EDGAR VARON OVIEDO CON SU ARTE, por Isidoro A. Gómez Montenegro. Escritor y poeta

“El arte es irreductible a la tierra, al pueblo y al momento que lo producen; no obstante, es inseparable de ellos. El arte escapa de la historia, pero está marcado por ella. La forma es obra, se desprende del suelo, no ocupa lugar en el espacio: es imagen, cobra cuerpo, está atada al suelo, al momento.

La obra de arte nos deja entrever, por un instante, el allá en el aquí, el siempre en el ahora”. Octavio Paz.

Imperceptible, iluminada, relumbrante oscuridad de luminiscencia deslumbra y enceguece, negrura que se expande.

Admirar el arte, la pintura de Edgar Varón Oviedo a través de los sentidos nos proporciona comunicación no verbal; sino de emociones, partes de la figura humana, cierto simbolismo en los esbozos conocidos, apreciamos desde nuestros sentidos gotas dispersas de mar vociferante en toda su obra.

Ausencia de color, no permanente, crea sombras, todo en conjunto para instaurar algo magnífico; la visión de misterio, oscuridad en forma de metáfora. Pintar, decía un pintor, es verse uno mismo y no juzgar las obras del pasado. No en nombre de un supuesto progreso, mentalidad del artista contemporáneo.

 

Sentimientos religiosos, espirituales, fantasías, interludios humanos y sensación de infinitud acuática, concebidas como encuentro de conciencias artísticas que han representado el misterio intrínseco relumbrante.

Un cuadro no se termina totalmente; como la poesía, representa el borrador de otra, el diario mismo, el pintor no puede hablar de evolución, de progreso.

Varón Oviedo devela la transitoriedad de misterios, fascinante comparación que establece entre sus intérpretes.

 

El arte vive, el de los griegos, egipcios y otros pintores; está vigente.

La historia del arte, la pintura, la escultura y otras formas, no son actos de transición, sino períodos positivos.

 

Edgar Varón creando arte en la calle

Ciernes violeta de la imaginación la comprensión, la manifestación de nuestro temor sin cuentos de hadas, brujas, el mal.

Si retrocedemos nos damos cuenta de obras que se han universalizado a través de la evolución de las sociedades y, el arte de la pintura, nació subordinado a la religión para preservar la fe.

El día que es permanente en la obra de Edgar Barón Oviedo, la muerte no es expresada del todo y el infierno presente en todo artista, vive su salida simbólica.

 

Esta exposición nos muestra al artista Edgar Varón Oviedo, la pintura es una de las bellas artes: una pasarela entre dos avenidas, quien expone y quienes observan, constituye un sólido andamiaje de conceptos abstracto-realidad, descubre, las circunstancias que lo forjaron, cada obra es una recuperación del futuro, representa la memoria que se lega entre ver el ahora, el aquí, el allá, el siempre.

 

Crear texturas sentir los relieves indescifrables de los tonos sepias, tocar lo más profundo del ser te vuelve dependiente de la vista la propia, es entrar a un cuarto amplio, en una explosión de colores con variedad de formas, que también te observan y contemplan tus movimientos.

Son ventanas, para quien quiera contemplar el infinito, el universo, la maravilla de la obra del tiempo, sin tiempo, laberintos del ser humano, de la vida, el extravío, su búsqueda.

Sólo tiene que mirar, observar, insisto, el exordio visual de éstas pinturas, recitan, dicen sin palabras sus decretos.

 

No soy crítico de arte, en las oportunidades que he tenido de observar colecciones de pintura, escultura, en cada una de ellas se desborda abstracción, movimiento, tradición, no es necesario mencionar anquilosados conceptos caóticos o de belleza, fealdad, armonía.

 

Hay artistas de diferentes estilos obsesivos o abstractos, lo ideal es contemplar el arte frente al hombre, el hombre frente a la vida, el hombre como ser social.  

 

Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos, hay que tener sueños activos buscando mil soles alzándose al cielo infinito, esa es la misteriosa forma de Dios.

 

Hay que soñar en voz alta, cantar hasta que el canto eche raíces, crezca un tronco, los pájaros se posen en él y en destellos de éste verano broten esencia y aromas.

 

Somos eternos vagabundos en busca de la verdad, de la imagen real circundante.

Alumbra el día y los momentos que vivimos apuntan a otro tiempo, a otro espacio, son semillas del Universo.

 

Los que escribimos convertimos a la pintura en síntesis de la poesía; el pintor afila los sentidos en este instante caluroso y escucha la voz del viento.

 

Cada artista toma el pincel que tiene en su alma, pinta su esencia, profundiza en el misterio, cierra los ojos… canta sobre el lienzo, se siente libre, responde al llamado del corazón y saca lo mejor de sí. El arte supera la tecnología; pervive en el tiempo.

 

El sonido de mi voz se pierde en el silencio al cerrar este atado de líneas.

 

Sea pues valida mi opinión.

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