PASEOS POR LA HISTORIA DEL ARTE. LA ESCULTURA BARROCA, GREGORIO FERNÁNDEZ Y EL CRISTO DE EL PARDO, por Alfredo Pastor Ugena. Catedrático en Historia

Cristo de El Pardo

Música recomendada: Antonio Lucio Vivaldi 12 Concertos for Violin & Oboe, Op. 7

“(…) La religión determinó muchas de las características del arte barroco que fue básicamente religioso. La iglesia católica se convirtió en uno de los mecenas más influyentes, y la Contrarreforma, que quería combatir la difusión del protestantismo, contribuyó a la formación de un arte emocional, dramático y naturalista, con un claro sentido de propaganda de la fe. La temática tratada, por tanto, será casi exclusivamente religiosa. En España predominan las imágenes religiosas talladas en madera (imaginería) que posteriormente se policroman. Entre los trabajos más destacados están los retablos para altares de iglesias donde aparecen figuras exentas y en bajorrelieve. El cliente más importante es la Iglesia y en segundo lugar la Corte (…).

Las características generales de la escultura barroca están determinadas por: el movimiento, la energía, la fuerza de la tensión, la ubicación de las figuras en composiciones asimétrica con predominio de las diagonales y los escorzos, hilvanadas con fuertes contrastes de luces y sombras que realzan significativamente los efectos de todos los componentes escenográficos y el naturalismo. Las figuras se presentan de forma individualizada, con personalidad propia. En ellas los artistas buscaban la representación de los sentimientos interiores y las pasiones reflejadas en los rostros de los personajes.

En la escultura barroca castellana diferenciamos dos grandes escuelas: la castellana y la andaluza. La primera se centra en Valladolid y en Madrid. Presenta “un realismo exagerado, patético, lleno de dolor y sangre, con un profundo dinamismo y unos rostros de gran expresión, pero sin caer en vulgaridades. Las cabezas son enormemente expresivas. Los ropajes, de formas quebradas y ricas en claroscuro, intensifican su expresión.

Gregorio Fernández es el gran representante de  la escuela de Valladolid. Realiza una obra densa donde destacan la larga serie de Cristos como el Cristo Yacente del Pardo y El Cristo de la Luz de la capilla de la Universidad de Valladolid, que  muestra ya un gran realismo dramático, transformando las dulces formas manieristas en otras más naturalistas, lo  que se refleja en los múltiples trabajos que realizó para distintas cofradías y en los pasos de Semana Santa que le encargaban. La colección más importante de su obra se encuentra en el Museo Nacional de Escultura, en Valladolid. Fue una persona piadosa y profundamente religiosa. Pertenecía a varias cofradías religiosas y se basaba en textos de santos y de la misma Biblia para diseñar sus esculturas. Se sabe que antes de empezar una obra pasaba por un período de ayuno y reflexión, actitud acorde con las enseñanzas de Ignacio de Loyola. Su obra está impregnada del misticismo y del espíritu de la Contrarreforma, con escenas dramáticas y teatrales de gran carga emocional y figuras con posturas y gestos muy forzados, todo estudiado para que la gente pudiera interpretar sin problemas el significado de la obra que estaban viendo

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“(…) Sin duda es el heredero de la expresividad de Alonso Berruguete y Juan de Juni, que supo reunir a estas influencias el clasicismo de Pompeyo Leoni y Juan de Arfe, de manera que su arte se liberó progresivamente del Manierismo imperante en su época hasta convertirse en uno de los paradigmas del Barroco español (…)” Esculpe sus obras con un realismo violento dotándolas de una detallada perfección anatómica en los cuerpos, destacando el matiz y la dureza de los huesos, la tensión de los músculos, la blandura de la carne o la suavidad de la piel. También fue un magnífico policromador.

Algunas de sus obras más importantes son: Cristo de la Luz, La Piedad flanqueada por los dos ladrones, y  los  Cristo yacientes, entre otras.

Una de sus obras más singulares que goza religiosamente de una amplia devoción  se encuentra en  El convento de los Padres Capuchinos o convento de Nuestra Señora de los Ángeles(conocido popularmente como el Cristo de El Pardo, por la imagen que allí se venera) es un convento fundado a principios del siglo XVII y regentado desde entonces por la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.

El llamado Cristo de El Pardo, una escultura del siglo XVII, tallada por Gregorio Fernández, que representa a Jesucristo en posición yacente. Se trata de una escultura barroca de principios del siglo XVII, tallada en madera policromada y está considerada como una de las obras maestras del citado escultor.

Según la tradición, fue encargada en 1605 por el rey Felipe III, como ofrenda por el nacimiento ese mismo año de su primer hijo varón, a la postre Felipe IV. Gregorio Fernández la habría tallado en Valladolid, cuando tenía 29 años. Se trata de un tema muy recurrente en la escultura española de los siglos XVI y XVII, ya realizado, con anterioridad por Juan de Juni, Gaspar Becerra y Francisco de la Maza, entre otros escultores del Renacimiento.

La imagen está concebida para ser contemplada lateralmente. La cabeza del Cristo se inclina hacia el lado derecho, al tiempo que la pierna derecha aparece más levantada que la izquierda. La cabeza y parte del tórax se apoyan sobre una almohada, mostrándose inclinados, lo que contribuye aún más a esa percepción de lateralidad. Los brazos se extienden sobre el lecho separados del tronco, buscando una cierta sensación de simetría, que también se aprecia en la cabellera, al quedar desplegadas varias madejas de cabello a ambos lados de la almohada.

“En varias ocasiones hubo de abandonar la imagen su silencioso retiro. La primera cuando la invasión napoleónica (muchísimas otras obras de arte fueron saqueadas), después al ser exclaustrados los frailes y por último durante la guerra civil. En todas estas ocasiones el Cristo fue protegido y escondido sucesivamente en la iglesia del pueblo, en el Palacio Real de Madrid, en San Francisco el Grande y en los sótanos del Museo del Prado de Madrid (…).

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