RUTA POR EL ROMÁNICO DE CUENCA – II

Por el camino del Románico Conquense (II): entre el Condado de Priego, las Tierras del Infantado y el Común de Huete..."

Cuenca, en su provincia, está llena de enigmas. Entre la Alta Sierra, cuna rocosa donde el viento tiene su taller escultórico y la Mancha, esa alfombra dorada que andase a destiempo el ingenioso hidalgo, está el espacio alcarreño. A sorbos de aire, como bien nos diría el culto Carlos de la Rica, volamos a la Alcarria a través de agrestes chaparros y entre su humus pictórico, los violetas con verdes pálidos sirven de telón a los desvaídos azules que cubren miles de hierbas aromáticas y cantuesos habitando los montículos y las colinas dormidas en el tiempo.

El aúrea de su atmósfera es esencia para la abeja y es un olor especial el que inunda ese manto algodonero de sus nubes, cual el azul y el oro de una tabla gótica, donde casonas de recia estirpe envuelven a iglesias que hilan el románico, a veces tardío, alternando torres desentadas que se pavonean con aquellos vientos repobladores del medievo.

Un poco más a un lado, camino de la Corte, nos inunda Huete, aquella ciudad- provincia de tan recia historia, donde bien decía el poeta que “…solía peinarse Santa Quiteria a la flauta morisca”, o paseaba San Juan, aquel hermano de los judios conversos, que tantos hubo en esta tierra. Y entre esta ciudad y otras, el paisaje se enrosca entre montes enjutos y a veces, señoriales, para buscar el asombro entre esos jaramagos que apadrinan la rica miel de plácidas colmenas. No lejos quedó Priego, acurrucado al lado de su estrecho y embuído entre jaras del Escabas, con su torre almenada y su convento; y más a tiro de la Guadalajara histórica, una Valdeolivas medieval, adornada con el pregótico de sus candelas y su maravillosa torre, y entre lado y lado, aquellas tierras del Infantado, tierras ricas antaño y ahora, pobres por el tiempo dormido.

Que paisaje tan agreste y bello a la vez¡, a veces variopinto, a veces lánguido, pero sereno en su quietud, violento en su contraste, puro en su esencia, y sin embargo, eterno y vivo en el tiempo.

 

¡Oh, Alcarria¡, patria ingente, a veces, solitaria.
Entre sus campos, bajo el sol que luce, que corona
la cancela entreabierta ungida por los sueños.
¡Oh, Alcarria, serena quietud la de tus chopos,
que prestas aromas a tus encantos y, vives,
no duermes, te engalanas, te elevas, te envileces.

 

Y es que me siguen viniendo, a descalabro,  palabras de mi maestro a quien tanto añoro, nuestro Carlos de la Rica, quien lanzaba voladizos líricos a esta tierra, donde cántaros y botijos de estirpe popular enmarcan la tradición de un pueblo, “…adornado entre esas matas florecidas, curvas plegadas a las piedras, a los ocres, a los grisáceos, y el alcarreño, ceceño dirían otros, de mirada y pico de águila como lo era Fausto”, donde alterna con campanarios y campanas que se sujetan al viento puro frente a ese terruño de sutilezas vegetales.

Y es que, hablar del condado de Priego, o de aquellas tierras del Infantado, o de la Huete capitalina, es hablar de sentimiento, de tradición, de honradez y de arte.

Priego, altiva ciudadela sin murallas,
Huete, rincón endiosado del poeta, musulmán o judio,
Valdeolivas, arte enroscado entre su torre,
Alcocer, ¿quizás, Albendea? o, tal vez, 
San Pedro, que entre Palmiches otea.

Está claro que el avance de la Reconquista hasta la línea del Tajo va a hacer que el estilo románico, debido a las excepcionales circunstancias de frontera de estas tierras, se desarrolle en núcleos comarcales con influencias limitadas, se haga localista y rural, pudiendo recoger, de esta forma, las supervivencias prerrománcias locales y representar la continuidad, entre el mozárabe y el más antíguo mudéjar, combinada con los inevitables influjos islámicos, en las áreas donde las tradiciones hispanorromanas y visigóticas todavía eran aparentes o donde el entramado social hispanomusulmán había sido más importante.

No hay duda que las tierras de Cuenca por el norte y las de Guadalajara por el sur, forma parte de esa zona que será reconquistada a comienzos del siglo XII. Será, por tanto, en esa fecha cuando empiece su repoblación que se llevará a cabo con contingentes del norte, lo que posibilitará la entrada del estilo románico, convirtiéndose esta área en una zona natural de expansión de ese  románico soriano y segoviano, particularmente el primero.

En cuanto al proceso reconquistador, básico para entender la ubicación y desarrollo de este estilo, tendríamos que decir que, la reconquista territorial de la provincia se realiza en varias fases fundamentales: una primera época durante el reinado de Alfonso VI, donde se encuentra la gran parte de las tierras de Huete y que en ese momento están bajo el dominio de Alvar Fáñez y en las que la repoblación apenas existe; esta fase se continúa con la conquista definitiva de Huete por parte de Alfonso VII y la organización de la repoblación de su alfoz; y, por último, la reconquista en tiempos de Alfonso VIII con la instalación de la Orden de Santiago, la toma de Cuenca y posteriormente, de Alarcón, Moya e Iniesta.

La Tierra de Huete se fue organizando en torno a su cabeza, aunque su situación fronteriza hizo que de forma contínua sufriese descalabros en sus aldeas, ganados y cosechas. La construcción de iglesias en estos primeros momentos resultaba realmente dificil, realizándose presumiblemente sencillísimos edificios que fueron repetidamente arrasados y destruidos en las razias musulamanas.

Será en este momento de permanente inestablidad cuando se funda el monasterio cisterciense de Monsalud, actualmente en la provincia de Guadalajara, pero en aquellos momentos unido a la suerte de Huete y sus tierras. Se admite la fundación hacia el 1141, conociéndose el hecho de que en 1167, el arcediano de Huete donase el monasterio a la aldea de Córcoles.

En esta Tierra, los núcleos de Millana, Villaescusa de Palositos, Villalba de la Sierra, ahora en el Campichuelo y Villarejo de la Peñuela acogen iglesias parroquiales de traza románica, cuyo estudio nos permitirá ver el desarrollo de este estilo en gran parte de esta zona.

En el Condado de Priego, el estilo románico pierde su estela. No encontramos manifestaciones que pudieran hacer un estudio de su proyección, por cuanto los pueblos y aldeas que ahora conforman comarca, por entonces formaron parte del Infantado y del Común y Villa de Cuenca, como tal fuera el caso de Alcantud o Albendea.

Sin embargo, el románico conquense por esta zona limitrofe a Guadalajara tiene su más firme expresión en esas tierras del Infantado donde destaca Valdeolivas, Salmerón, Alcocer y San Pedro de Palmiches. Estas tierras conquistadas por Alvar Fañez , fueron desde el primer momento de su dominio  consideradas patrimonio de los infantes y, por tanto, heredeadas por hijos de reyes, cuyo mecenazgo se dejó sentir en sus magníficas iglesias, sin olvidar que las mismas se encuentran dentro de la influencia del monaterio de Monsalud, anteriormente aludido.

El fuerte influjo de los monjes cistercienses se dejó sentir en la bella portada de Millana, en las portadas de Alcocer o en la misma bóveda de la nave de Valdeolivas, donde una cuadrilla de canteros sorianos levantaron su bella torre y ejecutaron la decoración de los capiteles que ricamente adornan la citada portada de Millana.

Por otro lado, no es nada extraño analizar como en la Tierra de Huete aparecen pocos edificios de tipología románica y escaso número de iglesias comparadas con el Común de Cuenca. En realidad, habría que pensar que la construcción de edificios no fue tan sistemática como podría ser en otras zonas ya comentadas y es lógico pensar que así fuera, ya que la repoblación de este alfoz se vió varias veces malograda por los constantes ataques sufridos y que, sin duda, arrasaría edificios románicos ya construidos.

La iglesia de Santa María de Atienza debió de ser una magnífica construcción adosada al primer recinto amurallado. No existe ningún dato claro sobre su construcción inicial, pero está claro que su estilo románico de transición al gótico, del siglo XIII, le define y le singulariza. Sus restos, donde el ábside poligonal y el tramo recto del presbiterio le hace formar parte de ese grupo de iglesias repobladoras de clara traza románica y cuyo uso estaría condicionado al Común de la Villa.

Es cierto que en esta zona conquense no podríamos hablar de una tipología específica de iglesias de este estilo, en base a que el camino de penetración fue ya algo tardío, sin embargo sí que podríamos establecer un sistema arquitectónico básico al comprobar que los edificios aquí construidos pertenecen a pequeñas poblaciones, resultado de la ocupación de territorios conquistados y que siguen el modelo ya ensayado en las tierras del Duero, de donde procederán sus canteros y repobladores.

Tal es así que las caracteristicas de esta arquitectura que podriamos definir como localista y popular por su programa y ejecución, podríamos generalizarlas a todas siguiendo un esquema único a excepción de aquellos núcleos de población cuya influencia de la orden Cisterciense, ámbito del monaterio de Monsalud, pudieran dejarse notar.

Serían iglesias de nave única, con presbiterio, ábside y espadaña y, se orientan, según su eje longitudinal, en la dirección este-oeste.

Sin embargo, dentro de este esquema general, podríamos señalar ligeras diferencias en su tipología que le determinarían cierta particularidad.

Analizando estos particularismos veríamos como habría iglesias con ábside semicircular y nave única, en las que algunas se van a resolver con el presbiterio al exterior, como una simple prolongación de la nave, como ocurre en el caso de Valdeolivas. Esta diferenciación queda mucho más delimitida respecto al grupo de iglesias con tres naves como encontramos en la iglesia del monasterio de Monsalud en Córcoles.

En algunos casos, con planta cuadrada, mucho más elaborada y de caracteristicas más específicas, y cuyo estilo se diferencia bastante del típico comentado, que pudieran referirse a corrientes estilísticas de un carácter más prerrománico, encontraíamos en la ermita de Llanes en Abendea.

En cuanto a la bóveda, elemento que dentro de este estilo que supone un acercamiento a la perfección constructiva del edificio unido al hecho de que, al ser utilizada en zonas de singular importancia como los ábsides y presbiterios, se cargaba de contenidos simbólicos fundamentales para la comprensión del mismo. En las iglesias que nos ocupa, la bóveda se utiliza fundamentalmente para los espacios de la cabecera, presbiterio y ábside, como ocurre en la iglesia de Valdeolivas, en Villaescusa de Polositos y en el mismo monasterio de Monsalud.

Respecto a la espadaña, de traza triangular, será el elemento más común en toda esta zona, a excepción de la única torre campanario románica en Valdeolivas o, quizás, el primer cuerpo de la iglesia de Alcocer. Solamente  en dos  edificios de toda la zona a comentar encontramos con cripta, la de Santa María de Atienza de Huete, con espacios residuales resultantes del desnivel del terreno y la de Llanes de Albendea, que es una verdadera cripta con planta de cruz, que se resuelve con bóvedas de cañón.

Pero, no hay duda, que es la portada el elemento más característico, más personal, más propio de este Románico Conquense.

Cierto es que el carácter repoblador de estos lugares, núcleos pequeños, determinará que las portadas sean de pequeño tamaño, al igual que sus iglesias, sin embargo, perfectamente acopladas al muro meridional, y caracterizadas por el tipo de arco utilizado, darán el aporte señorial a unos edificos vetustos y perfectamente armonizados.

Portadas de arco de medio punto, algunas sin decoración y otras, con recercados decorados, con bolas en Villaescusa de Polositos o aquellas, arquivoltas compuestas y decoradas con cinco pares de columnas como la de Alcocer, o de cuatro como Millana.

Entre las portadas de arco apuntado las hay con serie de cuatro arquivoltas con sus correspondientes pares de columnas, como la de Valdeolivas, o bien, aquellas cuyas arquivoltas apuntadas recrean un cuerpo de portada que le singulariza, como es el caso de la meridional de Alcocer o la norte de Albalate de las Nogueras.

Respecto a la forma de construir, llama la atención la falta de simetría, su irregularidad y, en ciertos casos, la descomposición de los espacios. Hay que tener en cuenta que en el mundo románico, el aprendizaje del arte entre los constructores del mismo era eminentemente práctico y las formas de construir se transmitían, por lo común, de maestro a aprendices de forma oral. Por otra parte, estas irregularidades habría que considerarlas dentro de laindiferencia general de los constructores románicos en relación con las leyes académicas de la simetría. Así, todas estas iglesias carecían de un estudio inicial para su realización y se irían construyendo directamente sobre el terreno siguiendo modelos asumidos lo que posibilitará la contínua repetición de un esquema, y las supervivencias de este arte en siglos posteriores.

En cuanto a los materiales utilizados, suelen ser sencillos y locales, utilizando en la mayoría de los casos una simplísima y popular mampostería, con sillarejos como refuerzos en las esquinas. Dependiendo de la riqueza del núcleo en el que se alcen, se utilizará sillares en las partes más nobles de la iglesia como son los cuerpos de portada, ábsides, presbiterios y espadañas, e incluso, en todo el conjunto de la misma como sucede en Albalate de las Nogueras, Alcocer, Millana, Villaescusa de Polositos y Valdeolivas.

Sin embargo, es digno de resaltar como la la distinta utilización de materiales y la absoluta popularización del estilo nos lleva a una enorme individualidad y diversidad de matices, de forma que, frente a los bellos ábsides realizados en sillar, de arquitectura culta en las iglesias de Monsalud en Córcoles, Santa María de Atienza en Huete y Valdeolivas, encontraremos otras con elementos mucho más pobres, como Albendea y Alcantud.

Mención aparte merece la única construcción realizada en ladrillo que hemos encontrado, no solo en esta zona, sino en toda el área de estudio del Románico Conquense y que es, la ermita de Llanes en el despoblado próximo a Albendea. De este material se realiza gran parte, al interior, de la cabecera, que se compone de tres ábsides semicirculares cubiertos con bóvedas ligeramente apuntadas en torno a un espacio central de planta cuadrada cubierto con bóveda de arista, todo ello de cuidadísima ejecución; al exterior, la construcción de realiza de mampostería.

Bibliografía:

 

–          Actas del I Simposium Internacional del Octavo Centenario de la conquista de Cuenca. Cuenca y su territorio en la Edad media. Diputación Provincial. Cuenca, 1982.

–          Bozal, Valeriano. Historia del Arte en España. Desde los orígenes a la ilustración. Istmo. Colección Fundamentos. Nadrid, 1978.

–          Catálogo Monumental de la Diócesis de Cuenca. Diputación Provincial. Cuenca, 1987.

–          Oursel, Raymond: El mundo románico. Serie Europa Románica. Volumen 6. Ediciones Encuentro. Madrid, 1968.

–          La arquitectura románica. Serie Europa Románica. Volumen 11. Ediciones Encuentro. Madrid, 1970.

–          Nieto, Alegre y Embid. El Románico en Cuenca. Estudios Museo. Cuenca, 1994.

–          Romero Saiz y Arribas Ballesteros. Pueblos y Arte: El Campichuelo. Cuenca, 2000.

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