¡PERDÓN…!, por Isidoro A. Gómez Montenegro. Poeta y Maestro de las letras.

El hecho de que el hombre sepa distinguir

entre el bien y el mal demuestra

su superioridad intelectual

sobre otras criaturas,

pero el hecho de que pueda hacer el mal demuestra

su inferioridad moral a cualquier

otra criatura que no puede hacerlo.

Mark Twain.

 


 

¡Pronto nos enfrentaremos al misterio terrorífico… hemos llegado, nos envuelven lámparas de la noche, se nos niegan madrugadas y el miedo acecha!

Derruimos míticos vestigios, glaciales y fósiles, nostalgia del expolio, tosigo y estramonio adulterados átomos licuándose con fines perversos.

Perdieron luz en la mirada niños, mujeres, hombres, ya no hay ciudades pobladas, erguidas, ahora están vacías, sin arenas vírgenes ni campiñas de antiguos tiempos.

La pólvora y la alta tecnología dejan cientos de miles de seres con vísceras rotas, envenenadas, ajados telones de la memoria con miedo no desvisten lunas, ahora es sinfonía desesperada los gritos de hombres déspotas, rapaces y depredadores.

Los mercados se adornan con pieles, cuernos y colmillos de marfil de animales en peligro de extinción, se repite la orden en labios de hombres, los ríos lloran lágrimas verde olivo ante la bestial e inexplicable contaminación, mercurio, petróleo, plomo.

Las abejas, otros insectos, aves, articuladas hojas que el tiempo cristalizó al vuelo, esperan la desnudez del viento, los pájaros reclaman con tristeza el aroma en la atmósfera intoxicada de puentes de humo aéreo y llamas.

Ocasos de piedra, gacelas cruzan horizontes, senda de la noche, fuentes de mármol, congoja amarilla, figura en jardín de azar, hervidero de egoísmo, envidia, la virtud deshecha, escaso tiempo, tantos credos y pocos días de júbilo; reptiles agazapados en los quicios y dolientes vergeles, ríos contaminados serpentean en ciudades, vida y luz no iluminan.

Tina Kivinen. Vain Muutaman Euron Tähden.

Alevoso hachazo, savia de albor, el tronco del árbol del tule caerá sobre arena.

Se vuelca el viento en llanto, clamor de sangre derramada… murmura el viento: ¡Persistan centinelas!, se escuchan otros ecos… ¡Continuemos de pie frente al arcoíris!, ramas desgarradas desnudan el cielo, ahora la tierra está cansada de ser cratera de lágrimas de sus hijos a los que tanto proveyó y ama, madre genitora, “tierra tolere”, manantial de mente espesa, amasa el tiempo, fogatas arden, duelen, cuerpos hechos cenizas, noche homicida de curvado relámpago recibe largo réquiem, abismo sepia de horas pasadas y noche de agua.

Se deslizan enormes bloques de hielo ubicados estratégicamente en Groenlandia, afectándonos nada menos que sobre el clima local y el globo terráqueo. Debiéramos detener la extracción exagerada de crudo y minerales; sobran ya los llamados de atención de científicos y organizaciones ambientales sociales y nativos.

Macedo Rivera Cecilia. El Perdón

Fruto de la ambición desmedida de una economía a la cual se intentó forzar con crecimiento insostenible y de consecuencias apocalípticas, estamos acabando con la variedad de vida.

La aurora abre al día la paloma blanca agoniza, paloma de la paz, en el mundo el cielo es página de vencejos, en los muslos de la tierra hay cicatrices, la marcha espera el martirio de los relojes, la penuria del viento y los pájaros reclaman.

 

Sirte dudosa a un nuevo día, otrora cubierto de violetas, alhelíes con música de laudes, no sabemos si tendremos invitación, ahora el mar es dolor… llora a solas, inexplicables convulsiones de simas delirantes, muere la luz por 30 monedas que nos dieron y guardamos en ánfora codiciosa, hemos sido Judas tantas veces por vender al prójimo, ya nadie estará de luto, comulguemos hasta el hartazgo.

 

Y… ¡Roguemos al creador para ser absueltos!   

 

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