El mentidero espiritual. IMPLORACION III

En muchas ocasiones pensamos lo lejos que está nuestro Señor. Lo buscamos a través de caminos y veredas; por ciudades y países  y nunca lo encontramos.

Preguntamos a muchas gentes y ninguna nos dio razón de Él. Nadie nos mostró razón alguna y por momentos, entramos en la desconfianza.

Y una mañana, cuando el sol despuntaba entre los montes, mares o valles de nuestra tierra, oímos como susurraba el viento y nos decía: “Él está aquí”.

En ese instante comprendimos que Él estaba allí, con nosotros, en la cima perdida, en el zumo de unas frutas, y que estaba lejos de nosotros pero dentro de nuestro ser.

 

 

 

Los remansos de los peregrinos

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