CAMINO DE SANTIAGO (XIII PARTE)

De Pedrouzo a Santiago de Compostela

En la última noche en el camino de Santiago primitivo, se apagaron las estrellas del firmamento. Con la salida tímida de los primeros rayos de sol  parecía no querer empezar el día.

Los peregrinos se disponían en hilera, seguían el sendero encandilados por las señales, entre cada uno de ellos polvo y piedras. Conseguir beber con sed la soledad es un gran logro, una recompensa que obtiene un viajero que teme que la muerte, sea su compañera de camino en algún lugar aislado.

Walker...

La última etapa del camino primitivo, parte desde Pedrouzo hasta la plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela.

Cien gigantes clavados en lo más profundo de la tierra, son los bosques de eucaliptos que atraviesa el caminante al salir de Pedrouzo. Pasos de mil pies cansados, estos transportan cuerpos unidos a pensamientos livianos, todos forman cúmulo de principio y fin, por caminos gastados.

Senda que permite que de la absoluta destrucción pueda resurgir la esperanza, la vida. San Antón de la parroquia de Arca, pequeña aldea que toma el nombre de una capilla que en tiempos pasados fue asolada por un incendio.

Carballos y eucaliptos, preludio del siguiente núcleo habitado, Amenal de la parroquia de San Miguel de Pereira. Un plano inclinado que eleva almas, algunas henchidas de sufrimiento, convertido este dolor abstracto, ahora en levedad tras la subida hasta Cimadevila.

Pequeños pueblos, cuartillas con paisajes y casas dibujadas a carboncillo, como San Paio, aldea de la parroquia de Sabugueira.

Labacolla, y la parroquial de San Pelayo del año 1840. Encuentro con las aguas del arroyo Labacolla, los peregrinos recomponían en ese lugar los extremos punzados de dolor. Reconstrucción en ese espacio sin tiempo definido, de unos pies de pisar alegre, triste, melancólico, doloridos, ligeros, pesados, de pasos largos y cortos.

San Marcos, alberga un monumento erigido en el año Jacobeo de 1993. El Monte do Gozo y desde ese último lugar, está Santiago tan cerca que casi se toca con los dedos.

Amo Santiago de Compostela

Doce días han transcurrido hasta poder, pletórico serpentear por las calles del casco histórico de Santiago de Compostela, por la rúa das Casas Reais, que sube hasta la Praza de Cervantes. La rúa da Acibechería encauza los pasos a la praza da Inmaculada, el monasterio de San Martín Pinario. Arco del Palacio, Praza do Obradoiro y la Catedral consagrada en el año 1128 al Apóstol Santiago.

Hermosa construcción es la catedral, una iglesia de peregrinación donde el estilo románico convive con otros posteriormente añadidos, renacentista y barroco. Entrelazado de formas, aristas y cúspides, que modelan el cielo de una planta románica de cruz latina. Miles de ojos recorren las tres naves divididas por arcos de medio punto.

Doce mágicas etapas fueron, “como los 12 apóstoles, las 12 Tribus de Israel, los 12 dioses y titanes del Olimpo, los 12 Caballeros de la Mesa Redonda, los 12 Pares de Francia del Rey Carlomagno, los 12 asnos del cielo de los dioses germanos, los 12 fundamentos o bases de la muralla del Nuevo Jerusalén, las 12 perlas, las 12 puertas, los 12 ángeles que protegen las puertas, los 12 veces 12.000 hombres que vivirán en la ciudad sagradas, las 12 tareas de Heracles, los 12 compañeros de aventuras de Sigfrido y mil veces 12”.

Dejar de caminar, detener los pasos, y para mis adentros pedir.

 

Camino de Santiago primitivo, nunca nos olvides.

Y todo fluye,

contigo y en ti,

como el agua que brota de la tierra

y empapa las suelas de tus botas

y enfanga las huellas de tus pasos

y te hace barro,

para moldearte,

como un invisible alfarero

con manos de dios,

que te va haciendo

a imagen y semejanza

del propio Camino.

Entonces, peregrino,

te vuelves piedra y cielo,

abrazo de bosque

y calor de aldea,

viento enamorado

y eterno horizonte,

manantial de estrellas

que se desparraman

en el último suspiro

de la noche…

Y todo fluye,

todo es universo

y todo es armonía con el Todo,

silencio de luna,

estruendo del alma,

milagro de vida,

Camino infinito

contigo y en ti, peregrino,

contigo y en ti…

 

M.N.

 

 

Al finaliza el Camino te escribo sin ser poeta. Mis pasos fueron aquellos que me llevaron por las distintos sendas hasta llegar a ti, Santiago. Al verte, dejaste impresa en mi corazón la última metáfora que alienta su latido. Luis Moll

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