III RUTA CERVANTINOQUIJOTESCA EN SU ANDAR DESDE OCAÑA A LOS HINOJOSOS

Ya nos alejamos de Ocaña mientras canturreamos  unos versos de Miguel de Cervantes que escribió en su obra  Viaje al Parnaso.:

 

Yo que siempre trabajo y me desvelo

por parecer que tengo de poeta

la gracia que no quiso darme el cielo…

 

La llanura manchega se nos abre a las retinas. Entre los famosos amantes del buen andar quijotesco, está nuestro inmortal Azorín, monovero amante de España,  nos hace una reflexión sobre esta tierra que dice: “La Mancha tiene un concepto geográfico, un concepto agrícola, un concepto catastral, un concepto geológico y un concepto literario en el que entran Don Quijote y Sancho… La Mancha es una llanura frumentaria, primero verde en los sembrados incipientes, luego parda en los rastrojos… La Mancha es llana, pero en La Mancha hay montes con sus cazaderos de perdices; en La Mancha hay arboleda, en La Mancha hay arroyos, con el dulce murmullo de sus aguas; en La Mancha hay encinares… Las paredes de las casas encaladas son blancas, el cielo es azul. Tenemos aquí lo que más ambicionamos: soledad y silencio”

Campos de la Mancha

Vamos llegando a la población de Villatobas, patria del padre Pedro de Arenas; primer sacerdote que celebró misa en el continente americano durante el primer viaje de Cristobal Colón en 1492. Y seguimos  por los caminos de la viaja Castilla, de La Mancha. Cruzamos los arroyos de Robledo y del Valle donde podremos ver un número muy interesante de cuevas entre las que merecen mención las de Bujanda, Tío León, De Sopas, de Masena, Polaina, Los Malos, del Pollo… además de la ermita de Santa Catalina.   

Plaza Mayor de Villatobas

Un pueblo que Miguel de Cervantes  olvidó poner su nombre en el famoso libo de aventuras y actualmente también está olvidado, sigue marcado por el olvido pesa a la cantidad de rutas que existen por estas tierras manchegas. Corral de Almaguer, es un pueblo que está incluido dentro de los 22 pueblos que tienen la denominación “Común de La Mancha” (asociación creada por el Maestre Fadriqué en el siglo XIV) y así mismo está situado en el entorno de El Toboso,  por lo tanto no está lejos de la tierra de la eterna novia de nuestro Quijote, y,  Cervantes es muy probable que se pasease a pie o a caballo por esta Villa. Un pueblo que es cruzado por un aprendiz de río: el Riansares, este, trae de aguas arriba, un poco de santidad gracias a su paso por el Santuario de la Virgen de Riansares, donde se venera la imagen de la Virgen con esta advocación. Dio así mismo título aristocrático de duque al taranconero don Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, marido de la regente de España María Cristina de Borbón.

La ciudad romana de Althea, se asentó en el cerro Gollino, origen de la Villa de Corral de Almaguer, tierras de Dulcinea. A esta ciudad, el rey castellano Alfonso XI, le concedió dos ferias en el día de San Andrés y en el día de San Felipe y Santiago, así como más adelante el Rey Carlos I le concedió el privilegio del uso de armas y el de la redondez, que consistía en el uso de una zona en forma de media circunferencia para que el ganado pastara en ella sin mancomunidad de los vecinos de otros pueblos. La demolición de su castillo fue ordenada con ocasión de las guerras fratricidas entre don Pedro I El Cruel y su hermanastro Enrique de Trastámara.

Imágenes de Corral de Almaguer

Por estas tierras nos dan a conocer que el manchego no se enamora, se pone borrico; ni tampoco siente atracción por una chica o tía, sino de una moza o zagala. Y llegamos a un pueblo con encanto Villanueva de Alcardete. Este pueblo  en 1576 contaba de veinte a veinticinco casas de hidalgos y siete u ocho que litigaban ejecutorias de hidalguía, el resto de vecinos eran clérigos, labradores y oficiales. Contaba entonces la población con setecientos cincuenta vecinos, uno de ellos fue Gregorio de Céspedes, jesuita y primer visitante europeo de Corea en 1593.Recorre China y Extremo Oriente, se convierte en consejero y predicador y persona de confianza de los jerarcas japoneses, pasando a ser cronista de las guerras entre Japón y Corea, donde actuó como mediador para conseguir la paz. Murió en Japón en 1611.

Villanueva de Alcardete

Los pasos nos van llevando a Quintanar de la Orden de San Juan y los recuerdos cervantinos nos golpean la memoria con la cita que se encuentra en los capítulos IV de la primera parte y en el LXXIV de la segunda parte del Quijote.

 En la primera  de las citas encontramos a Juan Haldudo ·El Rico” vecino de Quintanar, según las palabras del muchacho Andrés “que cobraba siete reales mensuales” y que era castigado a latigazo limpio por su amo, dirigidas a Don Quijote: “Mire vuestra merced, señor, lo que dice —dijo el muchacho—, que este mi amo no es caballero, ni ha recebido orden de caballería alguna, que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar.

—Importa poco eso —respondió don Quijote—, que Haldudos puede haber caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras.

—Así es verdad —dijo Andrés—, pero este mi amo ¿de qué obras es hijo, pues me niega mi soldada y mi sudor y trabajo?”

La segunda cita se refiere al Bachiller Sansón Carrasco, aludiendo a los “dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado “Barcino” y el otro “Butrón” que se los ha vendido un ganadero de Quintanar”, con los que el Bachiller había obsequiado a Don Quijote.

En Quintanar tiene la iglesia parroquial  con una torre de tan colosales proporciones que de ella se dijo que “ es tan gruesa y grande que en España no hay seis mejores que ella”.

Las emociones comienzan a espolear los sentimientos de todo el rutero que camina por estos senderos buscadores de esa venta donde nuestro Quitote veló sus armas y se armó caballero.

Quintanar de la Orden. Iglesia Parroquial y Casa de Piedra

Ya se vislumbran en el horizonte los viejos molinos de España. Caballeros inmortalizados por el que creó un lugar sin nombre y que bien, ese sitio, pudiera estar por estas tierras repletas de historias, añoranzas, guerras y esperanzas.

En el capítulo III de la primera parte, Cervantes nombra al mencionado capítulo como “Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote de armarse caballero”. Capítulo este de los mejores redactados de toda su obra. Y caminando llega a la conquense villa de “Mota del Cuervo” conocida también como “El balcón de la Mancha”, y tiene fama ese cerro donde siete blancos molinos otean el horizonte llegando a ver al menos medio centenar de pueblos. Sus nombres son “El Gigante, El Goethe, El Piqueras,  El Cervantes, El Zurdo,  Franz Grillparzer y El Irak”.  Estos son parte de esos molinos que hacen a la Mancha grande, elocuente, e ingeniosa que Don Cervantes supo plasmar en el libro que más historia literaria marca a través de los siglos. Los Molinos hacen que la Mancha, sea Mancha, ya son referencia desde su primera aparición allá por 1575, unos treinta años antes de la publicación de Don Quijote de la Mancha. Pero eso sí, son hijos legítimos de esa tierra donde el añil marca con su nombre: La Mancha.

En Mota del Cuervo existen leyendas y tradiciones tan antiguas como la vida misma, una de ellas, la llamada “El Sapo”, romería entorno a este animal que paseado por el pueblo, bien sea por su mal o por su gracia, es quemado públicamente para que libre al pueblo de todos sus males. Otra leyenda es la  de la ninfa que, al salir el sol en la noche de San Juan, peina sus rubios y largos cabellos con peine de plata.

Mota del Cuervo, ha reclamado a lo largo de la historia reciente, ser el lugar donde fue abatido el Caballero de la Triste Figura tras su lucha sobre la grupa de Rocinante contra los gigantes.

Es seguro que nuestro Cervantes, en sus viajes que tuvo por estas tierras,  buena agua bebiese en esos famosos botijos creados en las alfarerías de Mota del Cuervo.

Molinos e Mota del Cuervo

Mota del Cuervo, Iglesia Parroquial, La Encina milenaria, Ayuntamiento, Lagunas de Mota del Cuervo y la maquinaria de un molino

Y vamos hacia Los Hinojosos. Este pueblo es el resultado de la unión de dos pueblos:  Hinojoso del Orden y Hinojoso del Marquesado, el primero pertenecía a la Orden de Santiago (sus habitantes eran llamados Ordenejos)y el segundo al poderoso Marquesado de Villena (cuyos habitantes eran llamados Marquesedejos).

Es muy probable que Cervantes estuviera pensando en este pueblo conquense y fronterizo entre Toledo y Ciudad Real, para hacer partícipe a su Quijote de las aventuras que la historia de Los Hinojosos nos trae. En estos lugares, se rindió culto ancestral a los dioses de la fertilidad representados en otros tantos gigantescos falos esculpidos en piedra, como símbolos y emblemas de protección sobre los campos.

Dejando este pueblo nos referimos a un pasaje del Quijote:

La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo“.

Los Hinojosos. Sinagoga de Aljama,  Templo fálico,  Casona nobiliaria, Iglesia parroquial y Falo de los Hinojosos

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