EL COMBATE DEL GLORIOSO

Maqueta del Glorioso

El Glorioso fondeado en Cádiz. 1746. Lámina de Carlos Parrilla Custom

En 1747 reina Fernando VI, el segundo Borbón. España ya no es el imperio invencible de antaño, pero es todavía una gran potencia. Después de que el almirante inglés Vernon, sufriera la más deshonrosa derrota a las manos del almirante español Blas de Lezo en el asedio a Cartagena de Indias,   o después de la poco conocida historia del almirante Juan José Navarro, que resistió los embates de los hijos de la Pérfida Albión en el cabo Sicié, conocida también como “la batalla de Tolón”,  un navío español (bajo la advocación de San Ignacio de Loyola) fabricado y botado en 1740 en lños astilleros de La Tenaza en la Habana y cuyo nombre es el de Glorioso, gemelo del Invencible,  iba a protagonizar una travesía épica en los anales de la historia naval de España e incomparable en ninguna otra batalla naval.

Tres palos, dos puentes y 70 cañones, excelente diseño para las travesías atlánticas sin ser veloz. Su comandante, un cordobés veterano en campañas navales, caballero de la Orden de Malta, Don Pedro Mesía de la Cerda, su segundo era  el capitán de Fragata don José Rojas Recaño,  a quienes les fueron comendada la misión de llevar unos cuatro millones de pesos duros en plata americana, a España, superando los bloqueos de la superpotencia británica.

Era el verano de 1747, el navío de línea El Glorioso, había zarpado del puerto de la Habana con su importante, valiosa e apetecible carga entre sus entrañas. En la madrugada del día 25 de Julio; lo que aparentaba una navegación tranquila, y llegando cerca de la isla de Flores, en las Azores (lugar este, donde don Álvaro de Bazán había derrotado a una escuadra inglesa en 1590. Pero ahora la situación es distinta; ahora los españoles están en inferioridad), Y es precisamente aquí donde comienzan los problemas. Don Pedro avistó por su proa  y entre la neblina diez velas que en un principio, debido a la baja visibilidad, le costó averiguar que pabellón llevaban;  al tocar las doce del medio dia, descubrió que el mencionado convoy era inglés y estaba escoltado por un navío de línea, el Warwick, artilleado con 60 cañones, la fragata Lark, de 44 cañones, el transporte de tropas Beaufort de 20 cañones y el paquebote Montagu de 16 cañones, este último no pertenecía a los buques de la Royal Navy, todos ellos bajo el mando del comodoro Crooksanks . El capitán español tiene órdenes muy estrictas: hay que llevar el tesoro a España a toda costa. Así que, raudo, ordena desplegar velas y salir zumbando. Pero los ingleses le han visto y salen en su búsqueda: el paquebote queda con el convoy y el navío Warwick, la fragata Lark y el transporte Beaufort salen tras esa presa, muy jugosa y aparentemente fácil.

La fragata, confiada, largó todo su aparejo para dar caza al Glorioso e intentar batir sus palos para así dar tiempo a que el Warwick se acercase y rematar la faena. Aún así, el comandante de la flota inglesa, al ver la velocidad del Glorioso ordenó al paquebote Montagu, más rápido que el resto de la flota, que siguiese al navío español.La noche del día 26 había caído sobre la trampa de lobos marinos, la luna llena era su único testigo. El español, navegaba a todo trapo y con viento de Barlovento sabedor de su inferioridad, la Lark, más rápida llegó por poa y comenzó el fuego.  El capitán español, advirtiendo que los tres bajeles enemigos se le venían encima, tomó la iniciativa. Pedro Messía lo describió así en su diario: «… a las 9 de la noche, viendo que me entravan mande aferrar todas mis velas Pequeñas Cargar las maiores, largar la Bandera y Gallardete quedándome solo con las Gavias».

 Para sorpresa de los ingleses, a popa del Glorioso habián instalado una batería de cuatro piezas de veinte libras que destrozaron en unas pocas andanadas y gracias a la peripecia de los artilleros españoles, a la fragata inglesa. Sobre las dos de la madrugada el navío de línea Warwick entablo combate con el Glorioso, el inglés perdió su palo mayor y parte del trinquete dejándolo desarbolado totalmente. El navío inglés se retiró con el rabo entre las piernas. “Que no siempre los ingleses, aunque lo vendan con orquesta, parieron leones” (Pérez Reverte).

“con mi arrivada le franquee bien su Costado, y le disparé todas las dos Baterías de la banda de Estribor, y el me correspondio con las suias, reconociendo heran sus valas de a 12, le desarbolé del Mastelero de sobremesana, y arribó, por lo que consideré, yba bien yncomodado, pues no bolvio á entrar más en función”  Descrippción de don Pedro del combate contra el Lark

De este primer combate, don Pedro escribió en su cuaderno de bitácora : los muertos que he tenido durante la función han sido tres hombres y dos pasajeros llamados don Pedro Ignacio de Urquina y Juan Pérez Veas; heridos leves  1º y 2º condestables; de la brigada de infantería  hn sido diez, pero solo uno de cuidado los demás leves; artilleros, marineros y grumetes veintinueve, de los que seis son graves y el resto de poco cuidado. Se han disparado  406 cañonazos de a 24, 420 de a 18, 180 de a 8, 4400 cartuchos de fusil.

Llama la atención el número de balas de fusil disparadas. Para advertir mejor lo elevado de la cifra, hagamos una comparación muy gráfica. En la batalla de Borodino (1812), considerada por los historiadores la jornada más sangrienta de las guerras napoleónicas, se emplearon mosquetes de chispa similares a los que se usaban a mediados del siglo XVIII.

Pues bien: según las estimaciones más fiables, la infantería francesa efectuó ese día 1.400.000 disparos, una media de entre diez y quince por soldado en las aproximadamente doce horas que duró la batalla. Si se tiene en cuenta que en el estadillo de la tripulación del Glorioso se precisaba que los cabos y soldados dotados de fusil eran 140, cada uno de ellos realizó más de treinta disparos de media en las seis horas de enfrentamiento con la Lark y el Warwick.

El Glorioso retomó su rumbo mientras sus hombres reparaban los daños del combate. Ya quedaba poco para llegar a España: a lo lejos, en el horizonte, se divisaba la costa gallega de Finisterre. Pero ese mismo día, 14 de agosto, aparece un nuevo enemigo, aún más poderoso:

«hubo sol y óbserve 43 grados 34 minutos de latitud considerandome en los 7 grados y 27 minutos de longitud Rumbo navegado al ESE (…) demorandome el Cavo de finisterra al S en distancia de 9¾ leguas y la ysla de Sisarga al L. 5 grados al S. a 12 leguas (…) aviste por mi Proa 3 embarcaziones que benian en buelta mia y a las 2 reconocí ser ynglesas por los Gallardetes y vanderas de la divisa blanca (…) con mi reducido aparejo no pude hacer otra cosa que esperarlas y a las 3 mande Cargar mis maiores quedandome solo con las Gavias y estando una milla cerca de mi me asegure ser el uno de 60 Cañones y los otros dos una fragatilla de 24 un Paquebot de a 16».

Los tres barcos ingleses: un navío, el Oxford, de sesenta cañones , la fragata Sorehan de  venticuatro y la balandra Falcón de catorce piezas. Esta vez la táctica inglesa fue distinta: el navío atacó frontalmente a nuestro Glorioso. Al cabo de tres horas de cañoneo, el barco inglés se retiraba hecho una ruina., la se lanzaron entonces a por el Glorioso, pero los cañones de don Pedro y su pericia marinera y la mayor potencia de los españoles hizo retroceder al ‘Oxford’.  La fragata y la corbeta tomaron entonces el relevo pero el capitán español, vencido el mayor escollo, decidió avanzar hacia la costa para no poner por más tiempo en riesgo su preciada carga..

De la Cerda describió el combate así: «Al igualarnos me dió su descarga aque le correspondi con la mia, de ambas vaterias de la vanda de bavor y los 2 pequeños, tambien me dieron su descarga, volvi a virar de bordo sobre él y largue el trinquete para alcanzarlo, pasando por su sotavento, á causa de poder mejor manejarme por mi primera bateria, que con la mucha mar que avia, experimenté en la primera descarga haverme entrado porcion de agua en el entrepuentes, el nunca quiso presentarme su costado, y los pequeños pusieronse a barlovento. Nos hicimos fuego de una y otra parte, con dos descargas que a la ultima largo por alto, el rizo que tenia a las Gavias, y los juanetes, amuró su maior, para salir de mí fuego y escapar inominiosamente, como lo consiguio a las 7 de la tarde arrunvando la vuelta del Sur sudeste, dejando las armas de S.M. vencedoras; (…) ceñi el viento governando al sureste, luego que entro la noche los perdi de vista».

El Glorioso, puso rumbo a Corcubión, en donde atracó entre vítores el 16 de agosto con su botín sano y salvo, con el bauprés hecho añicos, la popa totalmente acribillada, cinco muertos y más de cuarenta heridos, pero tras de sí había dejado un rastro de cinco buques enemigos vencidos y con la testa chamuscada por las salvas españolas.

Es necesario precisar en este epígrafe que Pedro Messía de la Zerda fue ascendido a jefe de escuadra a los pocos días de llegar a Corcubión

La valiosa carga  fue desembarcada para ponerla a salvo. Durante unos días del verano de 1747 los muros de algunas de sus iglesias rurales y de los edificios históricos de sus ciudades más emblemáticas albergaron un tesoro que en la actualidad estaría valorado en más de 4.000 millones de euros.

Como apenas pudo arreglar muy por encima los daños de su barco, De la Cerda zarpó con la luna nueva el 5 de Octubre y puso rumbo a Ferrol con idea de reparar en condiciones el navío en sus astilleros. Sin embargo, a la mañana siguiente, sobre el cabo de Finisterre se topó con «15 Navios, los 8 de crecido porte, y considerando fuesse Esquadra enemiga, volvió a entrar en Corcubion, y para su defensa desembarcó alguna artillería, que coloco en Baterias». Tras este intento fallido, el navío español partía definitivamente de la ría coruñesa la segunda semana de octubre. El 11 de ese mismo mes volvió a levar anclas, al llegar al cabo Finisterre fondeó a la espera de un mejor tiempo; viendo el día 14 que los vientos seguían siendo contrarios y tras y que continuaba con la mala mar, el capitán optó por dar la vuelta y dirigirse a Cádiz.  La decisión del capitán De la Cerda puede parecer equivocada teniendo en cuenta la cercanía del puerto ferrolano, pero hay que recordar que en pleno siglo XVIII, los vientos y las tormentas diezmaban tanto o más las flotas que el ataque de una escuadra enemiga, a lo que había que sumar la inconveniencia de navegar contracorriente en un barco algo dañado. El capitán tomó la precaución de navegar lo más alejado posible de la costa pero aún así, la travesía era tan peligrosa como cruzar un campo de minas.

El 17 de octubre, frente a las costas del sur de Portugal se encuentran con un grupo de una decena de barcos ingleses en los cuales estaban incluidas las 6 fragatas corsarias de 24 cañones cada una, apodadas “La Familia Real” por llevar nombres de los miembros de la familia real británica (King George, Prince Frederick, Prince George, Duke, Princess Amelia y Prince Edward Tender). La armada británica estaba bajo el mando del corsario George Walker y  tenía grandes cuentas que ajustar con el Glorioso.  Sorprendido por aquella aparición el capitán don Pedro Mesía ordenó a la tripulación una maniobra de fuga y las cuatro fragatas, que aprovechándose  de su rapidez y maniobrabilidad, además de su potencia artillera,  se lanzaron a su caza.

El Glorioso mantuvo la ventaja durante un tiempo pero el viento era ligero y las fragatas más rápidas. Cuando el ‘King George’ ya casi alcanzaba al buque español, el viento desapareció por completo y le siguió una ‘calma chicha’ en la que los barcos se fueron acercando hasta quedar a un tiro de fusil el uno del otro. Ocurría que la bandera española no ondeaba por culpa de aquella calma y como además nuestra enseña era blanca y con un escudo en el medio, como la de los lusos, el inglés no supo si estaba ante un enemigo o un aliado. Hubo unos momentos de desconcierto, hasta que el ‘King George’ pidió al barco español que se identificase. Lo hizo primero en portugués, pero no obtuvo respuesta. Después lo comunicaron en inglés y fue entonces cuando el ‘Glorioso’ izó la insignia de combate y  una andanada que destrozó el palo mayor de la fragata dejando a esa osada fuera de combate pero llegó en su auxilio el  ‘Prince Frederick’, sumándose al combate. El ‘Glorioso’ tuvo entonces que repartir andanadas, pero mantenía a las dos fragatas a raya hasta que avistaron la llegada del ‘Duke’ y el ‘Princess Amelie’, ¡la familia real al completo! Cuatro fragatas contra un solo navío era más de lo que el ‘Glorioso’ podía soportar, de modo que optó por una honrosa retirada, perseguido por la voluntariosa escuadrilla y de pronto apareció en escena el navío inglés de 50 cañones Darmouth, que se acerca al Glorioso haciéndose ejercedor de tretas engañosas mostrando bandera  dinamarquesa, Viendo el capitán del navío ingles que su treta no dio resultado hizo la señera inglesa, intercambiando ambos nutrido fuego. Una andanada del buque español hace blanco en la santa bárbara y el buque inglés estalla, muriendo toda su tripulación salvo algo más de una docena de hombres de más de trescientos que constaba su dotación.

De la Cerda lo relata del siguiente modo:  En esta disposicion nos batimos con reciproco vivo fuego de Cañon, y fusil hasta la Tres, y minutos de la Tarde, que de ymprobiso le resultó la fatal desgracia de Bolarse; de modo, que de un instante á otro nos hallamos sin objeto con quien continuar el fuego, por averse reducido á pequeños quarteles esparcidos en el mar, y sobre ellos bimos algunos hombres, que aviendo livertado la vida de aquel orrible espantoso fracaso, pedían socorro con un Lienzo, ó Camisa blanca arbolada en un pedazo de hasta, ó remo»

El alférez Maseras también se lamentaba del trágico fin del buque enemigo, sobre el cual y sobre cuya tripulación da más detalles: “Cuyo adverso sucesso nos Causó tanta lastima, y dolor, que no Cave su explicacion aun en la mas significativa expresion: Era este Navío del porte de sesenta Cañones yngles nombrado el Darmurt; mandado por un Hermano del Duque de Amilton, Tenia Trescientos, y setenta hombres de Equipaje de los que solo escaparon Diez, y ocho hombres incluso un Theniente según despues me ha informado el mismo Theniente…”

Tras estos dos sangrientos combates, los españoles se habían ganado el respeto y la admiración del enemigo. El comodoro Walker se refirió a ello con las siguientes palabras: «And now again another scene began in the pursuit and conquest of his bold though flying enemy; for never did Spaniards, nor indeed men, fight a ship better than they did thi

El miércoles 18 de Octubre, pasadas las doce de la noche,  Don Pedro comprobó como la luz de la luna mostraba una silueta de otro navío que aprovechando la brisa marinera se situaba a barlovento del Glorioso. Era el Rasell, buque de tres puentes y armado con unas 92 piezas de artillería y de cerca le seguían dos fragatas supervivientes de los anteriores combates.

Don Pedro describió el combate:  «y á las 12 y quarto de la noche, se presentó á nuestro costado el Navio (que era de 3. Puentes) disparandonos un Cañonazo, y correspondiendole con dos, se empezó el Combate, haciendonos fuego al mismo tiempo por Popa, y Aletas las dos Fragatas, una de 32 Cañones, y otra de 24».

 

Los navíos se intercambió un fuerte nutrido de fuego, de hierro y pólvora que duró unas tres horas de fuego cruzado y continuo.  Sin municiones, con el casco literalmente destrozado y los aparejos inservibles, De la cerda escribió: «A las tres horas, y media de Combate nos hallamos ya sin una Palanqueta, ni saco de Metralla, razon porque continuamos nuestro fuego con las balas de dos en dos en la Artillería, y metiendo en ella los pies de cabra de su servicio y alguna clavazon en lugar de la metralla, para mejor ofender al Enemigo».

El intercambio artillero todavía se prolongaría más de dos horas. Pasadas las seis de la mañana, con los primeros rayos de sol iluminando los desvencijados palos y vergas del buque español, los cañones de este dejaron de disparar. Ya no había con qué cargarlos.

Duró el Combate hasta las 6, y quarto de la mañana, que conocimos el infeliz estado en que nos hallabamos de Palos, Bergas, y jarcia, y que el Navio hacia mucha Agua por los muchos balazos de á 36. que tenia a la lumbre de ella; y considerando, que no teniamos el recurso de poder armar ni una Bandola, ni de que el enemigo desistiese de su empeño, por estar abrigado de las dos Fragatas, que en su Compañia nos havian hecho fuego toda la noche; y aunque se retirase del Combate, quedabamos expuestos á hirnos á pique, ó á que cualquier Corsario nos tomase, por hallarnos sin medios para la defensa; por estas razones nos vimos obligados á rendirnos…

el Glorioso entregó las armas el 19 de octubre de aquel año de 1747, después de haber causado grandes destrozos en todos sus oponentes.

Los españoles vendieron caro su pellejo. En este combate los españoles tuvieron treinta y tres muertos y ciento treinta heridos, el número de bajas británicas, como siempre, desconocido.

El maltrecho estado del Russell, y las conversaciones mantenidas posteriormente con su comandante y con un distinguido caballero que viajaba como pasajero en el mismo, hicieron reflexionar a De la Zerda sobre lo cerca que había estado de alcanzar la victoria:

y su Comandante nos aseguró, que estubieron en terminos de pasar á los dos Fragatas, y prender fuego al Navio por la mucha Agua, que hacia de un balazo á la lumbre de ella; cuyo daño se remedió por un famoso Buzo, que trahian”

Los asombrados británicos trataron tan cortés como caballerosamente a Mesía y a sus hombres,  marinos españoles, que solo sucumbieron al aplastante número de sus enemigos. Sin olvidar el decisivo hecho de que habían cumplido escrupulosamente su misión de traer el tesoro.

Con otras palabras: tras haberse enfrentado a cuatro navíos, siete fragatas y dos bergantines, el Glorioso se rindió después de cuatro combates porque ya de ninguna manera podía ni navegar ni disparar contra sus enemigos tras haber salido victorioso de todos los combates anteriores estando siempre en inferioridad.

Los ingleses se llevaron una sorpresa cuando supieron que el verdadero motivo de la rendición del Glorioso no había sido ni las vías de agua ni el número de tripulantes muertos, sino la falta de munición, los españoles se quedaron sin pólvora para seguir disparando.

Capturar un maltrecho navío español de dos puentes los ingleses necesitaron dos escuadras y  les había costado uno de sus buques de igual porte con toda su dotación, graves daños en otros dos del mismo porte y notables averías en otro navío de tres puentes, por no hablar de las fragatas. Como no era una novedad, el navío español era superior en desplazamiento, robustez, dotación y peso de andanada a todos sus contendientes, excepto al último, un poderoso navío de tres puentes, pero eso no mengua en nada el valor y la destreza con que combatió.

La gesta del Glorioso fue tan extraordinaria que los mismos ingleses, a pesar de haber sido zurrados de lo lindo por el navío español, dejaron noticias de ella.

El Glorioso, tras ser capturado, fue saqueado en sus entrañas marineras intentando encontrar el ansiado tesoro llevándose una somera sorpresa más grave aún que todas las derrotas sufridas anteriormente. Esto fue, seguramente, lo que más les dolió a los britihs. Remolcaron los ingleses al maltrecho navío español a Lisboa. Su intención con tan fortísimo navío era integrarlo en la Royal Navy. De nada les sirvió, ni el casco pudieron aprovechar, pues por sus gravísimos daños, irreparables, tuvo que ser desguazado ya que no se podía hacer otra cosa con él y se hundió.

 

Tras ser liberado, por sus merecimientos y el heroísmo demostrado, don Pedro Mesía de la Cerda fue ascendido a Jefe de Escuadra, recibiendo también la llave de gentilhombre, llegando  a ser Teniente General y Virrey de Nueva Granada, presidente además de la Real Audiencia de Santa Fe, cargos de los que tomó posesión el 24 de febrero de 1761. Le acompañaba su médico personal, el celebérrimo José Celestino Mutis, uno de los más destacados científicos españoles de la Ilustración.

Mesía encontró el virreinato en un estado caótico y las arcas vacías, tal como comunicó a la Corte en su primer informe. Estuvo 10 meses en Cartagena de Indias y encargó la restauración de las fortificaciones al general de ingenieros Antonio Arévalo. Una vez en Bogotá, aprobó la fundación del primer colegio femenino del Nuevo Mundo, y por mediación de Mutis dispuso la creación de cátedras de Matemáticas en los centros de enseñanza superior de Nueva Granada. Por Real cédula de Carlos III de 8 de diciembre de 1762 dirigida al virrey Mesía, este nombró a Juan Antonio Zelaya Gobernador de Guayaquil el 11 de octubre de 1763, y el 17 de mayo de 1766 le otorgó el título de Presidente interino de Quito.

Fomentó la minería de plata en los yacimientos de Mariquita, a cuyo cargo puso a los hermanos Fausto y Juan José Delhuyar, descubridores del wolframio. Para aumentar los ingresos de las cajas reales, estableció el estanco del aguardiente de caña y nacionalizó el servicio postal. Asimismo propuso la liberalización del comercio del Nuevo Mundo, que sería aprobada por el rey Carlos III algunos años después, el 12 de octubre de 1778.

En 1767, en cumplimiento de la Pragmática Sanción, supervisó la expulsión de los 187 jesuitas residentes en Nueva Granada. Dispuso igualmente que las bibliotecas jesuíticas fueran llevadas a Granada, y con sus fondos creó la Real Biblioteca de Santa Fé de Bogotá, que luego sería la Biblioteca Nacional de Colombia, primera biblioteca pública de Nueva Granada.

Ante la falta endémica de pólvora para las guarniciones militares, ordenó la búsqueda exhaustiva de salitre, que fue hallado en Tunja y Sogamoso, y creó la Real Fábrica de Pólvora de Santa Fe.

Sus últimos años de gobierno estuvieron amargados por los disturbios en Quito y los choques con la Audiencia de esta ciudad. El 21 de diciembre de 1771 fue aceptada su renuncia al cargo, que se hizo efectiva el 31 de octubre de 1772, para regresar seguidamente a España donde murió  en Maadrid  un 15 de abril de 1783.

Fuentes consultadas:  todoababor.es.

Archivo del Museo Naval de Madrid, Cartoteca del Centro Geográfico del Ejército, Archivo Histórico Nacional, Archivo General de Indias, Archivo General Militar de Madrid, Archivo General de la Marina Don Álvaro de Bazán

BIBLIOGRAFÍA:

GONZÁLEZ DE CANALES, Fernando: Catálogo de pinturas del Museo Naval. Tomo II: Retratos de los oficiales generales del Cuerpo General de la Armada en la Jurisdicción Central de la Marina. Ministerio de Defensa, Madrid, 2000.

MARIANA, juan de: Narración de los sucesos principales de la Historia de España, desde el año 1600 hasta 1808, Hijos de Doña Catalina Piñuela, Madrid, 1828.

PERONA TOMÁS, Dionisio A.: Los orígenes del Ministerio de Marina. La Secretaría de Estado y del Despacho de Marina, 1714-1808. Ministerio de Defensa, Madrid, 1998.

GÓMEZ RUIZ, Manuel, y ALONSO JUANOLA, Vicente: El Ejército de los Borbones. Tomo I: 1700- 1746. Ministerio de Defensa, Madrid, 1989. GONZÁLEZ-ALLER, josé Ignacio: Catálogo-guía del Museo Naval de Madrid. Ministerio de Defensa, Madrid, 2006.

NAVARRETE, Adolfo: Historia marítima militar de España. Est. Tipográfico Sucesores de Rivadeneyra, Madrid, 1901.

 

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