CUANDO LA IRREVERENCIA SE IMPONE (TERESA DE LA PARRA), por Jesús Arenas Hernández. Escritor y poeta

Teresa Parra

Quizás no sea acertado el título de este breve ensayo acerca de una mujer caraqueña autora de dos obras trascendentales para su época y de la que aún subsisten secuelas en la sociedad venezolana. Principalmente en el medio rural. El impacto de sus dos libros esenciales: Ifigenia (1924) y Memorias de Mamá Blanca (1929). Un cinco (5) de Octubre de 1889, nace en Paris Ana Teresa de la Parra Sanoja, específicamente en la Avenida Wagram Nro 75-bis. Pero amó mucho a su hacienda en Tazón, donde compartió la fragancia de la vegetación y el frio de sus montañas. Lo de irreverente es, debido a la osadía de esta escritora frontal de tratar en Ifigenia una temática casi prohibida en los predios del siglo IXX, dadas las circunstancias sociales de la época. Un desafío a la sociedad y una novela que desgarra la identidad femenina.

Ese toque de sociologismo extemporáneo, sorprendió a las familias acartonadas, por devenir de una chica decente integrante de esa sociedad capitalista, sosegada, cerrada y convencional que imponía conductas en la Caracas “moralista”, entre comillas. Aborda el tema tabú de la mujer oprimida, apartada, oculta a su voz íntima y criolla, obediente al capricho patriarcal y colonial. Casi un sacrilegio era exponer asuntos vetados y sometidos  al domesticismo rutinario de la mujer venezolana. En sí, es una novela de amor, de sentimientos frustrados, escondidos o simulados dentro de la burguesía petrolera. Reinando en el silencio obligado. Su personaje principal, María Eugenia Alonso, es una chica envuelta en matrimonios indeseables, ofertada al mejor postor, vencida por los requerimientos de una dependencia económica y social.

Zombi transcurre su vida bajo el cuidado de parientes o tutores, que la incitan a cambiar de dueño, colocándola en una unión conveniente. Indudablemente que bella pero esclava. El límite de las costumbres fue violentado por esta novelista que convulsionó como un “tsunami” amplias camas de la casta machista imperante. Y no solo en lo personal de cada drama, también en la orientación de la novelística latinoamericana. Sus conversaciones con su sirvienta negra Gregoria, el tío Pancho, Mercedes Galindo, la tía Clara y Cesar Leal, tocando entre penumbras el mundo cotidiano, cobijados en una atmosfera de autenticidad,  expuesto con técnica y perfecta armonía literaria por esta mujer valiente, es lo emocionante en la narrativa novelesca.

En su diario íntimo María Eugenia escribe: “…la dolorosa historia de los criollos(…) que se llamaron “mantuanos” en tiempos de la colonia (…) que grabaron sus escudos en las puertas de las viejas casonas; que hicieron con su sangre la independencia de media América; que decayeron después oprimidos bajo las persecuciones y los odios de partido y cuyas nietas, bisnietas (…) pobres como lo soy ahora yo (…) esperaban resignadas la hora del matrimonio y la hora de la muerte, haciendo dulces para los bailes y tejiendo coronas de flores para los entierros” Sin duda alguna que era una voz quebrantada de su propio dolor; presa por dentro y por fuera.

„¿Qué es una frase sin tono ni ritmo? Una muerta, una momia. ¡Ah, hermosa voz humana, alma de las palabras, madre del idioma, qué rica, qué infinita eres!“
Monumento en los Caobos-Caracas-Venezuela

 

Respecto a su segunda obra literaria: Memorias de Mama Blanca; Teresa no solo dulcifica esa nostalgia bajo las anécdotas de su propia reminiscencia histórica, sino que enriquece la lexicografía criolla al final de su obra con un glosario de venezolanismos y americanismos. Sin obviar que algunos críticos niegan que sea una autobiografía de su infancia sino una novela de ficción. Esto no resta merito a las interpretaciones puesto que la verdadera intención de la obra yace en el sentimiento de añoranza de la autora. Esto potencia su premio literario para autores americanos en Paris con su primera novela, desde luego, pero que influenció esta segunda obra por su prestigio ganado en tal certamen. En cada conversación sale a relucir la época de su vida y el descontento crítico hacia ese tiempo que le correspondió vivir.

En Memorias de Mamá Blanca, la esencia primordial radica en la naturaleza; en esa infancia al aire libre; y en la edad adulta, la ciudad complicada, contaminada por la civilización. Contrastes que, aunque constructivos, permiten diseñar un mundo idílico, es decir un mundo social que para ella era actual y otro mundo posible que es la esencia vital en toda la obra por su fuerza de contenido. Particularmente me ha fascinado de su creación, estas dos obras transformadoras de costumbres, vanguardista y proclamista. Su Vicente Cochocho, «del mundo de los vegetales, aceptaba sin quejarse las iniquidades de los hombres y las injusticias de la naturaleza. Hundido en la acequia o adherido a las lajas (…) seguía como buen vegetal dando impasible sus frutos y sus flores (p.157).

El veintitrés (23) de Abril de 1936, a las once (11) am) de la mañana, muere víctima de asfixia causada por una bronquitis asmática. Le acompaña Gabriela Mistral, su hermana María y su madre. A la edad de cuarenta y siete (47) años. Sus restos fueron trasladados en 1947 del cementerio de Almudena a Tierra de Jugo en Caracas. Mediante publicación en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela del siete (7) de Noviembre de 1936, fueron trasladados sus restos al Panteón Nacional donde reposan junto a otras mujeres famosas: Luisa Cáceres de Arismendi y Teresa Carreño.

En resumen a pesar de ser una escritora que comenzó un poco tarde su performance literaria, (30 años) supo calcular, clasificar sus personajes, ubicarlos al contexto social y algo más importante: exponerlos con una narración diáfana, plástica, con un fino tino social, bajo el equilibrio armónico de sus circunstancias, haciendo fluida su madurez mental. Indiscutiblemente que atajó los atavismos, sacó las castañas y las quemó con frugalidad femenina a los misóginos tradicionales. Con su afirmada explicación sobre Ifigenia: “es solo una rebeldía de palabras, porque su destino aun estará en esa rebeldía estacional a que seguirá atada”, despejó el camino a la liberación femenina.

Ahora cuando parece renacer un rechazo fatal contra la mujer, loable es repasar estas dos obras (Ifigenia inicialmente). Considero que Teresa intentó dar una visión personal sobre la actitud femenina: las repletas de abnegación y las sacrificadas propias de época de la conquista; las místicas y las soñadoras de la colonia y las heroicas y realizadoras de la época de la independencia. Ahora su obra se revitalizaría con la mujer liberada, aunque tal vez la ironía implícita  en su estilo le obligaría a realizar ajustes en su criterio filosófico femenino. De Mama Blanca, queda, aun en lo rural escarceos de añoranzas camino a su extinción.

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