WATERLOO: EL FINAL DE LA HEGEMONÍA MILITAR NAPOLEÓNICA, por Alfredo Pastor Ugena. Catedrático en Historia

La Revolución Francesa y el imperialismo napoleónico cambiaron las estructuras socioeconómicas y políticas de Europa y gran parte del mundo. Hacia el final del proceso revolucionario francés, la burguesía apeló al ejército para evitar acudir al pueblo o promover la vuelta del Antiguo Régimen. El general Napoleón Bonaparte dio un golpe de Estado el 18 y 19 de Brumario (9 y 10 de diciembre de 1799) y se hizo con el poder.

El imperio napoleónico supuso el mantenimiento de la supremacía socioeconómica de la burguesía. El cambio de signo de las guerras (1812-1814) y las crisis económicas (1810-1815) motivaron la retirada de la confianza de la burguesía hacia Napoleón I. En efecto, tras la primera abdicación (6 de abril de 1814)  su definitiva derrota en Waterloo (18 de junio d1 1815) selló la inevitable caída de su imperio, tras la efímera recuperación del poder durante los Cien Días: 20 de marzo a 28 de junio de 1815.

La batalla de Waterloo fue la última batalla de las guerras napoleónicas en la que se vio cómo las ambiciones del emperador francés eran aplastadas de una vez para siempre. Las campañas de España y Rusia fueron los precedentes más significativos de este ocaso.

Camino de la Batalla

A pesar de su antigua genialidad en la campaña, Napoleón fue incapaz de derrotar a los ejércitos aliados, y los prusianos acabaron de determinar su suerte al acudir en ayuda de Wellington el 18 de junio, en lugar de retroceder tras su revés en Ligny. Después de ser derrotado por el Duque de Wellington, fue desterrado a la remota isla de Santa Elena.  Napoleón estaba librando ya demasiadas batallas y tenía muchos frentes abiertos y las fuerzas aliadas de Gran Bretaña, Prusia, los Países Bajos y Bélgica estaban haciendo todo lo posible por derrotarle.

El 4 de abril, Napoleón abdicó oficialmente de su cargo de Emperador de Francia. Las fuerzas aliadas decidieron exiliarlo a la pequeña isla de Elba, en la costa toscana. En lugar de un imperio europeo, ahora Napoleón sólo gobernaba los 120 kilómetros cuadrados de aquel terreno áspero. Los aliados instauraron rápidamente la monarquía borbónica, proclamando a Luis XVIII, rey de Francia.

Obra de J. Ferrer Crauzel

Por tanto, el 1 de marzo de 1815, Napoleón se escapó de la isla de Elba, y desembarcó en el puerto de Cannes, en la costa mediterránea, con unos cuantos seguidores. Los soldados que fueron enviados por el rey Luis XVIII para detener a Napoleón, desertaron y se unieron al antiguo emperador. Bonaparte llegaba a París el 20 de marzo de 1815, y fue calurosamente recibido por los campesinos y la clase media. Luis XVIII y los aliados declararon proscrito a Napoleón.

La batalla de Waterloo (una población de la actual Bélgica situada a unos veinte kilómetros al sur de Bruselas), según últimas investigaciones, no se libró en concreto en esta ciudad sino más al sur , en concreto en las aldeas de Braine-l’Alleud y Plancenoit. Fue la última batalla de las guerras napoleónicas en la que se vio cómo las ambiciones del emperador francés eran aplastadas de una vez. A pesar de su antigua genialidad en la campaña, Napoleón fue incapaz de derrotar a los ejércitos aliados, y los prusianos, dirigidos por el Duque de Wellington, que estuvo al mando de una fuerza multinacional de irlandeses, galeses y escoceses, donde no faltaban tampoco los holandeses, los belgas, y el prusiano por Gebhard Lebercht von Blucher. Tras esta batalla se derrumbó el gobierno de los Cien Días

            El fracaso militar de Napoleón Bonaparte terminó con sus aspiraciones de retomar el sueño imperial. Seis días antes de la derrota, el Congreso de Viena firmó su acta final, donde las naciones vencedoras, Reino Unido, Austria, Rusia y Prusia, se unieron para sepultar las ideas revolucionarias extendidas por el francés y para restablecer las fronteras a su antojo

Wellington en Waterloo. Obra de Robert Alexander-Hillingford
Coracero Frances cargando con sable. Obra de Dalmau

“(…) Tras la Batalla de Waterloo, Napoleón trató de tomar un barco para huir a América, pero fue capturado por los británicos. Suplicó asilo en Gran Bretaña, pero los ingleses se negaron, y desterraron a Napoleón a Santa Elena, donde vivió seis años hasta fallecer, una isla remota a cientos de kilómetros de la costa de África. Napoleón no volvió jamás a pisar suelo frnacés. Los últimos seis años de su vida los pasó en Santa Elena.

A pesar de no tener un glorioso fin, el legado de Napoleón duró mucho más. Sus ideas, tanto políticas como militares, y otros principios de la Revolución Francesa, se llevaron a Europa occidental y otros puntos del planeta (…)”. Murió años después, en 1821, a los 52 años de edad.

El Primer Imperio Francés fue destruido tras la derrota de Waterloo. Francia perdió la hegemonía continental y los Borbones recuperaron el trono de París. La Corona recayó en Luis XVIII, hermano del último monarca, Luis XVI (el XVII se reservó para el hijo de éste que se suponía había reinado preso en la prisión del Temple tras la ejecución de su padre). Se promulgó la Charte, una nueva Constitución, aprobada por el Senado napoleónico, que confirmaba algunas conquistas revolucionarias (libertad de opinión, libertad de culto, gobierno representativo, etc.).”

El sueño de Napoleón de edificar una “Unión Europea”, una “Nación de Naciones”, no pudo cumplirse: una unidad continental bajo hegemonía francesa. Un imperio con una moneda común, un mismo código jurídico y una misma lengua. La idea de Napoleón contemplaba la creación de una Gran Imperio compuesto por Francia y los territorios sometidos y presidido por él mismo. El Sistema Continental lo formaría el Gran Imperio y las naciones aliadas. Napoleón no sólo no consiguió su propósito sino que despertó los sentimientos nacionalistas a lo largo y ancho de Europa.

Napoleon en el Bellerophon 1880 Sir William Quiller Orchardson. Napoleón fue encarcelado y desterrado por los británicos a la isla de Santa Elena en el Atlántico, el 15 de julio de 1815. Allí, con un pequeño grupo de seguidores, dictó sus memorias y criticó a sus aprehensores. Enfermo del estómago, aquejado de una continua pesadez y un dolor en el costado derecho, los médicos creían que era una afección hepática, pero él sospechó que estaba atacado de la misma dolencia de su padre, un cirro en el píloro o cáncer de estómago,​ pero no se lo dijo a nadie hasta que estuvo seguro. Napoleón tenía 51 años cuando murió un 5 de mayo de 1821 a las 17:49. Sus últimas palabras fueron: «France, l'armée, Joséphine» («Francia, el ejército, Josefina») o, según la versión de las memorias de Santa Elena «...tête...armée...Mon Dieu !».

Las fuerzas aliadas se reunieron en el Congreso de Viena , en noviembre de 1814, para decidir la mejor manera de dividirse los territorios conquistados por Napoleón. Mientras que las potencias europeas se peleaban por estos territorios, Napoleón recibía constantes informes de que el pueblo francés estaba descontento con la nueva monarquía restaurada. Fue convocado por Gran Bretaña, Austria, Rusia y Prusia en 1814 terminó el 8 de junio de 1815, días antes de Waterloo. El objetivo era defender la tradición, la legalidad, la monarquía y el equilibrio real y duradero en Europa; en definitiva, el Antiguo Régimen. La gran beneficiada fue Gran Bretaña, que se había convertido en primera potencia marítima y extendió su influencia comercial y política por todo el mundo.

 

Congreso de Viena por Jean Baptiste Isabey. Descripción 1. Arthur Wellesley, 1st Duke of Wellington (UK) 2. Joaquim Lobo da Silveira (Portugal) 3. António de Saldanha da Gama (Portugal) 4. Count Carl Löwenhielm (Sweden) 5. Jean-Louis-Paul-François, 5th Duke of Noailles (France) 6. Prince Klemens Wenzel Nepomuk Lothar von Metternich (Austria) 7. Frédéric-Séraphin de La Tour du Pin Gouvernet (France) 8. Count Karl Robert Nesselrode (Russia) 9. Pedro de Sousa Holstein, 1st Count, 1st Marquess and 1st Duke de Palmela (Portugal) 10. Robert Stewart, Viscount Castlereagh (UK) 11. Emmerich Joseph de Dalberg (France) 12. Baron Johann von Wessenberg-Ampringen (Austria) 13. Prince Andrey Kirillovich Razumovsky (Russia) 14. Charles Stewart, 1st Baron Stewart (UK) 15. Pedro Gómez Labrador, Marquis of Labrador (Spain) 16. Richard Le Poer Trench, 2nd Earl of Clancarty (UK) 17. Nikolaus von Wacken (Recorder) (Österreichischer Staatskanzleirat, Freiherr 1823) 18. Friedrich von Gentz (Congress Secretary) 19. Baron Friedrich Wilhelm Christian Karl Ferdinand von Humboldt (Prussia) 20. William Schaw Cathcart, 1st Earl Cathcart (UK) 21. Prince Karl August von Hardenberg (Prussia) 22. Charles Maurice de Talleyrand-Périgord, 1st Sovereign Prince de Bénévent (France) 23. Count Gustav Ernst von Stackelberg (Russia)

En este Congreso , el 26 de septiembre de 1815, se creó la Santa Alianza por iniciativa del zar Alejandro I. El objetivo era avanzar hacia un régimen de paz y un gobierno cristiano en Europa y evitar cualquier alteración de la Restauración. En un principio estuvo formada por Rusia, Austria, Prusia y Gran Bretaña pero en 1818 se unió también Francia. Podía intervenir en cualquier país para detener los movimientos revolucionarios o liberales. Además, el Sistema de Congresos favoreció el uso de la diplomacia en política internacional. En España intervino la santa Alianza bajo la enseña de los Cien Mil Hijos de San Luis , “un contingente francés con voluntarios españoles que combatió en España en 1823 en defensa del Antiguo régimen, por el que abogaba Fernando VII de España, poniendo fin a la Guerra Realista y al Trienio Liberal”.

Desembarco de Fernando VII en Puerto de Santa María con los Cien mil Hijos de San Luis. Obra de José Aparicio (1825)

Con la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis, España volvía a ser lo que fuera años atrás: un país sumido en el absolutismo y anclado en el pasado, situación que se prolongaría durante toda una década, hasta la muerte del «Deseado» en 1833. Durante todos estos años, se dilapidaron todos los derechos y libertades que tanta sangre y sudor habían costado, y se volvió a hacer cada vez más palpable el enfrentamiento entre las dos grandes corrientes políticas, una desde la clandestinidad y la otra desde el poder. 

 

Los Cien mil Hijos de San Luis tomando Madrid
Napoleón Bonaparte. Oleo de Jaques-Louis David (1812)
Arthur Wellesley, Duque de Wellington. Obra de Thomas Lawrence. Pintado antes de la batalla de Waterloo
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