LA LEGIÓN ESPAÑOLA

EL IDEARIO

 Desde sus orígenes, la Legión ha promovido siempre un culto al combate y una disminución de la relevancia de la muerte. Se pretende con ello minimizar el miedo natural a morir, favoreciendo los actos heroicos necesarios para su misión inicial como tropas de choque profesionales. Gran parte de ese objetivo se cubre mediante un adoctrinamiento de la tropa, que incluye la llamada «mística legionaria», simbolizada de forma definitiva en el Credo legionario.

Algunos de sus lemas identificativos desde sus inicios, aún empleados hoy día, son «¡Viva España!, ¡Viva el Rey!, ¡Viva La Legión!», «¡A mí La Legión!» y «¡Legionarios a luchar, legionarios a morir!»

Marcelo Villeval Gaitán  fue el primer español que se alistó a la legión española que se fundó en aquel 1920. Un hombre ceutí tuvo el honor de ser el primer legionario y desde Ceuta, una de las ciudades africanas y españolas, es el punto principal de encuentro de este itinerario de la Legión Española. Esta Legión, está inmersa en el centenario de su fundación, y todavía sigue siendo admirada por el pueblo español. ¿Cómo es hoy la legión después de su primer centenario?  Su leyenda es conocida de todos; sus desgarradas experiencias de fuego, amor y muerte continúan como reguero de pólvora y de boca en boca poniendo quiebros de nostalgias en las personas de edad avanzada y engallando a la juventud romántica. La legión tiene ese nombre mágico que envuelve cualquier espíritu juvenil recordando aquellas calurosas jornadas del septiembre de 1920, en las que el teniente coronel José Millan Astray recibió a los primeros voluntarios. A la hora de crear la Legión, se basó en La valentía y multiculturalidad de los Tercios españoles, la organización de la Legión francesa y el espíritu de los tagales (una etnia filipina). Sin embargo, hubo alga aún más determinante si cabe. Este fue el Bushido, un texto que recogía la esencia de la vida del samuráis japonés y que fue escrito (o recopilado) en 1895 por Inazo Nitobé, un catedrático de la Universidad Imperial de Tokio. Desde que el miliar español leyó su traducción al francés, quedó prendado de sus enseñanzas. Estos antiguos guerreros se basan en la caballerosidad, gente aguerrida, sencillos, de culto profundo a los antepasados y veneración religiosa a su Emperador, que representa para ellos a Dios y a la Patria, valores eternos japoneses. Y así, de este modo, creo un cuerpo de soldados voluntarios y profesionales capaces de “un todo”. La legión es hoy como lo fue ayer y como lo será mañana: un espíritu legionario  (que lleva tras de si más de diez mil caballeros fallecidos), eterno porque las virtudes de estos hombres y mujeres, osados, leales, indómitos, géneros, son también eternos.

Tras el primer legionario, llegaría pronto la primera expedición con unos 200 voluntarios que se alistaron en Barcelona en sólo en tres días de apertura del Banderín de Enganche. Sobre ellos dijo Millán Astray:

“Y vino el alud de Barcelona, los doscientos catalanes, la primera esencia de la Legión, que bajaron arrasándolo todo y sembrando el pánico por el camino. Era la espuma, la flor y nata de los aventureros. Era el agua pura que brotaba del manantial legionario. ¡Bien venidos, catalanes legionarios; vosotros seréis la base sobre la que se construirá la Legión!”

A pesar de su inicial nombre de “Tercio de Extranjeros”, derivado de la confianza en que se alistarían muchos excombatientes europeos desmovilizados tras la I Guerra Mundial, en la Legión hubo desde el principio siempre más españoles que de otros países, con un número significativo de hispanoamericanos. Posteriormente fue nombrado «Tercio de Marruecos», «Tercio» y finalmente «La Legión»  A todos ellos, esa clase de hombres que necesitaban cambiar de vida y que, con nuevos ideales, se les marcara firmemente otro rumbo, se refería Millán Astray del siguiente modo:

“Los luchadores de la vida, los aventureros, los soñadores, los esperanzados y los desesperanzados”.

En aquellos lejanos tiempos; el Tercio de Extranjeros logrará organizar seis Banderas (Batallones) en las que pedirán servir lo mejor de la oficialidad del Ejército español. Los primeros comandantes de estas Banderas serán los comandantes Franco, Cirujeda, Candeira Sestelo, Villegas y Liniers. Su acuartelamiento, la casa madre de La Legión española, Dar Riffien. Y a partir de aquí la legión entra en la leyenda; su espíritu de marchas, pertenece al mítico credo legionario: Jamás un legionario dirá que está cansado hasta caer reventado; será el cuerpo más rápido y resistente. Los legionarios son infantes y esta infantería lucha con las armas y con las piernas que son su caballo. La marcha extenuadora, casi suicidas son sus bajadas, sus subidas por los montes y por barrancos o por las dunas desérticas, sorteando cualquier tipo de obstáculo que se les presente sin mediar palabra de dolor o cansancio. Ya lo dijo Millán Astray:

En el mundo aguantar es aguantar, en la legión es aguantar lo inaguantable porque cuando ya las piernas parecen insensibles, se les pide ese final en un agotador simulacro de golpe de mano… ¡Aguantar lo inaguantable! No se quejará nunca, nunca ni de fatiga, ni de sueño, ni de hambre, sed o dolor, ni de peligro, ni de muerte”.

“Comida Sana y abundante”. Así rezaban los antiguos carteles de reenganche. Las armas, como los tiempos, han cambiado desde aquellos tiempos donde solo usaban el mosquetón que ya son piezas de museo, herramientas de heroísmo y de gloria. El arma de un legionario no es algo ajeno a su cuerpo, es un apéndice de él mismo. El amor a la muerte en el legionario, es a la vez el culto a la muerte. La oración y el constante recuerdo a los que dieron su sangre por defender el honor de su uniforme, está siempre presente en el legionario. Un poeta dijo: “si de la sangre legionaria, brotaran flores, se podría caminar durante kilómetros y kilómetros sobre un tupido jardín”.

Las Mascotas legionarias

Sus curiosas mascotas, fieles acompañantes en sus desfiles, les siguen sin inmutarse en la marcha de 160 pasos, sin siquiera mirar a un lado, mientras los hombres, unísonos, elevan sus brazos hasta el cielo.

Los Tercios de la Legión

Los tercios y bandera de la Legión son estos:

Tercio «Gran Capitán», 1.º de La Legión

Tercio Duque de Alba, 2º de la Legión

Tercio Don Juan de Austria, 3º de la Legión

Tercio Alejandro Farnesio, 4º de la Legión

XIX Bandera de operaciones especiales de La Legión «C. L. Maderal Oleaga» Perteneció al Cuarto Tercio de la Legión hasta su traslado en 2002 al MOE bajo el nombre de Grupo de Operaciones Especiales “C. L. Maderal Oleaga XIX”. En 2017 recuperó su identidad legionaria.

En los tercios antiguos las gafas saharianas y las sandalias, que los legionarios les llaman “nailas”, eran símbolos distintivos de los legionarios; ahora, ya totalmente modernizados, fueron cambiadas por calzado adecuado para cualquier circunstancia. Los tiempos de hoy en día, han exigido, para una mayor efectividad, disponer de vehículos potentes y tecnología casi espacial para estar a la altura de cualquier combate que se le presente al legionario.

Lo que no ha variado desde el principio, ha sido el espíritu que marcara su fundador a través del famoso credo legionario: El espíritu del legionario es único y sin igual, es de fiera y feroz cometividad, de buscar siempre acortar la distancia y llegar a la bayoneta, espíritu de compañerismo; con el sagrado juramento de no abandonar jamás en el campo de batalla hasta perecer todos. Espíritu de amistad, de juramento entre cada dos hombres, espíritu de unión y socorro. A la voz de “¡A mí la legión!”, sea donde sea, acudirán todos y con razón o sin ella defenderán al legionario que pidió auxilio. Espíritu de sufrimiento y dureza, no se quejará de fatiga ni de dolor, ni de hambre, ni de sueño. Hará todos los trabajos que se le ordenen. Espíritu de acudir al fuego, la Legión, desde el hombre solo hasta la legión entera acudirá siempre donde oiga fuego, de día o de noche, siempre es el secreto de la victoria. Espíritu de disciplina, cumplirá su deber, obedecerá hasta morir, es la salud de la patria. Espíritu de combate, la legión pedirá siempre, siempre combatir sin contar los días, los meses o los años. Espíritu de la muerte, el morir en el combate es el mayor honor; no se mure más que una vez, la muerte llega sin dolor y el morir no es tan horrible como parece. Lo más horrible es vivir siendo un cobarde.

La Legión tiene como principal promesa… la muerte, esa gran enamorada que nunca está satisfecha y a la que se llega por los senderos del olvido, del sacrificio y del honor, de la disciplina y de la gloria. El legionario tiene un diálogo cara a cara, cuando en la sabatina los legionarios hacen honor a sus caídos. Las banderas y los ojos se rinden ante esa oración brillante que se hace frente a Cristo Crucificado, al son de las cornetas y de tambores que retumban el ambiente silencioso como si los presentes fuesen golpeados por un temible terremoto  hasta ponerles la piel de gallina.

El legionario español es también samuray y practica las esencias del Bushido: Honor, Valor, Lealtad, Generosidad y Espíritu de Sacrificio. El legionario español ama el peligro y desprecia las riquezas

Un legionario, hasta su muerte… es un legionario.

Así es la legión en su centenario, como lo fue ayer, como lo será mañana.

La canción del legionario

 

Soy valiente y leal legionario

soy soldado de brava legión;

pesa en mi alma doliente calvario

que en el fuego busca redención.

 

Mi divisa no conoce el miedo,

mi destino tan solo es sufrir;

mi bandera luchar con denuedo

hasta conseguir

vencer o morir.

 

Legionario, legionario

que te entregas a luchar

y al azar dejas tu suerte,

pues tu vida es un azar.

Legionario, legionario

de bravura sin igual,

si en la guerra hallas la muerte,

tendrás siempre por sudario,

legionario,

la bandera nacional.

¡Legionarios a luchar,

legionarios a morir!

 

Somos héroes incógnitos todos,

nadie aspire a saber quién soy yo;

mil tragedias, de diversos modos,

que el correr de la vida formó.

 

Cada uno será lo que quiera,

nada importa su vida anterior,

pero juntos formamos bandera,

que a la Legión da

el más alto honor.

 

Legionario, legionario

que te entregas a luchar

y al azar dejas tu suerte,

pues tu vida es un azar.

Legionario, legionario

de bravura sin igual,

si en la guerra hallas la muerte

tendrás siempre por sudario,

legionario,

la bandera nacional.

¡Legionarios a luchar,

legionarios a morir!

El novio de la muerte

 

Nadie en el Tercio sabía

quién era aquel legionario

tan audaz y temerario

que a la Legión se alistó.

Nadie sabía su historia,

mas la Legión suponía

que un gran dolor le mordía

como un lobo el corazón.

Mas si alguno quién era le preguntaba,

con dolor y rudeza le contestaba:

«Soy un hombre a quien la suerte

hirió con zarpa de fiera,

soy un novio de la muerte

que va a unirse en lazo fuerte

con tan leal compañera».

Cuando más rudo era el fuego

y la pelea más fiera,

defendiendo a su bandera,

el legionario avanzó.

Y sin temer al empuje

del enemigo exaltado,

supo morir como un bravo

y la enseña rescató.

Y al regar con su sangre la tierra ardiente,

murmuró el legionario con voz doliente:

«Soy un hombre a quien la suerte

hirió con zarpa de fiera,

soy un novio de la muerte

que va a unirse en lazo fuerte

con tal leal compañera».

Cuando al fin le recogieron,

entre su pecho encontraron

una carta y un retrato

de una divina mujer.

Aquella carta decía:

«…si algún día Dios te llama,

para mí un puesto reclama

que a buscarte pronto iré».

Y en el último beso que le enviaba,

su postre despedida le consagraba:

«Por ir a tu lado a verte,

mi más leal compañera,

me hice novio de la muerte,

la estreché con lazo fuerte

y su amor fue mi bandera».

Biografía:

1.-Cultura y civilización del mundo hispánico, Southwestern University.

2.- «Special Units For the Spanish Civil War.». Archivado desde el original el 28 de octubre de 2006. Consultado el 15 de agosto de 2006.

3.- SAC 1921–1945 Archivado el 5 de octubre de 2008 en la Wayback Machine., University of Oregon.

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