IX RUTA CERVANTINOQUIJOTESCA EN SU ANDAR DESDE MEMBRILLA (CiudadReal) HASTA VALDEPEÑAS (Ciudad Real)

A solo media legua de Manzanares nos encontramos con Membrilla. pueblo que perteneció a la Orden de Santiago. El castillo de Tolón ya en ruinas, predomina el paisaje. La ermita de Nuestra Señora del Espino le hace compañía y lleva su sangre entre sus muros ya que se construyó gracias a los desechos del mencionado castillo. Hay una leyenda afamada que dice que la ermita de Membrilla está comunicada con otra erigida a San Blas en la población de Manzanares mediante un misterioso túnel.

El catedrático Francisco Parra hizo un estudio donde indica que es muy probable que fuera Membrilla o Manzanares el lugar donde fue armado caballero nuestro Don Quijote, nos quedaremos con esto mientras buscamos la venta entre las estrellas manchegas.

Lope de Vega escribió la comedia “El galán de Membrilla” con referencias románticas a una canción popular en la que aparece Don Félix, enamorado de Leonor, hija de Tello, opulento labrador de la cercana Manzanares, al que también pretende el letrado Ramiro. Comedia que hace intervenir al mismo rey, Fernando III, que accede a apadrinar su matrimonio con Leonor en el caso que participara en la conquista de Granada

Y salimos para La Solana a lomos de un rocín y llegando a esta villa nos paramos en la posada para disfrutar de un plato de “tojunto”.Ya es su Plaza Mayor podremos contemplar la iglesia de Santa Catalina majestuosa como ella sola Y en el Barrio de El Santo está la “otra” iglesia la de San Sebastián.

Son muchos los pasajes del Quijote que pueden ubicarse entre estas calles y por los alrededores de La Solana, sobre todo aquellos relacionados con las faenas pastoriles y agrícolas.

Y desde La Solana, sobrepasando el río Azuer, se llega a San Carlos del Valle conocido también como “El Cristo” es la “Joya barroca de España”. Su Plaza Mayor es impresionantes y está entre las más bellas de España. La desproporción entre la enorme y ornamentada plaza y el resto de la localidad levantada en torno a ésta, se debe a que la plaza fue construida como atrio para la maravillosa iglesia del Cristo, situada sobre el Santuario de Santa Elena, donde según la tradición, apareció en un pajar la milagrosa figura de un Cristo que se cree fue abandonada allí por un extraño peregrino. Es por esta razón por la que tan interesante y bellísimo lugar se conoce también con el nombre de “El Cristo”.

 

No es posible conocer las maravillas que nos ofrece la tierra de Don Quijote hasta que no se ha visitado la Plaza Mayor de San Carlos del Valle.

Vamos hacia Alhambra, importante cruce de caminos y su entorno resulta obligado ubicar alguno de los paisaje s del Quijote. En sus cercanías hay restos de las antiguas calzadas romanas, caminos de piedra, caminos de Cervantes, las antiguas Laminium o Anensemarca, nos dicen que la montura de Cervantes tuvo que pisar estas tierras rojizas. “La Roja”, posible nombre árabe que denominaba a la Alhambra. De su castillo quedan solo a la vista cervantinas, unas pocas ruinas y en alguna de las casona de la ciudad ostenta algún escudo nobiliario de la Orden de Calatrava. Del siglo XIII es su iglesia dedicada a San Bartolomé

Desde la Alhambra a Carrizosa   tierra de historia. Tiene castillo ruinoso y los vecinos van aprovechando las pocas piedras que hay en el para construir las viviendas y establos  del pueblo.

Hay una leyenda que habla de la Virgen del Salido: Dice la tradición que un pastorcillo estaba con sus ovejas cerca del Río Azuer (conocido en Carrizosa como Río Salido) y que comenzando una tormenta decidió volver a Carrizosa. Cuando cruzaba el Salido un tromba de agua arrastró al pastor y a sus ovejas implorando el pastor el favor de la Virgen acudiendo ésta en su auxilio y en el de los animales. Tiempo después, una imagen de la Virgen fue encontrada en los márgenes del río que fue reclamada por los vecinos de Carrizosa al recordarse la aparición de la Virgen al pastor carrizoseño en aquellos lugares. Al ser el río Azuer el límite que marca el fin del término municipal de Carrizosa y el inicio del de Montiel, también desde Montiel se reclamaba la imagen. La solución acordada fue subir la imagen de la Virgen en un

carro y atando cuerdas a uno y otro lado, tirar los vecinos de cada pueblo a fin de decidir en qué pueblo quedaba la Virgen. Dice la tradición que tras varias intentos el carro no se desplazaba a un pueblo ni a otro y fue la propia imagen la que, descendiendo del carro, fue a pie hasta Carrizosa acompañada del pastorcillo.

Después de recorrer las calles de Carrizosa tomamos el camino que nos lleva hasta la villa “fermosa” de los romanos: Villahermosa, hay una copla popular no exenta de malicia que cuenta:

 

¿Qué quieres que te traiga

De Villahermosa?

Tráeme unas patatas,

No hay otra cosa.

 

Pero en verdad, en Villahermosa hay no pocos atractivos, entre ellos, el mismo paraje cuya belleza contiene y potencia el propio nombre del pueblo.

Las calles y el contorneo del pueblo nos acercan a esa reflexión de la hermosura que hace Don Quijote a su escudero Sancho:

“Advierte, Sancho, que hay dos maneras de hermosura: una del alma y otra del cuerpo: la del alma campea y se muestra en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la libertad y en la buena crianza y todas estas partes caben y pueden estar en un hombre feo, y cuando se pone la mira en esta hermosura y no en la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventaja. Yo, Sancho, bien veo que no soy hermoso; pero también conozco que no soy deforme; y bástele a un hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como tenga los dotes del alma que te he dicho” (II,58).

 

Desde Villahermosa vamos camino al pueblo que da nombre a los campos: Montiel, cuyo nombre Don Quijote hizo inmortal por ser referencia primordial en el libro que creo Cervantes

La ermita del Santo Cristo de la Inspiración era es una construcción religiosa originaria del siglo XV dedicada originariamente a Santiago Apóstol. Está estructurada en tres naves y es de estilo gótico tardío, aunque tiene algunas añadiduras renacentistas. En 1468 se derrumbó y treinta años más tarde se construyó con la estructura actual. Entonces había un Cristo al que se le tenía mucha devoción y fue a partir de ahí cuando se le empezó a llamar ermita del Santo Cristo de la Inspiración. En el interior hoy día destacan un retablo datado en el siglo XV de estilo renacentista y barroco con una imagen de la Virgen del Socorro y dos tablas en pintura del siglo XVI en el mismo retablo.

El Castillo de La estrella  otea el horizonte cervantino esperando ver otra vez por estas tierras al Quijote y a su inseparable Sancho. En sus tiempos escribió la historia de España, ya que sus murallas fueron testigos del enfrentamiento entre el rey Pedro I El Cruel y su hermanastro Enrique de Trastámara en 1369, que acabó con la muerte del primero a manos de Enrique con la colaboración del francés Duglesquin. Ya sus restos pertenecen a la historia como los de su cercano compañero el castillo de San Pablo.

Hay una canción popular que habla de las muchachas de Montiel, merece ser recordada:

Tienen garbo y sal

las muchachas de Montiel,

como la tuvo en su tiempo

el rey Don Pedro el Cruel

 

Seguimos nuestro camino hasta llegar al lugar donde el amigo de Cervantes, Don Diego de Quevedo fue a morir. Los manchegos llaman a esta villa Los Infantes pero su nombre es Villanueva de los infantes. Ciudad cervantina por excelencia y siempre ha sido una de la poblaciones más bellas que ilumina el sol de España. Aquí, en este importante núcleo manchego del renacimiento, la historia y la literatura confluyen como muchos de los caminos que se han ido dejando atrás.

Aquí encontraremos las casa de don Diego de Miranda, la Casa del Caballero del Verde Gabán visitada por los insignes personajes de esta “grandílocua, alta, insigne, magnífica y verdadera” historia.

Cervantes caminó por estas plazas tan importantes probando las riquezas de sus bodegas y Quevedo, entre vino y vino, tuvo que recitar de seguro este poema dedicado al Amor:

 

“Es hielo abrasador, es fuego helado,

es herida que duele y no se siente,

es un soñado bien, un mal presente,

es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,

un cobarde con nombre de valiente,

un andar solitario entre la gente,

un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,

que dura hasta el postrero parasismo,

enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:

mirad cuál amistad tendrá con nada

el que en todo es contrario de sí mismo.”

 

A 1 km de Villanueva, al poniente, en la ladera de la loma rocosa que vemos. Es conocida como “Cueva de la Mora” y “Caseta del Diablo”. Estudiosos creen en un origen mozárabe, y otros hablan de ritos ocultos y magia negra. Existen manantiales en las proximidades, y la cueva se caracteriza por su difícil acceso (se sobre eleva a 1,6 m. sobre el nivel del suelo) y por contener en su interior un pequeño altar y una hornacina.

 

La magia y encantamientos  recorrió estos lugares en tiempos de Cervantes y este escribió:

don Quijote es víctima de malos encantadores y envidiosos enemigos:

—¿Católicas? ¡Mi padre! —respondió don Quijote— ¿Cómo han de ser católicas si son todos demonios que han tomado cuerpos fantásticos para venir a hacer esto y a ponerme en este estado? Y si quieres ver esta verdad, tócalos y pálpalos, y verás como no tienen cuerpo sino de aire, y como no consiste más que en la apariencia (I, 27, p. 281).

 

Para ir a Cozar,  Cervantes tuvo que ir pasando por cientos de campos de trigo y algún que otro viñedo que de antaño eran de tratado medicinal, curaban desde la tos hasta los dolores de cabeza.  Y llegando a este pueblo es de seguro que jugó con los paisanos a Las Tacillas. El juego consiste en lanzar ocho bolas a las tacillas; si el número que cae en el interior de ellas es par, gana la banca, si es impar ganan los apostantes.

 

En estas tierras hay que aprovechar las madrugadas para ver la salida del sol y más cuando se va camino de la tierra del vino: Valdepeñas.

Es muy probable que Sancho Panza, el amigo inseparable de don Quijote, fuese el primer sumiller de España ya que en el hablar que tiene con “el del bosque” le dice:

¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor, y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas?”  (XIII-II parte)

En muchos parajes de la obra cervantina encontramos el vino repleto de anécdotas de costumbres medievales. Digamos que en El Quijote, la estrella invitada es el vino. Aquella época era más saludable beber vino que beber agua ya que esta no siempre estaba en buen estado: ”Agua beba quien vino no tenga” dice el refranero sanchesco.

Muchas noches y muchos días son los que tardó Cervantes en escribir tan insigne novela, y no de extrañar que cuando lo hiciera, estuviera al lado de una jarra de vino de Valdepeñas.

Don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz le compró la villa a Felipe II y construyó uno de los dos palacios que hizo en estas tierras. El segundo está sito en El Viso del Marqués. Las lenguas de la época cuentan que los construyó por estar estratégicamente equidistantes de los puertos donde atracaban sus galeras, El Puerto de Santa María (Cádiz),  Cartagena (Murcia) y Lisboa (Portugal).

En la villa, sorprende la iglesia de la Asunción construida sobre una antigua fortaleza calatrava y que fue demolida por orden de los Reyes Católicos celosos de las órdenes militares.

Esta tierra de posadas donde el vino se bebía más que el agua, está situada en el encuentro de los campos de Calatrava y Montiel.  Fue camino inequívoco para recaudar impuestos que después iban a las cajas de caudales y así sufragar las guerras de los Austrias empobreciendo a España.

 

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