MUNDOS Y MODOS

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A lo largo del libro “Julio Cortázar: mundos y modos” de Saúl Yurkievich percibimos los estadios creativos y originales que desarrollan ciertos talentos mientras el resto de los humanos carecen o simplemente los tienen “dormidos”, ocultos o solapados en su propia mente. En un capítulo del libro “Julio Cortázar: mundos y modos” de Saúl Yurkievich, Pierre Lartigue entrevista a estos dos genios de la palabra y del lenguaje, dos intelectuales que observan la vida con un exquisito tacto y sensibilidad por el arte y la literatura, grandes pensadores, poetas y críticos. Existe cierta complicidad entre ambos autores, Cortázar y Yurkievich para hablar de la prosa y la poesía mediante los puentes de enlace que las unen, el ritmo, el humor y el juego. Cortázar en su entrevista retrocede en el tiempo para explicarnos la relación que guardan la prosa y la poesía ya que esta última fue la que dio comienzo a la filosofía griega; de ese modo alude a Parménides el cual escribió el primer texto filosófico y Platón se perfiló como un excelente poeta. Quizás desde los comienzos de la humanidad la poesía ha procedido a la prosa y el mundo se ha expresado a través de ella. Cortázar empieza desde los 8 años a escribir versos hasta los 12. A partir de entonces traslada el mundo del sentimiento – la elegía, el amor y la nostalgia – al terreno de las ideas, de las acciones y las descripciones en su narrativa.

En Cortázar aparece lo anecdótico en medio del género fantástico donde la historia de lo imaginario pocas veces coincide con la llamada real. En sus relatos Cortázar parte de un mecanismo, una máquina que a partir de ciertos elementos de organización se define como cuento a diferencia de un poema, una novela ni el relato de un sueño. Realmente no es fragmentario sino un entramado narrativo según Yurkievich el cual contrariamente a Cortázar concibe el cuento como un sueño donde surgen el “extrañamiento” y lo simbólico. En la escritura de Cortázar existe una mayor determinación semántica, una pasión, una mayor voluntad de mensaje que en la de Yurkievich en el que se percibe por el contrario, el juego de estereotipos y convenciones.

La obra abierta de Rayuela de Cortázar tiene numerosos huecos, agujeros y aperturas igual que la de Fricciones de Yurkievich, tipo collage donde hilvanar componentes diversos con una visión dialéctica y totalizadora. Lo importante tanto prosa como poesía dicen ambos es encontrar el ritmo; para Cortázar el ritmo hay que encontrarlo en cada expresión como si fuera una pulsión. Es una percepción que marca lo que escribe y es necesario que se vigile continúa diciendo, ese ritmo latente hasta el final para dar el verdadero sentido y significado al cuento por ejemplo. Es algo que Cortázar exigía y solicitaba a sus traductores, un cuidado exquisito en los finales de su narrativa. El molde rítmico es el que da valor y significado a sus frases igual que él mismo valora y ve la importancia del ritmo que consigue su admirado Cervantes. Yurkievich coincide plenamente respecto del ritmo con Cortázar. Es aliterante y se produce por una dinámica que subyace en la palabra. Es el liberador del sentido.

El juego es imprescindible para establecer una distancia, una duplicidad, un desdoblamiento para Yurkievich. Es una salida para decodificar, abrirse a lo inusitado, elemento y agente de las transformaciones de la prosa y la poesía. Regido por el principio del placer rompe con el realismo utilitario. Ambos concuerdan en que el juego supone una asociación libre de palabras que se tiran de la cola unas palabras a otras. El juego para Cortázar corresponde a un arquetipo del inconsciente colectivo, de la memoria de la especie. La estructura de su obra Rayuela es una proposición de juego donde el propio autor d alternativas a la lectura así como en sus cuentos, por ejemplo, en “Manuscrito hallado en un bolsillo” de su libro Octaedro en el que invita a un juego de vida o muerte en el metro de París.

Saúl Yurkievich ve la práctica del juego como la utilización combinatoria del lenguaje como el desarreglo, la dispersión, las mezclas insólitas de expresiones de hechas y estereotipos. El humor está ligado a la escritura de Cortázar para quitar dramatismo a la vida y hacer más aceptables ciertas situaciones de sus novelas. En Yurkievich el humor es el antídoto de la fatalidad, un medio de defensa contra uno mismo y contra el mundo.

 

Editorial: EDHASA

2004

Casa del Libro

 

Saúl Yurkievich

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