EL LIBRO “EL AGUA DEL BUITRE” DE ANDRÉS ORTIZ TAFUR

Andrés Ortiz Tafur (Linares -Jaén- 1972) acaba de publicar su último libro de relatos El agua del buitre en la editorial Baile del Sol en 2020. Dieciocho piezas breves conforman este libro de cuentos que orbitan en torno a las relaciones humanas dibujando los perfiles de la soledad, la incomunicación, los miedos, las angustias y la muerte. El autor introduce pinceladas impresionistas que vibran a lo largo de sus páginas marcadas por episodios de la vida diaria, monótona y rutinaria de la existencia. El corpus textual está precedido por el peritexto con citas de Rubén Darío y Oliverio Girondo.

Unos relatos que versan sobre los tres temas de la posmodernidad, el espacio, el tiempo y el Otro aportando de ese modo, coherencia y armazón al libro. Los rasgos que definen la narrativa de Andrés Ortiz Tafur en El agua del buitre invitan a la vacilación del lector que según Tzvetan Todorov, nos incitan a la perplejidad y extrañeza ante lo insólito. A pesar de las explicaciones que demos a los relatos de El agua del buitre existe una mezcla de ensoñación y fantasía según las leyes de la razón. Los hechos que acontecen a todos los personajes implican una serie de conductas repetitivas y cíclicas. Un género breve que invita al lector a sumergirse en un laberinto temporal transitado por la esfericidad y la circularidad que detienen el paso del tiempo en los relatos de Andrés Ortiz Tafur. En El agua del buitre, los relatos gravitan sobre la misma historia cíclica con idénticos mecanismos de representación que le llevan a indagar en la sintaxis discursiva, repetitiva y circular de sus relatos. Los trazos discursivos nos transmiten ciertas sensaciones fantasmales que rozan lo fantástico, lo extraño, lo mágico con lo cual,  el autor roza los límites de la irrealidad. El autor sitúa sus personajes en un mundo real rodeado de aparente irrealidad en el cual, traspasan puertas, paredes y ventanas y deambulan por un mundo irónico donde a la vez conviven la risa y la tristeza. Modela sus relatos con experiencias cotidianas del ser humano y mezcla fantasías, ensoñaciones, sueños y angustias para reflejar el nihilismo, la nada, la náusea, prototipos de la estética de Nietzsche. La dicotomía de los términos (la existencia/inexistencia, la presencia/la ausencia, la vida/la muerte) y sus juegos ficcionales aportan la estética de los relatos dentro de un acto de fingimiento.

Encontramos que en este libro de relatos la conducta humana se repite una y otra vez, se caen en los mismos errores y los aprendizajes de cada historia son reiterativos de forma diversa. El autor mantiene un discurso obsesivo y recurrente a lo largo de las páginas de su quinto libro publicado, interesante y prometedor. Los lectores se encontrarán con dieciocho relatos de extensión variable pero con idéntica estructura narrativa.

Me atrevería a pensar que el autor invita a cada lector a pasearse por los espacios públicos (el bar, la cantina, la oficina) y los privados (la casa, el motel, el cortijo) en los que se desarrollan sus historias, ambientes siempre cerrados en los que sus narradores en tercera persona y en algunos casos, en primera nos invitan a traspasar el umbral de la muerte en un mundo rítmico y sonoro condensado entre luces y sombras.

Andrés Ortiz Tafur se acerca al proceso creativo por medio de dispositivos narrativos que nos acercan a la mentira, la verdad, el fingimiento, el simulacro y las dicotomías conceptuales en pleno siglo XXI, símbolos de la posmodernidad por excelencia. Dentro del tejido argumental de las historias surgen Facebook, móviles, internet, whatsapp, mensajes, que aparecen y desaparecen en todos sus relatos para recordar al lector los destellos que identifican el mundo en el que vive y todo lo que acontece a su alrededor. Todas las tramas de los relatos giran en torno a un denominador común, la soledad y el aislamiento del ser humano en un mundo cibernético y revolucionario.  Sus personajes huyen de la realidad en la que viven e intentan jugar con la fantasía y la imaginación.  Mediante las ensoñaciones Tafur intercala lo real y lo ficcional y demuestra lo difícil que es la convivencia y las relaciones humanas provocado en parte, por la falta de entendimiento entre las personas.

La narrativa del autor nos invita a recorrer un camino, un viaje a lo largo de sus páginas para demostrar su visión del mundo y rastrear en los mecanismos de la escritura. Tafur alcanza la verosimilitud de sus relatos en un mundo de ficcionalidad poniendo de cara al lector frente a la realidad y convirtiéndola en un simulacro. Los finales enlentecen el tiempo del discurso narrativo, lo dilatan y lo alargan indefinidamente. Invitan al pensamiento del lector, abren la puerta a la incertidumbre y juegan con la fiabilidad de los hechos planteando una lógica ilógica. 

El tiempo lineal intercala episodios anclados en los recuerdos o anticipa los sucesos veinticinco años intensificando la dicotomía realidad-ficción y acercándose a la irrealidad. La intensidad del discurso narrativo se focaliza en los narradores en tercera persona que desvelan al hombre cotidiano y otras en primera persona. Sus personajes viajan a través de las imágenes y las metáforas, los símbolos y los mitos para reflexionar sobre esa “angustia existencial” que a veces, rodea al hombre. Dios, el hombre, el Otro, el amor y el desamor surgen en el camino metafórico de la vida.

La cadencia del lenguaje, el patrón estilístico y la filosofía de vida de Andrés Ortiz Tafur nos conducen a la belleza y sensibilidad de sus textos a través de su talento, su madurez narrativa y su ingenio como escritor existencial del XXI. 

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