LA GUERRA ENTRE PINTORES: HITLER Y CHURCHIL

Hay hombres que se han odiado a lo largo de la historia. Pero el odio que se tenían Winston Churchill y Adolf Hitler nacía de lo más profundo de las entrañas de la tierra. Ahora bien, estaban unidos por el arte, ambos, por sus venas, llevaban los colores de la pintura.

CHURCHILL

“Para el hombre público, cultivar una afición y nuevos campos de interés debe ser una cuestión de vital importancia”, explicaba Churchill, dando por hecho que los “hombres” públicos son tan afortunados que tienen tiempo y dinero de sobra para entregarse a la labranza de su intelecto. El resto de “hombres”, los ignorados, al parecer no tienen entre sus tareas estos deberes.  Churchill

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A Churchill le surgió la vena pictórica en plena carrera política y ya con la Gran Guerra iniciada. En 1916 y tras el desastre de Galipolli a manos de los turcos, el entonces Primer Lord del Almirantazgo, tuvo que dimitir del gobierno inglés, y en una estancia que hizo en Francia para matar el tiempo y el aburrimiento, comenzó a darle el gusanillo de la pintura, en un principio, la acuarela fue su inicio y no tardó en pasar al óleo. Aunque poco tiempo después,  volvió a las lindes políticas, jamás dejó la afición pictórica. Inclusive, en el periodo de entreguerras, llegó a ganar un concurso de pintores nóveles. Llegó a vender a vender varias de sus obras -bajo el seudónimo de Charles Morín-; él siguió pintando inclusive cuando la II Guerra Mundial estaba en pleno apogeo, le tranquilizaba y le ayudaba a concentrarse. Llegó a pintar junto a su buen amigo el pintor Paúl Maze, artista francés conocido como “El último de los Post Impresionistas” y fue uno de los grandes artistas de su generación. Después de la Guerra siguió entre pinceles cuando sus ocupaciones le daban un respiro. Durante su vida, Sir Winston Churchill pintó más de 500 pinturas, principalmente paisajes, pero también algunos retratos que por lo general eran de estilo impresionista. La musa de la pintura abrazó al Primer Ministro inglés y así, fue viajando de la caja de puros a la caja de pinturas.

Para este artista, es sorprendente que haya encontrado tiempo para tantas cosas y también para el arte. Pero el arte se convirtió en una herramienta para ayudarlo a lidiar con los episodios de depresión que sufrió toda su vida: Winston Churchill.

La mayoría de la gente conoce a Sir Winston Churchill por su papel de Primer Ministro del Reino Unido. Pero pocos saben que también era un ávido pintor y un verdadero erudito, un historiador prolífico, entre cuyos trabajos cabe destacar la obra en dieciséis volúmenes sobre las dos guerras mundiales que le valió el Premio Nobel de Literatura.

HITLER

«Ese tipo me ha robado el bigote», dicen que afirmó el gran Charles Chaplin cuando le echó una ojeada a ese sujeto a la vez severo y gesticulante que estaba apareciendo más de la cuenta en las primeras planas de los periódicos o en los noticiarios de las películas.

Adolf Hitler, estuvo marcado siempre por su fracaso escolar. Durante tres años, el nini Adolf deambulaba por Linz sin buscar trabajo. Únicamente garabateaba de vez en cuando en su cuaderno. Años después afirmaría que esos años fueron los mejores años de su vida. Poco después Hitler viajó a Viena para cumplir su sueño de hacerse pintor.En las pruebas que le realizaron en la Academia de Bellas Artes de Viena  fue rechazado. Aún así al año siguiente, con una técnica más depurada, lo intentó de nuevo pero los resultados fueron aún peores, e incluso llegaría a prohibírsele presentarse otra vez al examen de acceso. Aunque el rector se apiadó de él y, vistos sus dibujos en los que abundaban los edificios y escaseaban las personas, le aconsejó intentarlo en el campo de la arquitectura. Aunque Hitler no se había graduado en la escuela, y eso era imperativo para entrar en arquitectura. Su futuro había acabado.

Él llegó a decir: “Estaba convencido de que aprobar el examen sería un juego de niños… estaba tan convencido de que aprobaría que cuando recibí el suspenso fue como si cayera sobre mí un rayo del cielo” El pobre Addie, desrrumbado, decidió quedarse en Viena para evitarse la humillación de volver a casa con el rabo entre las piernas. Aunque la ciudad era para él una “repugnante babilonia de razas”,

Fue algo prolífico con su obra y poco a poco consiguió vender algunas de sus pinturas, caricaturas y postales a precios irrisorios como modo de ganarse malamente la vida durante sus años en Viena (1908-1913). Fue su etapa “Boemia” justo antes de comenzar la Gran Guerra. A la edad de 25 años en 1914, llevó sus pinturas con él al frente y pasó sus horas de ocio dedicándose a la pintura. Los temas de su pintura de guerra incluían casas de agricultores, estaciones, etcétera.

Sus pinturas prestan énfasis en la arquitectura, mostrando lugares públicos, edificios y casas de campo. La figura humana, apenas está presente -una pintura de la Virgen María y algunos vagos retratos hechos en carboncillo- , según un análisis psicológico, esto era debido a la falta de interés que tenía por el ser humano.

Nunca fue catalogado como un buen artista y él mismo sueña empecinado en ser artista y en su libro autobiográfico “Mein Kampf” (Mi lucha) lo explica así:

 

«Me convencí de que un día llegaría a ser arquitecto. El camino era dificilísimo, pues lo que yo, por capricho, había esquivado aprender en la escuela profesional, iba a hacerme falta ahora. La asistencia a la Escuela de Arquitectura dependía de la asistencia a la escuela técnica de construcción, y el acceso a la misma exigía el examen de madurez de la escuela secundaria. Todo ello me faltaba. Dentro de las posibilidades humanas, no me era fácil esperar la realización de mis sueños de artista.»

 

 

 

Existen pinturas que nunca se venderán: ya sea porque tienen valor sentimental, porque carecen de importancia artística o aún más, porque su autor es un personaje atroz

 

 

Una gran mayoría de sus pinturas, fueron requisadas después de la Segunda Guerra Mundial en su mayoría por los Estados Unidos, quien ahora se niega a poner en exhibición las obras. No obstante, otras quedaron en manos de coleccionistas privados que con el tiempo se han vendido con éxito gracias al morbo, excepto un caso particular: el de La Torre Nueva, en la ciudad de Viena.

 

 

Referencias:
Francesco Bennardo, Il Diavolo e l’Artista. Le passioni artistiche dei giovani Mussolini, Stalin, Hitler (Tralerighe, 2019), ISBN 9788832870749 pp. 57-76.
Ng, David (30 de enero de 2012). «Would you buy this painting by Adolf Hitler?». Los Angeles Times. Consultado el 13 de marzo de 2012.
Brigitte Hamann; Hans Mommsen (3 de agosto de 2010). Hitler’s Vienna: A Portrait of the Tyrant as a Young Man. Tauris Parke Paperbacks. p. 356. ISBN 978-1-84885-277-8. Consultado el 4 de marzo de 2012.

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