LA EXPLOTACIÓN DEL LAPIS SPECULARIS EN HISPANIA, por Teresa Palomino Palomino. Investigadora-Escritora

 La explotación del Lapis Specularis en Hispania

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Miklos Rozsa – Marcha Romana (Ben Hur)

Tras la conquista de Roma las explotaciones mineras pasaron a ser propiedad del Estado “ager publicus”, administradas por los gobernadores siendo auxiliados por magistrados “cuestores”,y, a partir del s. II d.C. se crearon las compañías “societates publicanorum” convirtiéndose en arrendatarias.

Los que resguardo de los agentes atmosféricos, encontrándolo en el Lapis Specularis : aislaba, protegía y permitía pasar la luz y el aíre.

Las explotaciones de este mineral se extendieron por Hispania, en la actual Comunidad de Castilla La Mancha, a 100.000 pasos de la ciudad de Segóbriga (aprox. 150 Km.), concretamente en las provincias de Cuenca y Toledo, también en Almería. En el Imperio se localizaban en Italia, Sicilia, África (Túnez), Chipre y en Capadocia el Lapis Penghites, más duro y veteado y de menor transparencia que el Specular. Se cree que los romanos designaron a este Lapis Penghites a alguna piedra como el ónix o el alabastro. De todas ellas, el mejor y más translúcido fue, sin lugar a dudas, el extraído de la actual provincia de Cuenca y Toledo, durante los siglos I y II d. C.;  Plinio el Viejo, a su llegada a Hispania en época de Vespasiano, como procurador, nos dice en su “Historia Natural”, libro XXXVI, de la explotación de estos minados: “…la más traslúcida de esta piedra se obtiene en la Hispania Citerior, cerca de la ciudad de Segóbriga y se extrae de pozos profundos…”. Éstos fueron explotados durante todo el siglo I d. C. y con un grado menor de actividad a finales del siglo II.

distritos mineros mantenían un régimen administrativo independiente de las colonias y municipios como se constata en las Leyes de Vipasca o Tablas de Aljustrel (Portugal), conteniendo normas y disposiciones sobre los diferentes arrendamientos de los servicios públicos así como la regulación de los derechos de arrendamientos y concesiones. Obtenidas éstas era obligatorio pagar un impuesto “vectigal”, dentro de los dos días siguientes, pero si transcurridos seis meses y el pozo permanecía inactivo, caducaba el derecho de explotación.  Era habitual una duración de cinco años, tiempo en que los censores ocupaban sus cargos; en ocasiones se concedían a perpetuidad.

El derecho romano no daba la propiedad del yacimiento, sino el dominio del mismo. Si bien no se les concedía la posesión, sí estaban autorizados a vender, a un tercero, el derecho de explotación. El propietario era el pueblo romano y en época imperial el Emperador (Fisco). Debido a este régimen jurídico, las concesiones se otorgaban bien a particulares, a compañías o “societates” organizadas por un consorcio de muy heterogéneos personajes, administradas por “publicanos”; la mayoría de estas sociedades mantenían sus sedes en Roma.

Las minas proporcionaron a Roma: oro, plata, cobre, hierro, plomo, mercurio y otros minerales como el Lapis Specularis.

Los romanos precisaban de un material que les proporcionara luz para sus cerramientos y vanos y, al mismo tiempo, protección de las inclemencias; no hay que olvidar que se cerraban con tablones o contraventanas de madera permitiéndoles, a través de orificios recibir la luz y el aire para ventilar; en ocasiones instalaban cortinas, pieles de animales o

vejigas que al ser semitransparentes cubrían, en parte, sus necesidades lumínicas a la vez

El Lapis Specularis es un tipo de piedra de yeso selenítico translúcido (sulfato de calcio) que se encuentra en el subsuelo, presentándose en forma de grandes placas. Una de sus características principales es su capacidad de exfoliación y la facilidad de ser cortado con sierras y serruchos. Esta piedra especular es conocida por diferentes nombres: espejuelo, espejo de lobo, espejillo de asno, piedra de la luna, piedra de la luz, sapienza, reluz…En Alemania se le llama “cristal de María”, al enmarcarse las imágenes con éste mineral sirviendo, además, como recipiente para las reliquias. Su denominación viene dada porque al incidir la luz natural o artificial sobre ésta, brilla como un espejo. Es un excelente aislante, térmico y acústico, y muy resistente, incluso más que el vidrio, presentándose engarzado en madera, hierro, cerámica o bronce

Fue utilizado para cerramientos de ventanas, vanos, carruajes, literas…, como revestimientos de edificios públicos y privados, pavimentos, bóvedas, paredes; igualmente como elemento ornamental decorando espacios: templos, termas, villas, palacios o cubrir suelos por su reflejo; en ocasiones se tintaba engarzándolo en bastidores de madera,  hierro o cerámica, como el encontrado en Pompeya. El emperador Tiberio, muy aficionado a los pepinos, construyó un invernadero con lapis para poder disfrutar todo el año de esta hortaliza, y hubo quien cerró sus colmenas con éste. Por tanto se puede decir que el Lapis Specularis tuvo un uso restringido, empleado por las clases sociales elevadas y, exhibiéndolo con gran ostentación, prohibitivo hacia las menos favorecidas. Plinio nos dice respecto a su utilidad: Historia Natural. XXXVI:

“…a pesar de su conocida blandura, posee la rara cualidad de aguantar fríos y calores extremos sin envejecer, con tal de que se la trate con cuidado, a pesar de que el envejecimiento afecta a muchos tipos de roca. La piedra especular ha encontrado una nueva aplicación al extenderse, a modo de virutas y raeduras, sobre el suelo del Circo Máximo durante la celebración de los juegos circenses, para conseguir una blancura más agradable”

Pero no solo se aplicó como elemento decorativo sino que tuvo otras aplicaciones. A su alrededor se crearon industrias secundarias emergentes aprovechando los desechos y los recortes depositados en las escombreras próximas a los minados, como yeso de fragua. Después de ser machacado se cocía en hornos o en grandes recipientes; una vez conseguida su deshidratación. Posteriormente se separaban las impurezas moliéndolo, obteniendo un excelente yeso llamado de “fábrica”, utilizado como escayola o estuco; el proceso terminaba con su almacenamiento en lugar seco. Su versatilidad era inmensa sirviendo, mezclado con agua, como mortero para blanquear y enfoscar paredes, elaborando, con moldes, molduras, adornos y todo tipo de ornamentos arquitectónicos.

La pregunta que, posiblemente, nos hayamos hecho alguna vez…  ¿Cómo los localizaban  los romanos? Mediante los afloramientos en superficie del mineral, permitiéndoles determinar las zonas más idóneas para ser explotadas.

En Castilla La Mancha se han constatado unas veinticinco minas, Cuenca veinticuatro: Alconchel de la Estrella, Mudarra (Garcinarro-Huete), Osa de la Vega, Saceda del Río, Torralba, Torrejoncillo del Rey…, y una en Noblejas, Toledo, con una calidad similar a los de Cuenca,  sin descartar la existencia de otras. Éste último se halla cercano a una calzada que unía Toledo con Segóbriga. Otros minados más alejados, también de la provincia de Cuenca, (160 km. de Segóbriga) son los de La Frontera y Villaescusa de Haro.

Actualmente al restaurar un molino en el pueblo conquense de Alcázar del Rey, se ha descubierto que se hallaba asentado sobre un pozo minero colmatado, encontrándose restos de Lapis Specularis y desechos de esta piedra al profundizar varios metros en el subsuelo.

Aprovechando cortados naturales se excavaban entradas horizontales o rampas  proporcionando un cómodo acceso y, al mismo tiempo, facilitarían el transporte bien con animales de carga o mediante esportones acarreados por los propios mineros. Otras formas de acceso era tallar escaleras en la roca siempre que la inclinación no fuera muy pronunciada; no obstante la más utilizada era la excavación de pozos cuadrangulares o rectangulares, de entre uno y dos metros de diámetro, equidistantes unos de otros entre veinte o treinta metros, comunicando el interior con el exterior. Éstos, además, tenían diferentes usos: entrada y acceso a los distintos niveles ayudándose con cuerdas de esparto y escaleras de madera o excavadas, y éstos mediante galerías de intercomunicación y como sistema de ventilación, orientación, suministros de materiales y proporcionar luz y ventilación.

Se han encontrado anclajes  en forma de anillas, esculpidos en la roca, donde ataban los cordajes como medida de seguridad

En superficie llegan a ocupar un número elevado de kilómetros, y en el interior algunas galerías llegar a alcanzar desde 500 metros hasta 5 kms.

Estaban distribuidas en galerías, algunas llegando hasta la capa freática, siendo el centro la llamada “sala de explotación” originada por la extracción del lapis, oscilando entre cinco y cuarenta metros, desde donde se organizaba, distribuida y partían galerías y a donde confluía el mineral. Para sustentarlas se empleaban, además de pilares esculpidos en la roca, las llamadas “Llaves”, y en ocasiones por muros de contención  producidos por acumulación de desechos  que conllevan, a lo largo de los tiempos, derrumbe.

El sistema empleado para su extracción correspondía al llamado de “cámaras y galerías” al encontrarse el mineral en bolsadas subterráneas y estas unidas a la roca o ganga.

Las galerías se iban trazando siguiendo la dirección de la mena, llegando a formar un entramado entre cámaras, galerías y pozos, desarrollándose en varios niveles. Se ha constatado que algunos minados llegaron hasta cinco, sin exceder de 50 metros. Éstos se comunicaban a través de pozos y contrapozos interiores, rampas o escaleras. De las principales partían las “exploradoras o colaterales” más pequeñas y con trazados, generalmente, semicirculares rastreando las franjas  próximas a aquellas buscando el mineral interrumpiéndose, a veces, al quedar agotada. Las de intercomunicación entre zonas explotables y que se conectaban con otra en sentido contrario; podían ser de tipo trapezoidales, llamadas de ataúd,  teniendo la parte superior más ancha (anchura de los hombros), y la inferior estrecha; a veces éstas eran de tipo cuadrangular. Los desechos se transferían a zonas relativamente cercanas donde ya se había extraído el mineral.

Al llegar a los niveles freáticos y en ocasiones sobrepasarlos, necesitaban instrumentos que evacuasen las aguas: bombas, norias de cangilones o el tornillo de Arquímedes…   Si el caudal era escaso utilizaban esportones de esparto previamente embreados.

Se alumbraban con lucernas, apoyadas en los nichos de los hastiales, lucernarios,  escavados en la roca, con grasa animal o  vegetal; también utilizaron sésamo o nuez, mezcladas con sal para dar mayor luminosidad y evitar el chisporroteo. Se colocaban a la altura (aproximada) de los ojos, aprovechando su reflexión sobre el lapis iluminaban las galerías. La secuencia entre aquellos era de unos 60 cm., lo que se estimaba que un hombre podía picar en una jornada. Estrabón afirmaba que el tiempo de duración de la llama correspondía a una jornada, pero no se ha podido constatar ninguna de ambas teorías. Lo que sí se ha determinado es que en ocasiones utilizaban teas y antorchas.

El trabajo en las minas era durísimo picando en túneles estrechos y angostos, manejando instrumentos como picos, martillos, mazos…, con unas expectativas de vida alrededor de veintiochos años. Mayoritariamente eran esclavos o condenados a trabajos forzados, considerado por los romanos como el más duro tras la pena capital; no obstante también había hombres libres trabajando por una retribución monetaria y niños de corta edad. Vestían túnica de lana corta que sujetaban a la cintura mediante un cinturón de cuerda, rodilleras de esparto y calzados con alpargatas y gorros o cascos también de esparto trenzado.

Para extraer el mineral percutían de arriba hacia abajo y en paralelo y vertical con el puntero de cuatro aristas o cinceles golpeando con el mazo, para perfilar las placas antes de su extracción, en forma rectangular o cuadrangular, dejando las marcas que se aprecian; a más anchura mayor era la dureza de la roca. Para las galerías, salas de explotación y pozos, picos, piquetas, punzones, cinceles, mazos, serruchos, tenazas…. En las excavaciones se han encontrado picos romos o rotos que utilizaban para terrenos arcillosos. En los diferentes minados se han encontrado piedras de moliz o de afilar de arenisca, también llamadas molas o cos, empleando agua y aceite. Las fuentes antiguas nos dicen que las mejores piedras afiladeras se cebaban con saliva humana y aquellas procedían de las canteras de Laminium (Alhambra, C. Real)

El mineral era sacado al exterior mediante animales, esportones de esparto o tornos si el acceso era complicado. Las instalaciones se ubicaban alrededor de la calzada del minado: centro de procesamiento, donde las placas, antes de ser cortadas con sierras y serruchos, se perfilaban con un puntero, utilizando plantillas cuadradas o rectangulares. Cuando estaban cortadas se exfoliadas con cinceles, separando las láminas. En los hornos se cocía el mineral transformándolo en yeso; en las fraguas y otras dependencias metalúrgicas se fabricaban y reparaban las diversas herramientas utilizabas para el laboreo minero…, almacenes donde se depositaban, previsiblemente, en cajas de madera, cestos o sacos de esparto el lapis preparado para el transporte; otros almacenes con madera para entibar, esparto: sogas, cordeles, cestos, esportones…. y los poblados muy modestos. En terrenos cercanos se cultivaba esparto cuando el silvestre se agotaba. Tuvo tanta importancia que incluso se llegó a regular: cuándo, dónde y cómo se debería plantar.

Los minados necesitaban una red viaria que facilitara el transporte del material necesario para la extracción del mineral y, una vez embalado, exportarlo al puerto de Carthago Nova desde donde se distribuiría a todo el imperio, a través de la calzada Spartaria o del Lapis Specularis; no obstante existían ramales o vías secundarias hacía los complejos mineros.

Era responsabilidad del ejército garantizar la seguridad de los complejos mineros y de las vías o calzadas en sus aledaños y de las ciudades, evitando robos, asaltos, revueltas… y para ello permanecía un destacamento (vexillatio) permanente en el Cerro de la Muela del Pulpón, asentamiento fabril y militar (carretera de Carrascosa del Campo a Palomares del Campo, Cuenca), controlando todo el valle del Cigüela y alrededores.

Los complejos mineros del lapis originaron un auge económico en la zona atrayendo una emigración muy diversa, atestiguada por los epígrafes en la estelas funerarias,  a la vez que surgieron nuevas élites políticas y económicas, viéndose favorecidas las ciudades de Ercávica y Segóbriga como administradoras de los minados y entes jurídicos al acuñar moneda.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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BERNÁRDEZ GÓMEZ, M.J.; GUISADO DI MONTI, J.C. (2002) Las explotaciones mineras del Lapis Specularis en Hispania. Catálogo Exposición. ARTIFEX. PP. 273-298. (Madrid) Museo Arqueológico Nacional.

 

GONZALEZ ROMÁN C. y F. RODRÍGUEZ, N. (2009) El trabajo en la Hispania Romana. Silex (Madrid)

MONTERDE GARCÍA J.C., Libro Fundamenta Iuris. Terminología. Principio e Interpretativo. PP 32-33. Pedro Resina Sala.

VAQUERIZO, D. (coord.)  Minería y metalurgia en la Hispania prerromana y romana. Diputación Provincial de Córdoba.1999.

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