Tertulia de El Parnasillo, la cuna del Romanticismo.

Al deambular por Madrid, uno se para ante cada rincón de esa ciudad donde aunque mil vidas viviera jamás terminaría de recorrerlos todos, Hay uno de ellos, ya desaparecido aunque pero su recuerdo sigue presente, donde al pasar por esa calle empedrada, se tiene que parar, cerrar los ojos e irse al Madrid de 1830 y acceder con la imaginación a este entorno tan ilustre, donde se fraguó el Romanticismo en España.  Hablamos del  café del Príncipe, ya desaparecido, y situado en la calle del mismo nombre de esta Villa, en pleno barrio de Las Letras y junto al Teatro Español, antiguo corral del Príncipe. Este café desapareció, por desgracia,  ante la ampliación que se hizo del Teatro del Español.

La Tertulia de El Parnasillo comenzó a fraguarse en el siglo XIX, en 1928 unos años después de la Guerra de la Independencia. Era un lugar donde los escritores románticos se encontraban con su cita diaria ante la literatura y muy temerosos de las represiones que sufrían por el régimen de Fernando VII. Posíblemente unos de los creadores de estas tertulias, fuese el empresario teatral Juan Grimaldi, siempre dispuesto a promocionar jóvenes talentos.

Cuanto significaba  el Romanticismo en el mundo de las letras y las artes, se encontraba en este lugar pequeño, sombrío y acogedor. Su mobiliario lo forman unas doce mesas de madera de pino pintadas de color chocolate, y las sillas correspondientes. Su iluminación, escasa, la proporcionan una lámpara de candilones, en el techo, y media docena de quinqués, en las paredes y carente de toda comodidad.

Ramón de Mesonero Romanos, el gran cronista de Madrid, escribió acerca del Café del Príncipe, que frecuentó en su juventud allá entre 1930 y 1935 cuando sus años de esplendor romántico, que “de todos los cafés existentes en Madrid por los años 1830 y 31, el más destartalado, sombrío y solitario era, sin duda alguna, el situado en la planta baja de la casita contigua al teatro del Príncipe. Pues bien, a pesar de todas estas condiciones negativas, y tal vez a causa de ellas mismas, este miserable tugurio, sombrío y desierto, llamó la atención y obtuvo la preferencia de los jóvenes poetas, literatos, artistas y aficionados.” Es también quien testimonia cómo fue en este lugar donde Mariano José de Larra fue bautizado con el seudónimo de Fígaro después de que lo sometiese a debate

Azorín describió este lugar como «el solar del romanticismo castellano» donde se discutía de arte escénico, poesía, filosofía, o se debatía, desde la óptica liberal que compartían, la situación política del país.

Este es el velador aquél, testigo

de nuestras largas íntimas veladas,

continuación del fiel diálogo amigo,

interminable y loco, alegre o triste,

que mil veces nos trajo a la memoria

aquel continuo hablar en las posadas

Miguel de los Santos Álvarez

 Mariano José de Larra, describió al Café del Príncipe, como un lugar “reducido, puerco y opaco”. Este miserable tugurio, sombrío y desierto, llamó la atención y obtuvo la preferencia de los jóvenes poetas, literatos, artistas y aficionados como  José de Espronceda, Ventura de la Vega, Patricio de la Escosura, Mariano José de Larra, Ramón Mesonero Romanos, Ramón de Valladares y Saavedra, Antonio Ferrer del Río, Gregorio Romero de Larrañaga; los dramaturgos: Juan Eugenio Hartzenbusch, Antonio García Gutiérrez, José Zorrilla y los poetas Enrique Gil y Carrasco y Joaquín José Cervino; los oradores: Fermín Caballero, Salustiano de Olózaga, Luis González Bravo, Juan Bravo Murillo, Juan Donoso Cortés. los pintores: los Madrazo, los Ribera (padre e hijo), Antonio María Esquivel , Jenaro Pérez Villaamil. Todos ellos acudía mus asiduamente a la Tertulia de El Parnasillo a la que llamaban también “la partida del Trueno”  Sin duda los románticos lo eligieron precisamente por su carácter decadente y porque allí nadie los importunaba. Tras las tertulias, algunos escritores se dedicaban a gastar bromas a los sufridos paseantes del Madrid nocturno

El café cerró en 1840, cuando el local pasó a formar parte del teatro colindante, pero ya había dejado su impronta en la historia de la Villa de Madrid. En este café bajo la tertulia de El Parnasillo, se definió el pensamiento romántico español y además renovar el concepto intelectual no solo de la capital sino de todo el país.  

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