EVELIO MORENO CHUMILLAS (1950 – 2011), por Pedro José Moreno

 

 

A veces nos encontramos con hombres que , aunque han pasado por la vida sin apenas ser notados, porque la virtud no es amiga de alharacas, han dejado un reguero de luz por el camino. Hombres sencillos, trabajadores, sabios cuyos frutos nos han enriquecido y por ello debemos celebrar y publicar. Hombres que el destino ha llevado por otros caminos lejanos a los nuestros, pero que no por ello debemos dejar de recordar y sentir el orgullo de que en nuestra tierra es donde han nacido y han echado los cimientos de lo que después han sido.  Cuenca es generosa en este sentido y ha dado muchas glorias a  España. No sólo las glorias que recuerda nuestra María Luisa Vallejo. También otras glorias, hombres y mujeres menos conocidos, hombres y mujeres contemporáneos que con su ciencia, su saber, su virtud, en una palabra con su trabajo han brillado con luz propia allá donde les ha tocado vivir.

Uno de estos hombres maravillosos es Evelio Moreno Chumillas, nacido en Piqueras del Castillo, pariente mío en la lejanía y amigo muy cercano. Cuando ya jubilado incrementamos nuestra relación, concebimos un proyecto que a los dos nos ilusionaba. Formar un grupo de personas preparadas que se ofreciese a los ayuntamientos de nuestra comarca para dar charlas de distintos temas, con carácter totalmente gratuíto, para  enriquecer culturalmente a nuestros pueblos. El nombre del grupo sería “COROQUE”, palabra del argot popular de nuestros antepasados que significa “Creo que”, a la que queríamos preservar de su  extinción. Pasaron las vacaciones de verano y cada cual nos fuimos a nuestro lugar de residencia Evelio a Artés (Barcelona) y yo a Valencia. Pocos días después me llegó la nocicia de su muerte. Este es mi homenaje a un gran hombre de un pequeño pueblo de nuestra querida tierra conquense.

Nació Evelio el año 1950 en Piqueras del Castillo, lugar donde aprendió leer, a escribir y hacer cuentas con Dª Amelia” y donde se fraguaron los  patrones de su entendimiento y su forma de ver el mundo. A los pocos años de nacer murió su padre. Ingresó en el seminario de Uclés el 1960 trasladándose luego al seminario redentorista burgalés del Espino “donde los curas me inculcaron el amor a las letras, el espíritu de superación y los cimientos de la formación intelectual y moral”. Cuando Evelio recuerda los años de su infancia se refiere a “los zancos y el gomero, el balón de reglamento obtenido al completar el álbum de chocolate Vinaches, el rulo y el trompo de madera de la infancia. Valerio y yo nos arrastrábamos sobre una tabla por los terraplenes de los ribazos del camposanto, que entonces me parecían tan enormes como las pistas de una estación de esquí. Atrás quedaban las siestas de robar pumas en la Huerta y las tardes de pan con vino y azúcar; las madrugadas de acarrear agua para darle con el rulo a la era; los nidos de perdiz y codorniz entre los campos de yeros; atrás quedaban las burdas figurillas de barro hechas con arena “mermeja” de los Terreros. El 1966 emigró con su madre a Barcelona fijando su residencia en Manresa donde, mientras trabajaba, asistía a clases en la Escuela de Maestría Industrial en el Instituto Nocturno Luis de Peguera. Trabajó como Delineante Indistrial. Después cursó Filosofía Política en la Universidad de Barcelona.

En 1980 inició su actividad docente dando clases en el mismo Instituto Luis de Peguera de Manresa, inaugurado por Alfonso XIII en 1927,donde había cursado sus estudios de Bachillerato en Manresa. En 1982, coincidiendo con el Mundial de Fútbol, ganó, por oposición, la plaza de Catedrático de Filosofía, obteniendo a renglón seguido, la plaza vacante de este Instituto en el que ejerció durante 28 años como profesor y del que fue nombrado Director en 1985, cargo que desempeñó hasta 1989. Esta etapa le dejó un recuerdo agridulce que terminó en una infección renal como consecuencia de los disgustos a causa de las decisiones del ministro Maravall de suprimir el Bachillerato y del conseller Maragall de suprimir el instituto. Unos meses después de dejar la dirección del centro entraba en hemodiálisis.

En 1991 obtuvo el título de Doctor en Filosofía Política por la Universidad de Barcelona con la tesis “Espejos de príncipes y ciudades ideales en los albores de la modernidad” (Universidad de Barcelona,1992. ISBN: 84-7875-774-O), dirigida por el profesor Manuel Bermudo. En ella, abordando el tema de la utopía, se decanta por la distinción entre “Utopía” y “Ciudad ideal”, poniendo aquella como rebelión frente a lo dado y ésta como alternativa de perfección a lo existente. Evelio argumenta que la “cittá perfecta” de los renacentistas italianos es la alternativa al Paraíso, pura expresión del deseo utópico. Era necesario olvidarse del Paraíso para emprender el deseo de una ciudad feliz, un orden ideal de la felicidad.

Fue miembro del Seminario de Filosofía Política de la Universidad de Barcelona “Evelio Moreno Chumillas”, que tomó este nombre tras su fallecimiento.

            La gran obsesión de su vida fue la educación, esforzándose por hacer del magisterio el más noble entre los quehaceres humanos. Afirma que “el maestro de hoy y de siempre, encarna en la escuela la autoridad, la disciplina y el saber. Encarna el mundo de los mayores y representa a la generación adulta”. 

            Como los pensadores clásicos del humanismo, Evelio resume las funciones esenciales de la educación en el dictum aureum, “Docere, movere, delectare”. Al profesor le corresponde, porque así se lo ha encomendado la sociedad, en primer lugar la función de enseñar y se decanta por la clase magistral como método más eficaz de la enseñanza.

            Movere, es decir, persuadir, estimular, instar al aprendizaje, despertar el interés por aprender, porque ¿hay algo más bello y noble que el saber?, se pregunta Evelio. ¿Hay alguna satisfacción de índole material, comparable al gozo de la actividad intelectual?

            Delectare, literalmente, deleitar, es la tercera función del referido lema de la educación humanista. Delectare no es entretener, aunque enseñar no tiene por qué ser aburrido. Delectare no consiste tampoco en ser muy gracioso. La acción de delectare aviva la voluptas, la delectatio del oyente despertando la simpatía del público hacia el objeto del discurso y hacia el orador mismo. “¡Cuánto daño está haciendo a la educación la falacia de la escuela lúdica!” Exclama Evelio: el profesor encarna en el aula la autoridad y la disciplina, encarna el saber y la tradición, la visión del mundo propia de la generación adulta 

La figura del mediador, o del orientador, o del animador social, son una ópera bufa, un remedo caricaturesco del fracaso de la institución, propiciado por quienes niegan la función de ascensor social de la escuela. Porque “sin autoridad no hay enseñanza, , sin disciplina no hay aprendizaje, y sin aplicación no hay deleite intelectual”. Entre alumno y profesor no procede establecer una relación endeble de fingida igualdad. En el aula el alumno es el alumno y el maestro es el maestro. Y éste no tiene por qué someterse a humillantes procesos de mediación entre pseudoiguales. En el aula su palabra encarna el conocimiento y, sobre todo, encarna la norma, encarna el mundo social, el papel antipático de la sociedad adulta. Sin normas no hay educación, del mismo modo que sin normas no hay sociedad. Autoridad y disciplina son dos caras de la misma moneda.

            Evelio se muestra muy crítico con la ley de reforma educativa de la cual dice que la apuesta política ha tomado partido por la peor de las opciones: En ella la clase no es entendida como lugar de estudio y aprendizaje, sino como un espacio lúdico donde el profesor debe mantener entretenidos a los alumnos. La escuela lúdica, dice Evelio, es un invento desdichado de la izquierda americana importada a Europa por gobiernos progresistas. La enseñanza lúdica que bebe su pernisicosa doctrina en el manantial rouseauniano de el buen salvaje y se trasmitió en el siglo pasado a través del cauce de la escuela de Summerhill, sería un aténtico disparate si no fuera algo bastante peor, un fraude social irrespondable. La llamada comprensividad pretende a toda costa evitar el fracaso escolar, haciendo imposible también el éxito. La ideología igualitaria que prima la igualdad por encima de todo impide ver que con ella sólo se puede conseguir que los niños lentos corran al mismo ritmo que los más rápidos reduciendo la velocidad de todos y, por tanto, impidiendo que los más rápidos desarrollen todo su potencial.

            Frente a tanta demagia en la enseñanza Evelio razona que la única posibilidad que un joven de origen humilde tiene de promoción social es a través de una enseñanza competitiva.

            Para finalizar, afirma Evelio: “a pesar del desprestigio social que sufrimos los profesores, amo mi profesión que coincide con mi vocación”… “No me gusta la escuela libertina que mima la tontuna y la holgazanería… No me gusta el cuento de Calleja de la escuela lúdica. No me gusta la milonga de la promoción automática de curso… No me gusta que la opinión mayoritaria de la junta de evaluación ningunee y anule el dictamen autorizado del profesor. No me gusta el “tuteo” entre desiguales. No me gusta la función que los/as psicopedagogos/as desempeñan en los institutos, donde han asumido el papel de comisarios políticos para imponer las consignas de la  administración educativa, excluyendo al profesor que no comulga con las ruedas de molino de sus pseudoteorías.” Y concluye: “No me gusta la LEC (Ley de Educación Catalana) porque es manifiestamente anticonstitucional.

            Por mantener una actitud crítica frente a esta Ley catalana de Educación llegó a tener serios enfrentamientos con el conseller Maragall. Su enfermedad es sin duda consecuencia de los disgustos que le acarreó su actitud en defensa de una educación eficaz y humanista y en defensa de la figura del profesor tan devaluada y desprotegida por la ley actual de educación.

            Falleció en Artés (Bacelona) en agosto de 2011.

OBRAS PUBLICADAS:

Ha publicado colaboraciones en El Día, de Cuenca, La Vanguardia, ABC, El Periódico de cataluña, El País, Regió7. Y ha participado habitualmente en tertulias radiofónicas como “La Taronja” de Radio Manresa donde llegó a enfrentarse con el conseller Maragall.

Espejo de príncipes y ciudades en los albores de la modernidad (Univ. de Barcelona, 1992)

             Las ciudades ideales del siglo XVI. (Ediciones Sendai, 1992).

Tommaso Campanella (1568 – 1639) Ediciones Del Orto,1999. ISBN: 84-7923-217-X ¿Cómo osar el elogio de la mediocridad en nuestros tiempos preseuntamente regidos por la excelecia? ¿No supone llevar el paso cambiado? ¿Y si fuera la mediocridad el ideal sobre el que se sustenta la democracia?

Elogio de la mediocridad o la democracia ideal. (Ed. Sequitur 2014).ISBN:84-15707207

Apuntes de clase (2011, Bubok Publishing S.L. ISBN: 978-84-9981-979-2). Es una colección de escritos de combate, compendio de treinta años en las aulas de un instituto frente a los desmanes de las autoridades educativas que han abonado el fracaso escolar con inflación de leyes, der falacias y ocurrencias. Es también una reivindicación contra la psicopedagogía lúdica, basada en el señuelo de la vida regalada que tan nefasta resulta para todos los alumnos. Es, en fin, un florilegio de vivencias y ensayos de un profesor de filosofía, redactados a pie de tarima, en favor de la recuparación de la aplicación, eñl amor al estudio y el sentido común en la escuela”.

                                              

Crónicas de Piqueras (2013. Bubok Publishing S.L.) En este libro Evelio se recrea recordando el pueblo conquense, Piqueras del Castillo, donde nació, lugar donde aprendió las primeras letras; donde se fraguaron los patrones de su entendimiento y su forma de ver el mundo según los cánones naturales de la vida agraria y la lengua castellana; rincón donde periódicamente se refugiaba para conversar con sus mejores amigos, los conocidos de siempre. “Es un libro lleno de nostalgia piquereña, pero también de profundas y atinadas citas filosóficas y literarias, comenta Valerio Chumillas.

 

            También escribió algunos poemas entre los cuales cabe destacar varios sonetos de bella factura que dedicó a su pueblo, Piqueras del Castillo (Cuenca)

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