La poesía de Irene Mercedes Aguirre

Irene Mercedes Aguirre

Dibujo: Andrea Kowch.

Ella es un poco de todo y un mucho en las letras. Su obra poética siempre es distinta a nuestros tiempos. Siempre va por delante y a su vez nos recrea en lo místico. Sus poemas han servido, además para la edición de diversos libros, de musa para letras de canciones e inspiración de pintores.

Tenerla en este grupo de POETAS DE LA ALCAZABA, en la web del Mentidero literario, es todo un lujo.

Disfrutemos pues de su poesía.

Quijote y Cóndor

 

Fuiste de una cadena de antiguos caballeros

de rancia aristocracia nacida del coraje.

Fuiste pendón de España. Fuiste valiente paje.

Fuiste ejemplar soldado luchando por sus fueros

 

Fuiste continuidades, durante largos años,

de los colmados odres vitales de la Iberia.

Fuiste las voluntades, la reciedumbre seria

de esa castiza tierra que te formara antaño

 

Pero, de pronto, un día, se alzó tu altivo vuelo.

El cóndor que anidabas, sorteando adversidades,

sumó otros eslabones a la ancestral materia.

 

¡Y fuiste entonces ala, potencia en nuestro suelo,

trayéndonos los vientos de augustas libertades,

dinamizando el cauce de sangre en las arterias

Marcel Nino Pajot

Canto infinito

 

Canto del Sur al Norte, canto a la vida

que crece,   pese a todo, que es tuya y mía.

Canto  desde estos fondos que se hacen trizas

para volverse cuencos de las sonrisas.

Canto del Sur al Norte, canto en semillas

que fecundan las notas de estas coplillas.

Canto del Sur al Norte, canto encendida

por ramificaciones de mis espinas.

Canto y de nuevo canto cuando me gritan,

canto  y de nuevo canto cuándo me incitan.

Trepo hacia las alturas, trepo en cuclillas,

subo como se puede, siempre hacia arriba.

Broto desde este punto donde me achican

y  me niegan espacio para las dichas.

Canto desde este espacio, meta infinita

donde al final  los versos se reunifican.

Porque no hay Sur y Norte,  sino que hay vida,

vida que se derrama por cada herida.

Canta conmigo, Hermano, altas tus miras,

cantemos desde el Sur, raza mestiza.

Lo que  en la vieja tierra  brota y palpita

nos pertenece a todos  ¡Dios lo permita!

 

Luna

 

Bajo el pálido rostro de la luna

se alteran los objetos y la gente,

porque todo deviene diferente

en esa mutación de la hora bruna.

Las florestas, al claro, alegremente,

de innumerables pájaros son cunas.

Mas de noche, cual misteriosas runas,

sobrecogen sus ramas, sutilmente.

Los caminos, al día, recorridos

con el paso vivaz, despreocupado,

en lo oscuro, semejan mundos idos,

tenues rastros de miedos  ignorados.

Las angustias, ocultas en el día,

Interferidas por nuestras labores,

toman cuerpo y nos quiebran la armonía

enhebrando en el pecho  sus temores.

Tu mirada, firme y dulce mirada,

entre  mil vericuetos de las horas,

bajo  el sol se sumerge, apresurada,

desde que nace el tiempo de la aurora.

Pero de noche no. Ya serenada,

da cobijo al amor, saciando hambrunas.

¿Será por esto último que nada

me resulta mejor que  luz de luna?

 

Andrea Kowch

Recen por mi

 

Homenaje al Papa Francisco

 

Te pido que no dejes a mi copa vacía,

que este divino néctar  del que libo, hora a hora,

permanezca  conmigo en la noche y el día

y el amor me alimente con la fuerza de ahora.

Te pido que me alientes en la constante lucha

para que vivan plenos los retoños de vida,

para que se disipe, en aquel que me escucha,

cualquier malentendido o el dolor de una herida.

Te pido que mi afecto nunca se vuelva helado

hacia todos aquellos que de mí necesitan,

que la gente me encuentre siempre firme a su lado

en los tristes momentos cuando el llanto palpita.

Te pido que los años me brinden sólo canas,

que avejenten mi cuerpo y que arruguen  mi piel,

pero que me enriquezca en acción y en mañanas

mientras de mi clepsidra la gota sepa a miel.

Te pido que me brindes el fulgor de un rosa,

para que no me falten dignidad ni conciencia,

cuando los golpes fuertes de la muerte celosa,

se abatan sobre mí ¡ al fin de mi existencia!

Entrega

Al Papa Francisco

 

El alma en flor espeja tu  rostro decidido

ante  el inmenso voto  que se alza  ante tus ojos

te ofreces plenamente  sin pena ni sonrojos

y alzas   al mundo aciago con ancestral  sonido

el Padre Nuestro Eterno  rezado entre despojos

del cruel materialismo que aún ata al hombre  herido

y con prudencia justa instas   al renacido

espíritu fraterno sin rencores ni enojos.

Francisco de los pobres, Francisco de la gente,

nos tomas de la mano e inscribes en nosotros

tu marca apasionada, la fuerza trascendente

de la hermandad humana, del Uno con  los Otros

¡Eres el  religante  sutil y transparente

que nutre nuestra vida con fúlgidos calostros!        

Como otra piel

 

¿Que nos lleva a esta búsqueda incesante

volcada hacia los cofres de emociones?

¿Por qué motivo, causas o razones

vivimos este sueño delirante?

¿Dónde encontramos fuentes de ilusiones

que nutren con sus aguas refrescantes

este ensueño que somos, los instantes

de captación de excelsas vibraciones?

Están en ti y en mi, firmes, constantes,

como otra piel preñada de ilusiones

sobre la piel carnal, igual que amantes.

Superpuestas las dos en sensaciones

¡una brinda sentires palpitantes

mientras vuela la otra en sus visiones!

Territorios celestes

 

Celestes territorios. Espacios celestiales

cuajados de armonía. Atávicos esbozos

de la dorada ruta de sutiles retozos

donde Pegasos tímidos se agitan, augurales. 

Praderas como mares.  Mares como dichosos

reflejos de una tierra que asienta sus reales

sobre sutiles nubes de intangibles percales,

donde el alma acicala cromatinas de gozos.

¡Ah, caminos, caminos, radiantes, intocados!

Vibrante regocijo a la espera que riega

los perfectos capullos de cielos perfumados.

¡Paladín del misterio , el Alfa y el Omega!

¡Es el Ser en sí mismo que quiebra los vallados

bajo el palio de estrellas que  su Luz nos  despliega!

 

Heme aquí

 

Vengo desde las sombras con mis cantos

que  se nutren de umbríos y temblores,

subo    desde  los goces  y los llantos

y   el resplandor relámpago de  amores.

Cargo con mi mochila de quebranto,

cuero suave y sobado  por dolores,

laxo cierre a la espera. Cada tanto

brotan de su interior algunas flores.

Cuando el frío penetra guardo un manto

que protege mi alma y sus candores

con su trópica tela.  ¡Flor de acanto

de mi columna azul  y mis  ardores!

¡Ah, olvidaba decirte que decanto

en cada verso mío esos colores!

Para que buscarte, Quijote!

 

Las ansias que me apresan esta tarde

tienen sabor a secos relicarios.

Ando caminos yermos, sin horarios,

con mansedumbre quieta. Sin alardes.

Caminos de la Mancha. Oscuridades

Por las que vaga el alma sin reposo.

Por las que me deslizo. Dulce gozo

queriendo ver tu Sombra. Sin edades.

En vano he caminado polvorientos,

Recónditos senderos de otras horas.

En vano suplique la cantimplora

Bajo la ardiente arena del desierto.

De pronto he comprendido. No hace falta

Que quiera contemplarte en loco vuelo

Enloqueciendo al máximo el desvelo,

Despellejando liras que te exaltan.

Te reconozco en tibios chocolates,

En relucientes giros de la lengua

Cuyo brillante son nunca se amengua,

Aunque le sume el “che” y el verde mate.

En cada hombre escruto tus temores

Y un algo de los héroes que conturba,

Y un mucho de miseria que nos turba

Palideciendo ensueños y clamores.

La palabra dolida.

Jardín japonés. Dean Fikar

A Japón

 

Si todos somos uno ¿No es mi hermano

éste que sufre y clama entre la masa

de hierros retorcidos, de argamasa

bajo el  violento embate  de lo arcano?

Mi palabra  se forja  sobre  el duelo

de las  horas de pena planetaria.

Hoy la flor no perfuma.  Como paria

vuelve el hombre los ojos  hacia el cielo.

¿Por dónde se abrirá la  ruta cierta

para los corazones desolados?

¿Quién cicatrizará la herida abierta?

¡Abrazo, con mi verso demudado

los trágicos momentos, la hora incierta

que impone este dolor desesperado!

 

Jauría

 

Miró Sancho turbado la rugiente jauría

que alrededor turbaba su galope cansino,

Impertérrito, absorto, rocín flaco y mohíno,

marchaba Don Quijote por la tortuosa vía.

-¿Pero señor, no véis lo mismo que yo veo?

¡Perros  que nos acosan, soledades y hambruna!

¿Hacia dónde marchamos?  Ya se viene la bruma

en este recorrido   tras loco  devaneo-.

-Tranquilizaos, amigo,  el camino es la vida

donde  la  gente  espera  las hazañas que hagamos,

no te detengas, Sancho, por causa fementida-.

-Mi espada está al  servicio de dolores humanos,

para paliar las penas y sanar las heridas,

no importa que nos ladren ¡señal que cabalgamos!

Sancho Panza. Obra de Marcel Nino Pajot

 

El llamado del amor

 

Cuando el amor llama a la puerta justa

donde espera otro ensueño su llegada

se abre algún paraíso  que vagaba

sin hallar su lugar . Y la vetusta

osamenta  del otro adormilada

en un triste paisaje  que disgusta

despabila sus ansias y degusta

el magnífico néctar , deslumbrada.

Se cruzan dos esperas palpitantes,

dos ósculos se liban mutuamente,

dos almas se contactan, destellantes,

y el mundo ya no es gris ¡ Es un presente

de perfumado ardor , de convocantes

efluvios , de emoción incandescente!

Tríptico de la alborada

 

I

Reconocimiento

Forma parte de todos desde la misma esencia

y marcha con los ritmos de nuestra propia vida.

Se  integra  en  cada mente, ya despierta o dormida

como un develamiento y a la vez una ausencia.

Susurra en cada oído  su mensaje. Atrevida,

nos tienta con  Edenes y ensueños la conciencia.

Retumba en cada pecho y marca la falencia

de estos seres complejos que somos , de la herida

que está abierta en nosotros desde la propia herencia

a través del  dualismo  que en nosotros anida

como una paradoja contradictoria y necia.

Invoca los esfuerzos  del alma decidida

a buscar horizontes  y paliar la  carencia

¡en el espacio eterno de la Paz  encendida!

 

 

II

Interrogantes

¿Cómo hallar el camino que conduzca a su encuentro?

¿Dónde la ruta cierta? ¿Dónde el claro sendero

que llano y distendido cubra ese derrotero

y logre ¡finalmente! el ansiado reencuentro?

¿Qué frenos pone el hombre? ¿Cuál juego vil, artero,

despliega con sus fichas el drama desde adentro?

¿Quién no brinda su mano? ¿De qué oscuro epicentro

brotan las decisiones del poder traicionero?

¡Ay, el dolor del mundo! ¡Ay, la  triste cosecha

que  aumenta los poderes, el triunfo y los  recursos

divorciados del ser! Marte va, como flecha

cruzando los espacios con sus sangrientos cursos

¡Frente al dolor y el odio  hoy levanto mi endecha

con poético fuego más allá de discursos!

 

III

Alborada

Guardado todo está. Parece solo

el devenir humano  hacia adelante.

Oscura la mañana, apabullante

el aire  humedecido. El dios Eolo

dibuja entre la atmósfera cambiante

su danza milenaria , el protocolo

que cumple diligente ,  polo a polo

con vientos más cercanos o distantes.

Tal vez esta tensión que percibimos

es prueba de conciencia que agudiza

la captación del mundo do vivimos.

Esta insatisfacción siempre huidiza

refleja  ese deseo que sentimos

de la alborada en flor que hoy hiberniza!

Póstuma aspiración

 

No moriré jamás, será mi suerte

fundirme  paso a paso con la tierra,

mixturada andaré , si es que  me encierra

el chaleco de fuerza de la muerte.

Cubriré presurosa los espacios,

los senderos  helados, la candente

desolación desértica e hiriente,

toda yo vuelta humus y epitafios.

No  tañerán a muerto las campanas

ni las lloronas gritarán su pena

en  mi redor difunto, cual hermanas.

 Pero sí desearía que una ajena,

anónima garganta emocionada

musite   un verso mío a voz serena.

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