LA LÍRICA GAUCHESCA EN EL RÍO DE LA PLATA, por Washington Daniel Gorosito

Música: Payador by Novaking

 

Cielito, cielo que sí.

Guárdense su chocolate.

Aquí somos puros indios.

Y sólo tomamos mate.

                                                                               Bartolomé Hidalgo

A Bartolomé Hidalgo se le considera en ambas márgenes del Plata, el padre de la poesía gauchesca. Sin duda, es un autor esencial para poder comprender las gestas patrias, en la República Oriental del Uruguay es considerado el primer poeta que canta a la Patria por medio de la denominada Marcha Nacional Oriental.

La misma se compuso con motivo de la conmemoración y festejo del Armisticio firmado entre Buenos Aires y el Virrey de Montevideo, Francisco Javier de Elio, el cual permite la retirada del ejército sitiador de la hoy capital uruguaya.

Pasan los años y viaja a Buenos Aires, tierra del origen de sus padres, allí Bartolomé pasará una vida marcada por las carencias, sobrevivirá vendiendo sus cuartetas y composiciones, en ese periodo generará sus obras más destacadas, los Cielitos y Diálogos Patrióticos.

Según el antropólogo uruguayo Daniel Vidart, el género gauchesco encontró continuadores, cuando el gaucho ya vivía su extinción. Lo considera el mensaje poético de hombres con formación y mentalidad urbanas que imitan la sintaxis, los tropos y el habla de los poetas rurales, analfabetos e indoctos.

Estos relatos tienen como paisaje central el campo y obvio es decir que sus personajes de los mismos son sus pobladores. En el caso de Bartolomé Hidalgo, éste no era gaucho, pero la precisión con que da a conocer el hombre de campo es extraordinaria, utiliza incluso sus canciones como elemento propagandístico en la guerra de Independencia y su obra contribuyó a elevar la reputación de ese habitante del campo rioplatense.

El primer retrato del gaucho, aparece en la obra de Hilario Ascasubí, titulada, Santos Vega:

“El gaucho es el habitante de los campos argentinos, es sumamente experto en el manejo del caballo y en todos los ejercicios del pastoreo. Por lo regular es pobre pero libre e independiente a causa de su misma pobreza y de sus pocas necesidades, es hospitalario en su rancho, lleno de inteligencia y de astucia, ágil de cuerpo, corto de palabras, enérgico y prudente en sus reacciones, muy cauto para comunicarse con los extraños, de un tinte poético y supersticioso en sus creencias y lenguaje, y extraordinariamente diestro para viajar solo por los inmensos desiertos del país, procurándose alimentos, caballos, y demás con sólo su lazo y las bolas”.

Según el investigador uruguayo Ángel Rama en su obra “Los gauchospolíticos rioplatenses”, es posible la distinción de tres fases en el desarrollo de la poesía gauchesca: Bartolomé Hidalgo (1788- 1822), la segunda etapa representada por Hilario Ascasubí (1807- 1875), la tercera fase denominada “de agotamiento”, está representada por el Fausto (1866) de Estanislao del Campo.

Aunque otros investigadores como Josefina Ludmer consideran que la última fase culmina con el Martín Fierro II (1879) de José Hernández. Es que literariamente y sociológicamente hablando, Hernández en el prólogo de 1872 testimonia la futura extinción del gaucho: “al paso que avanzan las conquistas de la civilización, (el gaucho) va perdiéndose casi por completo”.

De ahí que su obra cierra de forma definitiva el género de la lírica gauchesca. Las siguientes novelas que producirá el género representarán a un tipo idealizado que sólo vive en la imaginación y el pasado de los autores o un tipo degenerado, que no se adapta a los nuevos tiempos, a los nuevos modos de vida como lo muestra en su obra el escritor uruguayo Javier de Viana.

En la época contemporánea, en la década de los 70 del siglo pasado, Juan Filloy, autor argentino escribe en la saga de los Ochoa en el cuento final, un texto en el que maneja la dualidad civilización- barbarie, que en su momento manejara Domingo Faustino Sarmiento; y le da “el tiro de gracia” al gaucho protagonista de la literatura gauchesca y a ésta:

“En materia de doma de potros, los salvajes somos nosotros, no los mapuches chilenos que ocuparon hasta 1879 la mitad de la Argentina. Los indios (…) no domaban al bagual, lo amansaban, (…). Ya no hay indios en nuestra tierra ni gauchos errantes en ella.

Porque, ni bien el gaucho se apeó y se sentó ante una mesa y comió con cuchara y tenedor, se hizo peón. Es decir, obrero rural. Es decir, “ciudadano argentino”.  Y como estamos refiriéndonos a la lírica gauchesca el Río de la Plata, le agregamos “oriental” o “ciudadano uruguayo”.

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