UNA HISTORIA BREVE QUE CONTAR CON UN “BRUJO” MAESTRO DE HISTORIAS CORTAS QUE CONTAR.

Una historia con Rafael Álvarez "El Brujo"

En una ocasión en algún lugar del mundo que mi memoria no consigue recordar, una persona, si, era una persona porque hablo de Rafel Álvarez “El brujo” me dijo:

Luis, Una mano es una mano porque entre un dedo y otro hay un espacio vacío. El contador es el dedo, y el vacío que hay entre dedo y dedo es el que escucha”.

 

No pude haber un relato oral si no hay silencio: “¡Que todo el mundo se calle!, sigue contando”.

 

Que es lo que dicen los grandes del flamenco:

“¡Vamos a escuchar”.

 

La Odisea y el Quijote tienen un punto de conexión maravilloso que es el placer del relato. Son libros, historias, relatos que hablan sobre relatos y sobre la fiesta de contar una historia, y la ceremonia de escucharla, y son, en definitiva, dos grandes textos de la gran literatura referidos a la gran tradición oral, la palabra viva:

“En un lugar de La Mancha del que no quiero acordarme…” Como diciendo:

“no me preguntéis qué lugar si este o el otro porque eso es lo de menos”. Y la odisea también, la Odisea es un relato que celebra la mística del echo de contar una historia. Hay un momento de la Odisea maravilloso que es cuando Ulises llega al país de los feacios, y entonces, Ulises que viene de todas esas aventuras que está pensando en el mar, cuenta su historia y los feacios la escuchan. Dice:

-“Yo, Ulises, mi nombre, tal. Mipadre, Ítaca, tal”. -Lo cuenta muy bonito. Es un momento donde Ulises se convierte en contador, en rapsoda de si mismo. Y lo más bonito de esa historia es que Ulises está dimensionado su propia historia de una manera hiperbólica, con unas exageraciones… Y él se emborracha del acto de contar y se inventa a Ulises. Esa es la grandeza de estos clásicos.  Son un gran tesoro vergonzosamente desconocido.

 

La cultura es un instrumento para la evolución de nuestra mente y para desarrollar los valores que nos acercan a los demás, pero según yo lo entiendo, más todavía, para desarrollar aquello que nos acerca a nosotros mismos.

 

Con los años que he viajado, que he vivido, pienso que el tesoro está en el interior. Y este es el papel sagrado de la cultura,  el poner al hombre en contacto con su potencial, despertar en nosotros esa autoestima profunda que te haga pensar que eres un ser muy valioso y que puedes enfocar la vida y tus relaciones con los demás desde los valores de la solidaridad, la generosidad, la superación. Es la gran utilidad de la cultura y, finalmente conectarte contigo mismo y con el misterio del universo.

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