DON QUIJOTE: ¿EL SECRETO JUDÍO DE CERVANTES? por José Luis Najenson

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Igual que Cristóbal Colón, Miguel de Cervantes (1547-¿49?- 1616) oculta sus orígenes de manera más o menos velada. Por otra parte, la Iglesia quizá cubra piadosamente lo poco que queda en forma manifiesta, y muchos críticos y expertos defienden la versión oficial a viento y marea. Es decir, la de un Cervantes que tiene título de “cristiano viejo” y que ha nacido en Alcalá de Henares. Pero, como en el caso  del Gran Almirante, quizá también en el del Príncipe de los Ingenios,  la misma ficha que aclara el panorama del rompecabezas colombino despeja la niebla, no sólo de la vida de Don Miguel, sino de la prosapia secreta de Don Quijote, lleva escrita la misma palabra: SEFARAD.

 

El primero que revolvió el avispero académico fue el Prof. Américo Castro, insigne historiador español del siglo pasado, célebre por la enjundia de su obra y por la polémica con su rival y compatriota, el Prof. Claudio Sánchez Albornoz, sobre el carácter de la hispanidad, y el papel de los judíos y moros antes y después de la Expulsión, en su surgimiento. Negando incluso una postura suya anterior de los años treinta, Don Américo lee el Quijote entre líneas, y de esta lectura surge un Cervantes converso o “cristiano nuevo”, con antepasados judíos, lo cual era un estigma vergonzoso en la época de Felipe II, y objeto de discriminación. Precisamente este Emperador, le negó a Cervantes el acceso al puesto de Gobernador en Potosí, (Alto Perú), sin que se supieran los verdaderos motivos. De modo que sus presuntos blasones de “cristiano viejo” parecen tan falsos como el documento alcalaíno.

La Prof. Ruth Fine, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, una de las pocas especialistas de dicha casa de estudios que se ha atrevido a sostener y aún fundamentar la tesis de Castro, afirma que los ascendientes de Cervantes, que provenían de Córdoba, fueron médicos y recaudadores de impuestos, profesiones propias de los judíos conversos. Dicha estirpe ha sido comprobada tanto en su esposa, Catalina de Salazar, como en su amante, Ana Franca de Rojas (Shajor).

A resultas de la novedosa concepción de Castro, planteada inicialmente en 1948 en su libro: España en su Historia el Quijote comenzó a entenderse como una obra crítica, en la que el Caballero Andante representa al cristiano nuevo, idealista, patriota, austero e ilustrado, en contraste con Sancho Panza, que encarna al cristiano viejo, tradicionalista y respetuoso de la Iglesia. Mientras que este último, en la novela inmortal, hace gala de su “limpieza de sangre, el “Caballero de la triste figura” calla significativamente en cuanto a sus orígenes. No obstante, es de reconocer que el escudero se transforma algunas veces influenciado por la fuerza espiritual de su amo. En la visión de Castro, la hispanidad resultaría de la conjunción de ambos protagonistas. La réplica de Sánchez Albornoz: España, un Enigma Histórico, publicada en 1956, plantea que lo español estaba ya latente en los pueblos prerromanos de la Península y que fueron los romanos y los visigodos quienes coadyuvaron a forjar su esencia al darle a Hispania una unidad política.

 

La lectura entre líneas de Américo Castro, valorando el aporte del judaísmo y el Islam también abrió las puertas a interpretaciones esotéricas del Quijote. Una de las más osadas, es la propuesta por el Prof. Leandro Rodríguez, estudioso español residente en Ginebra, quien afirma que Cervantes no nació en Alcalá de Henares, cuya partida de nacimiento en esta ciudad considera fraguada, sino en la localidad de Cervantes, en Sanabria (Zamora). En uno de sus  libros, “Don Miguel Judío de Cervantes” (Ed. Monte Casino, Zamora, 1992), muestra cómo los cristianos nuevos de aquel entonces “se expresaban de manera velada por miedo a la Inquisición”  (op. cit., p. 21) y que el Quijote no vagaba por las tierras de La Mancha sino por las de Sanabria, lugar de paso entre Portugal y España, por el que huyeron y regresaron muchos judíos sefardíes. Incluso reinterpreta el concepto de “la mancha”, en un sentido existencial y no geográfico, alegando que Don Quijote aludía, alegórica pero claramente, a su propia “mancha” o impureza de sangre: “manchado soy”. Un punto fuerte de la argumentación, reconocido también por otros autores, es el amplio conocimiento del Viejo Testamento mostrado por Cervantes, no sólo en el Quijote sino en otros libros de su autoría, cuando “la Biblia  apenas era conocida en sus textos originales por el pueblo cristiano de España”, y esa sapiencia era vista con extremada sospecha. (El gran poeta Fray Luis de León, admirado por Cervantes, había pagado con la prisión por el atrevimiento de traducir “El Cantar de los Cantares”, entre otras osadías). A pesar de ello, sostiene Rodríguez, “la libertad y corresponsabilidad del Quijote, o alma de Miguel, devienen de un espíritu educado en la ciencia bíblica”. Rodríguez afirma que en la villa de Cervantes, “en la casa familiar, apartada de miradas, con muros que sostienen el silencio y entre ecos de antiguas músicas de quienes cantaban los salmos, la madre y la abuela de Miguel enseñan los secretos de los libros sagrados. Cada hijo repite la enseñanza junto a la fuente, árboles y palomas que nunca traicionarían.” También asevera que “Cervantes no habla de la madre porque es un secreto con el que camina y le mueve”. Aunque Rodríguez no se atreve a asegurar en qué lengua se transmite esa enseñanza (pudo ser romance o hebreo), nos asegura que “la Biblia manifiestamente es conocida” por Cervantes y que “Don Quijote la tiene como guía”. Pero no sólo le atribuye este conocimiento, sino también el del Talmud y el Zohar (ibid p.22)

Explorando el más clásico de los libros de la lengua española, parece haber  indicios que permitirían sostener, al menos, que Cervantes conocía muy bien la Torá y otros libros del  Tanaj (Antiguo Testamento), por sus numerosas menciones a personajes y pasajes bíblicos; entre otros, alude a: Adán y Eva, Matusalén, las doce tribus de Israel, David y Goliat, Sara, Lot, Sansón, Salomón, así como se citan unos diez libros del Antiguo Testamento: Génesis, Levítico, Deuteronomio, Jueces, Reyes, Ezequiel, Jonás, Salmos, Eclesiastés, Proverbios y el Cantar de los Cantares. Las citas del Nuevo Testamento, en cambio, son virtualmente inexistentes. Otro ejemplo: en la novela sobre Camilo y Lotario, Anselmo clama: “Diré que me cupo en suerte la mujer fuerte  de quien el sabio dice: ¿Quién la hallará? Y en Proverbios 31-10 se expresa: “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Hay muchos otros pasajes que omito por razones de espacio.

 

Pero ya en la primera página del Quijote, pareciera que Cervantes trata de mostrar su prosapia: Aquél que se mantenía con “duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos”, guardaba el rito judío siete días de la semana; porque, en estos últimos, su dieta no incluía cerdo. En cambio, el sábado, comía “duelos y quebrantos”, que es una comida popular a base de huevos con tocino. ¿Por qué ese nombre tan curioso? Dicho plato sólo podía constituir “duelos y quebrantos” para los judíos, que ha menudo debieron mostrar, precisamente los sábados, que eran buenos cristianos; aunque ello les destrozara el alma.

 

La quema de la biblioteca de Don Alonso Quijano por el cura y el barbero, ¿no esconde quizá una alusión a la quema del Talmud y otros libros sagrados hebreos por la Inquisición?

 

Bernardo Baruch , en 1988, trató de demostrar un nexo con el Talmud, en el Capítulo 45 del Quijote, que supuestamente aparece en el Tercer Capítulo del Tratado Nedarim (Votos), conocido como “La caña de Rabá”. Si bien el parecido de la trama resulta asombroso, un solo ejemplo no prueba un conocimiento tan claro y profundo como el que Don Miguel tenía, sin duda, del Viejo Testamento.

 

Asimismo, por más que podríamos simpatizar con el mencionado aserto de Leandro Rodríguez, de que Cervantes conocía e utilizó el Zohar, pensar que Dulcinea del Toboso es una metáfora de la Shejiná (alegoría fenenina de la Presencia de Dios poetizada por los cabalistas), nos parece demasiado. Ello nos llevaría a suponer que todo el Quijote está preñado de Cábala ente líneas, lo cual es difícil de probar. Más aún si aceptamos la tesis de Leandro Rodríguez de que la enseñanza hebraica proviene de la rama femenina de la familia Cervantes; porque el acceso a la Cábala, y aún al Talmud, era muy problemático para las mujeres judías de esa época, y ya resulta excepcional su conocimiento bíblico además de la Torá. Está por ver si Cervantes tuvo otros mentores desconocidos hasta ahora.

 

En suma, creo que el Gran Manco deja, como Colón, disimuladas pistas para revelar su origen de judío converso (cristiano nuevo), o incluso tal vez “marrano”; pero que, hasta “aquí y ahora” -como nos obliga a confesar el rigor científico- eso es lo único que puede afirmarse con relativa certeza.

No obstante, esto no quita que podamos leer el Quijote, si no como un libro esotérico, al menos como uno que guarda secretos.

 

Una última reflexión se refiere al Quijote como personaje digno, que no tolera la injusticia; altamente espiritual pero, a la vez, capaz de cruzar lanzas por una causa noble. Detrás de la máscara del humor y del ridículo, no sólo se descubre al  judío converso, sino a un paladín de la palabra, que critica, mediante la argucia de la farsa, a la sociedad de su tiempo, autoritaria, dogmática y llena de prejuicios religiosos, raciales y de casta. El Quijote es el símbolo de la libertad, de la justicia y, secretamente, de la búsqueda de la verdad. Ha sido y siempre será una fuente de inspiración para los hombres libres de todo lugar y tiempo.

 

One Reply to “DON QUIJOTE: ¿EL SECRETO JUDÍO DE CERVANTES? por José Luis Najenson”

  1. No estoy de acuerdo con este artículo. Porque fue la escritora Dominique Aubier quien descubrió la codificación hebrea y aramea de Don Quijote. A. Castro acaba de asumir un posible vínculo de pertenencia al judaísmo, pero no abrió el secreto del texto de Cervantes. Es muy injusto no citar las obras notables de D. Aubier porque fue ella quien descubrió el depósito del Zohar que circula en la novela de Cervantes, es ella quien explica (la primera) la cuestión de los huevos y quabrantos , y que señaló el tema de Ezequiel en el Quijote. Su libro ha sido republicado varias veces en Francia, incluso en España. Bajo el título muy valiente “Don Quijote profeta y cabalista”. Es inadmisible ignorarlo, e incluso, como lo hace, ocultarlo, porque todos los buenos lectores de Don Quijote conocen los libros de este autor excepcional. ¡Incluso este libro es el origen de la derogación del decreto de Alhambra! RTVE TV realizó una película completa sobre el tema dedicado a este trabajo, con este gran autor que honra la cultura española al más alto nivel. Su libro “Don Quijote profeta de Israel” fue nuevamente publicado (edicionesivréa / Gallimard).

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