VIII RUTA CERVANTINOQUIJOTESCA EN SU ANDAR DESDE SOCUÉLLAMOS (Ciudad Real) HASTA MANZANARES (Ciudad Real).

Con los Académicos de Argamasilla y los amigos del Bachiller Sansón Carrasco, que reclaman la gloria de ser vecinos de don Quijote, recordamos su docto consejo de que “el buen vino es una jovial criatura si de él se hace buen uso”.

 

Vamos retomando la nueva ruta contemplando el castillo de Peñarroya, que se refleja en las aguas del embalse de su nombre y en torno al cual se hacen presentes las leyendas más piadosas y devotas de toda La Mancha.

De ellas es protagonista un moro que promete, si se le perdona la vida, indicar el lugar exacto donde oculta un impresionante tesoro, que no es otro que la imagen de la Virgen.

El capitán don Alfonso Pérez de Sanabria firmó la promesa en 1198 al conquistar el castillo y posteriormente la Virgen que fue hallada compartirá el patronazgo de las villas de Argamasilla del Alba y de La Solana.

 

Castillo de Peñarroya es una fortaleza medieval del siglo XIII, originariamente musulmán, que perteneció a la Orden Militar de San Juan de Jerusalén

Cruzamos el Canal del Gran Prior y vamos a disfrutar de uno de los pueblos más importantes en las rutas del Quijote. El nombre de la villa puede responder muy bien al diminutivo de “argamasa” en alusión a un “edificio mal construido” con mezcla de cal, arena, tierra y agua en tiempos del Gran Prior de la Orden de San Juan, don Diego de Toledo de la Casa de Alaba, al tener que ser trasladado el pueblo por motivos y a consecuencia de una inundación del primer emplazamiento que data de 1198 al lugar actual.

Argamasilla del Alba tiene un entorno repleto de historia con abundantes restos o “motillas” que jalonan esta tierra y en la que el agua, y más si es la que procede del misterioso Guadiana, forja y acrecienta imaginaciones enfebrecidas tanto personales como colectivas. Es importante tener presente los comportamientos para poder interpretar con fidelidad lo que es en realidad y lo que se cree y representa Argamasilla del Alba en la historia lineal de don Quijote en la mente de Cervantes.

Los recuerdos cervantinos están muy presentes en Argamasilla, sobre todo cuando se ve la Casa-cueva del alcalde Medrano, que fue cárcel y de la que sugiere que Cervantes tuvo presente al referir que el libro fue concebido en una cárcel “en la que toda incomodidad tiene asiento”.

Tiene verosimilitud la alusión a que el delito cometido por Cervantes, que fuera hizo merecedor de pasar unos días en la cárcel de Argamasilla, fue un piropo de más dirigido a una sobrina de un tal don Rodrigo Pacheco, personaje con quien pudo muy bien identificarse don Quijote.

En Argamasilla la iglesia de San Juan Bautista, edificada en 1542,  es uno de los templos más grandiosos de La Mancha.

En la plaza donde las imágenes de los personajes del Quijote desafían a los fenómenos atmosféricos nos hace recordar las poesías atribuidas por Cervantes a los “Académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha”, y que cierran el texto del Quijote en su capítulo 52 y el último de la Primera Parte. Las poesías les son atribuidas a los “Académicos” con esos nombres de fantasiosa invención cervantina: “El Monicongo”, “El Paniaguado”, “El Capricgoso”, “El Burlador”, “El Cachidiablo” y “Tiquitoc”.

Dejamos Argamsilla y nos vamos hacia la población de Tomelloso de la que dicen que no está como el resto de La Mancha asentada sobre una gran cisterna de agua, sino sobre una gran cisterna de vino. Un lago de vino apresado en cubas y en centenarias tinajas es el fundamento del pueblo que suele conocerse como “manantial de vino”.

La Mancha, La historia del Quijote, no se entenderían sin el compañero inseparable del vino que como bien dice el protagonista de la novela “el buen caldo es una jovial criatura, si de élse hace buen uso”.  Tomelloso tiene esta herencia en el interior de sus subterráneas cuevas escavadas desde siglos ¡ah! . Allí el vino que en su día bebió  Sancho Panza  que –“simple gracioso y no comedor ni borracho”- no oculta su aficción a beber estos caldol y en toda ocasión que se presta hace gala de ella:

“Sacando  de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio, y de cuando en cuando empinaba  la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. Y en tanto que él iba de aquella manera menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le hubiese hecho, ni tenía por ningún trabajo, sino por mucho descanso, andar buscando las aventuras, por peligrosas que fuesen” (I,8).

También en don Quijote, podemos leer como la excesiva aficción al vino se vincula la bajeza social. Don Quijote aconseja a su escudero, cuando se dispone a gobernar su ínsula no comer ajos ni cebollas, ni mascar a dos carrillos, ni eructar delante de nadie, pero sobre todo que fuera “templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra” (II,43).

Cervantes comenta con la sorna de don Quijote que “tanto alababa el vino, que lo ponía por las nubes, aunque no se atrevía a dejarlo mucho en ellas porque no se aguase”.

En la villa de Socuéllamos a 12 del mes de Diciembre el año del nacimiento del Nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de 1575, Diego López Barbero, Juan Ruiz Cañizares y Luis muñoz vecinos de esta villa se juntaron y escribieron las respuestas a las preguntas del memoria de su Majestad, de cuyas respuestas se hace el siguiente resumen:

“La villa de Socuellamos siempre se ha llamado así sin que se sepa haya tenido ningún otro nombre, se ignora igualmente la razón del mismo aunque bien pudiera ser que el mismo procediera del hecho de que la misma se encuentra situada como en un hoyo de manera que si miras a tu alrededor siempre lo tienes que hacer hacia arriba porque la tierra está más alta que donde ella se encuentra enclavada.

Tierra dura esta de Sopcuéllamos que es en alguna manera templada aunque por estar fundada en arena suele ser demasiado  cálida en verano y fría en el invierno. Está en tierra muy llana aunque en medio de esta llanura hace la tierra una quebrada. El pueblo está falto de leñas y se provee generalmente de la villa de Alhambra de donde suele traer leña seca y romeros verdes y otras marañas que están a cinco o seis leguas de la villa, dentro del propio término hay retama que es la leña más común que dentro del término se cría. También hay en el término algunos montes de encinas pero que están vedados, como la dehesa de Dernagal pues es la dehesa de la carne que está más cercana a la villa en ella hay alguna caza pequeña como conejos, liebres y perdices.

A media legua de la villa de Socuellamos pasa el río Záncara que es río pequeño que de ordinario corre en invierno y se seca los veranos, aunque a una legua de esta villa, yendo río abajo se encuentran unos piélagos que se llaman los Ojos de la Torre que nunca se han visto faltos de agua y del agua que sale de ellos el río cobra alguna fuerza. Desde el año cincuenta en la que sobrevino una crecida de aguas se hizo una acequia por medio de esta villa que es de mucho provecho para el pueblo pues ella ha corrido y corre hasta un largo de un cuarto de legua.

Junto a la acequia antedicha se  han ido haciendo unas huertas en las cuales se crían arboledas, así como hortalizas, y cáñamo y lino, todos ellas son de particulares y entre los árboles que en ella se han puesto hay membrillares que son los que mejor se desarrollan y se han cogido de ellos buenos membrillos. En el río Záncara hay algunos molinos aunque son pocos e invernizos, debajo de los Ojos de la Torre hay un molino de piedra que llaman el Molinillo el cual suele moler durante todo el año por la fuerza que coge el rio de los dichos piélagos de los Ojos de la Torre de Vejezate. Más abajo se encuentran  otros molinos más pequeños, uno de ellos es de los capellanes de la villa de Belmote y notros de particulares aunque pequeños y de poco valor. Desde el año cincuenta Socuellamos tiene agua suficiente por la acequia que se ha dicho, pero en gran parte del término hay escasez de agua y está muy honda pues a veces hay que ahondar hasta treinta estados y no se halla, por este motivo se suelen hacer aljibes y navajos para el uso de los ganados. Los mejores molinos que hay en la zona son los de las Lagunas de Ruidera que están a seis leguas.

La yerba de ella se suele arrendar por 45.000 maravedís. Hay en ella también caza menor pero como es poca no se suele arrendar . Otra dehesa que es también del comendador es la de Manjavacas que se suele arrendar por 28 o 30.000 maravedís.

La  principal granjería que tienen los vecinos de esta villa son la labranza de pan, cebada y centeno, vino y ganado lanar. Y de estos productos es lo que se diezma a la Encomienda y a su Majestad”.

En Socuéllamos nos encontramos con rincones que tuvo que ver nuestro Cervantes y es posible que hasta arrodillarse y contemplar el artesonado en la  sacristía de lsu iglesia parroquial con devoción a la Asunción o el palacio de don Pedro de Mendoza

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