RUTA XV CERVANTINOQUIJOTESCA EN SU ANDAR DESDE TOLEDO (Toledo) A SESEÑA (Toledo)

El sueño de todo caballero andante, la búsqueda es lo que define la profesión caballeresca con todas sus consecuencias. Es el argumento clave y estimulador del Quijote. En su “numen”, su “vis” o su “fuerza”. Es la razón de ser de Don Quijote y Sancho y de aquellos a quienes de alguna manera hayan tenido la ventura de desvelársele la vocación en la vida…

Toledo

Toledo: ciudad romana, visigoda, musulmana, judía y cristiana…todos dejaron sus huellas en las piedras de esa población cuya etimología parce proceder de la  prerromana de “tol”, que significa “altura”. Toletum, ya es nombrada por Tito Livio, historiador romano, según la cual Toletum se originaría en Tollitum, que daría Tollitu, Tollito, Tolleto, Tolledo hasta quedar en Toledo. El escritor del siglo xii, Abú Ab-Dín al-Ayubí, afirma que طليطلة Tulaytulah significa «la alegre», sin dar más explicación. Los diferentes nombres históricos recibidos por la ciudad fueron: en latín Toletum; en árabe, طليطلة Tulaytulah; en judeoespañol, טולדות Toldoth; y en mozárabe, Tolétho

Toledo…ciudad del tiempo. Cervantes tuvo que saborear sus calles y oir muchas de sus historias. Sus leyendas van de la mano de sus protagonistas como el rey llamado Roca que procedía del territorio de los “siciones”.

El arzobispo Rodriguez Ximenez de Rada, en su obra De Rebeus Hispania, opta por la teoría de que fueron los cónsules romanos Tolemón y Bruto sus fundadores” ciento ocho años antes del mandato de Julio Cesar”. Aunque la leyenda con más fuerza que recorre las calles toledanas es la que su fundador fue el mismo Hércules. Este personaje labró una cueva en la que,  dedicado al cultivo de las ciencias ocultas, vivió hacia el año 1200 a.C.

Don Quijote caminó por estas calles “Estando yo un día en la alcana” –calle mercaderes- de Toledo, refiere su autor haber encontrado la continuación de la narración de las aventuras de su personaje, ecritas por Cide Hamete Benengeli cap I, 9. En el barrio toledano de Las Ventillas sometió el ventero que alojó a Don Quijote en la primera salida de su aldea algunas de sus fechorías. Cap. I, 3.

Cervantes relaciona algunos de sus personajes con Toledo como Garcilaso. Cap I, 49, el padre de Tolosa “moza del partido” por más señas I, 3, el cuadrillero de la Santa Hermandad que se alojó en la venta cap I, 16, el canónigo de la catedral que alardearía de conocer mejor los libros de Caballería que las mismas súmulas de Villapando y gracias a cuyas gestiones fue desenjaulado durante algún tiempo Don Quijote al volver a su aldea, cap I, 49

Toledo es referencia cervantina cuando su autor reconoce la superioridad de los verdugos toledanos –vestiduras que las mujeres usaban debajo de las basquiñas, para ahuecarlas- sobre otros de cualquier procedencia.

En Toledo, la plaza de Zocodover –zoco de las bestias en árabe- es plaza citada en el Quijote, cap II, 22. La casa del Nuncio se cita también en el cap II, 72 aludiendo a como en este manicomio quedó internado el Quijote falsificado por Avellaneda.

Una coplilla dice:

A Toledo me lleva

un toledano;

paréceme que me lleva

Dios de la mano.

La Toledo que Cervantes vio, fue esa de las calles angostas donde los buhoneros trapicheaban en sus ventas, los gremios estaban inmersos en sus faenas creando cestos, joyas, armas, paños, panes, esculturas, zapatos, los pillos danzaban entre la muchedumbre y los juglares  y trovadores entretenían a las gentes, esto es lo que nuestro monstruo de las letras conoció en Toledo.

Cervantes es casi seguro que conociese al pintor contemporáneo suyo Doménikos Theotokópoulos, El Greco, tanto en Roma como en Toledo, estos dos ilustres compartieron espacio intelectual y callejero aunque parece ser que no hay ningún documento escrito que lo atribuya .

La catedrática Elisa Moreno durante el II Curso de Formación ‘Los lunes al sol. Toledo y otras historias’ que organiza el Museo Sefard dijo:

La obra ‘Yerros sobre cenizas de Gloria’ de Guillem Morey Mora se justifica una teoría entre la realidad y la ficción que atribuye al griego de Toledo la autoría anónima del Quijote. La novela cuenta la historia de Alberto, un investigador de arte que descubre bajo el repinte de una tela una pintura del Greco en torno a la que aparecen documentos históricos.

 

El protagonista justifica su interpretación en el campo de metáforas que Cervantes encierra bajo la selladura de siete sonetos cabalístico-pragmáticos preliminares y finales de la primera parte, reveladores de una silenciada intervención del Greco en la base creativa del Quijote, al haber aprovechado los manuscritos arábigos procesados, originales del cretense, para la composición de su Quijote.

 

«Es una teoría que yo no me creo, aunque es cierto que en Toledo la Iglesia y la Inquisición impiden la publicación de esos manuscritos, que el Greco finalmente vende», explica Romero que a través de una selección de diapositivas logró unir la pintura y la obra de estos dos contemporáneos basándose también en las anotaciones al margen que ambos dejaron sobre música, arte y belleza en diferentes libros y legajos.

 

El manierismo y los claroscuros como técnicas de la época y un cuento escrito en 1936 por el autor argentino Manuel Mujica Laínez fueron otros de los documentos empleados por la ponente en el marco de las conferencias que continuarán en marzo y mayo en el salón de actos de la Real Fundación de Toledo, en la plaza Victorio Macho.

 

‘El pintor del Quijote’ es ese cuento argentino al que hace referencia Romero y en el que se traza un encuentro fortuito del Greco con Don Quijote en las inmediaciones de las casas del Marqués de Villena, palacio que fue de Samuel Leví.

Francisco de Pisa nos dice del río que bordea la Ciudad Imperial, el Tajo:

Aprovecha también este famoso río para la abundancia de molinos que en él hay; y la dulzura y suavidad de su agua, demás de la sustentación corporal para que es muy excelente, da grande y hermosa tez y resplandeciente lustre a los rostros que con ella se lavan, para el cual uso se lleva de aquí a diversas partes y lugares.

Tirso de Molina la llama “Roma segunda y corazón de España” y en el libro Cigarrales de Toledo del 1621 (Tomo I Espasa Calpe 1952) escribe:

Las armas me hacen feliz,

letras y hermosura heredo;

más ¡qué mucho, si Toledo

en todo es la Emperatriz!

Illescas

Dejamos la monumental Toledo para ir hacia Illescas, capital de la comarca de La Sacra y lugar de recreo de los reyes.

Y fue montando un mulo cuando Cervantes salió de la esta ciudad inmortal para ir camino a Illescas pasando por La Sagra, tierra que vio morir a Sor Juana de la Cruz. Tirso de Molina, en “La Santa Juana” la hace decir:

En Azaña me dio el ser

Dios: hazañas he de hacer.

Illescas la antigua Egelesta, nombrada por Ptolomeo en su Geographías Hyphégesis.  Según cuentan El Greco se inspiró en esta tierra para crear  algunas de sus obras. En su Hospital de la Caridad se contemplan cino obras magistrales de este pintor: La Caridad, San Ildefonso, La coronación de la Virgen, La Natividad y La Anunciación.

En su plaza de los Infanzones existe un olmo, conocido como: “el Olmo del Milagro” que forma parte del acervo cultural de la población y de las leyendas y tradiciones y a cuya sombra se cobijaba Miguel de Cervantes cuando venía por estas tierras.

Esquivias

Llegamos a ese lugar donde el autor del Quijote, según su propio autor, conoció la calma y ventura corta. En esta villa Cervantes amó a su Catalina junto a las cisternas frescas de agua y los parajes interminables de La Mancha.

Esquivias, por sus calles podremos oir el romance:

Nunca fuera caballero

De damas tan bien servido,

Como fuera Don Quijote

Cuando de su aldea vino:

Doncellas curaban de él,

Princesas de su rocino…

Es muy probable que Esquivias, pudiera ser  “el lugar de La Mancha”, el 12 de diciembre de 1584, Cervantes con sus 37 años contraía matrimonio con una lozana manchega de 19 llamada Doña Catalina Salazar y Palacios o Palacios y Salazar ya que usaba indistintamente el orden de los apellidos. Cervantes estuvo viviendo en esta villa durante cuatro años desde 1583 a 1587.

Los personajes de la obra grande de la literatura española, están también plasmados entre las hojas de los libros parroquiales esquivianos. Algunos de ellos se repiten en la redacción del Quijote. Tales son los de Carrasco, Quiñones, Ricote, Aldonza, Lorenzo, Gutierrez… a tal punto que inclusive el apellido Lorenzo, con el cual describe a Dulcinea del Toboso, existe entre esos libros mientras que en la villa del Toboso es huérfana del mismo.

“Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón, de color macilento, pero muy buen entendimiento, tendría hasta 24 años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande” Texto de la segunda parte, capítulo III del Quijote. Es muy probable, que el “Bachiller Sansón” que cita el Quijote, naciese en Esquivias así como “Ricote el Morisco”,  “El Vizcaino”, “Juana Gutierrez”, “Mari Gutierrez”,  “Teresa Carcajo” (Teresa Panza). En el capítulo V, segunda parte.- Sancho Panza está con su mujer, y ella le dice: “…Teresa me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni doñas, Cascajo se llamó mi padre, y a mí por ser vuestra mujer me llaman Teresa Panza, que a buena razón me habían de llamar Teresa Panza (que a buena razón me habían de llamar Teresa Cascajo)…”

También es muy posible que Sancho Panza, fuese de esta Villa, su personaje real en el que se basó Cervantes para plasmarlo en su magna obra, se llamaba “Sancho Gaona”, y éste era natural de Esquivias.

Y si Sancho Nació en Esquivias y éste era vecino de su amo, bien pudiera ser que esta villa fuera ese lugar de La Mancha…

De aquí es, el que posíblemente, sea el personaje donde se basó Cervantes para crear a su Don  Quijote. Se llamaba Alonso Quijada de Salazar. Era el tercer hijo  de Juan Quijada y María de Salazar, y por tanto sobrino del bisabuelo de Catalina de Palacios. Luis Astrana Marín completó el estudio de este Alonso Quijada que fue contemporáneo de Cervantes. vivió a finales del siglo XV e inicios del XVI, y acabó siendo fraile de la Orden de San Agustín con el nombre de Fray Alonso Quijada.

Seseña

Después de haber caminado por las cervantinas calles de Esquivias partimos hacia Seseña donde podremos estar bajo los muros del castillo de Puñorostro, fortaleza que fuera construida  en el siglo XI por Don Diego Arias Dávila, secretario del rey Juan II. Esta villa está repleta de cuevas donde se guardaba el buen vino de la zona.

Fortaleza de Puñorostro. Castillo típico de la baja edad media, construido en el siglo XIV, que aún permite apreciar elementos tan típicos como el puente levadizo, o un amplio foso a su alrededor.

Su nombre no deja indiferente ni al lector ni al visitante, y existen varias teorías al respecto. Una, la crueldad de los Condes con sus vasallos, a los que trataban a golpes. Y dos, la rudeza de los mozos que habitaban en el castillo y sus continuas disputas

La cocina del buen llantar

«- Cualquier cosa yantaría yo –respondió don Quijote-, porque, a lo que entiendo, me haría mucho al caso.– A dicha, acertó a ser viernes (día de abstinencia en que estaba vetada la carne) aquel día, y no había en toda la venta sino unas raciones de pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucía bacalao, y en otras partes curadillo y en otras truchuela (se trata siempre de pescado en salazón)»

Capítulo II de la Primera Parte

“Aunque no se haga mención a género alguno de pez comestible en los dos momentos gastronómicos por excelencia del Quijote, a saber: las Bodas de Camacho y las amargas chanzas dietéticas del doctor Pedro Recio Aguëro de Tirteafuera al gobernador Panza, la referencia cervantina enjundiosa acerca del pescado la encontramos el la gran novela española, concretamente en el Capítulo II de la Primera parte, en el episodio de la venta en la que el valeroso hidalgo, aunque burlado, creyó ser mejor tratado que el rey de Francia (“doncellas cuidaban dél, princesas de su rocín”), y donde a la postre fue armado caballero :Hablamos del bacalao, en su variedad conocida en Castilla como abadejo, prácticamente el único pescado de mar, junto con las sardinas arenques y el besugo navideño, que se ha comido hasta hace bien poco en toda España interior, merced a las buenas propiedades que una vez curado y salado conserva, y porque durante siglos ha sido alimento insustituible en tiempos de ayuno y abstinencia.”

 

A la mesa con don Quijote y Sancho. P. Plasencia.Febrero 2005, Suma de Letras, S.L.Páginas: 150 y 151.

Nos ponemos con el AJO ARRIERO CON PATATAS, una receta que podemos encontrarnos en cualquier restaurante de la ruta cervantinoquijotesca.

Ingredientes

Para 4 personas:

  • 600 gr. de bacalao desalado (para desmigar)
  • 2 patatas
  • 8 dientes de ajo
  • 2 pimientos rojos
  • 1 tomate (maduro)
  • 1 cebolla
  • 2 pimientos choriceros
  • agua
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal
  • perejil

Preparación:

Lava los pimientos choriceros, quítales el tallo y las pepitas y ponlos a remojar en un bol con agua caliente. Cuando estén hidratados, sácales la carne y resérvala.

Lava los pimientos rojos, colócalos sobre la placa de horno, rocía con un chorrito de aceite y sazona. Ásalos a 190ºC durante 30 minutos (con el horno precalentado). Retíralos y deja que se templen. Pélalos y córtalos en tiras. Reserva.

 

Escalda el bacalao en una cazuela con agua hirviendo. Retíralo y reserva el agua. Desmiga el bacalao y resérvalo.

Pela los dientes de ajo y dóralos en una tartera con un buen chorro de aceite. Cuando se doren retíralos y resérvalos. Pica la cebolla finamente y ponla a pochar. Sazona. Ralla encima el tomate y cocina todo conjuntamente. Añade la carne del pimiento choricero. Mezcla bien.

Pela las patatas y córtalas en lascas. Sálalas y cocínalas a fuego suave en una sartén con aceite durante unos 12 minutos. Escúrrelas y pásalas a la tartera. Agrega, los pimientos morrones y el bacalao (si hiciera falta añade un poco del agua resultante de escaldar el bacalao). Cocina todo conjuntamente durante 5 minutos. Pon a punto de sal. 

Sirve el ajoarriero y decora con los ajos fritos y una ramita de perejil.

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