JUANA I DE CASTILLA, UNA REINA DE ESPAÑA. UNA GRAN FEMINISTA QUE LUCHO POR MANTENER SUS DERECHOS Y QUE NUNCA LLEGÓ A REINAR.

Sus contemporáneos trataron de arrebatarle, a través de constantes conspiraciones, todo aquello que era suyo.

Esta gran mujer fue la primera reina de España, de aquella España que pasaría a la historia como la potencia más grande jamás conocida. Pero tuvo tres hombres que manejaron a su antojo sui vida:  Su marido, el ambicioso Felipe el Hermoso, putero y gañán que murió como se merecía, su padre Fernando el Católico y su hijo el Emperador Carlos V. Ninguno de ellos, aún siendo reina, le permitieron reinar jamás.

 

Le llamaron loca por pensar aquello que quería y expresar lo que sentía (hoy en día sería una feminista, pero… este movimiento, que yo sepa, no ha defendido nunca la figura de esta gran mujer). La anularon como persona y le negaron todo cuanto le correspondía como reina.

 

Con solo 16 años tuvo que estar en una corte extraña, donde, más que bien recibida y acogida, se sentiría más sola y aumentaría en ella la nostalgia y la tristeza, que jamás han sido buenas ayudas de cámara para sobrellevar males de raíz psicológica. Su única pasión, el amor por Felipe el Hermoso (Un apelativo ceñido exclusivamente a lo físico, porque todo lo demás que había en él era bastante feo, si atendemos al relato de sus semblanzas. Si seguimos la pauta del historiador Manuel Fernández Álvarez aquel hipotético ardor no era más que la desesperación de una mujer que se aferra a su esposo para refugiarse del entorno), era el único sentido de su vida.

 

Protestaba constantemente contra las infelicidades de su esposo (Semejante ángel resultó ser un maltratador de los pies a la cabeza. Un «torturador psicológico») y por la humillación pública a la que estaba sometida.. Y ya comenzó a crearse la fama de histérica y desequilibrada (El obispo de Córdoba, enviado por los Reyes Católicos como embajador a Flandes, informaba de que era “habida por muy cuerda y por muy asentada”. Ese mismo año, el embajador residente de España había llegado a decir que “en persona de tan poca edad no creo que se haya visto tanta cordura”). Todo ello por no ser sumisa, por rebelarse contra la sumisión, los desaires y despechos de un marido interesado y narcisista del que se enamoró profúndamente  y que la manipuló a su antojo.

Fue llamada a la Corte Española, a raíz de la muerte de su hermano Juan y el hijo de su hermana, casada con  Manuel I de Portugal, Miguel, heredero de la corona de Castilla.

Fue una rebelde, como lo hemos sido todos y ante una negativa de reunirse con su amado Felipe hizo una “locura” de su edad: “Estuvo en el recinto exterior del castillo de la Mota, en Medina del Campo, descalza y sin ropa de abrigo, hasta las dos de la madrugada de una de las noches más frías del año”. Con este gesto, Juana forzó a su madre a concederle una entrevista y, en última instancia, a permitirle partir hacia Flandes en busca de su esposo. Muchos historiadores se fijaron en las habladurías de la época, y por este hecho, la tildaron de perturbada (Craso error, solamente era una acción para llamar la atención de su madre).

Cuando murió su madre, la Reina Isabel la Católica en 1504, comenzó su verdadero calvario. Se convirtió en la Reina de Castilla, pero su padre y el ambicioso de su marido, tenían otros planes. Según ellos, no estaba capacitada para reinar y ellos querían hacerlo en su lugar. Felipe, su marido, comenzó a planear su encierro cuando la muerte le sobrevino. Embarazada y de luto, durante el año 1507, recorrió Castilla con el féretro de su marido hasta llegar a Granada donde recibiría sepultura. Aquella imagen, contribuyó a aumentar la leyenda de desequilibrada mental. Lo cierto es que Fernando el Católico, con su movimiento para quitársela de en medio, planeaba casarla con Enrique VII de Inglaterra. Pero hasta que no enterrase a su marido, no podía casarse de nuevo. Y ella alargó el viaje a Granada todo lo que pudo. La suerte de esta gran dama fue que Enrique VII murió en esa espera corría el año 1509, justo cuando Fernando el Católico ordenó encerrar a Juana en Tordesillas para evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija.

En el Archivo de Simancas se encontró una carta que la reina Juana dirige desde Bruselas al señor de Veyre, fechada el 3 de mayo de 1505 y que deja en evidencia al ambicioso a su padre, poniendo en duda la locura de Juana: …me juzgan que tengo falta de seso y me levantan falsos testimonios, igual que se los levantaron a nuestro Señor…hablad con el rey mi padre (Fernando) porque lo que esto publican no solo lo hacen contra mí….Yo sé que el rey mi padre tiene quejas de mí, pero esto debiera quedar entre padre e hijos. Si en algo yo usé de mi pasión no fue sino por celos…”. En otra ocasión vuelve Juana a manifestar esto hablando de su padre: “no falta quien diga que le place gobernar nuestros reinos…”.

 

Su padre hizo una exitosa campaña para tratarla como loca y encerrarla en Tordesillas y evitar que reinara, dejando el camino libre a su futuro heredero, fruto de su matrimonio con Germana de Foix. Pero Fernando murió sin descendencia y Juana, se convirtió también en Reina de Aragón y de Navarra, pero tan solo en papeles. Su presunta incapacidad mental era esencial para sentar en el trono a su hijo Carlos I. Con la Rebelión de los Comuneros, se le abrió un atisbo de libertad (Aunque siempre se mantuvo al margen del movimiento comunero). Aquella revolución, cansada de los abusos de Carlos I, quería demostrar que su locura era una estrategia para quitarla y apartarla del reino de Castilla. Estas revueltas fueron al fracaso y su hijo no se apiadó de ella. La dejó encerrada en Tordesillas con unas gentes que la atormentaban y maltrataban psicológicamente. Así estuvo, encerrada entre cuatro paredes sin salir de aquellos aposentos, en algunos casos privados de luz y, desde luego, sin las comodidades con las que contamos todos hoy, durante 46-47 años. Solo estaba asistida por  su hija, Catalina, hasta que se marchó para desposar con Juan III de Portugal en 1525; las visitas de su padre, que fueron tres, en 1509, 1510, 1513; Germana de Foix y su hijo, Carlos I, que acudió en varias ocasiones, al menos más de tres. Solo el marqués de Denia comprendió la situación y trató de introducir hábitos para  procurar a la reina un mayor bienestar.

Los reyes Fernando y Carlos trataron de borrar cualquier vestigio documental del encierro de la reina Juana. No existe rastro alguno de la correspondencia intercambiada entre Fernando y Luis Ferrer; y Carlos V parece haber tenido el mismo cuidado. Incluso Felipe II ordenó quemar ciertos papeles relativos a su abuela.

 

Una reina que fue abandonada por la suerte y triplemente engañada por su hijo, por su marido y por su padre.

 

Juana nunca fue declarada incapaz por las Cortes de Castilla ni se le retiró el título de reina. Mientras vivió, en los documentos oficiales debía figurar en primer lugar el nombre de la reina Juana. Pero, en la práctica, Juana no tuvo ningún poder real porque Carlos mantuvo a su madre encerrada. De hecho, ordenó que la obligasen a asistir a misa y confesarse, empleando tortura si fuere necesario.

 

Murió quedando, injustamente para la posteridad, como Juana la Loca, pero creo que no, esa mujer solo estuvo maltratada, no solamente por la historia, sino por todos aquellos que la rodeaban.

Muchos estudiosos han sostenido que la presunta “locura” de Juana obedecía únicamente a una conspiración política masculina. Dado que suponía un obstáculo para que Felipe o Fernando ejercieran el control absoluto sobre Castilla, inhabilitarla satisfacía los intereses de ambos. Su trastorno mental, alegan, se exageró deliberadamente con objeto de hacerla inaceptable como soberana. Se ha argüido además que su conducta extravagante fue, en realidad, un intento legítimo de reafirmarse en un mundo dominado por los hombres. Esta línea de argumentación convierte a Juana en un exponente de todas aquellas mujeres que, en el transcurso de la historia, han sido excluidas injustamente del poder.

Hay que recordarla como lo que fue, un reina, la Reina Juana I de Castilla o Juana I de España. Una mujer que lucho para que nadie la mangonease ni abusase de ella. Una verdadera feminista.

Bibliografía:
-Cantalapiedra Cesteros, Luis (2005). Juana la Loca: reina de España. Madrid: Edimat Libros, S.A.
-Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Juana I de Castilla.
-González García, Juan Luis (2010). «Saturno y la reina “impía”. El oscuro retiro de Juana I en Tordesillas». En Miguel Ángel Zalama Rodríguez, ed. Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno. Ayuntamiento de Tordesillas.
REFERENCIAS:
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/juana-loca-victima-conspiracion_9525
http://arteysociedad.blogs.uva.es/files/2012/09/03-ZALAMA.pdf
 

 

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