XIV RUTA CERVANTINA EN SU ANDAR DESDE VILLACAÑAS (Toledo) A CIRUELOS (Toledo)

Villacañas

Al cabo de un tiempo y después de haber dejado atrás el pueblo de Dulcinea, nos encontramos con la próspera Villacañas, ese lugar  donde la llanura manchega se ve interrumpida abruptamente al noroeste  elevándose la sierra del Romeral. El río Riansares es algo temporal y de fuerte estiaje y sin un caudal constante, alimenta ligeramente a las lagunas del Taray, en el vecino Quero. Pero Villacañas tiene sus propias lagunas cuyos nombres son: Laguna Larga Redondilla y La Gramosa, y un poco más aisladas se encuentra la laguna Peñahueca. Y La Tirez

De Villacañas, Don Miguel tuvo que ver su Iglesia dedicada a  la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción. Presenta planta de cruz latina bien proporcionada y en estilo gótico. Se puede admirar repetido escudo heráldico de su bóveda de crucería, perteneciente a los Álvarez de Toledo. Tambien del siglo XVI, está la ermita de le Virgen de la Concepción.

El Calaminar se pierde entre los orígenes del tiempo, posiblemente romanos. Es una pedanía que está formada por un conjunto de edificaciones, formando una pequeña población. Entre ellas destacan una gran casa de campo. Frente a ella se sitúan numerosas viviendas y otras construcciones de menor tamaño, como casillas o chinforreras (construcción con tejado en forma de bóveda). A cierta distancia se aprecian los restos de otra gran edificación  a la que se denominaba “La muletá” o muletada, que estuvo dedicada durante mucho tiempo al comercio de mulas y ganado.

Desde el siglo XVII, se celebran las fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Viga, donde algunos danzantes van cantando chascarrillos:

El diecinueve de marzo,

El día de San José,

Fui ca’ tío Pisablando

Y con la “Porra” me quedé.

De que llegué a mi casa

Se lo dije a mi mujer,

Estaba haciendo gachas

Y me tiró la sartén.

Tembleque

De aquí vamos hacia Tembleque, patria del franciscano Francisco de Tembleque. Este franciscano corría el año de 1545 cuando inició la construcción de la obra hidráulica más ambiciosa e importante de América durante el siglo XVI, la concluyó en 1563. Esta tiene una longitud de 39,8 kilómetros con 6 arquerías monumentales, de las cuales la más importante se localiza en Santiago Tepeyahualco, en el actual Municipio de Zempoala, Estado de Hidalgo. La construcción transportaba agua desde las faldas del cerro El Tecajete hasta la población de Otumba, actualmente en el Estado de México.

De los no pocos recuerdos judíos que se hallan en las rutas de Don Quijote y de cómo se asegura que entre los primeros fundadores de Tembleque se encuentran los que consiguieron huir de Jerusalén en tiempos de Nabucodonosor rey de los Persas.

Un pueblo que está embellecido gracias a su Plaza Mayor, quizás sea la más hermosa construida en el siglo XVI. La iglesia dedicada a La Asunción, del siglo XVI, adosada a su lado está  la ermita de la Virgen del Rosario.

Según dicen, los primeros habitantes de esta villa fueron hebreos que consiguieron huir del rey persa Nabucodonosor.

Sancho en el capítulo XXXI de la Parte Segunda “que trata de muchas grandes cosas”, cuenta lo siguiente:

“—Digo, pues, señores míos —prosiguió Sancho—, que este tal hidalgo, que yo conozco como a mis manos, porque no hay de mi casa a la suya un tiro de ballesta, convidó un labrador pobre, pero honrado.

—Adelante, hermano —dijo a esta sazón el religioso—, que camino lleváis de no parar con vuestro cuento hasta el otro mundo.

—A menos de la mitad pararé, si Dios fuere servido —respondió Sancho—. Y, así, digo que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…

—Por vida vuestra, hijo, que volváis presto de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo, si no queréis hacer más exequias, acabéis vuestro cuento (…)”

Cervantes en su búsqueda de impuestos tuvo que tener presencia válida en esta villa.

La Guardia

De Tembleque vamos camino de conocer a un pueblo que ha sido “centinela” de fama universal: La Guardia, pueblo amurallado.

Entre sus calles y bajo la plataforma de una ermita dedicada al Padre Jesús, existe una Sinagoga del siglo XV.

También hay que destacar la iglesia con  devoción a la Asunción. En su interior hay una capilla que se conoce como la Capilla Sixtina de La Mancha.

A la Guardia se la conoce desde el siglo XV por la historia del Santo Niño, no descartándose la posibilidad que su hábil manipulación por parte de la Inquisición fuese el detonante último que necesitaron los Reyes Católicos para estampar sus reales firmas en el Decreto de Expulsión de los Judíos en 1493.

Los fundadores de la Ermita del Santo Niño fueron los Padres Trinitarios. Es muy probable que en este lugar estuviera enterrado el Niño muerto por las torturas que fue sometido por José Franco y un grupo de conversos.

Romance popular que dice:

Del Quintanar y Tembleque

se parten ocho judíos

Con dañados corazones

en busca del Santo Niño.

Y no es de extrañar que, al ponderar don Francisco de Quevedo en el memorial por el patronato de Santiago cuánto le sobra al Niño de La Guardia para compatrón y aun para patrón de España, escribiese al rey: “No es traslado de la pasión de Cristo en una parte, es un original espantoso, con exceso de azotes en falta de años. Este es, Señor, grande abogado que puede interceder a Dios, como no puede otro alguno, por la pasión que Cristo pasó por él y por la que él pasó por Cristo”.

Partimos de La Guardia atravesando los humedales procedentes de los arroyos de Santa María, Testillos y Cedrón,. Testigos mudos de los calores tórridos veraniegos y de los fríos intensos.

La sombra del castillo de Monreal nos corta nuestro camino hacia la Huerta de Valdecarábanos. Esta fortaleza, en sus tiempos, fue sacarrena y defensora del Tajo.

La Huerta de Valdecarábanos

Llegamos a ver la Huerta de Valdecarábanos con su castillo de la Órden de los Caballeros de Santiago que siempre a lo largo de la historia de esta Villa a estado como un centinela de estas tierras, fronterizas, sufridas y guerreadas. Las minas de salitre tuvieron una importancia suprema durante los siglos XV, XVI y XVII, debido a su buena calidad para la fabricación de pólvora. Su iglesia parroquial con devoción a San Nicolás de Bari y las calles por donde los Loaysa pasearon.

Yepes

Y llegamos a Yepes. La antigua Hippona de los carpetanos, en época romana, donde los celtíberos derrotaron a las tropas de los romanos Quintio y Calpurnio. Villa importantísima, amurallada, que fue dada por Alfonso VII al arzobispo de Toledo.

Es la tierra que vio nacer Fray Diego de Yepes, prior de El Escorial, confesor de Felpe II y Santa Teresa de Jesús y arzobispo de Tarazona, quien trajo a esta villa la Santa Reliquia de la Sangre de Cristo.

El recinto amurallado  de Yepes tienen cinco puertas:

 

Puerta de Ocaña

Tiene una hornacina de madera con una talla de San Cristóbal.

Puerta de Madrid

Porta un cuadro de San Miguel, y es el punto más alto del recinto.

Puerta de Toledo

Situada al lado del Convento de San José y San Ildefonso, tiene un altar a la Virgen del Carmen.

Puerta Nueva

Conocida como “de la lechuguina” porque mira hacia las huertas del valle.

Puerta del Hondón

 

La Iglesia parroquial dedicada a San Benito Abad es conocida como “La Catedral de La Mancha” y en su interior alberga unas capillas con espléndidas rejas platerescas y en la cabecera se alza el retablo mayor, de estructura clásica y en el que se insertan seis lienzos de gran tamaño sobre la vida de Cristo (La Adoración de los Pastores, La Adoración de los Reyes, La Flagelación, El camino del Calvario, La Resurrección y La Ascensión) y otros de pequeño tamaño con imágenes de santos, obras del mejor discípulo de El Greco, Luis Tristán, fechados en 1616.. Fue trazada por Alonso de Covarrubias entre el 1534 y 1570

El Palacio Arzobispal es un edificio situado en la Plaza Mayor, fue el antiguo palacio de Alfonso Carrillo de Acuña (arzobispo de Toledo), en él fue donde, este arzobispo, falsificó la bula papal que permitió el matrimonio entre los Reyes Católicos: Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Hospital de la Concepción fue fundado en 1600 por María de Robles Parra, noble de la villa, mandó construir este hospital al maestro Diego Jiménez, para pobres y enfermos viandantes sin enfermedades contagiosas.

Las fuentes que tiene Yepes son: la fuente de Arriba, la fuente de los Tres Caños, la fuente de los Muertos, la fuente La Mina y la fuente Un Caño.

Convento de San José y San Ildefonso de la orden de las Carmelitas Descalzas.Del siglo xvii y estilo barroco, diseñado por el importante arquitecto fray Alberto de la Madre de Dios. Presenta una iglesia que contiene lienzos y tesoros de gran valor artístico (único conservado íntegro). El 24 de septiembre de 1603 se firman las capitulaciones de su fundación, llevada a cabo por Catalina del Castillo (noble de la villa). Tiene como reliquia una de las cabezas de las once mil vírgenes.

 

De estas tierras son famosos los vinos, que crean el refrán popular: el que vino a Yepes y no bebió vino, a ¿qué vino?; y a los que Góngora dedicó estos versos:

“que más yo quiero pasar

de Yepes a Madrigal

la regalada corriente

y ríase la gente”

 

De entre los vinos de Toledo, por cierto, siempre se tuvieron por los mejores los muy afamados blancos de Yepes y Ocaña (“dos villas de donde el vino / hace perder el camino / bodegas nobles de España, en los encendidos versos de Tirso de Molina); pues bien, el de Yepes es otro de los vinos olvidados por el genio de las letras, y al de Ocaña, solo le dedica el autor una mención indirecta en La entretenida, al poner el nombre de “Ocaña” a uno de los personajes de la comedia, harto amigo del vino. En todo caso, no sería muy arriesgado suponer que Cervantes trataba poco con otros vinos toledanos fuera de los familiares de Esquivias.

Ciruelos

De Yepes vamos rumbo a Ciruelos (en tiempos cervantinos era conocido como Villareal, Ceruelo o Ciruelas),  pueblo donde murió y estuvo enterrado durante mucho tiempo San Raimundo de Fitero, fundador de la Órden de Calatrava. Actualmente sus restos están en la Catedral de Toledo.

La Gastronomía

LAS GACHAS

Es uno de los platos más degustados en las quinterías y también en los pueblos, especialmente en las épocas más frías del año, y son también un excelente reconstituyente. Se hacen con harina de almortas, aceite, ajos, pimentón y agua. Dependiendo de la estación del año, se guisan con setas, cebolla, ajos,  pimiento seco, hígado de cerdo o como se dice en La Mancha, se ‘engañan’ con patatas fritas.

INGREDIENTES

-2 filetes de hígado de cerdo

-1 pimiento chorrón seco (o cualquier pimiento rojo seco tipo “cuerno de cabra” o “del cristal”)

-2 dientes de ajos

-1/4 parte de una cebolla mediana

-4 cucharadas de harina de almortas o de titos

-aceite de oliva

-1 cucharada rasada de pimentón dulce (no debe ser del agridulce)

-sal

-600 ml de agua

ELABORACIÓN

Necesitaremos dos sartenes para poner al fuego. En una freiremos el hígado y en otra haremos las gachas, por lo que debe ser lo suficientemente amplia para que quepan.

A continuación pasamos brevemente, ya que se quema con gran facilidad, el pimiento seco por el aceite.

En ese mismo aceite freímos el hígado también cortado en tajadas. Se reservan estos tres ingredientes sin que se enfríen.

En la otra sartén ponemos 12 cucharadas de aceite de oliva y freímos la cebolla y el ajo cortados muy pequeños.

A continuación se añade la harina y se tuesta como para una bechamel (tiene que predominar el aceite, si la harina quedara muy seca, añadirle unas cucharadas del aceite de freír la panceta y el hígado), añadir el pimentón sin que se queme, darle unas vueltas y añadir 400 ml de agua poco a poco sin dejar de remover.

Añadir sal al gusto y remover constantemente para que no haya grumos y empiece a engordar.

Completar con el resto de agua, de modo que queden espesas, pero que goteen sin demasiada dificultad de la cuchara. Cocer durante 15 minutos más.

En este punto las gachas deben estar cremosas y sin sabor a harina. Dejarlas hervir 3 minutos sin remover hasta que burbujeen y hagan pequeños “cráteres” y aparezca algo del aceite en su superficie. Apartarlas del fuego y dejarlas reposar 10 minutos en un sitio fresco antes de servir, ya que conservan muy bien el calor.

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