ZAPATOS DE MUJER, por Alfredo Villaverde Gil

Tengo ante mis ojos una imagen del primer zapato conocido hasta hoy, una sandalia egipcia de paja trenzada que tiene aproximadamente diez mil años de antig<úedad. También existen otros vestigios de miles de años atrás como esas botitas de cuero rellenas de líquenes que se encontraron en un cadáver que reposaba en un glaciar en los Alpes de frontera italo-austriaca, o esa sandalia encontrada en Norteamérica y datada tmabién con siete mil años de antigúedad.

Zapatos de mujer cuya evolución nos lleva desde la necesidad perentoria de proteger los pies para caminar y realizar las duras labores agrícolas hasta la más exacerbada sofisticación de los modelos artesanos de los grandes diseñadores del siglo XXI que nos dicen como Christian Loboutin que sus zapatos están hechos  para mujeres que auieran alcanzar el cielo y ello, obviamente conlleva cierto sacrificio a la altura de sus tacones o sus plataformas, mientras que Sandra Choi de la afamada firma Jimmy Choo nos asevera que si fueran tan cómodos y fáciles de llevar con unas zapatillas estarían al alcance de todas las mujeres y ya no serían exclusivos, reivindicando esa relación un tanto sadomasoquista de las mujeres con sus zapatos de moda actual, ya que muchas de ellas sacrifican de jóvenes la salud de sus pies y sufren con el tiempo graves problemas de osteoartritis (los famosos juanetes) por haber abusado de los tacones de aguja como un elemento que mostrara su esbeltez o simplemente alargase su estatura.

Científicos descubrieron lo que consideran el zapato más viejo que se ha encontrado en el mundo. El calzado, hallado por arqueólogos en una cueva en Armenia, tiene unos 5.500 años de antigüedad y está hecho de cuero vacuno.

Largo ha sido el recorrido de los zapatos femeninos a lo largo de la historia, Ya en Egipto fueron un objeto de deseo ya que sólo la familia real y las aristócratas podían usarlos, aunque en Grecia, siglos más tarde, se democratizan y son de uso frecuente entre las diversas clases de la sociedad, siendo objeto de atracción sexual en las hetairas cuyas sandalias llevan pintadas en la suela la palabra sígueme. Por otra parte, en la misteriosa China de la época, las mujeres sacrificaban su salud y movilidad a la atracción sexual que creaban sus diminutos pies vendados y deformes, que en tiempos de la dinastía Shang llegaron a medir como máximo 7 centímetros, aberración que continuó hasta el siglo XX y que podemos constatar en las fotografías de los escasos viajeros occidentales por su extenso imperio Es en Roma, sin embargo, donde las sandalias femeninas, que sólo podían usar las mujeres libres, comienzan a adoptar múltiples formas que han llegado hasta nosotros, siendo las más comunes las anudadas con cuerdas al tobillo y la parte inferior de las piernas.

Sandalias de oro procedentes de Tebas. 1200 a.C
Zapato de mujer romana s. I. El elegante zapato que se exhibe en The Saalburg, en Alemania, muestra cuán fashion podría ser la mujer en la antigua Roma. FOTO: Mictlantecuhtli a través de reddit

Es en la Edad Media donde se empieza a vislumbrar a través del gremio de zapateros, un intento de diferenciar cada cubrepies  y darle un toque de distinción individual aunque los zapatos femeninos alcanzaron plataformas de más de setenta centímetros de alto que ocasionaban una dificultad casi insalvable a la mujer para caminar . Pero fueron sin duda los hombres, detentadores del poder, los que dieron impulso al zapato como elemento estético. El rey Carlos VIII de Francia utilizó unos zapatos de punta cuadrada que ocultasen a los demás los seis dedos que tenía en cada pie y los zapatos de tacón empezaron a utilizarse como útiles para los ejercicios ecuestres al encajar bien en los estribos de las cabalgaduras según nos muestra Leonardo de Vinci en sus dibujos. La reina Catalina de Médicis, protectora de Rubens, nos los muestra en la ceremonia de su boda con Enrique II de Francia, pero fue sin duda Nicolás Lestage, zapatero de Luis XIV, el rey Sol, el que pusiera de moda en su esplendorosa corte, el uso de los zapatos de tacón alto hacia 1660, pienso que para hacer más alta su estatura, al igual que una de sus amantes favoritas, madame de Pompadour, lo hiciese hasta el punto de dar nombre a un estilo como tacones Pompadour.

Desde entonces hasta hoy, los zapatos de mujer más deseados, sensuales y simbólicos del poder femenino son los conocidos como de aguja o styletto debidos a la creación por el barón del mismo nombre en 1760 de un calzado con un vástago (tacón afilado) necesario para las maniobras ecuestres de los jinetes y como soporte para las espuelas. Fue la mujer la que se adueñó progresivamente de dicha moda que detenta en exclusividad salvo honrosas excepciones masculinas como las botas vaqueras o las de algún tipo de baile como el flamenco. La Revolución Francesa fue también un hito en la evolución del zapato de la mujer que dio lugar a la aparición del zapato bajo, los escarpines y sandalias para hacer olvidar los tacones de la aristocracia. El siglo XIX con la Revolución Industrial y la aparición de las máquinas para cortar, coser y pegar el calzado determina la industrialización del calzado y por ende una revalorización del calzado artesano, sólo al alcance de los más pudientes. El siglo XX con sus dos Guerras Mundiales populariza el zapato femenino que va cambiando de formas y diseños en consonancias con las circunstancias sociales y los gustos, desde las zapatillas y zapatos bajos de las mujeres  en épocas de contienda hasta el regreso del tacón de aguja como resurgimiento del poder de atracción sexual. Vaivén entre altura y comodidad que se prolonga hasta nuestros días donde se alternan las plataformas, los altos tacones y las bailarinas que tanto puso de moda Audrey Hepburn hace cincuenta años en su famosa interpretación en la película “Sabrina”. Sin olvidar el toque freudiano que asevera que el tacón había surgido como consecuencia del deseo visual masculino por ascender piernas arriba hacia la contemplación del pubis femenino ya que al hacerlas más altas facilitaba tal mirada.

Sin pretender ser exhaustivo, los zapatos de mujer tienen un amplio espectro de nombres y estilos. Zapatos de tacón que elevan el talón de la mujer y que pueden clasificarse en bajos (hasta 6 centímetros), medios (de 6 a 8,5 centímetros) y altos (desde los 8 centímetros en adelantes) y que reciben multitud de nombres similares como zapatos de corte, bomba, aguja, ópera, chapines, pumps, escarpines,etc… Zapatos de plataforma que tienen una plataforma en el empeine y que facilitan el andar desde considerable altura, objeto de preferencia de famosas modelos, actrices e incluso de nuestra reina actual. Zapatos peep toe  que cuentan con una abertura en la punta y habitualmente son de diversos tipos de tacón. Zapatos con plataforma de arranque bastante excéntricos y unisex. Zapatos de aguja o stiletto muy altos y delgados (desde 6 a 25 centímetros) que dan lugar a una forma de caminar peculiar con flexión de rodillas y realce de busto y glúteos. Zapatos de gatita con tacón de 3 a 5 centímetros, Zapatos de taco o block, más altos pero de tacón más grueso, Zapatos de cuña o taco chino, más cómodos por su altura hasta 5 centímetros, Zuecos realizados de una sola pieza y sin talón,  Sandalias de todo tipo y altura, Botines y Botas de altura y formas variadas como las de cowboy o las kinky boots también conocidas como mosqueteras que cubren las rodillas. Zapatos de salón muy utilizados para bailar con punta cerrada o abierta, tacón sólido y de altura media. Zapatos de ascensor, flamencos, y tantos otros que dan lugar a la sofisticación más extrema en cuanto a formas, diseños y ornamentación que a veces los convierten en joyas inalcanzables para la mayor parte de las mortales.

 

Zapatos de mujer, arma de seducción que puede convertirse en fetiche y objeto adictivo de deseo. Su paseo por la literatura nos lleva desde la zapatilla de cristal de Cenicienta hasta la crueldad de los zapatos rojos que terminan con la vida de Karen en el clásico cuento de Hans Crhistian Andersen. Desde los zapatos de gatita de Audrey Hepburn en “Sabrina” hasta los stilettos de Sarah Jessica Parker en “Sexo en Nueva York”, la adaptación al cine de la obra de Carrie Bradshaw o la colección de Toni Collette en “Mis zapatos” y Anne Hatthaway como Andrea Sachs en “El diablo viste de Prada”. Las zapatillas rojas de Dorothy en “El mago de Oz” y la remembranza de las botas de Tess de Urberville, la novela de Thomas Hardy, ocupan un lugar destacado en una nómina extensa que va desde Proust y sus duques de Germantes ( “A la busca del tiempo perdido”), pasando por “El gran sueño” de Raymond Chandler, la curiosa Agatha Christie, el enigma de Virginia Woolf y el heterodoxo Bukovsky. En la más reciente actualidad, “Adictas a los zapatos” de Beth Harbison, “Los zapatos de mi vida” de Jane Eldershaw y “ Los zapatos de Valeria” de la valenciana Elisabet Benavent, son ejemplos de una chic lit en la que brillan con luz propia estos iconosde la moda y del deseo.

Zapatos de Sarah Jessica Parker

Zapatos de mujer que en España alcanzan las más altas cotas de calidad en cuanto al diseño, los materiales y la confección artesana o industrial. Marcas con renombre en todo el mundo que luchan por conservbar su puesto de privilegio ante la avalancha de productos de países orientales y que en muchos lugares de nuestro país como Almansa, Petrer, Elche, Elda, Sax, Arnedo, etc…dan trabajo y crean riqueza entre sus vecinos. En sus fábricas, donde puedo constatar la calidad de sus materiales nobles como el cuero, así como la elevada tecnificación de su proceso productivo, pero también las viviendas de esas sacrificadas y laboriosas trabajadoras que ensamblan y cosen con mimo las piezas de cada pieza artesana, un zapato que lleva a ser obra de arte en muchos casos y que es símbolo de gusto, belleza y poder en la mujer que los usa. Zapatos de mujer que llenan las pasarelas de moda,   cubren los pies de las famosas y a veces nos hacen volver la vista cuando sobre ellos camina una mujer airosa, decidida, orgullosa de su identidad y de su propia feminidad.

Zapatos CX-UAD Medani

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