LA GIOCONDA ESPAÑOLA Y LA “OTRA” GIOCONDA

¡Que los franceses se queden con su Joconde, que nosotros nos quedamos con nuestra Gioconda!.

Semblanza de la modelo:  Florentina ella, llamada Lisa Gherardini también conocida como Lisa del Giocondo, Lisa di Antonio María (Antonmaria) Gherardini, Lisa, y Mona Lisa. Nació bajo el signo de Géminis un 15 de junio de 1479.  Se bautizó con el nombre de Lisa y Carmilla. A los quince años se casó con el mercader  Francesco di Bartolomeo del Giocondo Madre de cinco hijos,  Piero, Camilla, Andrea, Giocondo y Marietta. Lisa también crio a Bartolomeo, hijo de Francesco y su primera esposa, Camilla di Mariotto Rucellai, la cual falleció cuando su hijo tenía apenas un año de edad. La madrastra de Lisa, Caterina di Mariotto Rucellai, y la primera esposa de Francesco eran hermanas y ambas pertenecían a la destacada familia Rucellai.

Francesco, marido de Lisa, la dejó viuda debido a la peste en 1539. En su testamento escribió  esta frase: «Dado el afecto y amor del testador hacia Mona Lisa, su querida esposa; en consideración del hecho que Lisa siempre ha actuado como una esposa fiel y con espíritu noble (mujer ingenua); deseando que ella posea todo lo que necesite…»

Según la agencia EFE, Lisa nos dejó  un 15 de julio de 1542 a los 63 años en el convento de Santa Úrsula de Florencia.   

Por el planeta hay numeras copias de la Giconda de Leonardo, pero la que está en el museo del Prado de Madrid, es la más antigua y probablemente la única que salió directamente de su estudio pintada por algún alumno suyo  que nunca sabrá el éxito obtenido. Aunque el autor de la obras es mucho más simple. Empleo material de gran calidad siendo su pincelada más compacta, más lineal y sin la presencia del efecto vaporoso que Leonardo aplicaba a alguna de sus obras a través de la superposición de sucesivas capas de pintura extremadamente delicada que proporcionaba  unos contornos imprecisos, así como determinada lejanía. Leonardo a este truco, inventado por é,  le denominó sfumato,  Este lo describía como sin líneas, en forma de humo y más allá del plano de enfoque. Se utilizó prácticamente en la pintura del Renacimiento para dar profundidad a las obras.

Hace ya algún tiempo las bodegas del Museo del Prado fueron escenario de un “milagro”, uno de los más importantes descubrimientos de la Historia del Arte: los conservadores de la pinacoteca han hallado en sus fondos una réplica de la Gioconda de Leonardo da Vinci, pintada por uno de sus pupilos favoritos, probablemente Andrea Salai (que a la postre se convertiría en uno de los amantes del maestro) o Francesco Melzi. Los expertos del Prado han empleado varios meses en estudiar, limpiar y quitar el oscuro barniz que cubría la tabla. Lo que durante muchos años fue considerado en el seno del Prado como una copia más –y bastante banal- del retrato más célebre del arte mundial ha acabado siendo catalogado como una verdadera bomba. Tanto los máximos expertos del Prado como los del Museo del Louvre han aceptado ya el carácter oficial del hallazgo (según informaciones a las que ha tenido acceso este periódico y que también está recogiendo el periódico online Art Newspaper), y han subrayado la importancia del mismo. Con toda probabilidad, la obra será cedida temporalmente a sus colegas del museo parisiense por por  los responsables del Prado, que confirmaron el descubrimiento a EL PAÍS. Allí será exhibida en la misma galería donde se encuentra la Gioconda, la obra más visitada del Louvre.

No estamos ante una mera copia del retrato de las muchas que pululan por el mundo: se trata de un verdadero work in progress, un retrato paralelo, una especie de fotocopia ejecutada de forma simultánea por el alumno mientras el profesor pintaba su obra maestra. Hay que subrayar, además, que el tamaño de original y réplica es prácticamente el mismo: 77 X 53 centímetros para el primero, y 76 X 57 para la segunda. El discípulo de Leonardo habría ejecutado la réplica a medida que el maestro toscano iba pintando el original en su estudio de Florencia, lo que además arrojará nuevas informaciones sobre la forma en que se trabajaba en los gabinetes de los grandes maestros. Diversos estudios fotográficos y radiológicos efectuados sobre el cuadro arrojan resultados que, muy probablemente, van a cambiar el rumbo de las teorías e interpretaciones en torno al inmortal retrato de la que, según la tesis más respetada, pudo ser la joven Lisa Gherardini, esposa de un rico comerciante florentino llamado Francesco del Giocondo.

Esta es más guapa“. El público ha dictado sentencia. En el Museo del Prado de Madrid, miles de personas se arremolinan cada día en torno a esta “Mona-Lisa” pintada en el taller de Leonardo, cuya restauración ha revolucionado el mundo del arte.

Diez días después de su presentación oficial, la tabla de nogal sobre la que un discípulo de Da Vinci pintó esta bellísima copia luce como una estrella en medio de tantas obras maestras.

Un simple cordel aleja al bullicioso público de esta otra Gioconda. Apenas un metro separa al impaciente turista de la enigmática sonrisa, frente a la urna de cristal que protege a la original en el Louvre. Sin llegar a las aglomeraciones de la parisina, la madrileña tiene siempre varias decenas de personas alrededor.

Flanqueada por una Pietà de Sebastiano del Piombo y la Última Cena de Agostino Carracci, la Mona Lisa es hoy el centro de atención de un museo que recibe cada año a casi tres millones de personas.

El repinte que ocultó el paisaje es posterior a 1750, es decir, se hizo ya en España. Su periplo no es tan accidentado como la del Louvre, de ahí su buen estado de conservación, al que se suma la excelente restauración a la que acaba de ser sometida.

Está documentada su presencia en la Corte española al menos desde 1666. Habitó en el Alcázar de Madrid, se salvó de su incendio en 1734 y no entró a formar parte del Prado hasta 1819.

El catálogo de 1821 la califica como “Retrato desconocido de señora” y lo atribuye a Leonardo. Cinco años después, ya se le identifica como “Retrato de Mona Lisa”.

En 1845, el catálogo de Madrazo la enumera con el 666 y describe así a la Gioconda: “Célebre por su hermosura, mujer de Francisco Giocondo, caballero florentino“.

Pero en el inventario de 1873 se desvela que es una copia del “precioso original” y se le despoja “de los usurpados honores que se la venían tributando“. Así, “deshonrada“, permaneció en un segundo plano hasta la semana pasada.

A espaldas de la Gioconda, otra sala alberga la “Anunciación” de Fra Angélico, las tablas de Botticelli, el Cardenal y una Sagrada Familia, de Rafael, ajenos al murmullo de la Mona Lisa. Paradójicamente, uno de los espacios terrenales con mayor densidad de belleza por metro cuadrado está por la tarde casi vacío, aunque la algarabía de la galería vecina no permita recogimiento alguno ante tanta perfección.

Qué sonrisa más simpática“, exclama una mujer. “Es más joven esta“, le contesta su acompañante. Entre los curiosos llama la atención ese 666, de evocaciones satánicas, dibujado en el margen inferior izquierdo.

Durante las dos horas vespertinas en las que la entrada al Prado es gratuita la avalancha es mayor. Un grupo de mujeres mayores abre el debate. “¿Te gusta más esta o la del Louvre?“. “Esta, esta es más bonita“, le responde su amiga. “No son iguales para nada…“, apunta otro turista.

Los paneles situados junto a la Mona Lisa, con detalles sobre la restauración y la historia del cuadro, no satisfacen del todo, y la gente pregunta a viva voz. “¿Pero la del Louvre seguro que es la auténtica?“, se atreve a insinuar alguien del público.

Las discusiones son respetuosas pero sale ganando la Gioconda española por abrumadora mayoría. Es más guapa, sus colores son más vivos y no está deteriorada como la parisina. “Si Napoleón la tenía en un cuarto de baño, cómo no va a estar así“, le explica un hombre de mediana edad a su grupo.

Yo creo que esta tiene la sonrisa más marcada“, dice un turista. “Se le ven mejor las trenzas, pero la expresión de la cara no es igual”, advierte otra.

En el museo están sorprendidos por la expectación. En la tienda oficial, la Gioconda compite ya con Majas y Meninas. Se venden láminas a 5 euros, postales a 1 euro, imanes a 3 euros y espejos de mano también a 3 euros.

Y si el visitante desea que le impriman una copia, los videoterminales le permiten elegir material y tamaño de la reproducción. Para colgarla en el salón… o el cuarto de baño. 

La copia de la Gioconda se ha convertido en una de las obras más contempladas y que mayor interés ha despertado entre los visitantes y en los medios de comunicación de todo el mundo.

Esta expectación ha sorprendido incluso a los responsables del Prado, que no pensaban que iban a tener tanta repercusión los trabajos realizados en la pintura, de la que se eliminó el repinte negro que cubría el fondo y se recuperó el paisaje original.

Esta restauración, que se inició a raíz de que el Louvre solicitara el préstamo de la obra para su participación en la mencionada exposición, han permitido descubrir que la obra fue pintada por algún discípulo de Leonardo da Vinci que trabajaba en su taller al mismo tiempo que éste creaba la original.

La importancia del descubrimiento radica en que, al tratarse de una copia coetánea y perfectamente conservada, aporta una valiosa información tanto sobre el paisaje de fondo como sobre muchos detalles que rodean a la enigmática dama; como los adornos de la tela que cubre su pecho o el velo semitransparente que envuelve sus hombros.

Su estado de conservación es mucho mejor que el de la obra del Louvre, influido por la naturaleza de la tabla de mejor calidad. Su aspecto más limpio y su ejecución mucho más nítida permiten obtener información sobre el paisaje del fondo y sobre detalles de elementos poco visibles en el cuadro de París: el color pelirrojo del cabello, el vestido, el velo, la silla, o las columnas, entre otros. La tabla de tan buena calidad suscita interrogantes sobre la identidad del comitente; incluso se ha creído que fue la obra del Prado la que Leonardo entregó a Lisa Gherardini y a su esposo, Francesco del Giocondo, como el retrato original, mientras él seguía buscando la perfección en su obra.16​ Asimismo, la Mona Lisa de Madrid está realizada con materiales muy nobles, como el lapislázuli e incluso con laca roja,lo que sugiere que debió de tratarse de algún encargo importante. En cualquier caso, por su ejecución esmerada y factura muy cuidada, la obra del Prado no puede ser considerada como una simple y rutinaria copia de taller, a pesar de las diferentes calidades entre la original y esta, la cual, no obstante, presenta la singularidad de no intentar hacerse pasar por La Gioconda del maestro.

Sobre la autoría, se ha asegurado que la obra de Madrid fue realizada por alguno de los alumnos más aventajados y próximos a Leonardo, quizá Francesco Melzi o Andrea Salai, herederos de su obra artística y quienes tenían acceso directo a su fondo de paisajes; si bien, reconocidos expertos italianos apuntan a un discípulo español, acaso Fernando Yáñez de la Almedina o Fernando Llanos, pintores activos en el ámbito valenciano que colaboraron con Leonardo en Florencia

  • Vasari, Giorgio (1879). Le vite de’ più eccellenti pittori, scultori ed architettori. Florencia: G.C. Sansoni. ISBN 0-19-283410-X.
  • —; Philip Joshua Jacks (2006). The lives of the most excellent painters, sculptors, and architects. Nueva York: Modern Library. ISBN 0375760369.
  • — (2007). Luciano Bellosi y Aldo Rossi, ed. Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos. Madrid: Cátedra. pp. 471-479. ISBN 978-84-376-1974-3.
  • — (2007). Luciano Bellosi y Aldo Rossi, ed. Las vidas de los más excelentes arquitectos, pintores y escultores italianos desde Cimabue a nuestros tiempos. Madrid: Cátedra. p. 595. ISBN 978-84-376-1974-3.

One Reply to “LA GIOCONDA ESPAÑOLA Y LA “OTRA” GIOCONDA”

  1. Muy completo el trabajo literario. He logrado documentarme sobre ciertos pasajes que desconocía. Es un tema pedagógico literario que complementa nuestros conocimientos. Gracias.

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