LA ALVARADA DE CAÑETE: UN EVENTO MEDIEVAL QUE YA CUMPLE VEINTE AÑOS DE HISTORIA, por Miguel A. Badal Salvador. Escritor

Cañete es un bello municipio de la Serranía Baja conquense cuyas retorcidas calles y bellos rincones rebosan de historia. Es este pequeño enclave serrano, en palabras de Miguel Romero Saiz, «el pueblo conquense más reconocido como referente turístico a nivel internacional», y causa de ello han sido los múltiples esfuerzos de sus habitantes durante los últimos años por dar a conocer al mundo todo aquello que se oculta entre sus angostas calles y sus sensacionales parajes. 

La Alvarada nació hace veinte años, de la mano del propio Miguel Romero, a quien los cañeteros tienen por hijo predilecto y los conquenses por Cronista Oficial de la Ciudad de las Hoces. Fue en 1999 cuando celebró su primera edición, contando con el apoyo institucional y el laborioso trabajo de un buen puñado de cañeteros, y ya desde su mismo alumbramiento consiguió atraer sobre sí todas las miradas. Un año después recibió el Primer Premio de Turismo de Castilla-La Mancha, y desde entonces hasta nuestros días, La Alvarada no ha parado de crecer, y con ello la fama del propio pueblo de Cañete. La amplia trayectoria de esta fiesta y su completísima programación hacen que no estemos ante una festividad medieval como las demás, sino ante el evento de su naturaleza más importante de toda la provincia de Cuenca.

Esta celebración de La Alvarada tiene como objetivo rememorar la figura histórica de don Álvaro de Luna, a quien la historia reconoce como el personaje más influyente y notable de la Castilla de su época. Valido del rey Juan II, Álvaro de Luna acumuló en su persona los títulos de Condestable de Castilla y Maestre de la Orden de Santiago, haciendo además que su hermano, el también cañetero Juan de Cerezuela, ciñera la mitra del arzobispado de Toledo. La Alvarada toma su nombre de este importante personaje histórico, pero es justo reconocer que esta fiesta ha servido también para destacar la importancia que Cañete tuvo durante toda la Edad Media: los numerosos lances entre Castilla y Aragón por poseerla, su papel durante la Guerra de los Dos Pedros, la presencia de la Virgen de Cañete en Las Cantigas de Santa María, el señorío que sobre esta villa ejercieron los Hurtado de Mendoza, etc.

Y es que Cañete es un pueblo que goza de una gran tradición medieval, hecho que se puede apreciar en el trazado de sus calles, en sus murallas, en su plaza porticada, en la fortaleza roqueda que corona la loma que se alza sobre la población —¡con una longitud que supera los 250 metros!— y en muchas de las edificaciones de su casco urbano —la iglesia de San Julián, la iglesia de Santiago, el arco de la sinagoga, etc.—. Como recinto amurallado, Cañete ya fue reconocido como Conjunto Histórico Artístico en abril de 1980 por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y sus murallas son Bien de Interés Cultural desde 1996. Hoy en día, está considerado por historiadores y arqueólogos uno de los conjuntos fortificados de época califal más importantes de España. La buena conservación de la mayor parte de su trazado y su perfil flanqueante, a modo de cremallera, hacen de las murallas de Cañete un marco excepcional y único para una fiesta como ésta, que tiene como objeto trasladar a vecinos y visitantes a una época pretérita.

 Durante todos estos años, La Alvarada ha sabido combinar en su programación los aspectos más culturales, propios de una festividad histórica, con las actividades más espectaculares y lúdicas, consiguiendo de ese modo generar una amplia oferta que ha permitido atraer a Cañete una gran afluencia de público en todas y cada una de sus ediciones. Es obvio, por otra parte, que es durante el fin de semana mayor de la fiesta —coincidente siempre con el primer fin de semana de agosto— cuando mayor cantidad de público se concentra en la localidad. La celebración del Mercado Medieval, los pasacalles y desfiles, las actividades infantiles y los actos más esperados y multitudinarios se concentran en estos días. Previamente a eso, Cañete celebra una completa semana cultural, que arranca desde la jornada inaugural, durante la que se trabajan los aspectos más instructivos y enraizados con la historia y la tradición de esta festividad.

La oferta de actividades ha sido tremendamente variada desde la primera edición de La Alvarada, aunque algunas de ellas se han ido repitiendo año tras año, convirtiéndose en seña de identidad de la fiesta. Quizá de todas ellas la más esperada sea el torneo medieval, que tradicionalmente se celebra en el palenque del Huerto de Doña Julia, a los pies de la puerta de San Bartolomé. Desde el año 2000, es el grupo de especialistas Legend el que se ha encargado de llevar a cabo esta espectacular actividad, que concentra a cerca de mil quinientas personas en la grada, y en la que un grupo de caballeros, vestidos a la usanza medieval, realizan una serie de pruebas de habilidad —estafermo, lanzamiento de bohordos, la prueba de las anillas, etc.— antes de cruzar sus lanzas y dar paso a los enfrentamientos individuales, a espada y escudo.

También de gran tradición es la representación teatral que cada año protagoniza el grupo Los Álvaros en la Plaza Mayor del pueblo. Junto a los pórticos que dan carácter a la plaza y ante el busto de don Álvaro de Luna, esta voluntariosa compañía de actores locales da vida a la obra que prepara de manera exclusiva para la ocasión el cronista Miguel Romero Saiz. A lo largo de todos estos años, el pueblo de Cañete ha podido disfrutar del estreno de veinte obras teatrales en las que se han abordado diferentes cuestiones relacionadas con la historia de la villa —la toma de la fortaleza a los musulmanes, los templarios, los judíos, o diferentes aspectos relacionados con la vida de Álvaro de Luna o los Hurtado de Mendoza—. Este año, la obra representada ha sido ‘Rinconete, el de Cañete: de mayos a joticas’, abordando el tema del cancionero popular de la comarca.

También goza de gran popularidad la cena medieval que cada edición se celebra al aire libre a los pies de las murallas de Cañete, en el propio Huerto de Doña Julia, con la silueta de la fortaleza como paisaje de fondo. Una cena en la que suelen colaborar de manera voluntariosa los locales de restauración más importantes con los que cuenta la población. Este año esta cita culinaria, a la que han asistido más de doscientas personas, ha estado ambientada por Conca y la compañía teatral Cenáculo Teatro, culminando además con un concierto íntimo del cantautor Emiliano Valdeolivas y un espectáculo de fuego y malabares.

En general puede decirse que la ambientación es uno de los platos fuertes de La Alvarada. El pueblo entero se adecenta especialmente para la ocasión. Banderolas y estandartes recubren la fachada de casas y monumentos. La música también está muy presente en la fiesta. Durante años, el grupo Tiruraina ha puesto la banda sonora de todos y cada uno de los intensos momentos que se viven en La Alvarada. Este año Som de Traka han sido los encargados de realizar ese cometido. También las representaciones teatrales y el humor incansable de la compañía Cenáculo Teatro, dirigida por el conocido actor Javier Losán, se han convertido en uno de los elementos más destacados de esta festividad durante sus últimas ediciones.

Desde el año 2011, una parte importante de la ambientación medieval de la fiesta corre también a cargo del Grupo de Recreación Histórica Conca, que coordina las actividades realizadas en el Campamento Recreacionista, que cada año se levanta junto a la zona del Mercado Medieval. Este campamento es escenario de un encuentro protagonizado por diferentes grupos de recreación histórica venidos a Cañete desde todos los puntos de la Península Ibérica, en el que llegan a participar entre 60 y 80 personas. Allí, los visitantes pueden contemplar todo un museo vivo, con exposición de armas, útiles, vestimentas, etc. Entre las numerosas actividades coordinadas por Conca, destacan especialmente la escenificación de una batalla, que todos los años se libra junto a la puerta de La Virgen, y el desfile nocturno con antorchas que emula el cierre de puertas de la villa.

En el aspecto más cultural de la festividad, cabe destacar, la celebración del Ciclo de Conferencias que todos los años se lleva a cabo en la iglesia de San Julián durante los días laborables que median entre el fin de semana inaugural y las jornadas mayores de la fiesta. Este ciclo suele girar en torno al eje central que cada año escoge la Comisión Organizadora para articular todas y cada una de las actividades, y que en esta ocasión ha llevado el título de ‘Juglares y trovadores en el Medievo’. La Alvarada ha demostrado desde sus mismos inicios tener un claro compromiso con la divulgación cultural e histórica, y el altar de esta céntrica iglesia ha acogido a numerosos conferenciantes y ponentes con amplios conocimientos en historia, arqueología, literatura, música y otras múltiples disciplinas. Nombres como los de Mar Juzgado Navarro, Anabel Sáiz Ripoll, Carlos Villar, Michel Muñoz, Santiago David Domínguez-Solera, Amparo Ruiz Luján, Juan Ramón de Luz, las hermanas Lara Martínez y otros muchos —también el del propio Miguel Romero entre ellos— han figurado en la programación de estas jornadas. Este año, el Ciclo de Conferencias ha venido marcado además por una jornada especial que, bajo el título ‘Sueños, patrimonio y futuro’, La Alvarada ha querido dedicar al conjunto amurallado de la villa, con ocasión de la reciente rehabilitación de la puerta de las Eras.

También goza de una notable tradición el Ciclo de Cine Épico, coordinado cada año por José Alfaro, miembro de la Asociación Española de Historiadores de Cine. Un ciclo que ha permitido a los cañeteros disfrutar durante estas veinte ediciones de muchas de las cintas clásicas de ambientación medieval en pantalla gigante y al aire libre. Del mismo modo, La Alvarada ha sido durante todo este tiempo un marco sensacional para que artistas de toda clase y condición puedan dar a conocer al público su trabajo creativo. Son muchos los grupos de música que han tocado en directo en el escenario del Huerto de Doña Julia —desde Lurte a Judith Mateo—. También han sido numerosas las exposiciones de pintura, fotografía, vestimenta histórica, etc. Este año, por ejemplo, ha sido el artista conquense Pedro Romero Sequí quien ha tenido oportunidad de exponer su obra pictórica en la Oficina de Turismo de la localidad. Por otra parte, es amplia también la atención que La Alvarada presta a historiadores, poetas y escritores de toda clase. Son ya tradicionales los recitales de poesía y las presentaciones de libros, actividades que, junto a la celebración de distintos certámenes literarios como el Álvaro de Luna’ o el ‘Flor de Romero’, han impulsado de manera notable la aparición de nuevos autores en la comarca y han facilitado la publicación y presentación ante el público cañetero de numerosas obras de todo género.

Pero La Alvarada es todo esto y muchísimo más. La experiencia de estas veinte ediciones y la flexibilidad de la programación han permitido que los cañeteros y los numerosos visitantes que durante estas fechas acuden a la localidad hayan podido disfrutar durante todos estos años de espectáculos de cetrería, gymkhanas, doma de caballos, bodas medievales, exhibiciones de perros pastores, lizas y combates, tiro al arco, etc. No sólo eso. Es evidente que esta importante fiesta medieval ha permitido hacer visible la riqueza monumental de Cañete, incentivando el compromiso de la Diputación Provincial de Cuenca con la completa rehabilitación y restauración de su patrimonio medieval. También ha sido el marco ideal para sellar el hermanamiento de la villa con numerosos lugares con los que Cañete comparte un pedazo de su historia y legado: Teruel, Cuenca, Cieza, Uclés y Cañete de Chile. Un hermanamiento que ha sido renovado de forma emotiva con motivo de este veinte aniversario de la fiesta.

En general, puede decirse que La Alvarada es un evento dinamizador, económica y culturalmente hablando, que contribuye al desarrollo de toda la Serranía Baja de Cuenca. Hablamos de una comarca con un gran valor histórico y monumental, pero también con un importante patrimonio natural y paisajístico, así como con una excepcional oferta gastronómica y hostelera. Cualidades todas que, unidas a la experiencia enriquecedora de fiestas como La Alvarada, hacen de esta comarca uno de los rincones más fascinantes y evocadores de toda Castilla-La Mancha.

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