LA PINTURA DE PEDRO CASTRO PIÑEIROA

 

Pedro Castro, está en esa etapa de la vida donde se comienza a ser veterano de la misma. Tuve la suerte de conocerle en los tiempos donde la mar era nuestro sentido de la vida y así él nos lo muestra a través de su trabajo pictórico. Él, es un idealista de su “chamba” y busca en  sus “acquerellos” esa perfección diluida entre aguas que nos deja asombrados. Con la superposición de capas obtiene unos toques de luz únicos y suaves logrando una buena maestría en este género.

No recrea un mero esparcimiento en el mundo vulgar, nada de eso. Pedro inventa, recrea su pincel en la misma esencia  dando un cierto “sabor” y una atmósfera plena de luminosidad y alegría.

Pedro tiene ese poder de captación manteniendo constantemente esa fuerza, interpretando las  determinadas regiones que  pinta haciendo que, este artista, sea un creador auténtico de situaciones o de estados anímicos del alma. La acuarela que plasma Pedro  resurge en todo su  esplendor haciendo que sea su obra más transparente que el aire.

Nos sorprende, si, nos sorprende en cada una de sus pinceladas, llegando hacer posible que ese verso  que está inmerso en el soneto, sea un trazo de su pintada. Hace que el espectador, sea partícipe de lo que él ha pintado

Aseguro, desde estas líneas, que nos encontramos ante un artista que entiende todo el mundo y con un estilo muy personal sabiendo unir en todo momento, la figura, el cielo, la mar y la tierra. Talentos como el suyo deben tener el debido y merecido reconocimiento que se merece en el panorama pictórico actual.

¡Muy bien mi querido amigo Pedro!

Lo ecuestre

Quien pinta un caballo denota que tiene un alma grande

La mar

La ciudad y el campo

Patricia

Y termina... un bodegón

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