ERCÁVICA, ROMANOS Y MÁS, por Dionisio Urbina. Arqueólogo

La ciudad romana de Ercávica se levanta sobre un espolón del río Guadiela, que va a desembocar poco más allá sobre el Tajo, por entre las sierras de Enmedio y de Santa Cruz, que separan Cuenca de Guadalajara. Pero todo este paisaje se encuentra muy cambiado de cómo lo debieron contemplar los ojos de nuestros antepasados, pues los hondos valles de los ríos han dado paso a las grandes superficies azuladas del embalses de Buendía, no exentas de belleza, ahora refugio de veraneantes de interior para los que la mar está muy lejos.

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Los cronistas romanos de la conquista de Hispania llamaron a estas tierras la Celtiberia más recóndita. No podían imaginar los latinos territorios más al interior que los de estas escabrosas soledades. En el año 179 a.C. se desató una gran guerra de los romanos contra los celtíberos. Ya venía de años anteriores así que, nos cuenta Tito Livio que los pretrores: Lucio Postumio y Tiberio Sempronio arreglaron entre ellos que Albino iría por Lusitania hasta las tierras de los vacceos y después se volvería hacia Celtiberia, y que Graco penetraría en la Celtiberia más recóndita si allí se desatase una gran guerra. Tras conquistar varias ciudades como Munda, Certima y Alce (que los investigadores llevan varios siglos buscando), Tiberio Graco devastó la Celtibería, y dice que conquistó más de 100 oppida (ciudades), aunque el historiador Polibio puntualizará que eso es exagerar y que la mayoría de esas “ciudades” no eran sino aldeas y torres de vigilancia. Entonces, Erkavica: una ciudad potente y renombrada, temerosa por la caída de las gentes de los alrededores, abrió sus puertas a los romanos (Tito Livio); y es que cuando las barbas del vecino veas afeitar…

Así se salvó la ciudad. Emitió moneda en época republicana (mediados del s. II a.C.), como muchas otras ciudades hispanas, con le leyenda de Erkauika, y desde el siglo I a.C. se fue romanizando hasta completar un trazado urbano típicamente romano en época de Augusto. Algún investigador ha querido situar la Erkavica indígena en un yacimiento arqueológico de los alrededores, pero se confunde con el lugar en el que los romanos instalaron uno de esos campamentos militares que disuadieron a los habitantes de la ciudad de enfrentarse a las legiones.

El topónimo del lugar que ha pervivido a lo largo de los siglos es de Castro de Santaver, y ello no deja lugar a dudas. Nuestra experiencia nos dice que donde hay un topónimo de “castro” hubo un asentamiento anterior a los romanos, indefectiblemente. Lo de Santaver tiene que ver con el mal oído de los humanos para los nombres extranjeros. Las grandes ciudades romanas se convirtieron en sedes de obispados en tiempos de los visigodos, Ercávica fue una de ellas, y al igual que Toledo se asimiló a los carpetanos, Ercávica lo hizo con los celtíberos. Cuando los musulmanes conquistaron España respetaron estas demarcaciones ahora llamadas koras o provincias, de modo que el antiguo territorio del obispado de Ercávica (mutatis mutandi) se ldenominó santabariyya que era la forma en que los árabes pronunciaban “celtiberia”. Más tarde los cristianos tradujeron Santabariyya por Santaver y de ahí el nombre del topónimo.

En tiempos de augusto alcanzó el grado de municipio. Las colonias y municipios eran como pequeñas islas dentro de Hispania donde sus habitantes: colonos y munícipes, gozaban del derecho romano, mientras que la inmensa mayoría eran peregrinos (extranjeros en su tierra, pues ésta había pasado al estado romano por derecho de conquista) y no gozaban de otros derechos que los de pagar impuestos, de ahí que también se les llamase stipendiarii (los que pagan estipendio). Las emisiones de monedas ercavicenses de los emperadores Augusto Tiberio y Calígula, dan fe de la prosperidad de la urbe en aquellos tiempos.

Toda la ciudad estuvo amurallada. Las excavaciones arqueológicas han descubierto pequeños tramos de esa muralla aquí y allá. Este conjunto constituye uno de los pocos ejemplos de arquitectura defensiva tardorrepublicana en Hispania.

Gracias a estas excavaciones conocemos también algunos tramos de calles empedradas y porticadas. La principal es el camino por el que el visitante accede a las ruinas (Puerta Sur) y le lleva directamente al foro. Se trata del Cardo Maximo. Siempre que el terreno lo permitía, los romanos trazaban sus ciudades sobre una planta cuadrada o rectangular dividida en cuatro por dos ejes perpendiculares que se cruzaban en el centro, donde se situaba el foro. El eje Este-Oeste servía para el trazado de la calle denominada Decumano Máximo y el Norte-Sur del Cardo. Dada la orografía del terreno, es este último el que su puede distinguir con claridad en Ercávica.

Atravesando toda la ciudad desde la Puerta Sur sin dejar el Cardo Máximo, llegaremos al foro, centro neurálgico de las ciudades romanas cuyo concepto fue copiado del ágora en las ciudades griegas y ha llegado a nosotros como plaza mayor a plaza pública, o sencillamente “la plaza”. Mercado, lugar de reunión, en el foro era donde se levantaban las estatuas e inscripciones conmemorativas de los emperadores y benefactores de la ciudad. A su alrededor se erigían los edificios más importantes, como la Basílica en donde se realizaban transacciones comerciales o la Curia, sede de reuniones del gobierno local. En Ercávica estos edificios se encuentran al Sur del foro, mientras que al Norte lo hacen unas termas o baños públicos. Y el relieve no deja espacio para más que un criptopórtico al Este, del que quedan los restos mejor conservados. Se agradece la idea de aquellos que hace unas décadas plantaron cipreses y algunos frutales en este espacio. Ahora que está tan en boga reconstruir parte de los edificios para facilitar su comprensión al visitante ¡cuánto echamos de menos la reconstrucción paisajística, el ajardinamiento en torno a las ruinas! Esos pocos cipreses y frutales son capaces de transportarnos a la antigüedad tanto como las piedras.

La trama urbana de Ercávica es ortogonal, como mandan los cánones romanos. Las excavaciones han sacado a la luz tres manzanas en lugares distintos. Una de ellas se sitúa junto al Cardo Máximo, y entre sus viviendas se halla la llamada Casa del Médico que, como muchas otras es una domus con peristilo, o patio porticado. Otra manzana o ínsula, es la denominada de las termas, donde destaca una gran sauna subterránea. Descubriremos en muchos lugares pozos y aljibes de hormigón para captar agua, preocupación constante de los habitantes de la ciudad. Cerca de este barrio se ha excavado recientemente otro más tardío en donde son bien visibles las basas, fustes estriados y capiteles de columnas utilizados como material de construcción en las viviendas. Este barrio, junto con la inscripción dedicada al hijo del emperador Galieno que fue hallada en uno de los edificios del foro, nos indica que aún en el siglo III d.C. la ciudad gozaba todavía de cierta pujanza económica. Sin embargo, poco después, se debió iniciar el declive, ya más que patente en el siglo V d.C., como indican algunos enterramientos ubicados en el foro.

A la entrada de la ciudad se pueden ver unas tumbas rupestres y entre ellas la oquedad en donde  se supone que estuvo la tumba del abad Donato, que lo fue del monasterio servitano, situado en los alrededores, junto a una aldea que allí creció una vez abandonada la ciudad romana. Este Donato vino del Norte de África junto con algunos monjes y trajo consigo numerosos libros. La tradición dice que seguía la regla de San Agustín y que fue él precisamente quien la introdujo en España.

No nos queda ya sino volver a Cañaveruelas, municipio que tiene la suerte de contar con estas ruinas en su término. Lo haremos por un camino salpicado de almendros, y según la época del año gozaremos del aroma del espliego que se vuelve a sembrar por esta zona. Al llegar al pueblo, un amohecido alambique para cocer lavanda, nos sugiere que todo pasa, pero todo vuelve. Hay otras sorpresas por los alrededores, pero esas ya las dejamos al albur del visitante, baste con decir que un colofón majestuoso para nuestra visita podría ser la comida o cena en cierto restaurante de un pueblo cercano cuyo nombre comienza por Al-cocer.

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