, junto a aquel peñasco al que solía ir a soñar, o en Playa Blanca.

Algo de historia

 

Según los investigadores modernos, como Juan Álvarez Delgado, proponen como significado de maho el de ‘campesino’ u ‘hombre de la tierra’. En el mismo sentido se pronuncia el también lingüista Ignacio Reyes, para quien el gentilicio de ambas poblaciones aborígenes sería mahorata como indica Viana, desde un primitivo mahār-at con el significado de ‘los del país’ o ‘los hijos del país’ .

En la historia de esta isla, cabe destacar que estuvieron los fenicios sobre el siglo X a.C. quienes provocarían una primera colonización con personas de su órbita cultural como los bereberes del norte de África. Posteriormente las islas recibirían nuevos aportes poblacionales a partir del siglo vi a. e. c. relacionado con la expansión de Cartago. Con el cambio de Era son los romanos quienes establecen factorías en las costas insulares e intensifican los contingentes poblacionales, quedando finalmente estas comunidades aisladas tras la desaparición de las actividades romanas en las costas africanas en los siglos iii o iv, dando origen al desarrollo de la cultura aborigen propiamente dicha.

La isla estaba dividida en dos partes o reinos por un muro que los cruzaba y los dividía. En lo referente al nombre de estos reinos, es José de Viera y Clavijo en el siglo xviii el primer historiador en aportarlos. Para él Jandía se correspondería con el reino meridional y Maxorata con el septentrional. En cuanto a los «reyes» o jefes de fracción, en el momento de la conquista eran Ayoze en Jandía y Guize en Maxorata.

La conquista de las islas comienza en 1402, comandada por los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, y afrontada solo por 63 marineros de los 283 iniciales, después de que tuvieran lugar numerosas deserciones. Tras llegar y asentarse en Lanzarote, la expedición lleva a cabo las primeras incursiones en la isla vecina. En 1404, Bethencourt y Gadifer fundan Betancuria, cuyo valle se convirtió en el primer asentamiento de la isla y posteriormente en la capital, sede de diversos órganos gubernativos, religiosos y administrativos. Gadifer, afrontando numerosas dificultades, tras la partida de Bethencourt hacia la península para buscar el reconocimiento y apoyo del rey de Castilla, tomó la iniciativa de la conquista.

Al regreso de Bethencourt, se produce la ruptura de los socios y Gadifer abandonaba las islas. En pocos años (1405), Fuerteventura quedó controlada tras un periodo de convivencia entre conquistadores y aborígenes. El primer recuento de población la cifra en unos 1200 habitantes. A partir de ahí, la población se va extendiendo gradualmente.

 

En 1424 el papa Martín V erigió en Betancuria el efímero Obispado de Fuerteventura, el cual englobó a todas las islas Canarias excepto Lanzarote.​ Este obispado tuvo su sede en la Parroquia Matriz de Santa María de Betancuria, elevada para ello a rango de catedral. El origen de este obispado está directamente relacionado con los sucesos acaecidos tras el Cisma de Occidente (1378-1417). El Obispado de Fuerteventura fue abolido solo siete años después de haber sido creado en 1431.

 

En 1476 el territorio pasa a ser el Señorío Territorial de Fuerteventura, dependiente de los Reyes Católicos.

 

La isla sufrió el acoso por parte de varias incursiones piratas. En 1593 una expedición berberisca invadió la isla arrasando la capital.

 

En 1739 estalla la guerra entre el Reino de Gran Bretaña y España y la isla se ve sometida de nuevo a constantes ataques corsarios, que capturaban botines y navíos civiles que luego eran vendidos en la isla de Madeira. El 13 de octubre de 1740, desembarca un corsario inglés en la zona del actual Gran Tarajal y saquea la zona camino de Tuineje y su iglesia. El teniente coronel Sánchez Dumpiérrez sale a su encuentro con lugareños reclutados para la ocasión, y los derrota en la batalla de El Cuchillete, matando a 33 de los 53 soldados ingleses desembarcados y capturando al resto. Las fuerzas españolas constaban entre 20 y 30 hombres mal armados. Pese a la superioridad les hicieron frente.  Al mes siguiente, el 24 de noviembre, un número elevado de corsarios ingleses, desembarcaron en la misma zona y con idénticas intenciones. Esta vez se enfrentaron a una tropa más numerosa y mejor preparada en la Batalla de Llano Florido o Batalla de Tamasite, en la que los majoreros no hicieron prisioneros. Los ingleses fueron derrotados totalmente por los enfurecidos isleños, un tanto hartos e irritados por encontrar la isla perturbada de nuevo en tan corto tiempo, determinaron no dar a estos segundos invasores cuartel e hicieron escarmiento con ellos.

 

Un hecho, que pasa desapercibido entre los libros de la historia española y no hablemos de la inglesa.

 

 

Fuerteventura se iría consolidando como un plató de rodaje por excelencia para grandes películas de Hollywood, con largometrajes como El dictador, Exodus: Gods and Kings, Han Solo: Una historia de Star Wars y Wonder Woman 1984 desarrollándose aquí.

Esta ruta parte desde Puerto de Cabras, actualmente Puerto Rosario. Y nos iremos por cada uno de los seis ayuntamientos que tiene esta isla.

Puerto Rosario

Puerto del Rosario, capital de la isla, es una ciudad con una elevada vocación cultural, que proyecta las artes plásticas de manera cercana al ciudadano, visitante ocasional o turista. Dentro de la ciudad misma hay varias rutas con mucho encanto y curiosidades. Valga nombrar, aunque no venga al caso, la ruta de las esculturas, con más de 150 obras de arte o la ruta de los murales.

 

Uno de sus principales atractivos es la pesca a caña, capturándose especies de calidad como samas, la vieja, “pepe rey”, herreras, pulpos y alguna morena.

Corralejo

Desde Puerto Rosario partimos hacia Corralejo, pasando por pueblos como  Puerto Lajas o Playa del Charquito.

 

En la zona de Corralejo, fue donde Gadifer de la Salle y su expedición desembarcaron por primera vez en Fuerteventura en 1402. Habían llegado a la isla vecina de Lanzarote en el verano de 1402, donde concluyeron un acuerdo de paz con la población indígena y establecieron una fortaleza llamada Rubicón, desde la cual coordinarían su conquista de Fuerteventura. Jean de Béthencourt, quien dirigió la expedición a las islas, llevó a un grupo de sus hombres a través del agua desde su fortaleza en Lanzarote para explorar Fuerteventura. Visitaron la isla de lobos, donde habitaban las focas lobo. Pudieron alimentarse de ellas y confeccionar calzado con sus pieles.

 

Dejando Corralejo, nos vamos con rumbo a la Oliva y por el camino podemos desviarnos de la ruta y contemplar los volcanes de Bayuyo primero y después el impresionante volcán Calderón Hondo.

La Oliva

Al terminar y dirigirnos de nuevo hacia la Oliva, es imprescindible  recrearse en una maravilla natural que hay en la población de Villaverde, se trata de la cueva del Llano. Un jameo volcánico que se puede ver en toda su inmensidad. Si Dante hubiera visto esto, es de seguro que habría bajado a los infiernos mucho antes.

 

No ha de faltar contemplar los molinos de Villaverde, que no solo en La Mancha hay. Aquí podemos ser un poco quijotes y aventurarnos por esos lares pedregosos y esculpidos por el fuego y el viento en busca de inventadas aventuras de caballería.

 

Decir que en Fuerteventura hay molinos y molinas (y no es cuestión de política). Las molinas o molinos hembras, son posteriores (siglo XIX) y tienen un aspecto mucho más ligero. Su planta es rectangular y con una sola altura, lo que facilitaba el trabajo al no tener que subir y bajar los sacos de cereal. La estructura de molienda y las aspas son más pequeñas, lo que facilitaba el desmontaje y transporte en caso de que el molinero tuviera que migrar. Además aunque tenían menos fuerza que los molinos que molían grano crudo, las molinas trabajaban perfectamente con el grano tostado que constituye el gofio, uno de los platos típicos de las Islas Canarias. Y la estructura de un molino de Fuerteventura es similar a un molino de viento castellano. Tienen planta circular, dos o tres alturas y cuatro o seis aspas que son movidas por el viento. En la planta baja están las muelas que trituran el grano. Las plantas superiores sirven para guardar el grano y la harina. En la última planta está el engranaje que se puede orientar desde el exterior para encararlo al viento. Los molinos se introdujeron en Fuerteventura en los siglos XVIII-XIX.

 

En La Oliva. Europa vino a despertar del letargo del tiempo esta zona, alejada y casi desconocida. Y así  podremos contemplar la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Una bonita iglesia color blanco resplandeciente con una torre campanario de piedra volcánica negra y un par de retablos en su interior.

 

Muy cerca está la Casa de los Coroneles. Una casa del siglo XVIII que alojó a los mandos militares durante años, de ahí su nombre, Una gran casa con dos plantas y torreones en sus extremos. Pegado a la Casa de los Coroneles hay varios edificios en ruinas y un volcán con forma cónica.

¡Ah! ¡pobre Fuerteventura! ¡qué lección la de tu nobleza y resignada pobreza!
-Miguel de Unamuno-

Una vez hemos visitado La Oliva tomamos rumbo a Betancuria por los llanos de la Concepción. Pero antes nos desviaremos para contemplar la Montaña sagrada de Tindaya. El escultor Eduardo Chillida germinó una idea para crear en su interior un cubo vacío de 50 metros de lado (equivalente a un edificio de 17 plantas). Su obra monumental definitiva, sus pirámides, el no va más de una vida creativa, la obsesión que movía (literalmente) montañas.  Pero Chillida se estampó en vida (murió en 2002) contra Tindaya. Este gran escultor quiso crear un espacio útil para toda la humanidad, para cuando cuando un ser humano entrase en ese cubo vacío sintiese en su plenitud la pequeñez humana.

 

Tindaya tiene más de 300 grabados podomorfos  orientados hacia el Teide de Tenerife y hacia la isla de Gran Canaria. Estos grabados son de un alto valor arqueológico.

 

Ver la plenitud de la noche desde esta montaña, te hace ascender al mágico cielo que moja fuerteventura con las luces de sus estrellas.

En la población de Tefia, ya de nuevo en ruta, podemos contemplar “Las Molinas” de las que hemos hablado anteriormente. Los molinos son parte de la identidad majorera.

 

La belleza plástica de la isla majorera, está conformada por tierras yermas donde el verde es ausencia y los colores basálticos de mil matices se presentarán impresionantes ante la vista del viajero, que en ruta hacia los pueblos del interior, quedará sorprendido por los campos de lava o las formaciones volcánicas de cal y arcilla que le dan al terreno un color blanquecino, entremezclado con el amarillo de los líquenes, mensaje de vida en la naturaleza muerta que el hombre con su esfuerzo ha puesto en cultivo al paso de los siglos, instalando en ella los molinos de gofio. Y con ello nos vamos hacia Betancuria pasando por los Llanos de la Concepción, Valle de Santa Inés el barranco y mirador de Las Peñitas.

Betancuria

Antes de llegar a Betancuria, hay que pararse en el Mirador de la Cruz y en el de Guise y Ayose, donde se puede contemplar una impresionantes vistas de la isla además de un monumento de más de cuatro metros de altura ( obra del escultor Emiliano Hernández)    de  dos  de a los Antiguos Reyes de Fuerteventura antes de la conquista en 1.402, Guise y Ayose, quienes gobernaban los dos reinos en los que se dividía la isla: Jandía y Maxorata, y que estaban separados por un muro defensivo el cual se cree que estaba emplazado donde hoy se encuentra este mirador.

 

Betancuria… una población con una extensa historia. A lo largo de tres siglos y medio, ha sido posedora de hegemonía de esta isla que fue sometida a ventas y reventas por señores feudales castellanos y portugueses.

 

Las invasiones lusitanas y de piratas berberiscos asolaron la isla, en particular, la villa de Santa María de Betancuria, su capital. Saqueada e incendiada por las ordas del xarife musulmán Arrato Arraez el 16 de agosto de 1593, que regresó triunfante a su país con un fuerte contingente de prisioneros esclavizados por los que pidió fuertes rescates. Aquellos cuyas familias no disponían de numerario suficiente murieron de hambre en las mazmorras de Fez. Años más tarde, piratas provenientes de las tierras de los hijos de la Pérfida Albión y gabachos, fueron rechazados por los patriotas majoreros.

VIRGEN NUESTRA SEÑORA DE LA PEÑA.

De la escuela francesa de principios del siglo XV, fue donada por el conquistador Juan IV de Betancourt en 1405, por cuya razón se considera esta imagen como la más antigua del archipiélago canario, y que por decisión de los franciscanos, fue nombrada patrona de la isla.

Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Betancuria o de Santa María de Betancuria. S.XVI.  Sus orígenes se remontan a 1410 cuando el expedicionario normando Jean IV de Béthencourt mandó a construir un templo que seguía los parámetros del estilo gótico francés.2​ El edificio sustituiría al pequeño oratorio, levantado en los momentos de la conquista y destinado a acoger a la imagen de la Virgen, traída por los conquistadores. En él también se cristianizaron a los aborígenes que sobrevivieron a la llegada europeos

Iglesia Matriz de Santa María de Betancuria

Este lugar y sus inmejorables condiciones geográficas fue elegido como lugar de asentamiento de la nueva población de el valle de Valtarajal, topónimo que fue reemplazado por el de Santa María de Betncuria.

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Nada más dejar Betancuria, podemos pararnos en el mirador de las peñitas e inclusive bajar por el barranco de las peñas y después entramos en los dominios de Pájara. Pájara es una villa que tiene el mayor litoral de España y el de más extensión de las islas Canarias.

Esa bendita isla de Fuerteventura donde he vivido con ustedes, los nobles majoreros.

Miguel de Unamuno

Pájara

Pájara. Iglesia de Nuestra Señora de la Regla

Iglesia nuestra señora de la regla. Siglo XVIII.  Llama la atención por los enigmáticos motivos que adornan su portada, todos ellos muy semejantes a los aztecas.

Aunque debemos de irnos hacia Tuineje, vamos a esperar un poco y recorrer este trozo de España: La península de Jandía.

 

Uno de los mitos que se cultivan en la isla es el referente a los nazis. En el parque natural de Jandía, en su extremo suroeste, existe un enclave singular, Cofete, al que se llega por una pista de tierra y sorteando barrancos. Al final del camino surge, como un barco varado en el pedregal, una casona con ínfulas de palacio. Abajo, en la playa, enterrado por la arena, se dibuja un cementerio. De las tumbas no hay casi rastro; apenas montoncitos de piedras que sujetan cruces de madera semienterradas, sin fechas ni nombres. Solo dan fe de que allí viven los muertos.

 

En la península de Jandía, hay que perderse entre sus playas y sus pequeñas poblaciones todas en un incomparable marco de belleza y tranquilidad. Un total paraíso de color ocre que conserva su virginidad primigenia y su costa dulcemente acariciada por las verdeazulinas ondas del susurrante Atlántico.

Terminamos el recorrido por la península de Jandía y nos vamos hacia el final de esta ruta, pero no sin antes pasar por el pueblo de Tuineje, un lugar este donde se escribió con sangre, una de las páginas más importantes de la historia de Fuerteventura: Los combates de El Cuchillete y del Llano Florido mencionados anteriormente y olvidados por los libros de historia pese a su importancia.

Pasamos por la población de Tarajal con rumbo a Puerto del Rosario, y hay que mencionar que, en la ensenada  del Tarajal, fue desembarcadero preferido de piratas berberiscos, misioneros y obispos que en sus visitas llegaban a la isla.

 

Y nos vamos hacia el final del trayecto y de esta ruta, pero no sin antes parar y descansar contemplando las Salinas del Carmen. Sabemos, en parte por nuestra ruta, que Fuerteventura es isla de extensos campos pedregosos, volcanes inactivos, poca agua y playas paradisiacas de arena dorada barridas por un intenso viento. Así ha sido desde que los primeros navegantes arribaron a sus costas. Pero tienen una riqueza muy importante la sal de las salinas de Fuerteventura, ese oro blanco que jugó en la historia de esta isla un papel muy importante.

Roca sedienta al sol, Fuerteventura tesoro de salud y nobleza.

Miguel de Unamuno

Fotos de Fuerteventura:

Una leyenda majorera

La maldición de Laurinaga 

En el siglo XV, don Pedro Fernández de Saavedra, fue nombrado señor de la Isla Afortunada de Fuerteventura.

 

Tan conquistador en el amor como en la guerra, Don Pedro era un hombre valiente, cobró fama por sus aventuras con las muchachas del lugar.

 

Se casó, al poco tiempo  de llegar allí, con doña Constanza Sarmiento, hija de García de Herrera, y tuvo catorce hijos, amén de todos los ilegítimos que sembró en sus frívolas aventuras.

 

Con el transcurso de los años, uno de los hijos de doña Constanza, don Luis Fernández de Herrera, se convirtió en un apuesto caballero, heredando todos los defectos de su padre, pero ninguna de sus virtudes. Era altanero, petulante y conquistador; pero cobarde para la guerra. Y le resultaba divertido seducir a las muchachas indígenas, que le miraban como a un héroe.

 

En una ocasión, se encaprichó de una bellísima doncella que había sido bautizada como cristiana con el nombre de Fernanda. A la muchacha no le disgustaba la presencia de don Luis; pero no se decidió a poner en juego su reputación accediendo a sus deseos.

 

Pasaron los meses y el galán siguió acosando a Fernanda, que cada día se sentía más dispuesta para aquel juego, hasta el extremo de aceptar una invitación de don Luis para asistir a una cacería organizada por su padre.

 

Llegado el día, don Luis se las arregló para estar solo toda la mañana con la ya enamorada doncella. Comieron plácidamente a la sombra de un chopo y poco después el joven caballero la invitó a dar un paseo. En animada conversación llegaron a una espesa arboleda cuando ya la tarde declinaba. Don Luis, creyendo que ya había llegado el momento de prescindir de galanteos platónicos, intentó abrazar a Fernanda. Ella trató de defenderse, pero comprendiendo que le sería imposible hacerlo, pidió socorro a grandes voces. Los gritos fueron oídos por los cazadores, y advirtieron la ausencia de la pareja.

 

Don Pedro montó en su caballo y, en compañía de otros caballeros, picó espuelas para dirigirse hacia allí. Antes de que llegaran, pudo acudir un labrador indígena que, al ver la situación de la doncella, trató de defenderla de don Luis. Éste, ofendido y molesto, desenvainó un cuchillo, dispuesto a quitar la vida a aquel indígena. Pero no fue posible porque, tras unos minutos de lucha, el labrador pudo arrebatar el arma a don Luis. Iba a clavársela como venganza, ciego de ira, cuando don Pedro, que llegaba a todo galope y había visto la escena, se precipitó con su caballo sobre el campesino que cayó con violencia al suelo y murió en el acto.

 

Entonces apareció de entre los árboles una anciana indígena, madre del labrador, que, lanzando una mirada dolorida sobre aquel cuadro, se dio cuenta enseguida de lo ocurrido. Levantó la cabeza para conocer al causante de aquella muerte, y se encontró con la de don Pedro, el caballero que la había seducido en su juventud y del que había tenido aquel hijo que acababa de morir.

 

La anciana, al reconocerle, ciega de indignación, le hizo saber que ella era Laurinaga y que aquel cadáver era el de su propio hijo. Luego, elevando los ojos al cielo, como invocando a los dioses guanches, maldijo con voz temblorosa y acento grave aquella tierra de Fuerteventura, por ser señorío de aquel caballero don Pedro Fernández de Saavedra, causante de todas sus desgracias.

 

Dicen que a partir de aquel momento empezaron a soplar sobre aquellas tierras los vientos ardientes del Sahara, que se empezaron a quemar las flores y toda la isla fue convirtiéndose en un esqueleto agonizante, que según la maldición de Laurinaga acabará por desaparecer.

Gastronomía

Queso Majorero

 

El queso, fue uno de los productos de la cocina majorera que presentó y presenta  un papel muy importante en la alimentación de los pobladores de la isla de Fuerteventura.

 

Este queso fue uno de los primeros en Canarias en obtener el reconocimiento de Denominación de Origen y el primer queso de cabra protegido en España.

 

Para elaborar este queso tan especial, hoy en día, se sigue la receta tradicional que utilizaban los aborígenes Majoreros, mezclando la leche cruda o pasteurizada de cabra majorera con un 15% de leche de oveja canaria.

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Sancocho-Foto Hogarmania

Y comer el…

Sancocho

Hay que reponer fuerzas en esta isla y para ello, nada mejor que esta exquisitez. Se trata de una receta típica canaria hecha a base de pescado salado, papas, batatas mojo picón y gofio. ¡Todos los productos típicos en un solo plato!. Dependiendo de la isla se utiliza un pescado u otro, normalmente es corvina o cherne en salazón.

Para elaborar esta receta, por un lado se cuece el pescado con agua, cebolla y una rama de perejil y por otro lado se ponen las papas y las batatas en agua y sal y se dejan sancochar (un pelín crudas y sin sazonar).

Para hacer gofio se necesita agua, sal y aceite. Se mezclan todos los ingredientes y se va amasando evitando que queden grumos de gofio seco hasta que quede duro y pueda cortarse. A veces se mezcla con plátano, con dátiles o con frutos secos para darle dulzor.

¡La mar! Allá en Fuerteventura, en mi entrañada Fuerteventura –pedazo de mi alma eterna ya-, bañaba todos los días mi vista en la visión eterna de la mar, de la mar eterna, de la mar que vio nacer y verá morir la historia, de la mar que guarda la misma sonrisa con que acogió el alba del linaje humano, la misma sonrisa con que contemplará su ocaso.

Miguel de Unamuno

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