A PROPÓSITO DE DON QUIJOTE Y SU VISITA POR TIERRAS TICAS por Evelyn Patricia Gutiérrez Soto. Licenciada en Ciencias, Filosofía y Artes de Costa Rica.

A propósito de Don Quijote y su visita por tierras Ticas

No podría saber  con exactitud si lo conocí en Talamanca, o en la Costa Pacífica solo sé que pude constatar lo vital, humano, simpático, paradójico, extenuante y abrumador   que era don Quijote. Su hidalguía me hizo recordar aquellos que prontamente descubren su verdad a pesar de que la locura no  les deja ver más allá. Es más al recorrer Puntarenas con él pude descubrir cuan profundo y dedicado es el trabajo de los pescadores que con su alegría infinita y devoción a la Virgen del Mar viven del recuerdo de noches de vela, trabajo y pasión. Pero sin lugar a duda  su paso por la zona de los Santos y en especial Santa María Dota donde el aroma del café calo sus huesos- porque así me lo hizo saber-  pudo desentrañar de mi imaginario colectivo todo aquello que ha construido el país y que lo identifica en un aroma perfecto como lo da el café. Con su fiel escudero no dejo de admirarse por las bondades del Valle del General y de las bellezas de sus mujeres cual pétalo de  flor al unísono descubrían su pecho para amamantar a sus nenes bajo un calor incesante y una brisa espesa. Fue aquí donde su Dulcinea asomó a sus recuerdos vislumbrado el olor de la carne y el sabor de los besos con sabor a miel. Ay que placer más inimaginable descubrir a la mujer, la compañera, la doncella de anhelados abrazos y caricias fugaces. Qué maravilla encontrar esa parte que uno desea tanto entre el asombro, el deseo y la libertad….. Pero volver a la realidad es aún más triste, pues revoluciona el cerebro y hay una confusión entre lo que se cree que se ha vivido y lo que no se ha vivido todavía. Que confuso. No debería de ser así la vida, sino por el contrario debería ser un encuentro entre la experiencia, los atardeceres coloridos y el deseo por las cosas simples. Debería de ser como una explosión volcánica como la del Turrialba, convulsa, insólita  y con diversas tonalidades. Como lo es también el amor.

Dibujo de Felipe Alarcón Echenique

Efectivamente, mucho se ha dicho del amor y esa profunda admiración de don Quijote hacia una Dulcinea poco convencional. Sin embargo pude enterarme  que en Costa Rica también encontró esa chispa que encendió su corazón. Algunos dicen que fue Margarita quién robó sus sueños, pero otros por el contrario hacen saber que Josefa fue quien arrebato su melancolía. Pero no cabe la menor duda que fue Chira, princesa por linaje quien acentuó más su locura.  El verla salir del mar de  la Isla que lleva su nombre en el Golfo de Nicoya, fue sentir esa  sensación entre una aparición divina y celestial conjugándose con algo de otro planeta. Que locura.  De inmediato quedo anonadado con tanta belleza solo comparable con la naturaleza del país. Fue una inspiración de  un amor desorbitado, fuera de serie.  Que inspiración … madre mía. Y fue como de repente don  Quijote sintió esa vibra inspiradora y escribió  poemas, cartas de amor, relatos de batallas e ideas fugaces. Esa Dulcinea del nuevo mundo hizo descubrir en don Quijote lo auténtico entre la diversidad, lo cultural y radicalmente opuesto a su formación.

Don Quijote y Dulcinea

Pero como todo en la vida no es estacionario sino esta en movimiento, así don Quijote con su escudero Sancho tuvo que dejar la Costa Pacífica para seguir su travesía hacia rumbos inimaginables. Territorios misteriosos. No sin antes suspirar.

 

A pesar de todo, don  Quijote de un solo sopló trato de disipar dudas y más dudas que sucumbían como un avispero a su oído. Dejar el amor de lado por su otro amor “las batallas” era algo inexplicable. Pudo comprobar como no se puede tener todo en la vida y –así me lo hizo saber-  hay que escoger y sacrificar me dijo- cosa que no entendería sino años después cuando la vida lo pone a uno decidir como si eso fuese tan fácil. Pero del todo no estaba convencido pues su fantasía lo impulsaba más  a explorar y esto sin lugar a duda sí  que es tentador. 

Y eso lo encontró cuando para su mayor asombro después de dar varios tumbos por rutas de mucha vegetación y belleza,  encontró así un camino quebrado, de difícil acceso. Y ahí precisamente en medio de la nada surgieron aquellos caballeros de viento en Tilarán y se convirtieron en su fantasma inconsciente de aventuras, batallas y peleas que otrora traería a su mente  todo tipo de imaginería. Al mejor estilo de Garabito alzo su voz, su escudo y lanza y se dejó llevar por un escalofrió tentador de guerra que su hidalguía no podía dejar pasar. Ay que tiempos más maravillosos… en donde el reto era parte de la valentía y de la seducción de la batalla. Donde  el galanteo de la pelea era un desafió que solo los caballeros podían comprender porque  para Sancho su compa vivía en otro mundo, inaccesible, inentendible.

Don Quijote y Sancho

Costa Rica también le mostró a don Quijote la forma en que se cultiva el cacao, la caña de azúcar, maíz, arroz, papa, piña, tabaco, frijoles.  Reconoció el valor de la constancia, la disciplina y tesón que posee esa gente que día a día se levanta antes de que cante el gallo a acariciar la tierra con sus manos.  Pudo observar como la diversidad multiétnica ha construido un ejercicio de tolerancia que no ha sido fácil cabalgar, porque hay batallas espirituales y no casuales que se forjan desde muy adentro. Disfruto mucho del guaro de chirrite y recordó sus idas y venidas a las cantinas sitios donde se conoce la intimidad del pueblo, sin tapujos ni desdenes y donde recordó como loco poeta a sus amores más queridos. Suspiro una y otra vez y a media luz….recordó a Guayabo.

Guayabo esa tierra dormida por el tiempo en las faldas del volcán Turrialba. Tierra indígena de relatos al pie del volcán. De lunas llenas vibrantes. De bosque voluminoso donde el cedro, el higuerón y la magnolia se conjugan para desprender un mágico aroma que se siente deambular y que penetra en todos los sentidos. Don Quijote vio llover y llegar manadas de tucanes, oropéndolas, carpinteros y yigüirros, que se asoman a la vida entre el revoloteo de sus alas multicolores y ruidos que devolvían a cualquiera ese deseo innato de la vida. Se quedó admirado de las bellezas indígenas y su arquitectura. Sancho no comprendía tal admiración en su desesperado desasosiego por querer seguir la ruta de los conquistadores. Sin saber que don Quijote fue conquistado por esa belleza sin igual que según Miguel Romero, -quien es paisano suyo y de buen abolengo, diestro en letras y saberes- le señalo unos pizotes que disputaban  un suculento mango. Romero como buen chamán había descubierto Guayabo en uno de sus tantos viajes a América. Pero el encuentro con don Quijote le hizo ver cuán difuso es el mundo ante el esplendor de un paraíso terrenal como el que admiraban. Ranas, serpientes, lagartijas, conejos, mariposas …toda natura al borde de un espectáculo inscribible.

Dibujo de Felipe Alarcón Echenique

Sancho apresurado por seguir adentrándose en los misterios de Costa Rica, trato sin obtener buenos resultados  apresurar a su señor. Éste reaccionó una semana después de cortar todo sortilegio embrujador de un tajo. Tal efecto había causado Guayabo en don Quijote que éste a duras penas se resignó a dejarlo, para seguir su vida aventurera.  Que tirada- le dijo a Sancho- dejar este paraje paradisiaco. Me quedaría viviendo aquí bajo el latido abrumador del volcán Turrialba, cautivo de los sonidos, la vegetación y la espiritualidad que a muchos les hace falta- replicó. No obstante seguir la ruta era para su entender un reencuentro con esta noble tierra. Me lo hizo saber una y otra vez. No lo entendía pero Miguel Romero, sí. Ya que siendo conocedores de la buena vida sabía que al dejar atrás  al paraíso no podría volver a alcanzarlo, porque eso solo se alcanza una vez en la vida.

 

Pero bueno, ante tanta insistencia y con el corazón hecho añicos dejo el territorio aborigen para aventurarse en un lugar que según le había dicho Miguel debía conocer, Puerto Viejo en Limón, tierra de historias muletas, de cantos de noche, y tambores. Tierra de exilio y de cadenas y sollozos, de olvido y de deseo.

 

Llegamos a Puerto Viejo, lugar del rice and beans, agua de coco y paties. Yes man,  I do speak english and you? Que cosa es esta-replicó Sancho, no entiendo nadita de nada. Que será eso del beans,  -joder lo que quiero es unos callos a la madrileña o un revuelto de todo. Al fin y cabo todo va pa la panza. No que no ñor Quijote- replicó con ceño fruncido.  Don Quijote miro a su regordete amigo, como queriendo hacer de lado  su ignorancia y yo me encogí de hombros porque pal english no doy lata y que decir de esas comidas tan particulares.

Miguel de Cervantes Dibujo de Felipe Alarcon Echenique

El Caribe tierra de afrodescendientes, esclavos y más esclavos traídos de Jamaica donde el color distinguía la clase y el dolor del desarraigo. Como podrá ser eso así… No entiendo como el color marca la diferencia replicó Sancho. Los hidalgos son de una  clase… o la nobleza vuelve a otros  innobles  replico de súbito. Y hablamos de civilización y poderío cuando segregamos, odiamos y diferenciamos por lo que externamente vemos. A caray como fuimos, somos y seremos…. Replicó don Quijote con un  hondo suspiró que hizo recordar que vale más estar loco que cuerdo ante las arbitrariedades de la vida. Sigamos mejor con el calipso y comamos un patie que también es para ti, entregándome uno para saborearlo y devorarlo en un instante.  Que tuanis mi hermano, delicioso. Todo esto ocurrió mientras observamos ese infinito mar de olas crujientes, celaje deslumbrante y un calor que hacía más delirar a nuestro hidalgo caballero.  Y así atardeció ante la mirada sorpresiva de estos aventureros. Y se ocultó el sol recordándonos cuan pequeños somos ante la grandeza de un inmenso mar, un cielo estrellado,  el sonido del viento  y el recuerdo de haber cabalgado por Veragua, llamada también Nueva Cartago, la   Costa Rica de hoy y de siempre.

Sancho y Quijote en Puerto Viejo, Costa Rica

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