Soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes. José Manuel Lucía Megías

José Manuel Lucía Megías.

Filólogo y escritor español, catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid.

Soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes

José Manuel Lucía Megías
Video del Instituto Cervantes

Con Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes, el sello editorial Huso recupera en 2021 un personaje olvidado y relegado fundamental de la historia literaria del Siglo de Oro. El libro nació como monólogo teatral para rescatar una de las voces femeninas más interesantes y cuestionadas, nada sumisa, alejada del mundanal ruido del XVI, esposa y compañera de Miguel de Cervantes.

           José Manuel Lucía Megías (escritor, cervantista, poeta y catedrático de Filología Románica de la Universidad Complutense de Madrid) investigó y rescató entre sus papeles lo suficiente como para saldar la deuda contraída con ella. El título de la obra nos abre la puerta al pensamiento y la biografía de una mujer unida por antecedentes familiares a la corte y con cargos cercanos a la realeza, en una sociedad clasista de aquella época.  En la solapa del libro aparece la biografía de José Manuel Lucía Megías resaltando sus últimas publicaciones y premios. Conviene recordar el papel de Lucía Megías como presidente de honor de la Asociación de Cervantistas así como director de la Revista de Literatura Medieval y de la Revista de Filología Románica para confrontar y apoyar aún más si cabe, el proyecto crítico que hoy nos atañe. Una fotografía del autor antecede al título, un dibujo en blanco y negro similar a la de la cubierta realizada por Miguel Rep y una dedicatoria a sus abuelas y madre anteceden al texto. A modo del prólogo, Lucía Megías escribe una carta afectuosa a Catalina de Salazar fechada en febrero de 2021 que, de algún modo, enlaza temporalmente el siglo XVI y el XXI fusionando el tiempo dentro del espacio. El hecho de que esta obra aparezca en el sello editorial Huso dentro de la colección Palabras hilanderas, a cargo de Marifé Santiago Bolaños como directora,  no es casualidad sino un encargo editorial. Lógicamente era de esperar que un experto cervantista como José Manuel Lucía Megías que había publicado hasta el año 2019 tres volúmenes sobre la juventud, madurez y plenitud de Cervantes en la editorial EDAF, rescatara del olvido la figura de Catalina de Salazar como capítulo aparte y fuera, como de hecho ha sido una novedad literaria exclusiva del año 2021 para convertirla en pieza fundamental de estudiosos y entendidos dentro del ámbito cervantista. La colección Palabras hilanderas está dedicada al pensamiento lúcido e inspirador de María Zambrano y dio comienzo a los treinta años del fallecimiento de la filósofa.

 

              Las hipótesis planteadas desde un principio por el autor después de haber estado recogiendo toda la documentación e información necesaria sobre su personaje de estudio le condujeron a completar con imágenes y sensaciones los espacios que rodeaban a Catalina de Salazar. La tierra natal de Esquivias nos introduce en los espacios toledanos que sitúan desde el comienzo al lector, marcados por los desposorios entre Catalina de Salazar y Palacios y Miguel de Cervantes un 12 de diciembre de 1584, en una travesía literaria de gran calado. El autor apela con el narrador a una segunda persona del singular a la cual, dirige el prólogo como antesala de su propia biografía teatralizada a modo de monólogo. ¿De qué habla esta carta? Interpela al lector, le hace partícipe y le sitúa a caballo entre el festín que tuvo lugar ese 12 de diciembre de 1584 y el año 2021, época en la que el planeta sufre de un confinamiento severo y complicado y más difícil, para las mujeres que, como Catalina, han sido personas ejemplares y sombras en el olvido. El autor firma como “Tu humilde servidor” lo cual nos hace reflexionar sobre un escritor humilde y fiel en su texto ficcional, al servicio de un personaje femenino denostado y olvidado, sin apenas bibliografía que nos acerque a su pasado. Sin embargo, tutea de un modo sorprendente a la protagonista de este marco teatral y la sitúa en el centro del escenario para darle voz ante el público lector.

 

        Fascinado por los olores y los sabores, el autor emprende un viaje literario por diversos lugares de la infancia de Catalina de Salazar para establecer paralelismos con los espacios que pueblan la nuestra y nos incitan al ayer, al recuerdo, al pasado de nuestro yo más profundo. Se adentra en los porqués y en las razones que le inducen a internarse en este personaje femenino. Según el lector avanza en las páginas de este monólogo teatral, traspasa la puerta que el autor nos abre hacia la sociedad del XVII y se sumerge en el papel tenía la mujer entonces, obviamente, secundario y en inferior de condiciones al del hombre. El tópico femenino que se muestra es una cartografía y una visión del mundo de aquella época, fruto del papel social que le atribuía a la mujer en ese momento.

             La acción transcurre en la casa de Catalina, en pleno centro de Madrid, en la calle de los Desamparados con una referencia temporal del 20 de octubre de 1626, fecha en la que Catalina firma un segundo testamento. En letra cursiva el autor enfatiza la figura de la mujer de Cervantes como si una luz potente la iluminara en mitad de la penumbra del escenario. Con el telón subido, una voz nos acerca a sus 71 años de arrugas en el rostro, su mirada absorta y melancólica en la calle y sus escasas reacciones gestuales a ese hecho testimonial ante un escribano y sus testigos. Entre los espacios narrativos que el autor nos presenta a lo largo del texto ficcionalizado, cabe destacar en la ciudad de Madrid, el Corral de Comedias del Príncipe, el Convento de las Trinitarias, la capilla del Convento de los Franciscanos, el hospital de los Desamparados, la fuente de Antón Martín así como otros lugares más lejanos que aparecen en la obra como Esquivias, Valladolid o Sevilla.

 

                 Entre los recursos narrativos el autor utiliza la sinécdoque y la metáfora en sus descripciones detalladas del espacio privado de Catalina donde la “casa” es el rincón preferido y descendiendo un poco más, la habitación de la protagonista. Lucía Megías incide en la poética del espacio captado por su imaginación y lo traslada al espacio vivido de Catalina de Salazar. Desde el punto de vista psicológico, el autor siguiendo la teoría de Gaston Bachelard en su libro “La Poética del espacio” (1957) abre la puerta a los espacios y temporalidades del imaginario de la protagonista, centrados en los lugares del lenguaje y formados por las imágenes de los lugares de su vida íntima. Bachelard lo denominaba topoanálisis y se basaba en la psicología descriptiva, la psicología profunda, el psicoanálisis y la fenomenología. El autor describe todos aquellos espacios significativos para Catalina donde la casa como unidad y complejidad simbólica en la que convivió con Miguel de Cervantes integró todos los valores particulares en uno fundamental. La casa forma parte de la construcción de los recuerdos de nuestra infancia y potencia al autor en la reconstrucción de la biografía de Catalina.

 

              A estas alturas resultaría una banalidad presentar a Catalina de Salazar como una mujer de bandera ya que para muchos, es la perfecta desconocida bajo la que se amparaba Cervantes. Sin embargo como explica el autor en su prólogo Catalina era la representación fiel de todas las mujeres.

 

“Catalina, fuiste una mujer de tu época, pero también una mujer singular, y, al mismo tiempo, te has convertido en espejo de todas las mujeres a las que hemos ido llenado de sombras a lo largo de los siglos. Eres una mujer, pero también eres todas las mujeres”(p.13).

 

   Lucía Megías explora el topoanálisis de lugares íntimos y realiza un estudio psicoanalítico y una poética de la casa de Catalina como el lugar emotivo donde se desarrolla la vida cotidiana abarcando los aspectos domésticos, íntimos y poéticos. Según Gaston Bachelard, la descripción de la casa supone un entendimiento humano del espacio basado en experiencias propias del hombre. Desde esa perspectiva, Lucía Megías reflexiona sobre los lugares domésticos y su repercusión espacial tanto en la arquitectura como en el entorno urbano de la vida conjunta de Catalina de Salazar y Miguel de Cervantes. En la intimidad de la casa de Esquivias se descubre aún más el reflejo exterior de los lugares que rodean a Catalina de Salazar y Miguel de Cervantes. Ese espacio físico donde habitan se convierte en espacio psicológico y social, un laberinto de soledad de su yo más íntimo sin olvidar, el espacio que rodeó a Catalina durante su infancia, un ambiente familiar feliz rodeado de excelentes recuerdos, sensaciones y sentimientos.

           

              Lucía Megías a lo largo de su discurso tradicional nos propone entender la facultad de la imaginación de su protagonista y acercarnos a su personalidad por medio de las imágenes y las reflexiones de sus ensoñaciones, sus sueños, sus lugares de refugio físico y mental, analizando el espacio íntimo de las estancias de su casa.  Todo ello deriva en un espacio simbólico de representación imaginario y del sentimiento estético que el autor alberga en la memoria de Catalina.

           

           Madrid es el escenario por excelencia en el que el autor nos traslada a la imagen de la Villa y Corte de 1600. La evocación de detalles de la época, de recuerdos que Catalina posee en su lúcida mente y los hechos históricos narrados nos introducen en el traspaso de la Corte de Valladolid a Madrid a través del monólogo teatral de la protagonista desde del prólogo hasta el final del texto. El autor nos sitúa de modo asombroso a través de imágenes visuales nítidas en las costumbres de la época. La muerte de los antepasados, los sueños y recuerdos, las posesiones, las visitas y amistades expresadas en el texto denotan los ambientes del mundo que rodeaba a la protagonista del XVI. El apellido, el linaje y los negocios de Miguel de Cervantes nos acercan a su energía y vitalidad rodeado siempre de ambientes literarios que conformaban su escritura. Una apertura al mundo de Catalina nos hace sospechar que el narrador omnisciente adopta la visión de la protagonista en cada escena y conoce perfectamente las sensaciones, los deseos, los anhelos y los recuerdos de los protagonistas hasta ponerse en su propia piel. Las descripciones de la casa son representativas del ambiente que rodeaba a Catalina, un círculo cerrado de recuerdos y sombras de un pasado teñido en blanco y negro. El vino, los libros, las ocupaciones, las comidas y los platos típicos como las migas o las sopas de ajo reflejan las tradiciones y a las costumbres de sus gentes y del paisaje manchego.

         

            Catalina es un personaje fiel a la figura vital y sonriente de Cervantes cuyo perfil de escritor y hombre de mundo está suficientemente explicado a lo largo de estas páginas. La llamada “Era de Internet” nos induce a acercar la figura de Catalina de Salazar a los lectores a través de la publicidad que el sello editorial explica sobre su autor, José Manuel Lucía Megías y su obra a través del código QR situado en la contraportada.  Además es importante reseñar que la edición del libro ha sido impresa en el mes de abril del presente año, coincidiendo con el Día del Libro como aniversario del fallecimiento de Cervantes, El Inca Garcilaso y William Shakespeare.

            La tensión que Megías articula en su discurso tiene repercusiones en la crítica feminista. El narrador nos muestra una sociedad donde el papel de la mujer era secundario y supeditado al hombre. El autor nos introduce en un mundo machista donde la espera, el respeto, la sumisión y la obediencia así como la subyugación a los deseos y satisfacciones del hombre, era lo primordial. Megías nos obsequia con una joya literaria de altura que ensalza el poder de la literatura creando puentes para enlazar la cultura a través del espacio y el tiempo. Para el lector, el telón de fondo de esta historia, le permite imaginarse un ambiente y rodearse de esos silencios y suspiros que transitaban por la mente de una bella dama admirada por la sonrisa y mirada de su marido, Miguel de Cervantes, el ilustre del Quijote, cuyo cuerpo marcado por las cicatrices de sus batallas resaltaba por todos los círculos literarios del momento.

 

          Resulta sorprendente la cantidad de fechas y datos numéricos que aparecen en tan solo sesenta y cuatro páginas que aportan verosimilitud y autenticidad al texto a pesar de la primera persona del narrador femenino. Se bosqueja un panorama social, económico y cultural del XVI haciendo referencia a la escritura de la memoria en la cual, recordemos que era escasa la cultura en muchas mujeres de la época y que desde un principio, una de las alternativas en la vida para las mujeres en época casadera, era conseguir un compromiso matrimonial y aportar una dote al matrimonio. Es de resaltar el vestuario de la época del XVI en pleno corazón de Madrid para celebrar las velaciones matrimoniales donde la protagonista interpela a su marido y recuerda cómo se movía libremente entre abrazos y sonrisas por los corrillos sociales. En medio de las velaciones matrimoniales el autor introduce el efecto de anagnórisis en el que Catalina se encuentra a sí misma y se sitúa dentro de la vida madrileña como una pieza de puzle a encajar al lado de la inteligencia y el buen hacer de un hombre ilustre en medio de la Corte del XVI.

 

          Diríase que a modo de laberinto de Teseo, las mujeres preparan el camino de Catalina. Su suegra Leonor, las hermanas de Cervantes, Andrea, Magdalena, su sobrina Constanza y hasta su niña Isabel son las guías perfectas que sitúan a Catalina en el papel que debe desempeñar como mujer y madre, al lado de Cervantes. El autor expresa la deuda contraída por Catalina con sus antecesoras y sus hermanas que en definitiva, son el sustento de su familia dentro del hilo textual.

 

           ¡Cómo Lucía Megías se iba a olvidar de la fecha de la nueva edición del Quijote y de las Novelas ejemplares! El autor nos introduce en una obra metaliteraria abordando los temas de la lectura, la edición y la traducción de las obras de Cervantes a otras lenguas como el francés y el inglés. Y a través de la creación literaria y la forma artística nos acerca a la escritura de la obra cargada de referencias y alusiones a la misma. El tema de la muerte se descifra desde el comienzo de la obra expresando el deseo de escribir un segundo testamento. Un final que pierde fuerza discursiva queda en un segundo plano en la penumbra del escenario. El discurso finaliza sin antes provocar un sonido de pisadas fuertes en los oídos del lector.

 

          Catalina, personaje hasta el final de sus días, con entendimiento y pensamiento aparece enjuiciado por el autor a pesar de enfatizar las manías y costumbres de los ancianos considerados en aquella época. A modo de reflexiones dentro del texto se puede concluir una complicidad del autor con la protagonista,  una fusión y un acercamiento entre la realidad y la ficción del ambiente que le rodea. En definitiva, es necesario e imprescindible felicitar a este gran cervantista que apuesta por dar voz a una mujer olvidada, oculta bajo la sombra de un escritor de renombre como Miguel de Cervantes y Saavedra. Escribir una reseña sobre “Soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes” significa recorrerla obra no atravesándola, como diría Roland Barthes y sumergirse en una gran historia de pequeño formato a través de la técnica del monólogo interior.

            Pero cabe la duda si realmente Catalina se consideraba a sí misma una persona independiente y con un universo personal diferente a la que por medio de la ficción, el autor recrea en esta obra inmersa en la incertidumbre de los mundos ficcionales de Lubomír Doležel. No está claro que el autor quiera destacar la independencia de una mujer de la época a través de la musicalidad, el ritmo y la poeticidad del discurso de este texto teatral dando esa voz que le corresponde o por el contrario que esa independencia fuera real y sus razones para quedarse en Madrid después de la muerte de Cervantes fuera una decisión meditada y deseada, reflejo de su propia voluntad.

 

             El feminismo plantearía la diferente mirada desde el punto de vista de la mujer y del hombre en esta obra. La imagen de la mujer vista y percibida por otra mujer permite al autor hacer partícipe al lector a través de juegos ficcionales y caracterizar las acciones y pensamientos de Catalina de Salazar. Recordemos que ya pasado mucho tiempo desde la muerte de Cervantes el 23 de abril de 1616 hasta la fecha 20 de octubre de 1626 en la que el autor nos sitúa nada más comenzar a leer el prólogo. Diez años en la vida de una mujer de aquella época es posible que fuera suficiente como para caracterizarla más independiente en su pensamiento a pesar de ser testigo fiel de la muerte de una “estrella literaria” como fue Miguel de Cervantes. Este libro es un testimonio vivo de aquellos años en las que los problemas y las inquietudes económicas, religiosas, políticas, sexuales y morales preocupan a nuestro autor y le hacen partícipe a él mismo del retrato de la vida española del ayer.

 

         Desde la perspectiva deconstruccionista de Jacques Derrida, Soy Catalina de Salazar, mujer de Miguel de Cervantes representa el prototipo de las huellas y las sombras, la búsqueda de la sencillez y la verdad que emerge entre los sueños y los misterios de Catalina de Salazar que el autor plasma a través de códigos y conceptos de verdad. Miguel de Cervantes, máximo deconstructor igual de Derrida, alcanzó la esencia del espíritu a través de la escritura. Lo consiguió mediante su ingenio y su vitalidad fruto de la felicidad que compartió con Catalina. El simbolismo que se percibe a lo largo de estas páginas a través de un exquisito lenguaje del texto conduce al lector a la veracidad de los hechos y por tanto, a su confrontación con la realidad. La obra de Lucía Megías retrata la verdad dentro de la mente de Catalina, una mujer que evoca un pasado con todo detalle, lo refleja en sus sueños y lo mantiene en sus recuerdos en este monólogo teatral por un lado, y por otro, dentro de la mente o logos del autor, especialista en libros de caballerías, crítica textual, iconografía del Quijote y humanidades digitales.

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