GUERRERO SOLAR, por Isidoro A. Gómez Montenegro.

Música recomendada: 

Obertura Popocatépetl - Alejandro Momox

En revuelo de plumas exégetas llamaba con sonidos de quena a su dios Sol, fue gota de lava, vendaval que incrementó piedra y sedimento, estero de piedra volcánica petrificada, ónix y jaspe rapaz que retoca, era llaga de dolor y esperanza en batallas de color y sorpresa, aullido gregario de garganta perdido en el arcano develado de carne y virtud, precoz regencia de follaje exfoliador en el verbo, temblor de rocío, ¡Hechizo mortal alumbra tu frente Pachacútec!

Talismanes desprendidos más allá del eco de los campos, ajuar de flores tu mirada, tiempo… templo solar en el Oriente evapora destellos redentores de estrella diurna.

Guerrero solar, fuego candente, extrajiste de la trinchera tus virtudes, aire, ritmo, vaticinios de colores áureos y platinos, pinturas acalladas en paredes de ríos.

Te estremece sueño de ángeles, ópalo astral, la línea de Naska, el árbol de quinua, Machu Picchu.

Pachacutec conduciendo a sus hombres al combate en la guerra civil contra Urco. Imagen: Richard Hook

Late tu cauce, me destellas, acuno tu verdad en martillo, el pie de la vida clava ecos, ecos invertidos, hecatombes, seminal música estridente del ocaso en semilla germinada.

En recóndito lugar, dichas y desdichas, renace la primavera en alquimia de suerte, de ciclos infinitos de sabiduría y paciencia.

¡Oh sol!, oh semilla dadora de portento, oh sagrario del oráculo divino.

Recorre la ciudad romería de noche, los pasos mueren de anoxia incapaces de caricias, en resquicios y raíces de esperanza pervives Pachacútec, pervives en el brazo del viento, en aliento gutural del ocaso sin limen ni límites o fronteras impávidas de malabares, ¡Hijo del sol que transformó el mundo!

Socavaste rebeliones después de mil edades, prisma de yertos exhumaron el insomnio de cantares, dominaste el Collao, aumentaste capitales y obras arquitectónicas he impulsaste la agricultura, el templo del sol ombligo del mundo Machu Picchu, se expandió tu dominio.

Pachacútec. Pintura de la escuela cusqueña. Siglo XVI

Pachacútec tuvo grandes logros urbanísticos, verte desecada, el canto brusco de los ríos hacía naufragar al Cusco, recinto del sol, esencia que alimentó pinceles del templo donde irrumpe luz dilucida igual a la de Solón, no turba la luz expansiva de Carlo Magno, ni estorba el sueño. El eco de tu voz se expande por los Andes

Polvo disperso más allá de la memoria y otros lugares, mi llanto se coagula en tinta sangre de agonía y progreso, voces del alma, otoños, quimeras, grito intermitente.

Un sol, un meteorito, lugar de la abundancia.

¡Pachacútec!, canta tu nombre la espuma en alma pletórica de sueños, la estrella sonríe con la ilusión del árbol de quinua, sombra de caracol, sombra y espuma de crepúsculo.

¡Azas la voluntad de los hombres de América!, ¡Alzas la cordillera de los Andes!, ¡Alzas el vuelo de cóndores! y ¡Abres los corazones del Perú!

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