EL PUGILISTA

Esta escultura griega está considerada como una de las más bellas del período Helenístico ; pertenece a la escuela de Atenas. Está hecha en bronce, en el Siglo. I, seguramente por el escultor Apolonio aunque no está confirmada su autoría. Se encuentra actualmente en el Museo Nazionale Romano. Palazzo Massimo, un imponente edificio neo-renacentista que alberga una de las colecciones más impresionantes de arte clásico.

Esta obra destaca  por su singularidad y representa una verdadera reliquia, una obra única en el arte. Al l Púgil en reposo, también se le denomina Púgil del Quirinal o Púgil de las Termas, pues fue hallada en las laderas de la colina romana que lleva este mismo nombre, posiblemente procedentes de las ruinas de los baños de Constantino.

Recordemos que el estilo Helenístico  se aleja de la representación de la virtud, la victoria y la gloria, alejándose de la idealización de la belleza, y prefiere la humanización de los personajes, como en este caso, donde el protagonismo se encuentra cansado, abatido.

Esta obra escultórica figurativa y naturalista, de 1.20 mts de altura, representa a un boxeador descansando después de un combate mostrando las heridas que sufre, especialmente en los dedos de  sus pies, de sus enfrentamientos con otros boxeadores, que le dan un verdadero realismo. Su realismo es incomparable entre otras estatuas de bronce y clásicas.

El bronce fue un metal dominado a la perfección en la antigua Grecia, frente al auge del mármol en el periodo arcaico (antes del s. V a.C.) el metal permitió nuevas técnicas para la escultura exenta. El procedimiento denominado “cera perdida”  constituía una técnica relativamente sencilla, y generalmente empleada en la realización de esculturas en bronce de tamaño menor. Una vez modelada la figura en cera, se recubre de arcilla mezclada con arena. Fueron, sin duda, muy numerosos los broncistas y las obras en bronce en aquella época.

Se trata de una escultura sedente y de bulto redondo y representa un tema cotidiano como es la imagen de un luchador descansando después de un combate, aunque parece un hombre maduro que se resigna ante el dolor. Observamos la naturalidad y el dinamismo,  sobre todo al torcer la cabeza para atender a alguien que le habla por sorpresa al que responde con una mirada fija y algo desafiante, o bien intentando verificar con la mirada  los aplausos de la multitud congregada.

 Destacamos asimismo el movimiento y la policromía que se observan en las piernas. Para ello el escultor incrusta unas finas láminas de cobre rojo en la pierna y en el brazo derechos representan las gotas de sangre emanadas del rostro durante el precedente combate. También “destacar los hematomas, concretamente debajo del ojo derecho, la desfiguración en las mejillas y la frente desde donde se ha derramado la sangre hacia el lado derecho. Este púgil representa a  un hombre fatigado que tras un duro combate se sienta en una roca a recuperar el aliento, tiene el rostro herido tras soportar los golpes de su contrincante”.

            El detallismo del artista también se contempla anatómicamente y artísticamente: “en la perdida de los dientes superiores ha dado lugar a un hundimiento del labio en contraste con el inferior que se presenta más saliente donde una vez más la maestría del artista nos deslumbra. Dicho labio orienta una respiración costosa  hacía la parte superior para mover ligeramente los bigotes sudados del púgil. El tabique nasal está torcido debido a las numerosas fracturas de una carrera larga como boxeador.

La falta de frontalismo nos anima a poder observarla desde diversos ángulos. Su anatomía es elegante y natural con el realismo de fondo plausible en la barba y los cabellos que reflejan un tratamiento cuidadoso. Los guantes son también destacables por sus rugosidades.

Como apuntábamos más arriba, ente período Helenístico prevalece el dolor, la fealdad o las deformaciones mucho más humanas, frente a la belleza idealizada, como es en este caso del Púgil en Reposo. En ella no hay nada divino, todo es más mundano, más humanizado, evidentemente terrenal.

Recordemos que “El pugilato ya era conocido por los sumerios y egipcios, aunque los primeros guantes de boxeo se documentan en torno al año 1500 a.C. en la Civilización Minoica y más tarde son citados por Homero en la Iliada.” Más tarde los púgiles romanos harían aún más letal este actividad de lucha  incorporando piezas metálicas a modo de puño americano, hasta configurar un nuevo modelo llamado caestus.”

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