LA MONJA ALFÉREZ-CATALINA DE ERAUSO- por Luis Manuel Moll Juan

Catalina de Erauso por Francisco Pacheco-1630

Música recomendada:

No se sabe si fue un caso para un sicólogo –que en su época no existían- o la manifestación de una personalidad muy independiente, pero lo cierto es que la española Catalina de Erauso fue un singular personaje histórico.

Alicia Centelles

Acuarela de San Sebastián con un astillero en el arenal -Georgius Hoefnagle. 1572

E n el año1585, nació en San Sebastián (Guipúzcoa), Catalina de Erauso, hija don Miguel de Erauso, notable caballero, y de doña Maria Perez de Galarraga Catalina desde la niñez, mantuvo siempre en sus espaldas una mochila de rebeldía, sus padres, desesperados por la situación de su hija, decidieron ingresarla en el convento de San Sebastián el Antiguo, donde una tía de la niña, era priora. Catalina, durante toda la estancia en el convento, no paró de meterse en pequeños jaleos. Justo antes de hacer los votos, produjo un reyerta con la monja profesa Catalina de Alili.

En la noche del 18 de marzo de 1600, cogió unos reales de a ocho de la celda de su tía y con las llaves del Convento se escapó sin saber dónde ir. Después de tres días se cortó el pelo disfrazándose de hombre, fantaseando la realidad, se puso el nombre de Antonio de Erauso, y como quijana, comenzó sus andanzas por diferentes ciudades y pueblos españoles, convirtiéndose, en espadachín y aventurero.

San Lucar de Barrameda en 1567. Por Antonio de las Viñas

Llegó a Sanlúcar de Barrameda, donde se embarcó como grumete en un galeón, cuyo capitán era su tío, Esteban de Eguiño. Bajo la apariencia de Antonio, -la que más tarde entraría en la historia como “La monja Alférez”-, supo congraciarse con sus paisanos, los vascos, que en más de una ocasión le socorrieron para que saliese airoso de sus riñas y desaguisados.

Grabado de Cartagena de Indias en el siglo XVII-Biblioteca Nacional-Madrid

Llegó hasta Cartagena de Indias, y cuando el navío se propuso volver para España, Catalina robó 500 pesos a Eguiño y se escapó embarcándose para Panamá, allí, en las Américas, tuvo la ayuda inestimable del corregidor de Trujillo, Orduño de Aguirre, quien le indicó que se marchase hacia Lima, lugar donde entró a trabajar de tendero -a través de una recomendación de Juan de Urquizo- bajo las órdenes de otro vasco, Diego de Lazarte. Su genio, pronto le volvió a surgir desde lo más profundo de su alma y dejó la protección de Lazarte, para enrolarse como soldado en unas compañías que partieron para Chile a combatir a los indios Araucanos, “esa raza soberbia ( palabras de Pablo Neruda) cuyas proezas, valentía y belleza, dejó grabadas en estrofas de hierro y de jaspe don Alonso de Ercilla en su Araucana.”

Siempre luchó con bravura ante los  Auracanos sin que en ningún momento se sospechase sobre su condición de mujer. Condición que, según su propio relato, escondió poniéndose ungüentos que hicieron “secar” sus pechos.

Catalina en duelo con su hermano.

En Chile , luchó en varias batallas contra los indios y en los llanos de Valdivia, alcanzó gracias a su fiereza, la graduación de Alférez.

“Tomaron y asaltaron los indios la dicha Valdivia. Salimos a ellos, y batallamos tres o cuatro veces, maltratándolos siempre y destrozándolos; pero llegándoles la vez última socorro, nos fue mal y nos mataron mucha gente, y capitanes, y a mi alférez, y se llevaron la bandera. Viéndola llevar, partimos tras ella yo y dos soldados de a caballo, por medio de gran multitud, atropellando y matando y recibiendo daño. En breve cayó muerto uno de los tres. Proseguimos los dos y llegamos hasta la bandera; pero cayó de un bote de lanza mi compañero. Yo, con un mal golpe en una pierna, maté al cacique que la llevaba, se la quité y apreté con mi caballo, atropellando, matando e hiriendo a infinidad; pero malherido y pasado de tres flechas y de una lanza en el hombro izquierdo, que sentía mucho; en fin, llegué a mucha gente y caí luego del caballo. Acudiéronme algunos, y entre ellos mi hermano, a quien no había visto y me fue de consuelo. Curáronme y quedamos allí alojados nueve meses. Al cabo de ellos, mi hermano me sacó del gobernador la bandera que yo gané, y quedé alférez de la compañía de Alonso Moreno, la cual poco después se dio al capitán Gonzalo Rodríguez, el primer capitán que yo conocí y holgué mucho.” Extracto del libro autobiográfico de la Monja Alférez: Catalina de Erauso.

Allí, se encontró e inclusive, se alojó en la casa de su hermano el Capitán y secretario del Gobernador, Miguel de Erauso sin que éste la reconociese. Con las inquietudes de meterse en refriegas, en una de ellas y ya en la ciudad de Concepción, dio muerte en un lance de espada al Auditor General, teniéndose que refugiar por un periodo de seis meses en una iglesia. Al final pudo salir libre, pero tuvo que escapar de nuevo debido, a que en una tragedia producida por un error dentro de la noche, confundió a su hermano y lo atravesó dándole muerte. Escapó hacia la ciudad de Tucumán cruzando los Andes, y de allí, casi a la carrera y por prometer el matrimonio a varias mujeres, tuvo que volverá escapar, esta vez hacia Potosí en Bolivia, donde siempre encontró el apoyo de sus amigos los vascuences. Aún así, y dada la fama de pendenciero que tenía, en la ciudad de Chuquisaca, fue detenido y torturado por un delito que no había cometido

Chuqiasca, Bolivia. Actualmente

Apaciguado los ánimos, seguramente porque le vería las orejas al lobo, y bajo la recomendación que le dio López de Urquijo, pasó a ser mercader de trigo y ganado. Pero poco le duró esa tranquilidad, al poco tiempo y debido a varias reyertas con muerte, fue condenado a la pena capital y tuvo que huir a Cuzco, tierra imperial de los Incas, allí metido de nuevo en otras reyertas, fue herido de consideración y viéndose en los brazos del barquero Caronte, pidió confesión, revelándole al sacerdote fray Luis Ferrer de Valencia su condición de mujer. Unas matronas dieron fe de su identidad como mujer y de la virginidad. Su sufrimiento tuvo que ser tal que la llevó a una profunda reflexión sobre su vida.

Volvió a salir de Cuzco hacia Guamanga, bajo la protección de sus amigos entre los que se encontraba el secretario del Obispo, Bautista de Arteaga, ante el cual confesó públicamente su condición de mujer y la de su nombre real: Catalina de Erauso. Tras esta confesión pidió profesar como monja, en el convento de Santa Clara de esa ciudad. De allí la trasladaron a otro convento, el de la Santísima Trinidad en Lima, donde continuó su vida religiosa hasta que en el año 1624, decidió volver a España abordo del navío “San José”. Abordo, sin duda, comenzó a escribir su propia historia  por entretener la ociosidad de las largas jornadas de travesía, que alargan aún más las calmas sofocantes del mar del Trópico; tal vez por la imperiosa necesidad de descargar su conciencia y de quitarse un peso del corazón. En la forzada inacción, prisionera, cansada de recorrer el puente del navío, se complació en revivir con el pensamiento las aventuras pasadas: las carreras a caballo a través de los Andes, las disputas, los combates, las huidas, la fortuna azarosa, la vida errante y libre. Lo hizo en un lenguaje limpio, conciso y varonil. No habla de sí misma en femenino, sino muy raras veces; sólo en casos desesperados, en momentos de suprema angustia, cuando siente la muerte y tiene miedo del infierno. Arrepintiéndose de su pasado y aminorando su exaltación religiosa, consiguió apaciguar su espíritu y bajar su ser a la normalidad.

Llegó a Cádiz en noviembre de 1624. En los ocho días que estuvo en esta ciudad, en casa de don Fadrique de Toledo, conoció a dos hermanos suyos que a este hombre servían.

Busto de Catalina en San Sebastián

Durante la estancia en España, fue recibida por el mismo Rey Felipe IV, quien le concedió una pensión vitalicia por sus actos leales a la corona . Viajó a Roma donde se entrevistó con el mismo Papa Urbano VIII, quien accedió a que “La Monja Alférez” volviera a ponerse la indumentaria de hombre, siempre y cuando, no tomara el camino de las reyertas y andadas de espadachín y de muerte. En Nápoles, paseando por sus calles, unas jóvenes lugareñas intentaron burlarse de ella diciéndole: “Signora Catalina, dove si cammina”. A lo que ella respondió: “ A darles a ustedes unos pescozones, señoras putas, y unas cuchilladas a quienes se atrevan a defenderlas”

Catalina de Erauso

En 1630 embarcó en Sevilla rumbo a Méjico cuando gobernaba la Nueva España el marqués de Cerralbo, y enamorándose en el viaje de Veracruz a Méjico de una dama a quien sus padres le encargaron que llevase a Méjico, sabedores de que doña Catalina era mujer, aunque vestía de hombre; aquella pasión le causó grandes disgustos, y a punto estuvo de batirse con el hombre con quien casó la dama.    Doña Catalina le desafió en una carta; pero algunas personas de importancia lograron impedir el lance. 

La Monja Alférez bajo el nombre de Antonio de Erauso se dedicó en Nueva España a la arriería, y en 1650, en el camino de Veracruz, enfermó y murió, se le hizo un suntuoso entierro y puesto en su sepulcro de Quitlaxtla  un honroso epitafio.

 

 

 

Iglesia de Cotaxtla, donde se dice esta enterrada la Monja Alferez – Cotaxtla, México

Nota: 

DON ANTONIO DE ERAUSO, MUJER CON ´HABITO DE HOMBRE QUE TRAÍA ESPADA  Y DAGA CON GUARNICIONES DE PLATA, QUE DEBERÍA DE RONDAR LOS 50 AÑOS, DE BUEN CUERPO, NO POCAS CARNES, COLOR TRIGUEÑO, CON ALGUNOS POCOS PELILLOS EN EL BIGOTE. ASÉ ERA Y ASÍ FUE LA MONJA ALFÉREZ DOÑA CATALINA DE ERAUSO.

:Catalina de Erauso, por L.F Rojas

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