LOOR AL PADRE DE LAS LETRAS

Hace cuatrocientos años, y algún que otro más; en una calle de la capital de las Españas, y cerca de los mentideros que frecuentaba, murió un hombre sin dejar de escribir y sin herencia a sus descendientes. Cesó la vida del hombre que habría de ser, con el andar de los siglos, padre, artífice y maestro mágico de esta genial creación artística que es el Idioma Castellano o Español: Cervantes, a quien el mundo civilizado debe de rendir de modo obligado tributo, rendida admiración y reverencia. Hijo de médico, estudiante de la Universidad Complutense, viajero por la Italia del Renacimiento, soldado en las naos cristianas de Lepanto, cautivo  durante un lustro en Argel, y luego, más tarde, peregrino en la tierra de su nacimiento hasta dejar su aliento en ella. Sin sepulcro nominado en el patio del convento de las Trinitarias en la capital del Imperio de las Españas; a modo de símbolo de un pueblo que por escasez de tierra vive en los espacios infinitos, o en los siete palmos de una tumba. No es el caso hacer hoy en esta columna la semblanza bio-bibliográfica del genial actor del “Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, de “La Galatea”, “Persiles y Sigismunda”, de “Las Novelas Ejemplares”, de los “Entremeses” y de las “Tragedias” del “trato de Argel”, de “El Gallardo Español” y “El Rufián dichoso”, de sus poemas como el de ” Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla” o el de “A la entrada del duque Medina en Cádiz”, que dan lustre y brillo refulgente a nuestro “Siglo de Oro”. Se hablará de todo ello en otros lugares de la tierra, y que debemos de dedicar a recordar, exaltar y enaltecer al escritor que fijó para siempre la estructura, la gracia y el sortilegio misterioso de uno de los más bellos idiomas del mundo (a pesar de que los propios españoles, estamos intentando destruirlo); y que, además, en la obra magistral pergeñada por su mano única perfiló a todo el género humano, en las figuras sin para de Don Alonso de Quijano, el bueno y el justo; de Sancho Panza, el práctico, y de Dulcinea del Toboso, el ideal inconcreto, inmaterial e inaccesible del Amor encarnado en una mujer que su amador no conocía personalmente y que sólo la presentía en su cabeza perturbada por sublimes locuras caballerescas.

Es de bien solicitar esos minutos de sonoro silencio para homenajear desde estas letras a este hombre que puso al Español, al idioma Castellano sobre los siete mares y los seis continentes del mundo. ¡Loor y homenaje de Don Miguel de Cervantes Saavedra!, padre de Don Quijote de la Mancha, y artífice inmortal de una lengua, en la que se dicen las magníficas palabras: Dios, Madre, Patria, Amor y Libertad.

Dibujo inicio Fidel María Puebla

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