XIII RUTA CERVANTINOQUIJOTESCA EN SU ANDAR DESDE ALCAZAR DE SAN JUAN (CIUDAD REAL) A EL TOBOSO (TOLEDO)

Alcázar de San Juan

Entre lagunas y saliendo de Herencia, llegamos a Alcázar de San Juan, que en tiempos indoctos y anticlericales le cambiaron su apellido por el “de Cervantes”, en tiempos árabes la llamaban “Alqasr” , recinto fortificado. También en tiempos del Gran Prior Don Rodrigo Pérez fue llamada “de Consuegra”. En su parroquia existe una pila bautismal y entre legajos hay un documento que dice que nuestro señor Miguel de Cervantes nació en dicha villa.

Miguel Romero Saiz escribe: Y sin salir, ni siquiera dejar de mirar ese recogido entorno interior, la pila bautismal de corte románico me llama al repertorio más literario bajo el palio de su coro. En ella, parece clamar don Quijote pues a bien han tenido muchos investigadores el darle personalismo cervantino, pues en ella se bautizase un Miguel de Cervantes Saavedra, tal vez López por eso de coger el apellido de la madre, pues como hijo de Blas de Cervantes Saavedra y Catalina López, allí quedó registrado. Eso lo dice y lo sabe Blas Nasarre en 1748, bibliotecario mayor del reino, al escribir al margen de dicha partida bautismal la siguiente nota: “Este fue el autor de la Historia de Don Quixote”.

Ángel Ligero Móstoles, Francisco Saludador Merino, Rafael Mazuecos Pérez-Pastor, Manuel Rubio Erguido o Bruno Redondo lo dicen en sus escritos, pues abren tradición cervantina en esa partida de bautismo encontrada en la iglesia de Santa María:

En nueve días del mes de noviembre de mil quinientos y cincuenta y ocho bautizó el Reverendo Señor alonso Díaz Pajares un hijo de Blas de Cervantes Saavedra y de Catalina López que le puso de nombre Miguel, siendo padrino de pila, un tal Ortega, acompañado de Juan de Quirós y Francisco Almendros, junto a sus mujeres.”

Pero, la historia siempre es sabia. Por eso, el tiempo cronológico se cruza en el camino de la investigación más exigente y nos provoca la confusión del misterio. Este Miguel, bautizado en Alcázar nació once años más acá en el tiempo que el alcalaeño y nos dificulta su proceso, pues según estos datos, cae en negativa aquel servicio de camarero con el cardenal Aquaviva y la participación con cautiverio en Lepanto. Ya se rompería la tesis, no sin antes, recrear como bien se sabe, en Jornadas literarias quijotescas donde Alcázar de San Juan hace meritoria estampa cultural, pues escultura al cervantino allí se hace para el bien de la humanidad que le recrea.

Alcázar de San Juan está situada en el centro geográfico de La Mancha, es el lugar quijotesco por antonomasia y en el mismo como en sus alrededores, se sitúan periplos protagonizados por Don Quijote.

Las bodegas, se dicen que ya estaban aquí antes que los dioses. Dionisio en sus beberes mundanos vio los colores de las vides de este lugar y se quedó aquí, en La Mancha. Las tinajas están perdidas en el tiempo bastante antes del siglo XVI, algunas tienen una capacidad para 1200 arrobas

El Cerro de San Antón está coronado por varios molinos, al igual que el Cerro de la Horca. Es cervantinamente obligado irnos al libro del Quijote y abrirlo, pararnos en el capítulo 8 de la Parte Primera y leer “el buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación”

Y aquí nos paramos ante una leyenda: LA CRUZ DEL FANTAMA O DEL CORREGIDOR. Esta cruz se encuentra situada en los  muros de la parroquia de Santa Quiteria, en la calle trinidad y frente a la calle corregidor, no tiene signo, ni inscricion, ni cartel cuando y porque se coloco esa cruz, pero existe una leyenda que puede ser su origen y esta cuenta ha si. En una noche invernal del año de gracia de de 1750, pues esto  sucedio siendo rey de las Españas  Fernando VI, y corregidor en la villa de Alcazar de San Juan, .Don Juan de Silva Las campanas de la colegiata de Santa Maria la Mayor, hacían rato que tocaron el toque de ánimas, el silencio en la villa era completo, no se escucha  ni canto de moza, ni paso de ronda. El pueblo dormía en la oscuridad, pues al toque de ánimas se apagaban los candiles y los fuegos, no quedando al exterior mas que las luces de los farolillos que frailes y monjas encendían en sus conventos de San Francisco, La Trinidad, Santa Clara y San Jose y la lampara que costantemente lucia en la ermita del Cristo de Villajos.

Ala puerta de dicha ermita se encuentran tres hombres envueltos en amplias capas, esperando a su señor Don Juan de Silva, pues estos quedaron entre las diez y las once de la noche en esta ermita, para dar caza a un fantasma que decían rondaba el pueblo por las noches, en cuanto llego el señor corregidor exclamo, pues vamos adelante y que el Santísimo cristo de Villajos nos acompañe, partieron los cuatros armados hasta los dientes, con espadas y pistolones, poniendo rumbo al boquete de Santa Quiteria, hoy callejon del corregidor, donde esperaron que dieran las doce de la noche.

El corregidor en cuanto vio aparecer el fantasma ordeno disparar las armas , tras lo cual se hoyo un cuerpo caer al suelo y una voz que dijo ”DIOS ME VALGA”, luz grito el señor corregidor y lo que vio supera todo lo trájico, el corregidor en el suelo abraza el cuerpo muerto y gritaba con dolor ”ES MI HIJO Y HE SIDO SU MATADOR”.

Alas voces se abrieron las puertas y ventanas e invadieron la calle la piedad y el comadreo, no habiendo lengua parada ni candil, ni farol que no alumbrara, corriendo por todo el pueblo el dramático suceso.

Recogido el cuerpo muerto, al día siguiente aparecía colocada en el lugar del trágico suceso una gran cruz de madera, LA CRUZ DE FANTASMA O DEL CORREGIDOR.

Campo de Criptana

A pocos kilómetros de Alcázar está el Campo de Criptana bajo la vigilancia férrea de los “Molinos de La Mancha”.

Al entrar en la villa suena una copla en voz femenina que dice:

 

En el Campo de Criptana

Un jardín encantador,

La Virgen es jardinera

Y cada moza una flor.

 

Es posible que Don Quijote no suscribiera tan cancioncilla por parecerle injuriosa para su Dulcinea, pero nosotros, nos adentramos en este mundo de escenas del texto cervantino.

Este pueblo es el resultado de la unión de tres pueblos existentes en la antigüedad y que se llamaban Criptana, El Campo y Villajos.

Pocos molinos quedan supervivientes de los 32 que tuvo censados. De los que quedan a pie, menciono a los más antiguos, aquellos que seguro Cervantes tuvo que pedir su parte para la Armada Invencible y que se llaman El Burleta, de 1555, el Infante de 1500 y el Sardinero.

 Sancho, ese compañero infatigable de Don Quijote, hace una reivindicación laboral a su amo:

Cuando yo servía —respondió Sancho— a Tomé Carrasco, el padre del bachiller Sansón Carrasco, que vuestra merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida. Con vuestra merced no sé lo que puedo ganar, puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero andante que el que sirve a un labrador, que, en resolución, los que servimos a labradores, por mucho que trabajemos de día, por mal que suceda, a la noche cenamos olla y dormimos en cama, en la cual no he dormido después que ha que sirvo a vuestra merced. Si no ha sido el tiempo breve que estuvimos en casa de don Diego de Miranda, y la jira que tuve con la espuma que saqué de las ollas de Camacho, y lo que comí y bebí y dormí en casa de Basilio, todo el otro tiempo he dormido en la dura tierra, al cielo abierto, sujeto a lo que dicen inclemencias del cielo, sustentándome con rajas de queso y mendrugos de pan, y bebiendo aguas, ya de arroyos, ya de fuentes, de las que encontramos por esos andurriales donde andamos.

A las imposibles reivindicaciones laborales idealistas expuestas seguídamente por Sancho a su amo, después de duras recriminaciones por parte de este, Sancho, desde su más profunda humildad, se limitó a reconocer ante su señor, caballero andante de demandas ajenas que se olvida de las más cercanas y propias.

“Señor mío, yo confieso que para ser del todo asno no me falta más de la cola: si vuestra merced quiere ponérmela, yo la daré por bien puesta, y le serviré como jumento todos los días que me quedan de mi vida. Vuestra merced me perdone y se duela de mi mocedad, y advierta que sé poco, y que si hablo mucho, más procede de enfermedad que de malicia; mas quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda”.

Pedro Muñoz

Al pueblo que llegamos lo refundó un campesino llamado Juan Mayordomo que ya venía escapando de Cervera del Llano por haberse encarado con el Marqués de Villena allá por el 1525, se trata del pueblo de Pedro Muñoz, que está algo lejos en la historia y lejos de la Virgen de Criptana,  en sus cercanías existen unas lagunas mágicas, misteriosas que hasta el mismo Cervantes rehúye a pasar entre ellas: La del Pueblo, del Retamar, del Alcahozo y la de Navalafuente son el hogar de muchas clases de aves acuáticas. A causa del carácter insano de estos lugares, el mismo pueblo llegó a desaparecer.

En Pedro Muñoz se tiene a gloria aseverar que precisamente en sus alrededores, después de su fracasada aventura de los mercaderes, fue ayado semimuerto Don Quijote: un labrador de su mismo lugar, y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino; el cual, viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a él y le preguntó que quién era y qué mal sentía que tan tristemente se quejaba. Don Quijote creyó sin duda que aquel era el marqués de Mantua su tío, y así no le respondió otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daba cuenta de su desgracia y de los amores del hijo del Emperante con su esposa, todo de la misma manera que el romance lo canta:

Donde estáis, señora mía,

que no te duele mi mal?

O no lo sabes, señora,

o eres falsa y desleal…

¡Oh noble marqués de Mantua,

mi tío y señor Carnal…!.

Los puentes de Pedro Muñoz

El pueblo de Pedro Muñoz, nos sorprende con una bonita leyenda:

La leyenda de la Virgen del Buen Parto:

que las gentes que habitaban las “quinterías” contaban una leyenda en la que parece ser que en la ermita de San Miguel del Río, una “princesa cristiana” o “una dama importante” había dado a luz a una niña. Fue de manera accidental, ya que el lugar era poco recomendable para este menester. […] Nadie supo nunca de qué “dama” se trataba, al parecer se ocultó siempre su personalidad. ¿Por qué éste misterio?. Debería tratarse de alguien importante, pues transcurridos unos meses, un carruaje tirado por cuatro caballos trajo a un grupo de personas las cuales adecentaron el lugar y colocaron una pequeña imagen con una inscripción en la parte central de su base, que decía: ‘Ntra. Sra. del Buen Parto’.

El Toboso

Llegamos  El toboso donde nuestro amado Don Quijote, en su capítulo 7 de la Parte Primera invoca a este pueblo como “la gran ciudad de El Toboso”.

En este pueblo hay memoria viva de Cervantes:

“Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que fuera del todo escura, por hallar en su oscuridad disculpa de su sandez. No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando rebuznaba un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho:

 

—Sancho hijo, guía al palacio de Dulcinea: quizá podrá ser que la hallemos despierta.

 

—¿A qué palacio tengo de guiar, cuerpo del sol —respondió Sancho—, que en el que yo vi a su grandeza no era sino casa muy pequeña?

 

—Debía de estar retirada entonces —respondió don Quijote— en algún pequeño apartamiento de su alcázar, solazándose a solas con sus doncellas, como es uso y costumbre de las altas señoras y princesas.”

Los ladridos de los perros y los mayidos de los gatos se siguen oyendo a la perfección y la noche sigue siendo iluminada por las estrellas del firmamento manchego.

Resulta muy grato tener que proclamar que es un placer reconfortarte pasear por las calles del pueblo y hablar con las mujeres que tienen el nombre de Dulcinea –La Dulce Ana- de los sueños quijotales.

En estas universales rutas, El Toboso es una meta repleta de novela e historia. Es la cuna del encantamiento de Don Quijote, es decir, de Alonso Quijano el Bueno, como de su fiel, noble y buen escudero Sancho Panza…

¿Y si en El Toboso, nos encontramos con Dulcinea…?

La cocina del buen llantar

Al inicio de la “Magna novela” nos encontramos con algo que no podemos olvidar: “El buen llantar” . Don Quijote y Sancho, aunque póbremente alimentados, también van comiendo a lo largo de su recorrido como así lo cuenta Cervantes: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.”

Nos ponemos con los “Duelos y Quebrantos.” Una cocina que en toda la ruta la podremos saborear.

Se trata de un comer que se ejecutaba, en aquel antaño cervantino, cuando moría un animal de labor. Antes de la aparición del quijote, parece ser que este menú, no se encuentran referencias algunas sobre él, lo que pude dar cabida a la inventiva gastronómica cervantina. Osea que Cervantes, tambien pudiera ser “maestro de fogones” a la vez que de las letras.  Así mismo, y dada la grasa que contiene este caldero, le valía a Cervantes el hecho de demostrar su cristiandad porque como bien sabemos lo acusaban de judío y los judíos  no podía probar el kosher.

Y cito aquí también a Calderón de la Barca que en el  manuscrito titulado mojiganga del pésame escribe: 

Para una viuda cuitada

triste, mísera viuda,

duelos y torreznos bastan

que son duelos y quebrantos

INGREDIENTES

Huevos, panceta o tocino, chorizo o chistorra.

ELABORACIÓN

cortar bien pequeña la chistorra y el tocino de cerdo. A continuación lo ponemos en una cazuela de barro a fuego medio para que se haga poco a poco y se vaya deshaciendo soltando toda la grasa. Una vez están hechas la chistorra y el tocino, agregamos los huevos batidos con una pizca de sal y empezamos a mover sin parar, para que haga revuelto y se mezcle todo bien. Una vez cuajado, en la misma cazuela solo quedara meter la cuchara.

Se debe de acompañar de un buen vino de la zona, que haberlos, haylos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *