RUTA POR LOS CASTILLOS DE NOVELDA, MONOVAR, ELDA Y PETRER. (Alicante)

Una ruta creada entorno a unas fortalezas que durante el medioevo sirvieron como frontera entre los reinos de Aragón y Castilla. Se batieron en batallas con los almohades del rey Lobo de Murcia. El propio Rodrigo de Vivar, conocido como “El Cid Campeador” estuvo cabalgando a lomos de Babieca por estas tierras comidas por el sol y bañadas por las  aguas del río Vinalopó.

Novelda

Comenzamos esta ruta en el Castillo de la Mola está ubicado sobre un pequeño cerro a 360 m. de altitud con relación al mar. Dista 3 km. de la población de Novelda, en dirección noroeste. Fortaleza de origen islámico, fue construída a finales del siglo XII. Su planta es poligonal con ocho cubos cuadrangulares en saliente, de los que actualmente sólo quedan cuatro, dos de ellos enmascarados, con una torre cuadrada en su interior, en la actualidad desmochada, todo ello de fábrica de tapial, sobre base de mampostería. Esta torre exenta tiene 9 m. de lado por 11 de altura, aunque actualmente le falta un piso; cuenta con una sala inferior iluminada por una aspillera. Se entra en la torre por una puerta de medio punto y situada en altura. Dispone también de una torre triangular que es uno de los primeros ejemplos de un edificio cívico-militar de estilo valenciano en la Comunidad Valenciana. Se la conoce con el nombre de Torre de los Tres Picos, y es única en su clase en toda Europa. Su acceso es un arco de medio punto y tiene dos plantas con vueltas aristadas.

 Tras la conquista cristiana del Castillo por la huestes del Infante Don Alfonso de Castilla, tierras y fortaleza pasaron a la Corona Castellana. Con la firma del Pacto de Elche en 1305, el Castillo y sus dependencias pasan a la Corona Aragonesa, formando parte estas tierras del Reino de Valencia. Es entonces cuando la fortaleza es donada a Doña Blanca d’Anjou, esposa de Jaime II, quien ordena la reconstrucción de sus deteriorados muros, realizándose durante el siglo XIV, una serie de reformas en el recinto fortificado, y construyendo en su flanco noroeste una magnífica torre triangular. La torre de 15 m. de lado por 17 m. de altura no tiene paralelos conocidos hasta la actualidad; es de fábrica de mampostería, con refuerzo de sillería en las esquinas. Se accede a ella por una puerta de medio punto orientada al noroeste y situada en altura, de fábrica de sillería. Tiene dos plantas y su iluminación interior se realiza a través de varias aspilleras. A mediados del siglo XIV, el rey aragonés Pedro el Ceremonioso, da la tenencia del Castillo a Beltrán du Glesquin, noble bretón venido a la Península Ibérica con las Compañías Blancas, como pago de su ayuda en la Guerra de los Pedros, un año después. En 1367 es vendido a Hugo de Calviley, quien en 1371 lo vende a Mateo de Gornay, señor ya de Novelda. Años más tarde pasa nuevamente a la corona, siendo donado por Pedro IV a su esposa Doña Sibila de Forcia. En 1391, Don Pedro Maza de Lizana, señor de Mogente y Chinosa, compra la Mola a Doña Violante de Bar, constituyéndose en 1448 la Baronía de Novelda. Desde ese momento la Mola formó parte de esta importante casa señorial, hasta la abolición de los señoríos en las primeras décadas del siglo XIX. Desde 1931 está declarado Bien de Interés Cultural.

Monovar

A 435 metros de altitud, se alza el Castillo de Monóvar fue construido en época almohade, entre finales del siglo XII y principios del XIII, y fue utilizado hasta principios del siglo XVII. Disponía de una privilegiada situación, desde la cual dominaba la red de fortificaciones que jalonaba el río Vinalopó, (los castillos y la torreta de Elda, y el castillo de Petrel), así como la vía de comunicación del corredor Pinoso-Jumilla, salida natural hacia Murcia y Andalucía. Las primeras noticias documentales las encontramos en las fuentes cristianas de la post-reconquista hacia mediados del siglo XIII, ya que en 1.261 y ante la sublevación sarracena, Alfonso X solicitó a Jaime I que recuperara la plaza para la corona. Posteriormente quedó, junto al castillo de Chinorla, incluido en el señorío del Infante Don Juan Manuel y, tras una etapa bajo dominio castellano, a partir del Tratado de Torrellas (1.304) y posterior Pacto de Elche (1.305), pasaron a la corona aragonesa. En 1.328 Alfonso II de Valencia donó la villa al Señor Gonzalo García, por sus leales contribuciones a la corte. Éste, renunciando a los fueros de Aragón, puso su baronía bajo las disposiciones del Reino de Valencia y posteriormente, el señorío de Monóvar fue vendido a Pere Maça de Liana. El señorío de Monóvar pasará por distintos avatares a lo largo de su historia, destacando la etapa bajo el linaje de Pere Maça, importante familia nobiliaria que ostentaría el señorío, con sus tierras y castillo, hasta bien entrado el siglo XVI. Bajo la casa ducal de Pastrana, Ana de Portugal Borja, señora de la baronía de Monóvar y Chinorla, entrega la Carta de Población a los nuevos pobladores en 1.611,tras la expulsión de los moriscos en 1.609, y el señorío lo mantuvieron los duques de Híjar hasta la abolición del régimen señorial en el siglo XIX. Se trata de un recinto fortificado poligonal, de planta ligeramente triangular, con una superficie de unos 900 metros cuadrados, que responde a unas dimensiones de unos 40 x 30 m. El recinto presenta un cubo cuadrangular en saliente en la vertiente Este, y una torre cuadrangular de tapial al Noroeste, encontrándose la muralla muy arrasada, y tan sólo conservando alfunos pequeños lienzos de factura mixta: mampostería y tapial

Elda

El castillo de Elda es un un alcázar emplazado en un pequeño cerro junto al río, construido y mantenido por los almohades entre los años 1172 y 1243, y que protegía la comunidad que iría conformando la Elda islámica, como demuestran los restos arqueológicos hallados en el núcleo histórico de la ciudad. Después de la reconquista cristiana del lugar, entre mediados del siglo XIII e inicios del siglo XV, la fortaleza y la comunidad asentada en su entorno pasaron por un período turbulento, cambiando frecuentemente de propietarios, por cesiones y compraventas, que cambiaron su estructura y fisonomía de acuerdo con la época y los hechos que acontecían, dado el carácter eminentemente militar de esta fortificación, que participó activamente en los actos bélicos que se desarrollaron en la zona, al ser utilizado como base de operaciones. Durante este periodo, el castillo mantuvo, a grandes rasgos, la estructura defensiva heredada del período islámico

. No obstante, se pudieron producir obras o mejoras de carácter defensivo, como el refuerzo de murallas y torres. Las reformas y cambios fueron, asimismo, de carácter residencial, acondicionando la fortaleza como lugar adecuado para sus sucesivos señores. Datos arqueológicos recientes hacen pensar que entre la conquista cristiana y el año 1308 se pudo construir en el castillo el templo de Santa María, probablemente el primer edificio de culto cristiano de la Elda medieval. A finales del siglo XIII y hasta principios del siglo XVI la zona extramuros meridional y suroriental del castillo se utilizó como lugar de enterramiento. A finales del siglo XIV y principios del XV sufrió una importante modificación, acometiéndose obras de refuerzo y reformas en sus murallas, para incrementar su guarnición y defensa. Por este tiempo fue posesión de doña Violante y posteriormente de los condes de Cocentaina, los Corella. Por necesidades económicas, el 4 de septiembre de 1513 el conde vendió Elda, Petrel y Salinas a Juan de Coloma, de origen judío. La residencia de la familia Coloma en estas tierras durante todo el siglo XVI y parte del XVII, dio lugar a la transformación definitiva de la fortaleza militar medieval en Palacio Condal. Estos cambios fueron muy notables en su aspecto externo e interno, como parece quedar patente en la modificación de la puerta de acceso, la construcción de torres circulares y de una serie de habitaciones de carácter más o menos señorial, destacando una pequeña capilla religiosa, la construcción de una gran cisterna de agua, dependencias domésticas y para el servicio, que están enterradas y que hasta el momento no han sido excavadas. La decadencia y deterioro de esta fortaleza comenzó después de la bonanza económica del siglo XVI. La expulsión de la población morisca ocasionó perjuicios económicos muy graves a los condes de Coloma, por falta de recaudación de impuestos, que se vieron obligados a trasladarse a Valencia, fijando allí su residencia, y comenzando así el deterioro de la fortaleza. En el siglo XIX el proceso de deterioro se vio acelerado.

Debido a los cambios políticos que se sucedían en España, fue adquirido por el Estado español en el año 1841, y luego subastado por 121.000 reales en el año 1848. Después de algún intento de demolición, en el año 1842, con el fin de construir un puente sobre el río Vinalopó aprovechando su sillería, y del intento de transformación en cárcel, en el año 1844, para el Juzgado de 1ª Instancia, se llegó acondicionar en él un espacio para la realización de funciones teatrales, actuaciones de cómicos y suelta de novillos, en el año 1846. Su nuevo dueño, Pedro León Navarro y Vidal (1866-1886), maestro de obras, lo derribó, siendo entonces cuando se expoliaron sus mármoles, sillería, maderas, artesonados, muebles, metales etc. Finalmente, en el año 1879 fue construido el puente sobre el Vinalopó, cuyas columnas y arcadas fueron levantadas con la sillería de las torres circulares

Petrer

Castillo de Petrer Situado sobre el cerro del Testigo, el castillo de Petrer contempla su historia: Los musulmanes en el siglo XII serían lo que darían estructura urbana a la población, construirían un castillo y cercarían el núcleo poblacional con una muralla. Para entonces la población se llamaba Bitrir.

Por el tratado de Almizra (1244) en el cual se establecía la frontera entre los reinos de Castilla y Aragón, la población quedó bajo el área de influencia de Castilla.

A comienzos del siglo XV muere sin descendencia el último de los Loaysa, doña Leonor de Loaysa casada con Juan de Rocafull. La entonces baronía pasa a manos de la Corona en la persona de la reina Violante de Bar (esposa de Juan I de Aragón). Esta vende en 1431 la baronía a la familia de los Pérez de Corella en la persona de Ximén Pérez de Corella, conde de Cocentaina quienes dedicarían el castillo a un tipo de vida residencial, ya que las necesidades defensivas habían perdido parte de su razón de ser. El castillo fue reformado, de esta época es tal vez la elevación de la torre que en origen era de menor altura. Se construye una capilla que es puesta bajo la advocación de Santa Catalina y en la torre se habilita el piso bajo como mazmorra.

A finales del siglo XVI el castillo es nuevamente vendido a la familia de Juan de Coloma quien lo adscribe al condado de Elda del que era titular. Desde este momento hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX decretado por las Cortes de Cádiz, el castillo perteneció a esta familia y al conde de Cervellón heredero del condado de Elda. Con la desamortización de Mendizábal la fortificación quedaría en estado de abandono, sus piedras fueron usadas para la construcción de viviendas y el castillo entró en ruina. En 1968 el obispado de Orihuela propietario entonces del castillo cedió la propiedad al Ayuntamiento de Petrer. A finales del siglo XX y principios del XXI en castillo ha sido rehabilitado en su totalidad.

En 1609 con la expulsión de los moriscos, la zona quedó despoblada y hubo que repoblar la villa con familias procedentes de Castalla, Onil, Biar, Xixona y Mutxamel.

Durante la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1700-1714), la población permaneció fiel a la causa borbónica, por lo que terminada la guerra con la victoria del futuro rey Felipe V, obtuvo numerosos privilegios por su lealtad.

Durante la Guerra Civil Española (1936-1939), Petrer fue elegido como punto de reunión del Gobierno de la Segunda República antes de partir hacia el exilio en 1939. El gobierno de Juan Negrin se instaló en la conocida como finca de “El Poblet”.

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