UMBERTO ECO, EL PADRE DE LA SEMIOLOGÍA, por Almudena Mestre

Genio y figura hasta la sepultura! – nunca mejor dicho…Ha desaparecido un genio de la palabra y del lenguaje…Umberto Eco, un gran hombre… escritor, filósofo, ensayista, profesor y autor de numerosas obras. Su infinita sabiduría le llevó a ser el padre de la semiótica y un excelente profesor universitario, un gran periodista, un gran intelectual, experto en libros antiguos como una de sus aficiones.

 

A pesar de estar en primer plano el tema de la comunicación social y artística, la  figura y la obra de Umberto Eco ejercieron una enorme influencia en la crítica literaria. Umberto Eco nació en la ciudad piamontesa de Alessandria en 1932, era hijo de comerciantes; se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de Turín, con una tesis sobre Tomás de Aquino, en 1954. Allí mismo, durante los años 60 trabajó como profesor agregado de Estética en las universidades de Turín y Milán y participó en el Grupo 63, publicando ensayos sobre arte contemporáneo, cultura de masas y medios de comunicación. En la época de su juventud se apartó de la religión católica tras una crisis de fe. Más tarde trabajó como editor cultural de la Radio Televisión Italiana (RAI).

 

Entre estos ensayos los más conocidos son Apocalípticos e integrados Obra abierta. En este último publicado en 1962 centró su atención en los múltiples significados de las obras de arte; en el prólogo de la 2ª edición (1967) reconoce potente análisis de la interpretación que hace Luigi Pareyson. 

 

“toda obra de arte, aunque se produzca una explícita o implícita poética de la necesidad, está sustancialmente abierta a una serie virtualmente infinita de lecturas posibles, cada una de las cuales lleva a la obra a revivir según una perspectiva, un gusto, una ejecución personal” (Eco, 1962).

 

En 1968 publicó La estructura ausente, obra de reflexión y análisis sobre el concepto de “estructura” en la investigación semiótica; base para la publicación, de la primera edición en 1975, de su Tratado sobre semiótica general, donde sintetizó y analizó posturas semióticas de los 60 y 70 con un carácter formalista. De esa forma, se consagró como una figura académica rutilante de la semiología, y como teórico innovador, en trabajos analíticos sobre los signos, su estructura y su relación con sus significados. Eco define la semiótica en su Tratado de semiótica general como “la disciplina que estudia todo lo que puede usarse para mentir” en el que la teoría de la mentira contempla los signos para referirse a la realidad, en cierto modo, para decir la verdad, del mismo que se puede mentir, manipular, falsear y contradecir o deformar lo real. Eco huye de lo que él llamó la “falacia referencial” es decir, que el significado de una cosa tiene que ver con el significante de ella. En Lector in fábula publicado en 1979 se centró más en los problemas que atañen a la interpretación en relación con el estructuralismo.

En 1980 dio a conocer la novela El nombre de la rosa, de ambiente medieval que se inspira en el subgénero policiaco, en donde se reconstruye históricamente una curiosa e imaginativa trama con un potente y sólido arte narrativo. Podríamos considerar esta novela un thriller en el que se combinan a la perfección cierto suspense, la divulgación histórica y la reconstrucción de una época, la Edad Media.

 

En El péndulo de Foucault (1988), un libro antiiniciático y antiesotérico, Eco intentó recrear la tradición hermética, ocultista y masónica como metáfora de la irracionalidad superviviente en los contemporáneos movimientos terroristas y en las mafias económicas por medio de 120 capítulos agrupados en sefirot de la cábala hebrea. Los inicios de todos los capítulos están recubiertos de nigromancia y ocultismo.  En 1994 publicó La isla del día antes y en mayo de 2000 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias.

 

En una de las entrevistas que le hicieron a Umberto Eco en 1993 sobre “Semiótica y pragmatismo” y que se publicó en The Harvard Review Philosophy explicó la semiótica como una escuela o una red interdisciplinaria que estudia los seres humanos en la que se producen un conjunto de signos verbales y no verbales. Por tanto se puede decir que tal y como él afirmaba, la semiótica demanda cuestiones e interrogantes de la filosofía. De eso modo, él concebía una filosofía del lenguaje en donde se analizaran la producción de los signos y su interpretación. Para Eco, los conceptos o ideas son signos, en donde la mente equivale siempre que sea “cerebro” a pensar las cosas y producir y por tanto, la mente se podría decir que es un asunto semiótico en tanto que es semejante al cerebro en el que suceden ciertos estados físicos. En su libro Signo (1973) vemos cómo dentro de la interacción social, el ser humano casi obligado entra en una red o retículo de sistema de signos, los cuales funcionan como operaciones prácticas y otros más bien se desplazan en el plano ideológico; ese sistema de signos se aplicaría a un individuo que viviera en el campo o en la ciudad, siempre que los asimilara como códigos propios y los convirtiera en culturales. Todos los signos implican el sentido y el uso común y se utilizan para transmitir una información dentro del proceso de comunicación. Pero el signo para Eco no solo suponía entrar en un proceso de comunicación sino también lo entendía como “una entidad que forma parte del proceso de significación”.

Eco hablaba de la creación literaria cuando él mismo se enfrentaba a una novela como un proceso donde parte de una imagen o una simple situación sin saber muy bien hacia dónde va; después de poner en escena una situación, las conclusiones pueden ser muchas en las que él, solo las plantea esperando las respuestas de los lectores, en cierto modo, una especie de investigación filosófica. De esa forma actúan filósofos que se reflejan en Kafka, en Mann y en Proust. La fuente de exploración es enorme con innumerables sobre los problemas humanos siempre con un final abierto, típico por tanto de la época posmoderna. Su teoría se basó en el pensamiento de  C. S. Peirce sobre la teoría de la interpretación como una “categoría unitiva capaz de explicar la mente y los lenguajes”; otra de sus influencias es la filosofía de Pareyson en donde el acto de interpretación “envuelve libertad, fidelidad y lealtad”.

 

También Umberto Eco en su famoso libro Sobre literatura 2002 tiene un capítulo dedicado a la influencia entre La Mancha y Babel así como el siguiente dedicado en exclusiva a Borges, titulado Borges y mi angustia de la influencia.  En la Biblioteca de Babel contrae nupcias con la pluralidad de los mundos posibles y la fantasía de Borges le inspira el cálculo formal de lógicos modales.

Según una entrevista que Jordi Doce le hizo a Umberto Eco y se publicó en la Revista Minerva en 2009, “los jóvenes ven cada vez menos la televisión y usan cada vez más Internet. En consecuencia, emplean varias formas de información alternativas. Sólo que, como ya he dicho, es todo un poco falso porque son tantas y tan mezcladas, hay tanto desorden, tan poca jerarquía, que no sé cuál puede ser el efecto final. Es una especie de mermelada, de melaza que lo impregna y lo confunde todo.”

“…Internet busca una cura para la enfermedad que ella misma ha causado. La primera enfermedad que ha causado Internet ha sido la soledad. Porqué estás en tu puesto, no tienes ya ni que dar una vuelta por ahí, lo hago todo desde mi mesa, desde el teclado… De ahí ha empezado a nacer la horrenda soledad de Internet, contra la cual se reacciona con esta búsqueda de sociabilidad, en la que yo comparto mi subjetividad del discurso con otros.”

“..El concepto de negociación está presente en muchas actividades humanas, y una de esas actividades es la creativa. Pero cuando yo escribo que el autor busca construir su propio lector modelo, en el fondo quiero decir que el autor está negociando con una posibilidad de lectura…”

Umberto Eco recibiendo el premio Príncipe de Asturias

Eco defiende que la creación artística y literaria solo es posible si la concebimos como una totalidad interactiva y dinámica entre el artista y la obra, la obra y el receptor, el receptor y el artista. Es por tanto un proceso histórico y social dentro de una actividad material, sensible y práctica. Amanda Garma se planteó en uno de sus trabajos de investigación sobre Umberto Eco (publicado en 2004) la relación que existía entre la teoría de la interpretación de Eco con la teoría sobre la creatividad, demostrando que lo que el creador sabe y lo que no sabe son aspectos complementarios para intentar comprender cómo se genera la obra de arte”. Por un lado, dice la autora, – influye el control racional como el aporte del inconsciente. El control racional ya lo anticiparon Poe y Valéry entendiendo la creatividad como “construcción” y lo corroboró Eco cuando entendió que el recuerdo está implícito en cualquier proceso de creatividad ya que,  una cultura que yace detrás y por tanto, se impregna de una intertextualidad.  Este control racional late en la idea de Lector Modelo de Eco, donde el lector puede y tiene la capacidad de interpretar y apreciar cualquier obra. Los textos están plagados de “huecos” o “espacios en blanco” en los que el lector debe utilizar, según la Teoría de la Estética de la Recepción, para abordarlos o afrontarlos.

Umberto Eco planteaba su teoría de mundos posibles similar a la triple mímesis de Ricoeur, es decir, existen mundos imaginarios en la mente del escritor, de los personajes y en los propios lectores. Así, el término fantástico pasa a ser un hecho posible, algo que aunque no ocurre, sí puede hacerlo. Umberto Eco presentaba la oposición entre mundos reales y mundos posibles dentro de la trama dentro de los textos narrativos aplicando los conceptos de la narratología modal a un proceso de lectura

En 2015 publicó Número cero, editado en castellano, una crítica del gran experto de la comunicación sobre la crisis del periodismo, ambientada y desarrollada en 1992, un año clave de la historia italiana por el caso Tangentopolis.  Con la edición de un periódico en ciernes donde conluyen las indagaciones en archivos que conllevan a los secretos de la CIA, del Vaticano y la vida de Mussolini.

 

Umberto Eco decidió fundar una nueva editorial, La nave di Teseo, tras oponerse sin éxito a la fusión entre Mondadori y el grupo RCS. El libro póstumo de Umberto Eco, Pape Satàn Aleppe. Crónicas de una sociedad líquida salió a la venta el mes pasado en las librerías de Italia. Se trata de una recopilación de ensayos sobre la actualidad; muchos de los textos los escribía en el semanario L’Espresso desde el año 2000. El subtítulo hace alusión al concepto “sociedad líquida” del sociólogo, filósofo y ensayista, Zygmunt Bauman.

 

“Para profundizar en las cosas hay que leer y hay que pensar, hay que dejar que se sedimenten los conocimientos y luego someterles al ejercicio de la crítica. Aun así, el que aspira a entender siempre debe conservar un margen de duda, porque no hay nada más nefasto que las certezas absolutas, como el propio Eco subrayaba.

 

 

“No soy un hombre del Renacimiento” (Eco).

 

BIBLIOGRAFÍA:

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