LA ÚLTIMA NOVELA DE RAFAEL SOLER

Con una sonrisa, su simpatía, su buen humor y una mirada profunda que le caracterizan, Rafael Soler nos presenta en la tertulia de Justo Sotelo “on line” su último libro “Necesito una isla grande” (Contrabando, 2020). Las conexiones aumentan vertiginosamente y en cuestión de quince minutos nos unimos para escucharle casi 50 personas desde diferentes partes del mundo. Escritor valenciano, ingeniero y sociólogo nos conduce a través de sus palabras a penetrar en su historia personal y académica, en su amplia trayectoria literaria (poesía y narrativa) y su colaboración continua y participativa en la ACE (Asociación Colegial de Escritores) como Vicepresidente. Antes de sumergirse de lleno en su última novela nos explica a todos sus oyentes las razones y los motivos por los que los escritores pueden realizar su profesión y compaginarla con la propia escritura así como los requisitos que cualquier autor debiera tener antes de publicar una obra. Una consideración importante para él es diferenciar a los escritores por un lado en los “brújula” (inquietos y directrices previas ante la escritura que recorren el camino junto a sus personajes según unas premisas básicas para crear y diseñar) y los escritores de “mapa” (que poseen una arquitectura meditada y muy organizada a la hora de escribir).Reposar y guardar distancia de la obra escrita son – para él – dos condiciones básicas para tener un texto “tallado” antes de publicarlo. Es necesario “dejarlo dormir” para que esa obra merezca la pena y si lo es, merecerá. Corregir, modificar, cambiar son acciones esenciales a realizar por cualquier escritor antes de llegar a una publicación o envío a una editorial.Y después de hablar “largo y tendido” sobre el futuro de los escritores y el proceso creador de la escritura, Rafael Soler nos acerca a su segunda novela publicada en la editorial Contrabando en 2019 y presentada en el Café Comercial en enero de 2020 ante amigos, familiares y muchos escritores y críticos de prestigio de nuestro país. Tras muchos años de descanso editorial publica su segunda novela “Necesito una isla grande”, una novela escrita desde la bonhomía, la sinceridad con una escritura compasiva, irónica y libertaria con un tono diferente vanguardista y experimental de los libros publicados anteriormente. Habla desde la resignación, hecho muy diferente de “tirar la toalla” ante la vida. Esta novela es una auténtica rebelión a bordo de un escritor insólito que estuvo en silencio durante veinticinco años.El autor es un visionario del momento, una novela que anticipaba nuestra situación del COVID-19. Al autor le impactó cuando escuchó por primera vez lo que sucedía en las residencias de ancianos. Él acierta, atina y anticipa el presente con el fondo de su novela. La tercera edad nos dice – es transparente, con un espíritu bárbaro en una historia y con un final que les sorpresa “haciendo planes”. El microcosmos de las residencias o los asilos es un tema difícil de resolver y queda mucho camino. Es una fuga que se articula como homenaje a los mayores y demuestra la vulnerabilidad y la fragilidad aparente de ellos.

En la novela existen referencias cinematográficas, a veces se podría pensar en una especie de road movie, aunque cayendo en la cuenta que son géneros diferentes y se discute entre todos los tertulianos si realmente se debería clasificar de esa forma. Es una novela de sueños imposibles para poder vivir. Dentro de la galería de personajes aparecen perfiles narrativos muy diferentes con un narrador onmnisciente. Rocky, (perdedor vocacional de boxeo, retardo en espacio de tiempo, grandullón y fuerte), Panocha (revolucionario, que monta una revista en la residencia), Carmina (una profesora que estuvo en Francia, escribe y está pendiente de todo lo que ocurre, serena, afable, equilibrada, bondadosa), Tomás (tipazo que lleva con mucha dignidad su enfermedad (un cáncer) y no quiere hablar de ello y Pulga. Cuando terminó la novela, el autor lo pasó mal. ¿Ellos les deja o me dejan? – se preguntó y se quedó “vacío”. Forman un grupo que surge en la propia residencia. Es interesante estudiar el origen y el crecimiento del grupo y apreciar las relaciones sociales que se entretejen dentro del mismo. Surgen otros personajes secundarios que colaboran a trazar una auténtica rebelión a bordo, Julián, Coronel, Almudena. En realidad los octogenarios y recluidos en una residencia sin nombre ni localización se hacen partícipes y amantes de la vida haciendo planes en su vida diaria a pesar de su fragilidad y vulnerabilidad.Muestran sus heridas de forma desmesurada expresadas mediante señales. Poseen una alta vulnerabilidad a lo largo de su camino; expresan y denotan emociones, rebelión, huida de un lugar de viejos. Desean romper con la monotonía y para ese fin u objetivo abandonan, huyen, se fugan y se escapan de ese lugar de reclusión. Ese viaje absorbe todo lo que dejas y abandonas, un viaje de vuelta, que sale al encuentro. Es un viaje al pasado, un viaje de regreso, un viaje de los mayores que evocan sus deseos y recuerdos, un viaje de desilusión ante lo que acontece en su mundo. En realidad, un reflejo de la huída que muchos mayores desearían realizar en nuestra sociedad actual, un viaje en busca de la felicidad.

RA FA EL

A todos ellos les toca ver la muerte de un compañero, Pulga. El fin que todos tienen es huir, salir de la residencia y ver el mar. Supone una reflexión y observación por parte de Rafael Soler de esas situaciones mundanas que a un viajero como él que visita los mercados, los cementerios, lee los anuncios de los periódicos y ve cosas que los demás no hacen en un viaje, no se le pueden pasar. Es una novela de perdedores con una mirada puesta en la realidad a modo de reflejo.Igual que su El último gin-tonic va contracorriente, ahora con esta novela hace lo mismo. Lo importante es la actitud ante la vida, cómo has vivido y qué nos falta por vivir. Un deseo de atrapar el tiempo para sorprender al lector por la trama donde el lenguaje debe expresar la experiencia y la realidad.Dentro del estilo, en el lenguaje encontramos ironía, una especie de humor negro, que se puede ver la parte oscura del contenido. Es un viaje al pasado escrito a través de estilo indirecto con múltiples diálogos que conducen a una huida de los personajes y una reconciliación personal. “Vivir es un asunto personal” nos explica Rafael Soler.Rafael Soler mantiene cierta complicidad con su editor y con sus lectores en una novela donde la muerte marca el discurso narrativo. Un espíritu de lucha, una forma de avanzar y seguir por ese camino. Hay que ser consciente que no necesariamente la edad incapacita la acción y de esa forma, atrapa al lector desde el principio logrando con esta novela enfocar el mundo de los mayores desde un enfoque visionario acertado y realista. Deseos, ilusiones, aprendizaje, peleas… El verso de Claudio Rodríguez “estamos en derrota” marca la pérdida de los mayores y su anhelo constante de “recuperar su consejo”. Su deseo es eliminar la transparencia de los ancianos y recordar la importancia que tienen para las próximas generaciones. El propio autor comenta y se siente conmovido ante la situación actual de “nueva normalidad” en la que los mayores son uno de los colectivos más expuestos a la adversidad y la pandemia que sufrimos en el mundo entero. Los espacios en los que se desarrolla la acción se podrían considerar espacios de representación o espacios vividos concibiéndolos como “el espacio de la imaginación y de los símbolos” que afectan al discurso narrativo de la novela. Algunos se consideran espacios íntimos desde el punto de vista fenomenológico que pertenecen al “espacio feliz”, al que denominamos “topofilia”, es decir, espacios de posesión espacios defendidos, espacios amados como reflejaba Gaston Bachelard. Entre ellos se puede destacar la residencia de ancianos como lugar doméstico e íntimo donde los ancianos viven, conviven y a veces, vegetan. El cementerio al que acuden varias veces en la novela refleja un espacio fronterizo y de representación de la conciencia del límite y la nostalgia, pertenece al imaginario de tránsito y es un viaje hacia lo desconocido. El hostal y el casino simbolizan lugares de ocio, diversión, juerga e incluso, novedad. Los medios de transporte para iniciar ese viaje físico son la furgoneta y el coche. También menciona el avión como posibilidad alternativa de vuelta de ese viaje como experiencia de vida en el cual es necesario saborear los últimos momentos de la existencia.

NECESITO

UNA ISLA

GRANDE

Es una novela de personajes, encuentros y desencuentros, relaciones humanas. Vivir y ser, ser y vivir. Una novela existencialista que destila cierta melancolía por alcanzar la vejez, el punto anterior a la muerte anunciada de todo ser humano. Existe cierto paralelismo entre la novela “Necesito una isla grande” de Rafael Soler (2020) y la novela “Elegía” de Philip Roth (2006). Philip Roth, uno de los grandes narradores estadounidenses del siglo XX, (Nueva Jersey, 1933) galardonado en 2007 con el Premio Pen/Faulkner por su novela breve Elegía; Rafael Soler uno de los grandes españoles también del XX, galardonado en 2015 con el Premio de la Crítica Literaria Valenciana por el poemario “Ácido almíbar”. Ambos escritores analizan y se centran en el envejecimiento y la muerte de los protagonistas así como la imposibilidad de recuperar un pasado incluso olvidarlo. Un reflejo de la condición moral y espiritual recorren con espíritu crítico los sucesos de la vida de los personajes que recorren los discursos narrativos a través de un narrador omnisciente. Cierto misterio subyace en la espiritualidad de los espacios describiendo los procesos que inevitablemente inciden en la vejez, el dolor y la muerte. Desde el estructuralismo las dos novelas parten de una estructura en la que sus personajes y temas estén interrelacionados dentro del hilo conductor de ambas historias. En ambas novelas surge la lógica narrativa que marca la organización del texto, aparecen y desaparecen los distintos personajes con códigos, ya sean de acción o comportamiento, descubrimiento de la verdad o hermenéutica, semióticos o descriptivos, culturales y simbólicos, verdaderos signos textuales desde que comienza la historia. Parecen dos películas paralelas en blanco y negro a base de flashbacks, donde el momento previo a la muerte corre por nuestra memoria y se pasea por una vida ya apagada.

La vejez es una lucha implacable que produce en la mayoría de los seres humanos la autodestrucción; Philip Roth la describe como una masacre sin una salida alternativa, plasmada en un cuerpo antes que cambia y se modifica debido a la enfermedad y el cansancio. Las sensaciones de dependencia y fragilidad flotan en la obra, invadidas por una ternura infinita que desborda hasta el límite. Sin embargo, Rafael Soler la narra con sarcasmo y humor e ironía. En las dos novelas encontramos las pinceladas subyacentes en Kierkegaard entre el devenir subjetivo de los protagonistas, la finitud y la infinitud, la realidad y la idealidad, la hazaña del hombre de asumir la diferencia entre ser y pensamiento.

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