Pau, el hombre que mira lejos. Pablo J. Rico

Pablo J. Rico

“siente a gusto describiendo escenas de sexo duro, No me gusta leer ni escribir pornografía. Mirar es otra cosa…”

Pablo J. Rico, (Zaragoza, 1955), nómada y continuo viajero, ha residido en Mallorca, Alicante y Ciudad de México; Ha publicado dos centenares de textos en libros y catálogos de arte y revistas especializadas. Destacan sus monográficos sobre Goya, Joan Miró, Yoko Ono, Wolf Vostell, Marina Abramovic, Ben Jakober&YannickVu, Gaetano Grillo, Xu Bing, Mònica Fuster y Valerie Campos, entre otros, así como sus ensayos sobre arte y estética actuales, escultura contemporánea, educación artística, nueva pintura abstracta, etc. El autor nos introduce en la literatura y el arte a través de su primera obra de ficción en la que se centra en el origen, los motivos y las razones de la escritura, las relaciones que se establecen entre las artes y la literatura, el papel que juega el editor en la publicación del texto, las correcciones, las presentaciones al público de la obra, su divulgación y difusión. Todos y cada uno de estos temas mencionados que se entresacan de esta novela publicada en 2021 por Los Libros del Gato Negro pertenecen a la metaliteratura y reflexionan sobre cada uno de sus aspectos.

El autor busca la excusa del viaje para adentrarse en la creación literaria en pleno siglo XXI e implica una búsqueda de uno mismo a través del arte, la literatura, la filosofía. Intenta a través de su trama perfectamente construida e hilvanada descubrir la relación existente entre el autor y su editor. Publicar no es sencillo. Exige enviar un manuscrito como es el caso a una editorial y esperar una respuesta. En esta novela, Valerie Wolfman, una escritora mexicana y editora independiente, rechaza en principio el manuscrito de un anónimo escritor que desea ocultar su identidad. Sin embargo, decide leer finalmente los relatos en un viaje a la FIL de Guadalajara, México y le sugiere algunos cambios sustanciales en su novela. Reordenar, desechar, y desfragmentar lo que en definitiva, es la auténtica historia de ficción que él ha escrito. La novela “La verdadera historia de Pau” es el resultado final de semejantes correcciones.

 

Quizás sea una mezcla de pensamientos e interrogantes que se plantea ante la lectura del manuscrito del que reconoce y afirma que le apasiona el esoterismo que envuelve en las tramas de las narraciones. Le llama la atención los distintos alter egos de Pau su protagonista y la serie de heterónimos del escritor (Pau, Pablo, Paul, Paulo, Pedro-Pablo) que emplea en la novela. Diríase que el autor se acerca al género de novela de autoficción donde su “yo” queda reflejado en ese mundo del arte y el amplio cosmopolitismo mientras el protagonista de la novela se mueve y se acerca a otra realidad, a la realidad virtual de sus ficciones y encuentra lo que él denomina el Destino.

 

Desde el inicio de la novela el autor nos plantea la dificultad que existe entre el envío del manuscrito de un autor a la editorial. Somos conscientes que ese paso hasta la publicación de la obra no es inmediato. Supone un largo camino y a veces, difícil para acoplar y adaptar el texto ante el público lector. Las correcciones, las tachaduras, las anotaciones y las sugerencias forman parte como nos recuerda Pablo J. Rico de ese proceso creativo de la escritura.

Recordemos que Pablo J. Rico ha vivido durante mucho tiempo en New York, Brasil, Extremo Oriente e Italia hasta que en 2018 regresó a su ciudad natal, Zaragoza. Es historiador y crítico de arte, director de museos y proyectos artísticos, comisario de más de trescientas exposiciones en veinticuatro países. Todo ello nos revela una mente bien organizada, estructurada y amueblada – como diría Umberto Eco – en el siglo XXI. Se puede deducir de su amplia actividad laboral que es un apasionado de las artes y la literatura, un viajero y un escritor cosmopolita que siempre intenta bucear e indagar en la creación artístico-literaria, en el conocimiento y en la percepción del mundo.

 

El autor reflexiona desde el inicio sobre la escritura, los límites de la ficción, la personalidad de los editores aportando una hoja de ruta metaliteraria y metafictiva dentro del texto. El discurso que establece nos invita entrar en la espiral de la creación similar a la escritura de Cortázar. Para buscar el verdadero el sentido de la novela es necesario que el lector perciba la verosimilitud de los hechos, los acontecimientos, los sucesos y lo logre mediante la coherencia y cohesión textual que en este caso, Pablo J. Rico nos propone.

El sexo es velado y tamizado por el autor hasta el punto de expresar él mismo que no se “siente a gusto describiendo escenas de sexo duro, No me gusta leer ni escribir pornografía. Mirar es otra cosa…” (p.64).A través de discurso textual se desvelan amantes, amores prohibidos, deseos ocultos, el sida y las drogas. En un entramado de cartas, dietarios y múltiples conversaciones se fusionan lo natural y lo sobrenatural. En el texto se desvelan muchas transcripciones de mensajes, una concepción afianzada y depurada de la numerología y un acercamiento profundo a las matemáticas.

 

Lo más sorprendente es la cantidad de apodos del protagonista que acaban fusionándose en la parte del título “el hombre que mira lejos” reflejado desde el comienzo en la portada de la novela cuya ilustración está basada en el óleo “Monje frente al mar” de Caspar David Friedrich intervenida por Ángel Duerto, Paco Rallo y el propio autor Pablo J. Rico. En esta cubierta surge lo sublime, la grandeza del mar y lo insólito que rodea al hombre como ser insignificante y diminuto frente a la Naturaleza. Los lectores nos transformamos en los espectadores de la obra frente al mar a la par que disfrutamos de los idílicos escenarios y un variado paisaje que el autor nos quiere contar en sus 345 páginas.

 

La descripción de los espacios por las que transita el protagonista Pau suele ser extensa y detallista, pero sin abundar en los adjetivos. Es una prosa semejante a la de Javier Reverte en la que a través del viaje indagamos en el código epistemológico de los mundos posibles de la ficción. Recorremos y nos movemos por Nueva York, Italia, España, Rusia, Méjico y en cada lugar existe un engranaje idóneo entre el autor y el espacio, una interactuación existente entre ambos que acerca el lector a la esencia de la obra. Es interesante observar la coordenada temporal del libro sin obviar lo meticuloso y exhaustivo que es el autor a la hora de introducir el número a través del discurso con fechas exactas, minutos y segundos. Parece que lleva un cronómetro incorporado al texto aportando con exactitud y meticulosidad el avance del tiempo. ¿Cuál es el motivo?

 

Nos podemos preguntar si existe un lector modelo como aparece en la dedicatoria que en su caso es Teresa y si existe en realidad alguno más. Probablemente no se termine esa hermosa novela hasta que esté en manos de cada lector y sus ojos observen, lean y dediquen tiempo a analizarla. Además, la edición incluye, oportunamente, un epílogo liberador de la ambigüedad ya que, su autor muestra una mutua complicidad con el público lector y mantiene la “llama encendida” hasta el mismo donde agradece la lectura de su editora y amiga, así como sus sabios consejos para escribir una verdadera obra de ficción que, en definitiva, es la excusa de la novela.

 

Utiliza un lenguaje culto y adecuado a cada circunstancia en el que utiliza los términos propios del país por el que viajamos a lo largo de estas páginas y recorremos nuevos mundos. Usa neologismos, metáforas e imágenes repletas de simbología propia del XXI. La cibernética y los avances tecnológicos se desvelan a través de sus diferentes submundos por los que se mueven sus personajes y articulan el discurso.  Desde el inicio de la novela el lector encontrará el lenguaje dedicado al mundo editorial, a la literatura y al propio acto de la lectoescritura. Se aprecian los conceptos de fusión y metamorfosis en las nociones que Pablo J. Rico quiere definir como instancias básicas de lectura “autor”, “lector” y “texto”, a la par que se producen diferentes planteamientos filosóficos, éticos, científicos, políticos y económicos. A lo largo de sus páginas el lector encontrará múltiples referencias intertextuales de la aventura artístico-literaria  (traducción, crítica, libros, conferencias, congresos, galerías, museos, salas, Feria del Libro, etc.) en la que surgen alusiones referentes a la creación literaria (Murakami y sus divagaciones metaliterarias en su libro “De qué hablo cuando hablo de escribir”) o a la creación artística de Umberto Eco.

 

Releo la novela “Pau, el hombre que mira lejos” de Pablo J. Rico y vuelvo al ensayo de “Flaubert y la frase” de Roland Barthes dentro de su libro “El grado cero de la escritura” en el que se esbozan las correcciones de estilo de ambos escritores, Gustave Flaubert y Marcel Proust. La trama de la novela nos conduce a la ardua tarea que supone corregir un texto antes de su publicación a pesar del interés mostrado por el editor. El protagonista Pau necesita esos consejos por parte de su editora Valerie tan necesarios como imprescindibles. Las acciones de tachar, eliminar, reescribir, reconstruir y recomenzar nos conducen a empezar desde cero, “a volver al inicio de la escritura”. No tengo muy claro si para el protagonista Pau y sus múltiples heterónimos al igual que para Flaubert, la escritura y el pensamiento se identifican y por lo tanto, el fondo y la forma significan lo mismo por un lado, o si por el lado contrario, Pau acepta del mismo modo que Marcel Proust, agregar, añadir y retocar la propia obra literaria. Sea como fuere, uno de los mundos ficcionales en los que nos introduce Pablo J. Rico es el mismo por el que apuesta Roland Barthes en su libro “El grado cero de la escritura donde es necesario indagar en las correcciones de los textos a lo largo de dos ejes principales, ya sea mediante sustituciones, tachaduras o vacilaciones (sustitutivas y metafóricas) o mediante el eje horizontal que afecta a supresiones o correcciones de sintagmas que afectan a la cadena del mensaje.

Una novela sobre el arte y la metaliteratura, calculada y medida para que el tono no trasgreda lo intelectual. En ella Pablo J. Rico aborda el arte desde su experiencia, con espacios narrativos como marco de interés artísticos en una historia en la que a través del narrador se vertebran los siguientes temas (el viaje existencial, la búsqueda de la realidad y la ficción, el objeto y sujeto artísticos, la estética reflejada en el texto, la filosofía, la ciudad como discurso y el amor como principio y origen del ser humano)apreciándose los procedimientos que definen la escritura fragmentaria, la hibridación genérica, la intertextualidad o la autoficción y de esa forma se plasman a través de diferentes voces narrativas. Mediante transcripción de cartas, dietarios, monólogos y diálogos se esconden códigos de diverso tipo (políticos, históricos, antropológicos, literarios, psicológicos, lingüísticos etc. de cada lugar y espacio por los que viaja el protagonista que revelan un estilo sencillo y elegante dentro de una prosa ágil y fluida que favorece la lectura del texto.

 

Es una novela en la que se trasluce un excelente trabajo de documentación e investigación sobre el mundo artístico-literario en el que su autor referencia autores, obras, movimientos y espacios bien definidos y de renombre resaltando un discurso coherente, lógico y bien estructurados desde el comienzo hasta el final. Pablo J. Rico cuida todos los detalles de su novela y que para vivir de la literatura es necesario un encuentro con el Otro, lo otro, nuestro reflejo.  No obstante, es consciente que para dar sentido a la literatura a través del eje temporal en su novela de ficción o más bien de autoficción, debe dejar los huecos, las lagunas en su texto, es decir, todo aquello que no se escribe ni se dice, para mantener vivo ese pacto narrativo entre lector y autor como reconstrucción de la lectura a través de la creatividad e imaginación.

 

La belleza del discurso literario de Pablo J. Rico tiene un sentido cognitivo del arte similar a la de Gadamer, equivalente a la percepción de lo bello de Platón para expresar el sentido del mundo y de la realidad y parecida a la experiencia artística de Baumgarten e infinita dentro de lo finito como Schelling. Ahora le toca al lector pensar si todo lo que se cuenta en la novela “Pau, el hombre que mira lejos” es verdadero y ha sucedido o si el escritor ha traspasado los límites entre la realidad y se ha sumergido en la ficción.

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