LOS ILUSTRADORES EN LAS DISTINTAS EDICIONES EN “EL QUIJOTE”

Desde 1605, multitud de artistas, especialmente grabadores, reinterpretaron esas imágenes, que enriquecieron las sucesivas ediciones del Quijote adornando un libro que se convirtió en el referente básico de la novela moderna.

La novela más célebre de la literatura universal, “Don Quijote de la Mancha”, no ha quedado sólo en el ámbito literario, sino que ha servido para que artistas de todos los tiempos hayan realizado magníficas obras con los personajes de la historia cervantina.

La vida del Quijote se inicia cuando Miguel de Cervantes entrega su novela al público, entre los últimos días de 1604 y los primeros de 1605. Se saben pocos detalles pero sí se puede decir que se desconoce el lugar exacto en que se escribió, se imprimió en el taller de Juan de la Cuesta y se financió por el librero-editor Francisco de Robles. Un libro ingenioso, divertido y algo moralizante, casi con seguridad probablemente, la obra literaria que más ha despertado la imaginación de los artistas gráficos. El hidalgo y su escudero pronto fueron personajes populares. Aparecieron en actos y estampas en puntos de España, Europa y el Nuevo Mundo. En muchos casos, la nobleza adornó sus mansiones con tapices alusivos, como hizo María de Médicis en 1640 en su castillo de Cheverny.

Andreas Bretschneider para muchos es el responsable de la primera aparición gráfica de don Quijote acaecida en Leipzig en 1614, gracias a él sus modelos gráficos formaron parte de una estética que perduró a lo largo del tiempo. A Leonard Gaultier se le considera como el primer ilustrador de la obra de la edición francesa publicada en París en 1618. También en este año aparecen los dos famosos personajes imaginarios representados en Londres, en la portada de la edición de Blounte.

María de Médicis, la reina viuda de Enrique IV, y madre de Luis XIII, encarga al pintor Jean Mosnier, treinta y cuatro cuadros sobre el libro de Cervantes, para decorar su palacio campestre cerca de Blois. Es la primera vez que aparecen escenas quijotescas.

En la edición holandesa aparecida en Dordrecht en 1657 destacan las famosas 24 estampas y 2 frontispicios grabadas por Jacob Savery, siendo el modelo iconográfico más difundido. Unos setenta años después que la primera, en 1687, aparecía la segunda edición inglesa ilustrada del Quijote. La publicaba Thomas Hodgkin, también en Londres, con láminas firmadas por dos solas iniciales J. P

Las estampas de Jacob Harrewyn aparecieron en 1706 para acompañar la traducción al francés de Filleau de Saint-Martin, regodeándose en los aspectos cómicos y grotescos de la novela. Harrewyn es el heredero en Francia de la tradición representativa holandesa. Frente a la actitud de Harrewyn, cómica y grotesca, aparece Charles-Antoine Coypel con un cambio estético y nueva forma de leer la novela. Fue uno de los pintores más importantes de la corte francesa del período rococó; alrededor de 1718  recibió un encargo de la Real Fábrica de tapices de París para confeccionar 28 tapices sobre El Quijote.

 

 

 

Las estampas de Vanderbank, adecuadamente seleccionadas por John Oldfield según una lectura neoclásica, conformaron un nuevo programa iconográfico en el que los diálogos y discursos asumieron un protagonismo fundamental como parte de una nueva forma de leer el Don Quijote, visto ahora como una sátira didáctica o fábula burlesca.

En 1744  se publican en La Haya una nueva edición de El Quijote en español con unos grabados confeccionados por Gosse y Moetjens y sacados de los cartones de Coypel. En 1755 destaca el ilustrador Francis Hayman en Londres por su gran capacidad de captar la sátira y la comicidad de los paisajes descritos por Cervantes y por su habilidad de mostrarse original sintetizando lecturas y tradiciones.

En 1780 la Real Academia Española encarga 19 grabados al famoso Antonio Carnicero en donde se tuvo en cuenta devolver las imágenes quijotescas a su espacio y tiempo inicial de la obra, edición que nacerá de los talleres madrileños de Joaquín Ibarra. El responsable de las ilustraciones de la edición catalana en los años 1839-40 fue Antoine Johannot. Francisco de Goya intentó participar en una edición de El Quijote a cargo de la Real Academia Española en 1870 sin llegar finalmente a hacerlo ya que, su originalidad, su gracia y su desparpajo goyesco debieron sorprender al jurado considerándole abominable en sus dibujos. Tan solo se conserva un aguafuerte alucinador, de la época en que dibujaba los Caprichos, que nos da una gran idea de la genialidad del pintor.

Sin duda el ilustrador por excelencia de esta gran obra fue Gustave Doré. Hombre de gran prestigio y reconocimiento a nivel mundial, sin embargo no conoció el mismo éxito con sus pinturas. Le sucedió con su pintura lo que a Cervantes con su poesía, que a pesar de sus otros grandes méritos, no era apreciado como pintor por sus coetáneos. Este mismo desdén afectó a sus acuarelas, que sólo tendrán un cierto éxito al final de su vida. Pintor francés de inspiración romántica en sus 600 grabados de la obra de El Quijote en la que supo plasmar con energía y fuerza todos los detalles de las aventuras de nuestro hidalgo. La demencia o locura del entrañable caballero fue básicamente lo que más intentó recalcar en su tarea de ilustrar la obra. Así hizo Gustave Doré un largo viaje por España para inspirarse en los lugares escogidos por Cervantes. También aportó ilustraciones para distintas ediciones de La Biblia, El Nuevo Testamento, Gargantua y Pantagruel. Contemporáneo a Gustave Doré fue el ilustre pintor Honoré Daumier que introdujo imágenes desoladoras de los paisajes de El Quijote al óleo e innovó en la estilización de las figuras. Su impresionante versión de El Quijote se publicó en 1863 cuando contaba con treinta años; su éxito fue rotundo en la imaginería quijotesca y sus dibujos se publicaron por toda Europa y América. Su gran labor se componía de ilustraciones de gran tamaño. Dentro del ámbito portugués destaca Ricardo Balaca y Orejas-Canseco por ilustrar la edición de don Quijote de La Mancha de Montaner y Simón en 1880-83 en Barcelona.

Daniel Urrabieta, español residente casi toda su vida fuera de España, dibujante impresionante y artista desdichado, compuso 270 dibujos a pesar de ser víctima de una apoplejía en la mano derecha que le produjo una paralización de ella. Su sensibilidad fue moderna e innovadora conectando con las nuevas corrientes pictóricas del siglo XX.

Paul Cézanne dejó la imagen del hidalgo plasmada en tela. André Masson (1896-1987), enamorado de España y de sus poetas. Masson se vino a nuestro país en 1934 y se instaló en Tossa del Mar y pintó un cuadro basado en el episodio del encuentro de Don Quijote con el carro o carreta de Las Cortes de la Muerte (Cleveland Museum of Art. Masson lo pinta acometiendo lanza en ristre a la figura de un esqueleto que encarna la Muerte. Salvador Dalí nos ofrece como pintor catalán una visión surrealista de la obra con 38 dibujos y acuarelas en la editorial Random House en 1946 y doce litografías para una edición francesa.  Entre sus dibujos y acuarelas, realizados en 1945 para una versión inglesa de El Quijote que se publicaría en Nueva York, combina motivos estereotipados de su pintura: sus figuras espectrales se mueven en un paisaje de llanuras infinitas y grandes apariciones escenográficas.

El pintor, dibujante,  ilustrador y grabador Augusto Fernández Sastre (Logroño 1887 – México, D.F. 1975) pasó sus últimos treinta años de vida desterrado debido al exilio tras el desenlace de la Guerra Civil española en los que se dedicó a realizar estampas de Don Quijote de La Mancha. Así para darse a conocer en los círculos artísticos de la capital azteca durante su destierro editó una carpeta con dichas estampas recogidas en una carpeta de artista, con veinte láminas impresas en offset y antecedidas por hojas breves con textos breves en castellano y en inglés con introducción. Dichos textos iban introducidos por letras capitulares y con letras alusivas a la novela. Los originales fueron grabados y en relieve y firmados de diferentes maneras; estas estampas y textos abarcan un total de ocho capítulos de la obra de cervantina, con encabezamientos en castellano en esta edición abreviada y bilingüe. Esta publicación sería en 1947 una de las primeras muestras en México que se estrenaron en una exposición para conmemorar el IV Centenario del nacimiento de Cervantes, organizada y presentada por el Círculo de Bellas Artes, activa fundación privada fundada por los exiliados españoles en 1945. En su obra reseñaba tres partes que atendían a su realización: estampas, dibujos y óleos. El Quijote, el idealista caballero andante fue el tema que más pervivió en este logroñés y fue usado como icono y referente; utilizó diversas técnicas y estilos diversos en los que alternó en algunos dibujos una intención anecdótica, plástica y narrativa y en otros, se aprecia una visión más cuidada influenciada por el estilo del famoso Gustave Doré.

En 2012  en la  Facultad de Humanidades de Albacete se hizo una exposición donde podían contemplarse ocho estampaciones xilográficas y a color originales de las ilustraciones diseñadas por Henry Lemarié para la edición del Quijote de París: Les Heures Claires, 1957-60. Las obras permanecieron expuestas en el vestíbulo del edificio Benjamín Palencia durante abril y mayo. A Henry Lemarié (1919-1991) se le ha sido considerado como uno de los más notables ilustradores y miniaturistas de nuestra era. Entre sus primeros trabajos constan las 225 miniaturas hechas para las obras de François Villon, trabajo con el que un hasta entonces desconocido Lemarié tuvo un esplendoroso éxito en el campo de la ilustración.

El pintor malagueño Pablo Picasso aportó en El Quijote la idea de siluetas esenciales, carentes de representación superflua. Antonio Saura como pintor aragonés fue uno de los máximos representantes del expresionismo abstracto español y más concretamente creando en Cervantes un mundo simbólico propio. Y el académico Antonio Mingote presenta una edición de lujo de El Quijote en la editorial Planeta con motivo del IV Centenario de su primera edición ilustrada con 600 obras de nuestro dibujante.

Esas ilustraciones se han realizado durante cientos de años, en las distintas épocas (barroco, romanticismo, realismo o vanguardias) que  influyeron directamente en los ilustradores de cada tiempo. Aunque desde el Renacimiento, la ilustración de textos se valoró como algo secundario en la edición, la calidad de la obra realizada en torno a Don Quijote es tan inmensa como excepcional. En ella no sólo se ven las novedades estilísticas de cada época, sino la interpretación literaria del texto.

Hay versiones de Don Quijote como figura cómica que promueve a la risa; otros exaltan la nobleza; los románticos el aspecto visionario. Así El Quijote se convirtió en el referente básico de la novela moderna. El Quijote ha sido interpretado de forma distinta en cada época. El hidalgo manchego era un hombre que después de atiborrarse de libros de caballería, sale al mundo como caballero andante, encontrándose con que no hay en el mundo caballeros andantes, ni princesas…Esa brutal sátira contra los libros de caballería ha sido interpretada desde distintos puntos. Unos ven una crítica de costumbres; otros la lucha fracasada del idealista; algunos la ruina de un imperio; otros más una novela burlesca, cómica.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *