LA LIBERTAD DE LA POESÍA

Cualquiera de nosotros puede ponerse los pantalones que le apetezca, pero conviene tener en cuenta algunos detalles: si los elige de una talla más estrecha que la suya, le molestarán o no podrá abrocharlos; si los prefiere más anchos y prescinde de correa o tirantes, terminará por ir enseñando el culo; si son de cintura elástica y están muy justos también le molestarán, mientras que si son ya antiguos es posible que la goma resbale por sus caderas y volverá a enseñar el culo.  

 

Pues la poesía tiene características parecidas a los pantalones. Podemos utilizar la que queramos y como nos venga en gana, pero si no cuidamos ciertos aspectos corremos el riesgo de que nos quede estrecha e incómoda o de que al final nos deje con las vergüenzas al descubierto.

 

La libertad a la hora de expresarnos poéticamente, de escribir lo que queramos y como nos apetezca está por encima de todo, pero conviene cuidar los detalles para evitar contratiempos. Y no estoy hablando de uniformar o constreñir, de seguir modas, colores obligatorios, aspectos prefijados o texturas canónicas;  me refiero a buscar el mejor criterio y el equilibrio, porque la libertad se lleva mal con la inconsciencia, la ignorancia, la superfluidad o el descuido.   

Cuando el sentimiento deja de lado a la razón, el poema puede terminar en una explosión de vulgaridades empalagosas y manidas; cuando es la razón la que se impone a las emociones puede dejarnos absolutamente fríos. Y tanto lo empalagoso como lo frío son malos compañeros de lo poético.

 

En los poetas hay mucho que reformar, y lo mejor fuera quitarlos del todo, mas porque no quede de quien hacer burla, se dispensa con ellos, de suerte que gastados los que hay, no haya más poetillas (Francisco de Quevedo)

No quiero enfrentar libertad y libertinaje, como hacían los viejos cánones manipuladores , porque a la poesía le viene bien cierto desenfreno, pero aviso del peligro de soltar las riendas cuando el poema está lanzado al galope. El control no tiene por qué ser freno sino sensatez y mesura, garantía de que la carrera se cumpla según lo deseable y no acaben el jinete por el suelo y el caballo pastando en cualquier seto del hipódromo.

Por si los pantalones o los caballos han despistado al lector, insistiré en que estamos hablando de poesía y libertad, y de que puede conjugarse esta con el sentido del ritmo, cualquiera que se elija; con la armonía; con la musicalidad; con la originalidad y con la proporción sean del estilo que sean los versos o los renglones.   

Lo decía con certera ironía cierto poeta nada sospechoso: “Protégeme del ansia de libertad para que pueda ser auténticamente libre.”

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