LA SUBLEVACIÓN DE JACA, por Alfredo Pastor Ugena

“(Jaca, la capital del pirineo aragonés, que tiene vocación internacional, es una ciudad densa, legendaria, poética, de paisajes variados, plena de luz y colorido, que se deja contemplar en su total armonía. Con un entorno de cumbres y bosques, ríos, caminos, piedras y estrellas, nos sumergimos en ella en el halo envolvente de la presencia del Pirineo que está rodeando la ciudad, con sus peñas, picos, laderas, areniscas, nieves eternas, pinares

Posee una de las primeras catedrales de estilo románico del país (s. XI), levantada para consolidar la ciudad como enclave estratégico del Camino de Santiago. A ello se unió su condición de primera capital del primitivo Reino de Aragón, por elección del rey Sancho Ramírez (1077). Su naturaleza fronteriza moldeó su crecimiento como espacio defensivo durante varios siglos, dejando evidentes huellas arquitectónicas entre las que destaca la Ciudadela, singular fortaleza pentagonal del siglo XVI. Su posición estratégica; en pleno Pirineo, a treinta kilómetros de la frontera francesa, le ha conferido una personalidad especial.

Ciudad de densa y trascendental historia, ha sido protagonista de episodios históricos decisivos, como el que comentamos seguidamente como antesala del advenimiento en España de la Segunda República y testigo privilegiado de importantes acontecimientos de dimensión internacional. Y es que sus calles, plazas y edificios huelen a historia. Su casco histórico es uno de los más atractivos y mejor conservados de Aragón. Su nómina de edificios singulares y de interés arquitectónico es impresionante (…)”

Después de esta merecida, considerada y necesaria introducción, como preámbulo del objetivo del artículo que presentamos, pasamos a analizar los hechos históricos tan relevantes que se sucedieron en esta localidad en diciembre de 1930:

El general Primo de Rivera dimite en enero de este año de todos sus cargos, decisión aceptada por el rey Alfonso XIII. El dictador había regido el destino de  España desde hacía más de seis años. En su lugar el rey nombró presidente del gobierno al general Dámaso Berenguer con el propósito de retornar a la “normalidad constitucional”, actuando como si la Corona no hubiera estado implicada en la violación de la Constitución de 1876 que se inició con el golpe de estado de septiembre de 1923 y que la Corona apoyó. La Restauración y la monarquía pasaban por sus peores momentos.

La coyuntura política en España se diseñaba con una trayectoria proclive al final del reinado de Alfonso XIII y de la institución monárquica, lo que comenzó con el denominado Pacto de San Sabastián (17 de agosto de 1930), continuó con la Sublevación de Jaca (12 de diciembre de 1930) y culminó con las elecciones municipales del 12 de abril de 1931.

“(…) El Pacto de San Sebastián fue la reunión promovida por la Alianza Republicana que tuvo lugar en San Sebastián el 17 de agosto de 1930 a la que asistieron representantes de todos los partidos republicanos, a excepción del Partido Federal Español, y en la que (aunque no se levantó acta escrita de la misma) se acordó la estrategia para poner fin a la monarquía de Alfonso XIII y proclamar la Segunda República Española. En octubre de 1930 se sumaron al Pacto, en Madrid, las dos organizaciones socialistas, el PSOE y la UGT.(…)”. Marcó el inicio de una carrera que finalizaría ocho meses más tarde, el 14 de abril de 1931, cuando se proclamaba en España la segunda República que duraría cinco años, tres meses y cuatro días.

Entre ambos acontecimientos tuvo lugar la Sublevación de Jaca, dirigida por los capitanes Fermín Galán y García Hernández con 700 soldados que Antonio Machado plasmó en una copla de esta manera: “La primavera ha venido del brazo de un capitán. Niñas, cantad a coro: ¡Viva Fermín Galán!”. Los versos del poeta andaluz sirvieron a su colega gaditano Rafael Alberti para el inicio de una obra de teatro propagandista en homenaje a los sublevados de Jaca.

Lo que es cierto es que los preparativos no se hicieron con la debida discreción. El Gobierno estaba al tanto de los movimientos de los sediciosos. Así se lo hizo saber el general Mola –entonces director de la DGS- en una carta enviada a Fermín Galán:

«Madrid, 27 de noviembre de 1930Señor don Fermín Galán – JACA:

Mi distinguido capitán y amigo: Sin otros títulos para dirigirme a usted que el de compañero y el de la amistad que me ofreció en agradecimiento por mi intervención en el violento incidente de Cudia Mahafora. le escribo. Sabe el Gobierno y sé yo sus actividades revolucionarias y sus propósitos de sublevarse con tropas de esa guarnición: el asunto es grave y puede acarrearle daños irreparables. El actual Gobierno no ha asaltado el poder, y a ninguno de sus miembros puede echársele en cara haber tomado parte en movimientos derebelión: tienen, pues, las manos libres para dejar que se aplique el Código de Justicia Militar inflexiblemente, sin remordimiento de haber sido ellos tratados con menor rigor. Eso, por un lado; por otro, recuerde que nosotros no nos debemos ni a una ni a otra forma de gobierno, sino a la Patria, y que los hombres y armas que la Nación nos ha confiado no debemos emplearlos más que en su defensa. Le ruego medite sobre lo que le digo, y, al resolver, no se deje guiar por un apasionamiento pasajero, sino por lo que le dicte su conciencia. Si hace algún viaje a Madrid, le agradecería tuviera la bondad de verme. No es el precio a la defensa que de usted hice ante el general Serrano, ni menos una orden; es simplemente el deseo de su buen amigo que le aprecia de veras y le abraza (Emilio Mola)”

Azaña señaló en su día el error del gobierno al no conceder su indulto porque influyó después en la caída del trono en la primavera. En su opinión, la insurrección montada desde Jaca “no tenía ninguna posibilidad de triunfar porque no tenía capacidad de movilización en las ciudades”.

La muerte rápida por fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández generó “otros beneficios” para que “el cuerpo político acelerara la caída de la Monarquía en unas elecciones, en abril de 1914, que la legitimaron”.

El capitán Galán muy descontento con los mandos militares que le denegaron la Laureada por su acciones en Marruecos, acudía a la Logia «Ibérica», de Madrid, donde leyó su juramento, que según narra el socialista Juan Simeón Vidarte, en sus memorias, fue el siguiente:”Juro solemnemente ante el Gran Arquitecto del Universo y ante vosotros, mis hermanos, que el día que reciba las órdenes del Comité Revolucionario, proclamaré la República en Jaca y lucharé por ella aunque me cueste la vida…”.

También entre los golpistas militares se encontraban . además del propio Fermín Galán, Ángel García Hernández, Salvador Sediles y Miguel Gallo. Pero los planes no salieron bien. El gobierno y la Dirección General de Seguridad, encabezada por Emilio Mola, estaban al tanto de los movimientos revolucionarios. El levantamiento antimonárquico se fue aplazando y al final Galán y su grupo decidieron sublevarse el 12 de diciembre de 1930.

Ya lo había predicho el filósofo José Ortega y Gasset un mes antes de la sublevación de Jaca en su famoso artículo “El error Berenguer” publicado en el diario ‘El Sol’, donde señaló que había que demoler la Monarquía (“Delenda est monarchia“). El general Dámaso Belenguer descubrió que los partidos antimonárquicos del Pacto de San Sebastián iban a provocar un levantamiento en diciembre, pero nunca supo que el militar Fermín Galán iba a remover el Ejército desde el Pirineo. En Zaragoza se provocó una huelga general durante cuatro días, pero las tropas de la Brigada de Castillejos que se desplazaron a la provincia de Huesca frenaron las dos columnas del alzamiento entre Ayerbe y la ermita de Cillas.

Terminaba 1930 con las sublevaciones republicanas de Jaca y Cuatro Vientos, verdaderas intentonas golpistas contra la monarquía y el poder legalmente constituido, promovidas por los comités revolucionarios.

“A las cinco de la madrugada Galán, Gallo y García Hernández sublevan al Regimiento nº 19 del Cuartel de la Victoria; poco después Salinas, Mendoza y Marín se dirigen a la Ciudadela a sublevar a la Batería de Artillería allí ubicada y detener al teniente coronel Alfonso Beorlegui, que estaba al mando de la Batería. Hacia las seis de la mañana se había completado el levantamiento, tras la detención del comandante militar de la plaza, el general Fernando Orruela”.

Así pues, al alba del día 12 de diciembre, la guarnición de Jaca se alzaba en armas contra el Gobierno legal tomando la ciudad con cierta violencia y algunos muertos, encerrando a los militares desafectos y proclamando la República. El bando que Galán ordenó colgar en las calles no dejaba lugar a dudas: «Artículo único: aquel que se oponga de palabra o por escrito, que conspire o haga armas contra la República naciente será fusilado sin formación de causa».

El Capitán General de la V Región Militar (Zaragoza), teniente general Fernández Heredia, envió dos columnas, una de Huesca y otra de Zaragoza, con el fin de impedir a los sublevados su entrada en la capital oscense. Al atardecer del mismo día 12 se reunían ambas, junto a la artillería, en las lomas de Cillas, a tres kilómetros de Huesca.

En el pueblo de Biscarrués, Fermin Galán y el resto de militares, se entregaron posteriormente. En la madrugada del 12 al  En realidad no se concibe  cómo un hombre como el capitán Galán, que sabía algo de guerra y de las dificultades para mover tropas, pudo lanzarse a una empresa tan descabellada. (…) En tales condiciones, la aventura sólo podía durar hasta el momento de enfrentarse con el primer destacamento de tropas regulares. Y así sucedió…».

 Las causas del fracaso de la sublevación son de variada índole. Por un lado están los errores de táctica militares, por ejemplo el no conocer con certeza los apoyos con que se contaba, sobre todo en lo que respecta a apoyos de otras guarniciones militares. También la tardanza con que la columna partió de Jaca y el lentísimo transcurrir de la misma, lo que propició que el Gobierno pudiera tomar las medidas necesarias para hacer frente a los sublevados.

Otro detalle importante fue la total desconexión que se produce entre el Comité Revolucionario y los dirigentes del movimiento en Jaca. A este respecto cabría preguntarse si la meta de todos era la misma. Tengo dudas al respecto. Mi impresión es que la mayoría de los miembros del Comité no tenían intención de que se produjera un cambio drástico del sistema; no me refiero a que no persiguieran la proclamación de la República, sino al que modelo que pretendían de la misma difería mucho del que postulaba Fermín Galán y sus seguidores.

            A este respecto son significativas las palabras de Salvador Sediles: “Gratuitamente han afirmado muchas personas […] que aquello de Jaca fue obra de unos locos […] Se ha dicho también que fuimos impacientes. También creo haber demostrado lo contrario y seguiré demostrando que aunque teníamos suficiente razón para serlo, aunque nos habían agotado la paciencia hasta la última hora, no lo fuimos, y nuestra salida obedeció a órdenes concretas y causas aún no explicadas con la claridad y honradez debidas por las mismas personas ilustres y beneficiadas que nos censuran”.

            No menos importante fue la falta de apoyo del elemento civil, que debería ser vital con la convocatoria de huelga general en toda España, hecho, que como hemos visto anteriormente, no se llevó a afecto. En este hecho no cabe duda que la responsabilidad de parte de la UGT –con Besteiro a la cabeza- fue crucial.

           Consideramos que el capitán Galán se precipitó y que no supo llevar la dirección militar de forma adecuada; pero bajo mi punto de vista no fue él el único culpable. Gran parte de responsabilidad cae en el Comité Revolucionario que no pudo, o no quiso, dar una mayor cohesión al movimiento.

            La mayor consecuencia que tuvo la sublevación de Jaca, y su desenlace, fue que una vez más se ponía de manifiesto la falta de visión política del Gobierno de la Monarquía. La creación de dos mártires provocó que muchas personas que aún estaban indecisas sobre qué postura tomar respecto a la situación política, se decantaran por apoyar a aquellos que luchaban por el derrocamiento de Alfonso XIII y la instauración de un sistema republicano. No hay duda que las filas del republicanismo se vieron incrementadas por el desenlace final de la sublevación de Jaca.

           Incidimos en que si José Ortega y Gasset hablaba del “Error Berenguer”, los sucesos de Jaca si pueden ser considerados un error del general Berenguer, y por ende del monarca Alfonso XIII.

El domingo 14 de diciembre de 1930 se celebró el consejo de guerra presidido por el general Arturo Lezcano. Duró tan solo 40 minutos. Fermín Galán y Ángel García Hernández fueron condenados a muerte y ejecutados ese mismo día  en el polvorín de Fornillos (Huesca). El propio Galán dio la orden de fuego al pelotón de ejecución. Esa mañana, la mayoría de los integrantes del Comité revolucionario fueron detenidos e ingresaron en la Cárcel Modelo de Madrid El resto de militares, como Salvador Sediles, fue también condenado a muerte, pero con la proclamación de la República fueron indultados.

A la una de la madrugada del día 14, Fermín Galán escucha la diligencia del procesamiento.

            “ Preguntado si fue el director del movimiento iniciado en Jaca el día 12 de diciembre y en caso afirmativo causas que motivaron el hacerlo, dijo: Que en efecto, dentro de lo local que el sector de Jaca representaba dentro de la nación, fue él el director de ese movimiento, siendo las causas que lo motivaron las derivadas de un convencimiento pleno cuya raíz tenía su identidad en la esencia misma del actual estado interior de nuestro país”.

El periódico El Liberal, en su editorial del día 13, le recordaba al rey que él debe su puesto a una insurrección armada: “ En España la sublevación tiene su tradición gloriosa para monárquicos y para republicanos. Es gloriosa para la Monarquía la tradición de la sublevación, porque debe su restauración al hecho consumado en Sagunto. Y lo es para los antidinásticos porque la revolución del 68 fue un acontecimiento de igual naturaleza. Y lo es también para los más amigos del orden, para los mismos  partidarios de la dictadura, porque lo ocurrido el 13 de septiembre de 1923 fue una sublevación triunfante, sin más que la presentación de las armas”.

Desde ese momento las figuras de Galán y García Hernández pasaron al imaginario colectivo del republicanismo y de los antimonárquicos. Cuando el 14 de abril de 1931 se izó de forma oficial la bandera tricolor, ya eran conocidos como “los mártires de las República”. Quedan para la historia la idea y la acción de esos dos militares que intentaron cambiar el curso de los acontecimientos con una idea de libertad.

Por último señalar que Galán se situaba políticamente entre el anarquismo y la extrema izquierda republicana. Reivindicaba una república federal y social. Escribió Nueva Creación, la síntesis de su pensamiento.

 

3 Replies to “LA SUBLEVACIÓN DE JACA, por Alfredo Pastor Ugena”

  1. Magnifico articulo del Sr. Pastor Ugena .Con su estilo de escritura ágil, ameno y en este caso, esclarecedor de una parte significativa de nuestra historia de España.

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