CERVANTES Y EL TOBOSO, por Ricardo López Seseña

Cervantes. Dibujo de Fidel María de la Puebla

Decía Cervantes:

La historia es cosa sagrada porque ha de ser verdadera y donde está la verdad está Dios, en cuanto verdad.”.

Difícil empeño, el nuestro para tratar de dilucidar la verdad acaecida hace 500 años, sobre todo cuándo los protagonistas no han escatimado esfuerzos para ocultarla.

Al tratar este tema tratamos de deducir en lo posible las relaciones que con este pueblo, tuvo o pudo tener el genial autor de la más grande obra literaria de todos los tiempos.

Sería de necios negar que tuvo un profundo conocimiento de La Mancha, de los pueblos manchegos y de la idiosincrasia de sus habitantes, nosotros queremos sintetizar más y en exclusiva hablar de su conocimiento de El Toboso.

Aunque no especifica el lugar, hemos encontrado las fechas en que, después de vivir diez años en Sevilla con su familia, y haber pasado una temporada en la cárcel por causa de los dineros que recaudaba, se vino a vivir a un lugar indeterminado de La Mancha, lo que sin duda fue causa del conocimiento que tuvo del territorio ya que, según todo lo visto, siguió ejerciendo el oficio de recaudador.

En cuánto al Toboso, en la noche que Don Quijote y Sancho llegan en busca del palacio de su amada, habla con cariño del pueblo, y aunque casi siempre habla con ironía, le favorece bastante en su descripción, lo que nos lleva a pensar que tenía buenos recuerdos de él, lo que implica, necesariamente, alguna estancia entre nosotros.

Sus calles entrecruzadas, dice, llenas de recogimiento, gentes sencillas y acogedoras, llenas de hidalguía y generosidad.”

Leyendo su biografía y advirtiendo que partió muy joven hacia Italia, si vivía en Alcalá, y hubo de realizar en Salamanca los estudios que se le suponen, si no vivía en La Mancha, difícilmente podía conocerla con ese conocimiento exhaustivo con que la describe en su obra.

Nos puede sorprender Azorín, que a principios del pasado siglo oye de los labios de los miguelistas toboseños, la afirmación rotunda de que un abuelo suyo fue médico y él venia a pasar aquí los veranos…

Encontrados los documentos de los Cervantes de El Toboso no hemmos hallado ningún nexo que pudiera unir a estos con aquellos de los que se supone descendía Cervantes.

No hubo abuelo toboseño, y mucho menos médico. Estos Cervantes eran gente noble que no perdía el tiempo, ni la nobleza, en el ejercicio de profesiones que les mermaran categoría a su estatus social.

Cervantes procedía de familia humilde, su padre cirujano barbero, lo que implica la dificultad que suponía en aquella época acceder a estudios superiores.

Pero, me ha sorprendido mucho más la citada afirmación de los miguelistas porque me ha llevado a intuir que en la fechas de la citada visita de Azorín, El Toboso había olvidado tanto la memoria histórica como la tradición oral.

La suerte me ha sonreído y de pura casualidad me han enviado copia de un libro antiguo, del siglo XIX, año 1852, titulado Recuerdos de un Viaje, del que es autor Francisco de Paula Mellado, que entre otras cosas dice:

No se sabe con fijeza de donde procede el apellido Saavedra. Era costumbre tomar segundo apellido de parientes notables y eso pudo hacer este, tomando el de un tío llamado Juan Bernabé de Saavedra, vecino de Alcázar de San Juan.

¿Puede ser la pista perdida de su relación con La Mancha, ya que después se le atribuye que posiblemente acudió a vivir a Alcazar a la sombra de su pariente?

Cervantes después de sufrir prisión en Sevilla por orden del Juez Gaspar Vallejo, por un descubierto en su recaudación de dos mil seiscientos cuarenta y seis reales, se vino a vivir a un lugar indeterminado de La Mancha.

Pero otra pista nos lleva a Argamasilla de Alba, en donde se asegura que estuvo preso en la casa de Medrano, según unos por tener líos con la recaudación de diezmos para el Priorato de San Juan, y según otros porque les defraudaba del riego distribuyendo las aguas para la fábrica de salitre.

Ateniéndonos a las fuentes citadas, en Argamasilla vivía un primo de Catalina Palacios, su mujer, que se opuso con fuerza al matrimonio de Cervantes, al extremo que rompió con ellos.

El tal hidalgo era extremadamente flaco, y tan consumido que solo sobresalían en su rostro los juanetes y las quijadas, y los vecinos le pusieron por sobrenombre Quijada, y su familia y descendencia se conservó hasta hace pocos años.

El pariente, influyente, logró que el Alcalde, un tal Medrano, le encerrara en una bodega, por no haber cárcel en el pueblo, y allí comenzó a escribir su obra en la que se vengaba del pariente extravagante tomándole por blanco de sus burlas.

Pero siguiendo con el citado libro, en El Toboso, el autor viajero recoge lo que oye, y hace la siguiente referencia:

Otra tradición existe en el Toboso que puede enlazarse con lo que acabamos de referir, y que dio sin duda origen al personaje de Dulcinea:

Había en aquel lugar un labrador rico llamado Lorenzo que tenía una hija muy coqueta a la que galanteaban varios mozos. Una tarde al ponerse el sol, llegó a su casa un viejo soldado, que pidió alojamiento por caridad, y Lorenzo no solo le franqueó la entrada, sino que le convidó a cenar. Sentáronse en derredor del hogar, y el recién venido entretuvo a su huésped hasta la hora de recogerse, refiriéndole sus viajes, batallas y aventuras.

Poco tiempo había pasado, cuándo llamaron con fuertes golpes a la puerta unos cuántos borrachos, que venían en busca del viejo Sacamantecas o Vejiguero, nombre que daban en La Mancha a los recaudadores, para darle un baño en los charcos que hay en las Tenajerías, añadiendo que venía huyendo de Argamasilla donde había trabajado y donde había tramado camorra con los vecinos.

Lorenzo les dijo que su alojado se había marchado ya, y cerró prudentemente la puerta; pero su hija, llamando a los mozos, les mostró una ventana por donde podían entrar hasta el pajar en donde Cervantes reposaba tranquilo. Asiéronse de él aquellos beodos, y sin respeto a sus canas, le ciñeron con una soga a la cintura y sacaron arrastrando en dirección a las Tenajerías, con grandes carcajadas de la liviana moza. Finalmente, a las voces de Lorenzo y Cervantes, acudieron unos cuadrilleros de la santa Hermandad y le quitaron de manos de aquellos furiosos, pero le llevaron preso y maniatado a Argamasilla de Alba.

Siguiendo con dicha memoria, leemos:

La casa de Lorenzo y Dulcinea se arruinó hace pocos años.

Otros dicen que Cervantes dirigió cierta puyas a una aldeana del Toboso y que los padres de esta le encarcelaron.

El autor del libroen declaración aparte, dice:

Desde muy antiguo tuvieron los tobosinos mucha oposición a los ejecutores de impuestos, haciéndoles burlas muy pesadas como encerrarles desnudos en las grandes tinajas que allí se fabricaban, emborracharlos y ponerles en un ataúd entre cuatro cirios durante la embriaguez, etc.…pero la más usada era revolcarlos en el cieno de los pantanos atándoles con una larga soga, de cuyos extremos tiraban y aflojaban.

¿De donde saca un autor viajero, allá por 1850 estas leyendas sino de la historia del pueblo y de la tradición oral a la que antes me he referido?

¿De donde ha salido la leyenda de el enfrentamiento que tuvo Cervantes con el supuesto novio de Ana Zarco en el Callejón de Mejía?

Como sostiene Astrana Marín ¿De donde acá puede hacer la descripción casi exacta del pueblo la noche que D. Quijote y Sancho entraron en El Toboso?

Podemos y debemos deducir rotundamente que Cervantes estuvo en El Toboso, que le conocía perfectamente, y que la supuesta Dulcinea, como ya han intuido muchos, pudo ser un amor frustrado del genial autor, que vengó su fracaso con la fina ironía que le caracterizaba ridiculizando a la protagonista y al pueblo en el que habitó.

Si bien en ese empeño, como en casi todas las empresas de su vida, fracasa porque elevó a la amada y a su pueblo a lo más alto de la gloria, haciendo con su pluma que su conocimiento llegue a los más inaccesible rincones del mundo.

Podemos discrepar cuando afirma “dar con la Iglesia y el cementerio” ya que está documentalmente probado en los archivos parroquiales que en aquella época nuca se enterró a nadie fuera de sus muros, pero al ser construida la actual iglesia sobre los restos de una anterior, más pequeña, pudo ser natural que los restos del antiguo cementerio fueran respetados y conservados largo tiempo.

La verdad es que a casi todo viajero la llegada al Toboso le produce regocijo, y como muestra he tomado nota de lo que dice D. José López Martínez: El viajero que llega al Toboso experimenta un hecho mágico, un ensanchamiento refulgente de la sensibilidad, que le hace vivir la ensoñación de la más bella e imposible historia de amor.

Siguiendo con Cervantes sería baladí afirmar por qué vino a llamar a Dulcinea, de El Toboso: la respuesta es sencilla: porque era natural de allí.

El posible lugar de cuyo nombre no quiero acordarme.

En esta disquisición entre Cervantes y El Toboso llegamos a una lógica conclusión: El Toboso no alcanzó las metas de la fama, ni por si mismo, ni por causa de Cervantes, hemos de poner las manos sobre el corazón y reconocer que la fama le vino, como consecuencia lógica, de la sin par Dulcinea.

Venir a El Toboso es venir a soñar. Es venir a reavivar ilusiones agonizantes. Es venir a encender bien encendidas, las lámparas de la fe en un ideal. Porque El Toboso es ensueño para el que sufre hartazgo de realidades; esperanza para el desiluso, poesía para el doliente pesimista, sedante para el que pena de locura de amor.

Los logros conseguidos por Cervantes para El Toboso, se pueden resumir: El Toboso es una meta espiritual de turismo. Lo acreditan los varios miles de visitantes que a él llegan cada año. El Museo Cervantes, que acoge la biblioteca, en donde se conservan y exponen más de 600 ediciones del Quijote en 63 idiomas, siendo un detalle singular que casi todos los ejemplares están dedicados y firmados por sus donantes, todos ellos personajes de la vida cultural, literaria, política y social de España y del extranjero. Con todo tipo de encuadernaciones y muy importantes ilustraciones, desde las de Doré, hasta Dalí, pasando por Mingote, Herreros, Segrelles, Urrabieta, Vierge y otros. Algunos manuscritos, de los que únicamente vamos a citar el ejemplar confeccionado por los presos de Ocaña en el año 1926. Y llegados a este punto, mencionando que, Cervantes emplea el patronímico TOBOSO en su obra nada menos que189 veces. Nos preguntamos ¿Y como le ha correspondido El Toboso a Cervantes por este inmenso y exquisito regalo? Pues, además del Museo y de recrear la casa de Dulcinea, allá por los años 20 del pasado siglo lo intentó proyectando el monumento jamás soñado, por sus ciclópeas dimensiones, a Don Quijote, su altura 92 metros. Ha extendido por todo el mundo la devoción al genial escritor, moviendo las conciencias de todos los que en un momento se interesaron por la mas grande obra de nuestro idioma, de la que se ha dicho que fue la que conexionó los elementos emergentes en los comienzos de nuestra lengua, dándola firmeza y solidez. El monumento al Quijote no fue posible. Las circunstancias lo impidieron, pero del Toboso salió la idea de las jornadas cervantinas que llegaron a celebrase, y aún se celebran, en muchas ciudades y naciones. De El Toboso partió la idea de unirnos con las naciones de habla hispana en la empresa común de venerar a Cervantes.

El alcalde de la época escribió a todas las naciones del mundo pidiendo libros referentes al Quijote o a Cervantes, publicados en los correspondientes idiomas y al Toboso llegaron más de cuatro mil ejemplares de todas las materias. De ahí nació la Biblioteca Cervantes.

El día 18 de mayo de 1928 se realizó el vuelo inaugural de la ruta Cervantina con la llegada al Toboso de un trimotor Junkers, con el que se pretendía acortar distancias con Madrid, y desde aquí hacer el recorrido de D. Quijote con medios más modestos. Nos sentimos orgullosos de Cervantes y desde aquí celebramos el honor que hizo a este pueblo, cuna de sus amores en la persona de nuestra sin par paisana: Dulcinea de El Toboso.

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